Inicio > Institución > Artículos

El significado de la candidatura de Jarquín y el papel de la sociedad civil
Oscar René Vargas
(1)

El mensaje político de Edmundo Jarquín, dirigido tanto a la derecha como al capital y a los sandinistas neoliberales, es simple: ya se fue Alemán, tiene que irse Daniel Ortega y sin el fantasma de 1979 (el peligro de una nueva revolución social), la oferta es hacer un "trato" con sectores de la derecha empresarial que permita una "transición pactada" de gobernabilidad, que consienta tanto la recuperación total de la hegemonía política de la derecha como el reconocimiento de los "nuevos capitalistas" por parte de la vieja oligarquía. Todo ello con el beneplácito de los EE.UU.

La "transición pactada" no es por ello una propuesta desde el gobierno de Enrique Bolaños o del capital financiero local (los banqueros), sino un proyecto estadounidense que tuvo resonancia inmediata dentro de los sectores pro-capitalistas del partido sandinista desde el comienzo de la década de los noventa, donde la oferta fundamental es la "alternancia en el poder" siempre y cuando exista un compromiso de respetar la política económica y las reformas neoliberales vigentes; es decir, el proyecto política de Jarquín consiste en domesticar y derechizar al sandinismo si llega al poder.

El gran éxito de la "transición pactada" impulsada por Bolaños junto con los norteamericanos y el capital financiero sería: el liquidar políticamente a Arnoldo Alemán y el desarmar a la izquierda sandinista, con Jarquín a la cabeza, que permita desplazar a Ortega de la dirección política del FSLN. El candidato del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), Edmundo Jarquín, ha emprendido la lucha por cumplir con la tarea de hacer del sandinismo un partido neoliberal de izquierda, no para ser el Gorbachov (democratizar al partido), sino para ser el Boris Yeltsin (liquidar al partido) de Nicaragua con el aval de los norteamericanos, del capital, de todas las fracciones de la derecha política y del presidente Bolaños.

Con la candidatura de Jarquín se busca dividir al sandinismo, y sobre todo en la juventud que es fundamental por su entusiasmo y decisión; se piensa que Jarquín debilitará la candidatura de Ortega forzando una segunda vuelta (lo que permitiría unificar a la derecha) y, además, podría presentar un dilema teórico y estratégico a la ciudadanía sencilla al tener que decidirse por quien votar entre dos candidatos "sandinistas".

El papel de Jarquín es quitarles entusiasmo a los ciudadanos de buena voluntad, sencillos, decepcionados por los gobiernos neoliberales, para que no voten por un cambio de rumbo en las próximas elecciones y evitar que Ortega gane en la primera vuelta. De esa manera, la campaña de Jarquín opera contra la transformación histórica de la sociedad, y, aunque no se tenga conciencia por parte de la base del MRS, desvía el caudal del agua hacia el molino controlado por la elite en el poder y los norteamericanos. ¡El enemigo de mi enemigo -dice esa elite en el poder- es mi aliado! ¡Es una cuestión de principios, no de personas!

Desde el año 2005, la estrategia de los Estados Unidos fue impulsar los movimientos de la "sociedad civil" con el objetivo de promover una "revolución desde la sociedad civil" (siguiendo la experiencia de algunos países de la Europa del Este). Los Institutos Demócrata y Republicano, la Agencia para el Desarrollo Internacional, los grupos delanteros de la CIA, los medios de comunicación de masas, y sobre todo las ONGs financiadas por los EE.UU., intervienen masivamente en la mecánica de deslegitimar y demonizar a los líderes sandinistas, haciendo propaganda alrededor de: todos contra el pacto o ganar las elecciones para reforzar la democracia neoliberal y evitar el cambio de rumbo.

Las organizaciones de la "sociedad civil", lanzan, regularmente, un ataque frontal contra las instituciones del estado, desprestigiando a sus funcionarios y atacando al candidato que no goza de las simpatías de los EE.UU. Mientras tanto, el estado imperial recluta o "neutraliza" a ex-funcionarios del gobierno sandinista con el objetivo de restarle votos al sandinismo y sus aliados en las elecciones del 2006. Todos ellos, tratan de montar una ola de movilizaciones de masas con financiación exterior, para que los candidatos clientes, respaldados por EE.UU., ganen las elecciones y mantengan el próximo gobierno en la órbita imperial.

Los candidatos presidenciales de la derecha neoliberal (Rizo, Montealegre y Jarquín) buscan, de Washington, conseguir un certificado de buena conducta a cambio de comprometerse a "respetar" la propiedad estadounidense y el CAFTA, así como a asegurar su apoyo a los contornos generales de la política global estadounidense y mantener el modelo neoliberal fracasado.

El antisandinismo es el centro de la estrategia electoral de la derecha neoliberal y sus aliados para invertir la tendencia de los sondeos que atribuyen una ventaja al FSLN. Describen a Nicaragua como un país controlado por los sandinistas que realizaron exitosamente la "estrategia planteada por Antonio Gramsci" y lograron infiltrarse en la sociedad civil, controlando en particular el Poder Judicial, la Contraloría General de la República, el Poder Electoral, el sindicato mayoritario de la educación pública, todos los ganglios de la producción cultural, los trabajadores de la salud, etcétera.

Esta estrategia tiende a ideologizar y radicalizar la campaña electoral, evitando el debate sobre las políticas emprendidas por los gobiernos neoliberales, marcando una raya de clase para espantar a las clases medias y ganar el voto de los indecisos. Esta radicalización verbal buscar movilizar a grupos sociales temerosos para tratar de evitar una derrota electoral de la derecha política.

Frente al extremismo de las derechas y de dieciséis años de gobierno neoliberal, el sandinismo y sus aliados se ha convertido en el lugar de la razón y de la resistencia al injerencismo extranjero. La coalición encabezada por Daniel Ortega, sin representar ninguna novedad política ni proponer cambios radicales, se presenta como la única alternativa social. Una alternativa civilizada, de restauración social y de recuperación de principios morales y valores constitucionales que se sintetiza en la propuesta de un gobierno de reconstrucción nacional, para recomponer los daños del régimen neoliberal.

La política de la derecha y de los Estados Unidos en el 2006. En tiempos de crisis del modelo neoliberal, la clase dominante se divide en fracciones en pugna. El poder de la clase dominante se ejerce desde adentro y desde afuera del Estado. (2) Tomado como una estructura en su conjunto, dicho poder se sustenta en tres pilares: a) económico (tierra, industrias, bancos, etcétera); b) político (administración, parlamento, ejército, policía, partidos, etcétera), y c) ideológico (ideología dominante que se difunde a través del sistema educativo y de los medios de comunicación de masas y la mercadotecnia).

Una de las principales vías para la concentración de poder han sido las privatizaciones de las empresas estatales, que son una estrategia para concentrar riqueza pública en monopolios privados. No es una estrategia de desarrollo, porque incrementa la desigualdad, el desempleo, precios/costos de bienes y servicios y genera exclusión social. Además, la privatización va acompañada de la desnacionalización, del control corporativo de sectores estratégicos de la economía y de su integración dentro de la estrategia internacional de maximización de ganancias de esos grupos.

En épocas de crisis del sistema político, cuando los mecanismos de "gobernabilidad" tienden a agotarse, suele producirse una regresión en las clases dominantes. La dominación oligárquica elimina las mediaciones conciliatorias y busca ser ejercida directamente por los grupos propietarios y representantes directos del capital, ese es el sentido de la candidatura de Eduardo Montealegre (candidato que proviene directamente de la banca privada). No debe sorprender a nadie decir que Montealegre es un neoliberal y pertenece a la camada de tecnócratas desnacionalizados que tomaron el poder en 1990, cuando se instauró el régimen acreedor auspiciado por EE.UU. desde el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Esa estrategia de "administración" de la descomposición política de la derecha es sustentada por una alianza de poder que, aunque mantenga violentas disputas internas y genere cierta inestabilidad política y vacíos de poder transitorios, mantiene una coherencia de los intereses dominantes del capital en su conjunto. Pese a las contradicciones interoligárquicas, los desplazamientos de grupos de poder y los cambios en la correlación de fuerzas, existe una real "estabilidad en la inestabilidad"; la estructura de poder de clases no se modifica de manera sustancial.

Cuando la oligarquía ve amenazados sus intereses de clase, la elite gobernante tiende a coaligarse en la defensa a ultranza del modelo de dominación. En tales circunstancias, la dominación oligárquica (el Estado de los empresarios, banqueros y latifundistas), a pesar de estar imbuida de una lógica vertical y autoritaria, propia de las corporaciones, suele hacer la defensa retórica y demagógica de "la democracia" y "la participación ciudadanía". El gran capital y sus diversas asociaciones tienen una visión instrumental de la democracia: cuando se fortalece la dominación capitalista, los capitalistas la apoyan. Pero cuando las fuerzas populares ganan poder, los capitalistas presionan, mandan a reprimir o derriban a la democracia.

La separación de la derecha en diferentes partidos va más allá de diferencias personales. El PLC y su candidato José Rizo expresan los intereses de ciertos sectores de la burguesía criolla; mientras que ALN y su candidato Eduardo Montealegre formulan los intereses de la oligarquía conservadora, los banqueros, el diario La Prensa, canales de TV, el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y la Cámara de Comercio Americana-Nicaragüense (AMCHAM).

En el transcurso del 2006, ha habido algunos intentos, impulsados por los norteamericanos, para unificar a la derecha en las elecciones de noviembre de 2006. Sin embargo, la desconfianza y la brecha existente han hecho imposible la unificación. Lo cual, a los ojos de los analistas de diferentes tendencias, le permite a Ortega a tener posibilidades de ganar las elecciones.

La dominación oligárquica necesita controlar a la política y los políticos; o, en caso contrario, desprestigiarla/os, a través de la sociedad civil. Pero además, en épocas de crisis del sistema, hay que descontaminar al "rebaño" del pensamiento crítico. En momentos de crisis, la masa necesita ser "domesticada" para que no se rebele. Necesita "mano dura". Necesitan "orden" social. Para la derecha, "gobernar es resistir" al cambio del modelo. Resistir a la "ruptura" del sistema, al cambio de rumbo. La resistencia contra el cambio y la innovación social. Pero eso se puede dar solamente si pasamos de un gobierno autoritario larvado (Bolaños); a un nuevo totalitarismo en ciernes que representa Montealegre.

En este escenario la derecha comenzó su propaganda negra al señalar que un triunfo de Ortega sería nefasto para el país porque el fantasma de la guerra se presentaba como algo posible. A lo largo de 2006, el FSLN ha venido estableciendo diferentes alianzas con YATAMA (movimiento indígena de la Costa Caribe), con sectores del PRN (Partido de la Resistencia Nicaragüense), con sectores de otros partidos políticos (conservadores, liberales, social cristianos, etcétera). Sin embargo, la derecha y los norteamericanos continuaron manejando como uno de sus ejes principales de propaganda negra "el peligro de la guerra" como parte de la estrategia del "voto del miedo".

A mediados del mes de septiembre recién pasado se produce un acuerdo con el Partido de la Resistencia Nicaragüense (que encabeza Salvador Talavera) con el fin de indicar que el FSLN y el PRN (los que se enfrentaron en la guerra de los años ochenta) se comprometen a no impulsar ningún movimiento armado. Este acuerdo ha sido un duro golpe para la derecha y la extrema derecha nicaragüense al quedar sin uno de sus principales ejes de ataque al sandinismo.

Por otro lado, este acuerdo político le abre la posibilidad al FSLN de neutralizar el voto negativo del campesinado (donde el PRN tiene una base social fuerte) y, por lo tanto, incrementar sus posibilidades de triunfo en las elecciones de noviembre próximo.

Esta nueva coyuntura política ha puesto más nerviosos a la derecha, la extrema derecha, a los sectores de la extrema derecha salvadoreña, al gobierno norteamericano y a los medios de comunicación en manos de la derecha; lo que hace prever que el mes de octubre la campaña del miedo se eleve los deciles en contra del sandinismo.

La campaña del voto del miedo. La derecha nicaragüense, subordinada a los intereses económicos y políticos de la alianza del gran capital reaccionario con los EE.UU., en su pretensión de ganar las elecciones presidenciales ha lanzado una ofensiva propagandística de mentiras, injurias y calumnias, que no es contra el FSLN, sino contra los nicaragüenses. Esta campaña se debe a que la derecha no tiene principios, sino intereses, por lo que individuos sin ética alguna, han urdido en su desesperación una propaganda mentirosa bajo la tesis goebbeliana de que una mentira repetida mil veces algo deja.

El vocero oficial del PLC, Leonel Teller, aseguró que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, otorgará cincuenta millones de dólares al FSLN para financiar la campaña electoral del 2006. Sin embargo, no mostró ninguna prueba. El diario La Prensa recoge su versión sin cuestionar las aseveraciones de Teller. (3) Las afirmaciones de Teller son con base en fuentes anónimas e "informes de inteligencia"- recogen los prejuicios, el lenguaje ideológico y la estructura maniquea propios de la guerra fría.

Con base en la misma matriz, que utilizaba la dictadura somocista en contra el sandinismo insurgente, que combina información verídica con elementos de la guerra sicológica (propaganda negra, gris y blanca), juicios de valor, exageraciones y distorsiones de la realidad, rumores y teorías conspirativas, lo que se pretende es crear y utilizar un acontecimiento como núcleo de una operación futura, a la vez que manipular, sembrar confusión, alimentar la paranoia e influir en la opinión pública para fabricar un consenso que, invariablemente, sirva a la agenda y los intereses de los EE.UU., el gran capital y la derecha vernácula.

La "guerra sucia" es utilizada por aquellos que tienen mucho miedo de perder privilegios. La intención de la campaña de la "guerra sucia" será tratar de proyectar que Ortega es autoritario y generar la de que "pobre país" si él gana las elecciones presidenciales de noviembre del 2006. Quienes se sienten afectados por el proyecto del cambio de rumbo han comenzado una "guerra sucia", desinformando para meter miedo a la gente. Utilizando el dinero, la televisión, los medios escritos y las mentiras.

Si en la época de la dictadura somocista el "enemigo interno" que había que combatir era la "subversión" y la "conjura comunista" del "eje" Pekín-Moscú-La Habana; hoy, siguiendo la agenda y el guión de Washington, los voceros oficiales de la derecha, nos dice que, ahora, las amenazas son un eventual gobierno "populista radical" encarnado por Daniel Ortega quien vendría a sumar a Nicaragua al "eje" La Habana-Caracas-La Paz. (4) En el fondo esta "guerra sucia" esta alimentada de un odio de clase y de temor de que los sectores pobres puedan dirigir sus propios destinos eligiendo democráticamente un gobierno suyo.

Para la calumnia y los golpes bajos sí hay libertad en los medios de comunicación. Es el triunfo del sector más ultra derechista de la oligarquía que busca: desprestigiar la política llevando la campaña electoral a nivel de nota roja, desatando una espiral de ataques directos, consumiendo tiempo-medios no para aclarar al país hacia dónde conducen las diferentes propuestas de los candidatos, sino que promueve la competencia que busca demostrar quién es peor.

En definitiva, se trata de una típica acción de "distracción" dirigida no tanto a influir sobre la razón como en las emociones, cuyo objetivo es ir generando un clima de caos que alimente la paranoia en la opinión pública con el fin de inducir, otra vez, el voto del miedo. Es decir, la fabricación de un consenso para que el actual sistema de dominación neoliberal se siga reproduciendo.

Pretendiendo, los voceros de la derecha, ser soldados del neoliberalismo, no son más que tristes comparsas-, no representa, al igual que la de los republicanos, intereses nacionales, sino particulares. Los voceros de la derecha pretenden hablar por Nicaragua, pero lo hacen en nombre de algunas trasnacionales y embajadas a las que se hallan vinculados; quieren hablar en nombre de "los empresarios", pero sólo lo hacen por unos cuantos traficantes de influencias enriquecidos con los gobiernos neoliberales.

No hay que olvidar que la propaganda electoral que promueve la derecha política es una hábil combinación de información, verdades a media, juicios de valor y una variedad de exageraciones y distorsiones de la realidad, que busca influir en las masas. En general, a través de manipulaciones sicológicas, la propaganda tiende a confirmar ideas populares y agudizar los prejuicios; trata de movilizar a la población a través de sus emociones, en particular el miedo y el odio. Para tratar de convencer y modificar opiniones y juicios de la población, el propagandista se vale de todos los medios de difusión, oficiales o comerciales, y echa mano, también, de métodos inusuales como el rumor y las teorías conspirativas.

La "guerra sucia" de la mentira parte de la base que existe un alto grado de analfabetismo en Nicaragua. El asunto parece claro. Si los habitantes de este país no leen, si no están informados, o cuando menos enterados de lo que sucede exactamente en Nicaragua, entonces se les puede mentir, se les puede engañar diciendo que el candidato progresista es un peligro. Al mismo tiempo, se puede levantar una campaña de cinismo por parte de la derecha, diciendo que el candidato de la derecha neoliberal va a proporcionar más empleos, mientras todos los días puñados de nicaragüenses son expatriados por el gobierno Bolaños y, desde luego, por el sistema que el mismo Montealegre o Rizo seguirán, porque se lo ordena la derecha internacional.

La mejor muestra está en el apoyo que Robert Zoellick (subsecretario de Estado de EE.UU.) y Paul Trivelli (embajador norteamericano en Managua) (5) le brindan a Eduardo Montealegre sin cortapisas, a su candidato, al candidato de la derecha neoliberal que no sabe de justicia ni de equidad. (6) El que quiere que la gente no lea ni se eduque, para seguirle mintiendo. Entonces la campaña de mentiras de la derecha tiene una explicación clara: a la gente se le puede engañar porque la gente no sabe nada, no entiende nada y se le puede proponer, por ejemplo: por un poco de dinero y una camiseta por su voto, y luego se les obliga a exiliarse en busca de mejor vida, porque nada de lo que se les prometió fue cierto.

La "guerra sucia" desatada por la derecha política apuesta a distorsionar el proceso electoral, a impedir que se conozcan las ideas de fondo de los candidatos y a generar un ambiente de provocación y tensión política innecesarias. La posibilidad de una modificación en la actual correlación de fuerzas desata las peores pasiones y pone de relieve hasta qué punto la derecha, como siempre, defiende sus propios privilegios, cuyo crecimiento exponencial salta a la vista en los últimos años. Han "capturado" las instituciones, la economía, los centros de mando de la economía y esa fábrica de presunciones ideológicas que son los medios electrónicos.

Los extremistas de la derecha reaccionaria quieren seguir disponiendo del país como si fuese un botín, quieren llevar a la campaña electoral a una situación de tensión, confrontación y violencia, pero muy difícilmente se saldrán con la suya, pues se han situado contra la razón, la paz y la reconciliación. Y también, a pesar suyo, contra el pueblo de Nicaragua.

La campaña sucia de la derecha política es tan endeble que lo único que tiene que hacer el sandinismo es informar, informar y volver a informar sobre las consecuencias sociales y económicas de las políticas neoliberales de los últimos dieciséis años.

No se puede competir en espots televisivos pagados con el dinero de los hombres de capital que están detrás de Rizo y Montealegre. Tampoco podría moderarse el discurso a tal grado que resulte insustancial, incoloro e insípido, perdiéndose el anclaje construido en las clases sociales excluidas. En realidad lo que debe hacerse es informar a la sociedad, pero eso sí exige un esfuerzo adicional, diferente. Y para ello la campaña tiene que convertirse en un movimiento de explicación y/o formación que desate un caudal tal de energía social que esté en actitud de ganarle a los poderes político, financiero y mediático que están hoy en santa alianza.

Hay que explicar que son los norteamericanos los que financian abierta a todas las organizaciones de la derecha política. Que los gobiernos neoliberales son los que han utilizado la represión para resolver conflictos sociales. Que con un nuevo gobierno neoliberal (sea Montealegre, Rizo o Jarquín) miles de nicaragüenses corren el peligro de perder su empleo, otros miles pueden perder el Seguro Social al privatizarlo, otros cientos de miles corren el peligro de salir al exilio económico, y otros más corren peligro de morir acribillados por las bandas del narcotráfico que se han venido instalando en nuestro país desde 1990 a la fecha. Que con un nuevo gobierno neoliberal los casos de corrupción no serán castigados, no hay un solo caso de corrupción a escala nacional que haya sido sancionado durante los gobiernos neoliberales.

El resurgimiento de las luchas sociales. El resurgimiento de esta lucha desconcierta al gobierno, irrita a la derecha y desespera a los capitalistas. Todos esperaban la desaparición, después de dieciséis años de neoliberalismo, de cualquier vestigio de luchas sociales y por eso observan con fastidio la continuidad de la protesta. En lugar de discutir la validez de los reclamos, el gobierno Bolaños objeta su oportunidad y las formas de la petición. Propicia, campañas mediáticas para inducir el aislamiento, la división y el debilitamiento de la lucha social. Pero esta acción persiste y es el factor clave del nuevo período, porque condiciona todos los proyectos de la clase dominante. No es sencillo estabilizar un modelo regresivo en un contexto de movilización social.

Los grupos de poder económico dominan el Estado, la mayoría de partidos de derecha y las instituciones del Estado; y donde las élites pretenden reforzar sus tentáculos en el sector de servicios. Esto, en detrimento de la agricultura y la industria nacional y, desde luego, del bienestar de la gente. En los gobiernos neoliberales, todos ellos pro empresariales, los intereses de los grupos de poder económico dominantes han tenido una incidencia decisiva en la determinación y ejecución de las políticas públicas en los últimos dieciséis años.

Las elecciones de noviembre del 2006 es una disputa por la continuidad o no de los privilegios que procrean y reproducen el actual modelo económico-social excluyente. El debate será por terminar o no los privilegios de los sectores dominantes, cuestión que ignoran de manera deliberada los políticos de la derecha, a pesar de la abultada realidad que se les coloca enfrente.

Los promotores de la continuidad del modelo, empleando la táctica de guerra sucia, tratan de contrarrestar el atractivo popular de un candidato resaltando supuestos rasgos de su personalidad (populista, autoritaria, mesiánica) con exorcismos sacados de un vetusto manual de la guerra fría. Los estrategas de la derecha, buscan crear el pánico en la mente de algunos electores. Pero, al mismo tiempo, van alejando, con sus coordinados ataques, a todos aquellos votantes sin partido que buscan opciones creíbles en la lucha contra los privilegios de las elites. Todas las cosas tienen su canto del cisne.

La historia es "la tumba de las aristocracias reaccionarias" que adoptaron una línea dura contra el cambio en las relaciones de poder. Las elites más exitosas han sido las que lograron cooptar a los líderes de la insurgencia de masas que surge para despojarlas del poder, y así ensanchan la elite del poder a la vez que preservan la estructura del sistema.

El modelo neoliberal se agota. La expansión de los grupos oligárquicos y la concentración de la riqueza en pocas manos han traído como consecuencia la exclusión de amplios sectores de la población y ha imposibilitado la ejecución de políticas públicas a largo plazo, que respondan más a las necesidades de los países que a los intereses de las élites empresariales.

El sistema neoliberal comienza a hacer agua, agobiado por el desempleo, la delincuencia y las desigualdades. Es evidente que este ciclo económico se está agotando y con la explotación intensiva de recursos naturales, de bajos impuestos a las transnacionales y empresas privadas y pésima distribución de la riqueza, el país está siguiendo una senda que, a estas alturas, resulta peligrosamente dual. Es una Nicaragua con brechas profundísimas en salud, educación, justicia, ambiente de vida y, al mismo tiempo, estamos viviendo la dictadura del capital, la persistencia de una manera de ver la sociedad, mirada desde el protagonismo y la capacidad de decisión de unos pocos.

Se hace urgente corregir el modelo económico neoliberal y democratizar el sistema social, hay una complicidad en las élites políticas y económicas para mantener todo igual. La distribución de la riqueza es un asunto muy profundo, el problema es durísimo y la desigualdad va a ser cada vez más crítica. No se trata sólo de una desigualdad en el ingreso. También lo es en los tratos laborales, en la desigualdad frente a la justicia, a las alternativas, frente al empleo y los salarios. Los grandes problemas sociales de Nicaragua son resultado del sistema neoliberal imperante y es preciso cambiarlo.

El Informe sobre la situación social en el mundo 2005 de las Naciones Unidas (7) titulado "El predicamento de la inequidad", dice que las estrategias neoliberales para conseguir crecimiento económico han agravado la desigualdad y la pobreza en América Latina y el Caribe. El Informe llama la atención sobre el acceso restringido a los servicios públicos en América Latina, señalando que a pesar de los gastos sociales públicos los pobres no están recibiendo los beneficios. Amplios segmentos de la población de bajos ingresos continúa excluida de muchas áreas del bienestar público. (8)

La investigación señala que el resultado acumulativo de las reformas estructurales en las pasadas dos décadas ha sido un aumento en la desigualdad. Las políticas de reformas fueron diseñadas con la expectativa de que tasas más altas de crecimiento serían suficientes para generar beneficios sociales. Pero hasta ahora ellas resultaron en consecuencias negativas a largo plazo. "Concentrarse exclusivamente en el crecimiento económico y en la generación de ingreso como estrategia de desarrollo es ineficaz, pues conduce a la acumulación de riqueza en manos de unos pocos y profundiza la pobreza de muchos", advierte el estudio. (9)

Según el mismo Informe sobre la situación social en el mundo 2005 de las Naciones Unidas, será más fácil reducir la pobreza en los países cuyos gobiernos "hayan puesto en marcha políticas que promueven la igualdad, incluidas las iniciativas para mejorar el acceso a recursos, ingresos, educación y empleo". Pese al crecimiento económico de los últimos años, Nicaragua es más desigual que hace 16 años al no haber impulsado la equidad social.

Según un estudio del PNUD si en 1997 el 41 por ciento de la población latinoamericana, incluyendo la nicaragüense, declaraba estar satisfecha con sus gobiernos democráticos esta cifra descendía a 29 por ciento en el 2004. (10) Es decir, que menos de un tercio de los habitantes estaban satisfechos con sus gobiernos. En esa misma encuesta sólo el 19 por ciento declaraba su beneplácito con el funcionamiento de la economía de mercado, pese a que sus publicistas se desgañitan cada día proclamando sus incomparables virtudes.

En dicho informe, la conclusión es inequívoca: la pérdida de legitimidad de la democracia obedece principalmente a la falta de difusión de los derechos sociales, vale decir, a la percepción que tiene la gente de que la democracia no garantiza el acceso al empleo, ingresos suficientes, mayor igualdad social y menor pobreza.

De acuerdo a la misma investigación, la ampliación de los derechos sociales constituye hoy en día el mecanismo más valorado por la ciudadanía como fuente de legitimación de la democracia política, lo que se traduciría en una mayor gobernabilidad y estabilidad política, un menor nivel de conflicto social y, con ello, una mejor base institucional para la inversión y el desarrollo.

Por otro lado, Centroamérica no ha perdido relevancia para EE.UU., especialmente en el contexto actual de cuestionamiento al neoliberalismo y renacimiento del antiimperialismo. El CAFTA es un proyecto de dominación norteamericana de la región centroamericana. Retoma una meta estratégica de EE.UU. que asumió distintas formas en los siglos XIX y XX. El tema de la construcción un canal interoceánico por Centroamérica, específicamente en Nicaragua, vuelve al tape debido a muchos factores entre ellos: el cambio del centro de la economía mundial pasando del Atlántico al Pacífico, el incremento de los intercambios de mercancías, la necesidad de utilizar grandes barcos y reducir tiempo y distancia para bajar costos, etcétera.

Nosotros sostenemos que la patria tiene que ser de todos, que ya no es posible que siga habiendo la monstruosa desigualdad social, en donde efectivamente unos cuantos lo tienen todo, pero al mismo tiempo hay cuatro millones de nicaragüenses que carecen hasta de lo más indispensable.


Notas:

(1) Oscar-René Vargas, El significado de la candidatura de Jarquín y el papel de la "sociedad civil", Rebelión, domingo, 22 de octubre de 2006.

(2) Oscar-René Vargas, Nicaragua. 25 años después (1979-2004). De los comandantes a los banqueros, CEREN, Managua, Nicaragua, septiembre 2004, 190 páginas.

(3) Teller: Chávez financiará al FSLN, La Prensa, Edición Nº 24139, Managua, Nicaragua, martes, 11 de abril de 2006, p. 2-A.

(4) Octavio Enríquez, Las urnas pueden servir para generar caos. Entrevista con Carlos Alberto Montaner, La Prensa, Edición Nº 24162, Managua, Nicaragua, domingo, 7 de mayo de 2006, p. 3-A.

(5) Orlando Núñez Soto, Trivelli es el gran elector de la derecha nicaragüense, El Nuevo Diario, Edición Nº 9384, Managua, Nicaragua, jueves, 28 de septiembre de 2006, p. 14-B.

(6) Consuelo Sandoval, EU decide a quién vetar y por quién votar, El Nuevo Diario, Edición Nº 9222, Managua, Nicaragua, miércoles, 19 de abril de 2006, p. 1-A y 8-A.

(7)Naciones Unidas / Asamblea General, Informe sobre la situación social en el mundo 2005, Nueva York, Estados Unidos, A/60/117, 13 de junio de 2005, 157 páginas.

(8) El dilema de la desigualdad, Argenpress Info, Buenos Aires, Argentina, 26 de agosto de 2005.

(9) Naciones Unidas / Asamblea General, Informe sobre la situación social en el mundo 2005.

(10) PNUD, La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara SA, Buenos Aires, Argentina, 2004.