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Visión, misión y objetivos del CIPRES

Visión
Hasta ahora la visión del CIPRES estuvo identificada con la posibilidad de que las familias campesinas fueran sujetos de desarrollo a corto y mediano plazo, suponiendo que los fenómenos asociados al desarrollo realmente existente (crecimiento de bienes, enriquecimiento, y empobrecimiento (suelos y gente) cambiaran su lógica perversa y la división de papeles a su interior, hasta llevar el bienestar a sus óptimos niveles. Sabíamos que entre los supuestos más optimistas del modelo de desarrollo económico se encontraba la esperanza de que el crecimiento, indefinido e ilimitado, del producto y de las ganancias, permitiría el posterior acceso de los pobres y de los países pobres a la riqueza a través del 'derrame" de las ganancias de los otros. Sin embargo. nuestra propia experiencia del período recién pasado (1998 a 2000), trabajando con más de diez mil familias rurales y la quiebra prácticamente estructural de la agroexportación en nuestro país, nos llevan a modificar, adaptando y enriqueciendo la estrategia general del CIPRES, la visión de nuestro trabajo. Sabíamos también que la palabra desarrollo tiene un gran estatus y bastante legitimidad, lo contrario de lo que pasa con la palabra bienestar, la que está bastante desprestigiada porque suena a distribución, subsidio o asistencialismo.

A pesar de lo anterior creemos que el modelo de desarrollo agropecuario aqueja problemas de difícil solución, independientemente de los apellidos con los cuales se ha querido enmendar: desarrollo humano, desarrollo sostenible, desarrollo equitativo, desarrollo con enfoque de género, desarrollo participativo, etc. Sin darnos cuenta que el crecimiento ilimitado, sin importar los costos sociales o ecológicos, es parte sustancial e inevitable de un modelo de desarrollo económico dentro de una economía de mercado y subordinación al mercado mundial.

Hasta ahora el desarrollo (sin apellidos), tal cual existe en Nicaragua y tal cual ha existido desde hace quinientos años, no ha garantizado hasta la fecha ni siquiera la satisfacción de las necesidades básicas, mud1o menos el bienestar generalizado de la población trabajadora; aún en el mejor desempeño histórico de nuestra economía a lo largo de todos sus periodos, es decir. aún cumpliendo con el principal credo y legitimación del desarrollo como es el crecimiento. Nicaragua lleva más de quinientos años produciendo, creciendo y exportando todo lo que nos han pedido, desde oro hasta bananos, desde algodón hasta pantalones, y la pobreza y la depredación se han convertido en los únicos productos permanentes del crecimiento, llegando hoy en día a tener que comprar alimentos para compensar la escasez de los mismos (hambre) y a tener que exportar mano de obra barata (emigración) para compensar el desempleo, sin que el crecimiento hacia afuera haya servido más que para endeudarnos. Y lo que le pasa a la nación le pasa al campesinado, prueba de ello es que mientras más produce el campesinado y mientras más peso tiene en la producción nacional, más empobrecido se vuelve.

Y lo que pasa en las naciones pasa a nivel mundial. La economía internacional crece y crece, los países llamados desarrollados (los que subordinan al mercado mundial) se enriquecen y se enriquecen, mientras que los países llamados subdesarrollados (los que están subordinados al mercado mundial) se empobrecen y se empobrecen. Situación que nos hace preguntarnos lo siguiente: si el desarrollo comienza con el crecimiento, y el subdesarrollo se expresa por lo tanto como falta de crecimiento, cómo se explica entonces que la economía campesina o que los volúmenes de producción del tercer mundo crezcan y crezcan, al mismo tiempo que tanto el campesinado y los países del tercer mundo se empobrezcan más y más, sin alcanzar el estatus o el nivel de desarrollo.

Es por ello que ahora quisiéramos proponer y proponernos enrumbar los esfuerzos bajo la lógica de un modelo de bienestar. No se trata de cambiar la política de crecimiento por una política de distribución, subsidio o asistencialismo, sino todo lo contrario, encontrando un modelo donde converjan el crecimiento y el bienestar, tanto a nivel local y nacional, como a nivel mundial. Tampoco se pretende una división del trabajo entre la economía (responsable del crecimiento) y el Estado (responsable del bienestar), sino que ambos tendrían que trabajar en la misma dirección. Se trata más bien de encontrar y priorizar una forma de crecimiento horizontal (más productores produciendo más) en vez de la forma acostumbrada de crecimiento concentrado (más producción concentrada en menos productores). Pero donde el incentivo o atractivo principal de todo productor sea el mejoramiento de su nivel de vida y no el enriquecimiento, cosa que es más fácil lograr en el seno del campesinado pobre, a quien hoy por hoy la economía comercial a la que se dedica no le permite ni siquiera alimentar a sus hijos.

En una economía capitalista de mercado el crecimiento implica la búsqueda del control individual de la mayor cantidad de procesos productivos, buscando asimismo lo que se llama la integración vertical (control por una misma empresa de todos los eslabones del circuito económico); en una economía orientada por el modelo de bienestar también se buscan los mismos objetivos, pero bajo la modalidad de la integración horizontal (control del circuito por la mayor cantidad de personas). De esta manera se combina en forma integrada el crecimiento y el acceso compartido, la producción individual y la administración colectiva de procesos que requieren mayor escala, por ejemplo: la caja de ahorro y crédito administrada por varios productores individuales, una planta procesadora de semilla de marañón administrada por varias mujeres productoras individuales de marañón, una empacadora de frutas o verduras administrada por una cooperativa de productores individuales.

Otra ventaja de la combinación entre la integración vertical y la integración horizontal o asociativa es el mercado cautivo que permite una economía donde los productores son a la vez los mismos compradores, proveedores y consumidores a la vez. Finalmente, podemos añadir otra ventaja o característica del modelo de bienestar campesino frente al modelo de desarrollo como es la utilización de la pequeña escala tecnológica, moderno instrumento a la hora de sortear los riesgos del mercado o a la hora de tener que recurrir a los micromercados establecidos alrededor de las comunidades. Los modelos de desarrollo en cambio, debido al uso de tecnologías de mayor escala tienen que ocupar también mercados de gran escala; de ahí la trampa de priorizar las especialidades y los monocultivos que llevan al verticalismo y al riesgo frente a los vaivenes del mercado o de los precios.

Como puede notarse la garantía de lograr crecimiento y distribución no está en dividir los procesos (crecimiento por un lado y distribución por otro lado), como han intentado sin éxito los Estados de Bienestar, sino en integrar1os en un mismo proceso, consiguiendo mayor crecimiento bajo la lógica del control, la distribución y el consumo por parte de los productores-intermediarios-consumidores, o logrando el mejoramiento del nivel de vida a partir del acceso directo e inmediato del campesino o de la comunidad a una mesa donde hay leche, huevos, carne, frutas, verduras y granos. Se podrá argumentar que esto no es desarrollo porque retrasa el ahorro-crecimiento-acumulación, pero menos desarrollo, decimos nosotros, podrá haber sin quienes producen la riqueza no tienen ni para comer.

Por tanto, afirmamos como visión del CIPRES un modelo de bienestar que garantice solvencia económica de l@s productor@s, sostenibilidad ecológica, calidad de vida y relaciones sociales donde prevalezcan la igualdad de oportunidades y la integración participativa de las personas, organizaciones y comunidades. Si el modelo de desarrollo no nos garantiza bienestar, un modelo de bienestar tiene que garantizar el desarrollo (entendido como lo que nunca pudo ser: crecimiento, bienestar y participación generalizados). Por tanto, cuando hablamos de un modelo de bienestar no negamos la necesidad del crecimiento, pero lo entendemos como el crecimiento de aquellas actividades cuantitativas o cualitativas que van mejorando o satisfaciendo simultáneamente las necesidades de las familias campesinas, de ahí la importancia estratégica de la producción de alimentos de origen animal, la diversificación agrícola, la lógica de la producción doméstica campesina, así como la valorización y recuperación de la fuerza productora y reproductora de la naturaleza y de la mujer.

En otras palabras, el modelo de bienestar no avanza a costa de sacrificar los eslabones del circuito económico, de la misma manera que queremos evitar que los eslabones del circuito económico avancen sacrificando los objetivos de la economía campesina de bienestar. Por eslabones del circuito económico entendemos: 1. la producción, 2. el financia miento, 3. el procesamiento, 4. la comercialización y 5. la exportación.

Ahora bien, si para alcanzar el estatus de sujeto de desarrollo las familias campesinas necesitaban algo más que recursos, y por lo tanto incluíamos una serie de enfoques con los cuales compensar su debilidad en el campo económico, ahora que la visión se guía por un modelo de bienestar que incluyen crecimiento, mejoramiento del nivel de vida y cambio de relaciones cotidianas, los enfoques se vuelven mucho más estratégicos. Nos estamos refiriendo a los enfoques incorporados al plan de trabajo anterior del CIPRES y que podríamos llamar enfoques desde la lógica de una economía de bienestar, es decir, popular (participación de las mayorías), social (cuyo objetivo es la satisfacción de las necesidades y no el lucro) y solidaria (cooperación en vez de competencia). Dichos enfoques son: 1. Lógica campesina (priorizar el autoconsumo y comercializar los excedentes) y cultura empresarial (conocimiento de costos- precios y otras variables de cálculo mercantil), 2. Aprovechamiento agroecológico, 3. Asociatividad y autogestión, 4. Relaciones democráticas, especialmente de género, 5. Poder local y gestión comunitaria.

Estamos conscientes, además, que las tareas que implica la construcción y validación de un modelo de bienestar incluye esfuerzos políticos que permitan mejorar la actual correlación de fuerzas entre los interesados en la continuidad del modelo de desarrollo actual (entendido como crecimiento, enriquecimiento y empobrecimiento), y aquellos interesados en un modelo económico y social de bienestar, entendido como la organización y participación de l@s productor@s-trabajador@s en el quehacer social y económico en donde ellos deciden qué producir, cómo producir, para qué producir y para quién producir. Valga esta aclaración para explicar que las principales actividades de incidencia, tanto a nivel local como nacional e internacional, estarían estrechamente vinculadas a mejorar aquella correlación.

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Misión
La misión del CIPRES es acompañar a l@s productor@s agropecuari@s para transitar desde una posición de sujeto productor y empobrecido material y espiritualmente a un sujeto de bienestar económico y social, donde el primer indicador, en el caso del campesinado, es tener servida la mesa y sus hijos sanos y asistiendo a las escuelas. Acompañamiento que incluye: a) el recorrido por los eslabones del circuito económico, b) la aplicación de los enfoques de economía popular, social y solidaria arriba señalados, c) actividades de incidencia para mejorar la correlación de fuerzas en la construcción y defensa de los elementos constitutivos del modelo de bienestar.

Véase Diagrama sobre la Estrategia de acompañamiento del CIPRES.

Por sujeto productor empobrecido entendemos un campesino mercantil (organizado o no), la cooperativa y la comunidad rural, que producen, pero que la forma en que produce y las relaciones sociales de producción en las que está inmersa, son precisamente las que lo empobrecen material y espiritualmente. Puede tener tierra, pero los suelos están tan empobrecidos de nutrientes que sus rendimientos son cada vez más bajos; puede tener acceso al crédito, pero los intereses son tal altos que más bien contribuyen a descapitalizarlo y a perder todos sus bienes; puede producir granos, pero es tan pobre que tiene que entregar hasta el último grano al mercado o al prestamista, que no le queda ni para comer ni semilla para sembrar; puede incluso comercializar y hasta exportar su producción, pero los precios son tan bajos que más bien queda debiendo los gastos utilizados para almacenar, transportar y tramitar la comercialización o la exportación. Finalmente, puede tener resuelto sus necesidades económicas, pero vivir en una familia bajo relaciones de mando y subordinación, habitar en una comunidad donde prevalecen relaciones de competencia y canibalismo, y ser ciudadano aislado y fragmentado de una nación en la que se encuentra aislado, segmentado y excluido de las decisiones que le competen o de los servicios que necesita (salud, educación, entretenimiento).

Por sujeto de bienestar entendemos, desde el punto de vista económico: un@ productor@ trabajador@, una familia, una cooperativa o una comunidad que tiene acceso asegurado a una elemental dieta nutricional (leche, carne, huevos, granos, frutas y verduras); que tiene acceso y control compartido a los recursos familiares, locales y nacionales (tierra, ocupación, bienes de producción, caminos, electrificación, transporte), que obtiene ingresos para la reproducción de su familia con la calidad de vida alcanzada por la comunidad (salud, educación, agua, luz, vivienda, letrinas), que utiliza el crédito como palanca de producción y no como forma de perder por embargo sus bienes, y que contribuye al suministro de bienes para el resto de la población nacional. Desde el punto de vista social, entendemos por sujeto de bienestar, un@ productor@, un@ productor@-trabajador@, una cooperativa o una comunidad rural, que mantiene relaciones de convivencia personal, profesional o institucional con su entorno, así como relaciones de igualdad, cooperación y solidaridad en el ámbito familiar, cooperativo y comunitario.

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Objetivos
a. Apoyar a la población rural (familias, cooperativas, gremios, sindicatos, asociaciones, comunidades) en su lucha por organizarse, acceder a la propiedad de la tierra y de los bienes de producción, a la producción alimentaria, a los recursos tecnológicos y culturales, a la gestión social para mejorar su bienestar y a la participación política en favor de sus intereses como sujeto diferenciado.

b. Consolidar y validar un modelo de bienestar, es decir, un modelo alternativo de trabajo y de vida para las familias campesinas en general, que se inicia con la producción alimentaría. Modelo de bienestar que potencia simultáneamente relaciones de dignidad para la mujer y de protección para los niños y niñas.

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