|
El significado de la
candidatura de Jarquín y el papel de la
sociedad civil
Oscar René Vargas (1)
El mensaje político de Edmundo Jarquín,
dirigido tanto a la derecha como al capital y
a los sandinistas neoliberales, es simple: ya
se fue Alemán, tiene que irse Daniel Ortega
y sin el fantasma de 1979 (el peligro de una nueva
revolución social), la oferta es hacer
un "trato" con sectores de la derecha
empresarial que permita una "transición
pactada" de gobernabilidad, que consienta
tanto la recuperación total de la hegemonía
política de la derecha como el reconocimiento
de los "nuevos capitalistas" por parte
de la vieja oligarquía. Todo ello con el
beneplácito de los EE.UU.
La "transición pactada" no es
por ello una propuesta desde el gobierno de Enrique
Bolaños o del capital financiero local
(los banqueros), sino un proyecto estadounidense
que tuvo resonancia inmediata dentro de los sectores
pro-capitalistas del partido sandinista desde
el comienzo de la década de los noventa,
donde la oferta fundamental es la "alternancia
en el poder" siempre y cuando exista un compromiso
de respetar la política económica
y las reformas neoliberales vigentes; es decir,
el proyecto política de Jarquín
consiste en domesticar y derechizar al sandinismo
si llega al poder.
El gran éxito de la "transición
pactada" impulsada por Bolaños junto
con los norteamericanos y el capital financiero
sería: el liquidar políticamente
a Arnoldo Alemán y el desarmar a la izquierda
sandinista, con Jarquín a la cabeza, que
permita desplazar a Ortega de la dirección
política del FSLN. El candidato del Movimiento
de Renovación Sandinista (MRS), Edmundo
Jarquín, ha emprendido la lucha por cumplir
con la tarea de hacer del sandinismo un partido
neoliberal de izquierda, no para ser el Gorbachov
(democratizar al partido), sino para ser el Boris
Yeltsin (liquidar al partido) de Nicaragua con
el aval de los norteamericanos, del capital, de
todas las fracciones de la derecha política
y del presidente Bolaños.
Con la candidatura de Jarquín se busca
dividir al sandinismo, y sobre todo en la juventud
que es fundamental por su entusiasmo y decisión;
se piensa que Jarquín debilitará
la candidatura de Ortega forzando una segunda
vuelta (lo que permitiría unificar a la
derecha) y, además, podría presentar
un dilema teórico y estratégico
a la ciudadanía sencilla al tener que decidirse
por quien votar entre dos candidatos "sandinistas".
El papel de Jarquín es quitarles entusiasmo
a los ciudadanos de buena voluntad, sencillos,
decepcionados por los gobiernos neoliberales,
para que no voten por un cambio de rumbo en las
próximas elecciones y evitar que Ortega
gane en la primera vuelta. De esa manera, la campaña
de Jarquín opera contra la transformación
histórica de la sociedad, y, aunque no
se tenga conciencia por parte de la base del MRS,
desvía el caudal del agua hacia el molino
controlado por la elite en el poder y los norteamericanos.
¡El enemigo de mi enemigo -dice esa elite
en el poder- es mi aliado! ¡Es una cuestión
de principios, no de personas!
Desde el año 2005, la estrategia de los
Estados Unidos fue impulsar los movimientos de
la "sociedad civil" con el objetivo
de promover una "revolución desde
la sociedad civil" (siguiendo la experiencia
de algunos países de la Europa del Este).
Los Institutos Demócrata y Republicano,
la Agencia para el Desarrollo Internacional, los
grupos delanteros de la CIA, los medios de comunicación
de masas, y sobre todo las ONGs financiadas por
los EE.UU., intervienen masivamente en la mecánica
de deslegitimar y demonizar a los líderes
sandinistas, haciendo propaganda alrededor de:
todos contra el pacto o ganar las elecciones para
reforzar la democracia neoliberal y evitar el
cambio de rumbo.
Las organizaciones de la "sociedad civil",
lanzan, regularmente, un ataque frontal contra
las instituciones del estado, desprestigiando
a sus funcionarios y atacando al candidato que
no goza de las simpatías de los EE.UU.
Mientras tanto, el estado imperial recluta o "neutraliza"
a ex-funcionarios del gobierno sandinista con
el objetivo de restarle votos al sandinismo y
sus aliados en las elecciones del 2006. Todos
ellos, tratan de montar una ola de movilizaciones
de masas con financiación exterior, para
que los candidatos clientes, respaldados por EE.UU.,
ganen las elecciones y mantengan el próximo
gobierno en la órbita imperial.
Los candidatos presidenciales de la derecha neoliberal
(Rizo, Montealegre y Jarquín) buscan, de
Washington, conseguir un certificado de buena
conducta a cambio de comprometerse a "respetar"
la propiedad estadounidense y el CAFTA, así
como a asegurar su apoyo a los contornos generales
de la política global estadounidense y
mantener el modelo neoliberal fracasado.
El antisandinismo es el centro de la estrategia
electoral de la derecha neoliberal y sus aliados
para invertir la tendencia de los sondeos que
atribuyen una ventaja al FSLN. Describen a Nicaragua
como un país controlado por los sandinistas
que realizaron exitosamente la "estrategia
planteada por Antonio Gramsci" y lograron
infiltrarse en la sociedad civil, controlando
en particular el Poder Judicial, la Contraloría
General de la República, el Poder Electoral,
el sindicato mayoritario de la educación
pública, todos los ganglios de la producción
cultural, los trabajadores de la salud, etcétera.
Esta estrategia tiende a ideologizar y radicalizar
la campaña electoral, evitando el debate
sobre las políticas emprendidas por los
gobiernos neoliberales, marcando una raya de clase
para espantar a las clases medias y ganar el voto
de los indecisos. Esta radicalización verbal
buscar movilizar a grupos sociales temerosos para
tratar de evitar una derrota electoral de la derecha
política.
Frente al extremismo de las derechas y de dieciséis
años de gobierno neoliberal, el sandinismo
y sus aliados se ha convertido en el lugar de
la razón y de la resistencia al injerencismo
extranjero. La coalición encabezada por
Daniel Ortega, sin representar ninguna novedad
política ni proponer cambios radicales,
se presenta como la única alternativa social.
Una alternativa civilizada, de restauración
social y de recuperación de principios
morales y valores constitucionales que se sintetiza
en la propuesta de un gobierno de reconstrucción
nacional, para recomponer los daños del
régimen neoliberal.
La política de la derecha y de los Estados
Unidos en el 2006. En tiempos de crisis del modelo
neoliberal, la clase dominante se divide en fracciones
en pugna. El poder de la clase dominante se ejerce
desde adentro y desde afuera del Estado. (2)
Tomado como una estructura en su conjunto, dicho
poder se sustenta en tres pilares: a) económico
(tierra, industrias, bancos, etcétera);
b) político (administración, parlamento,
ejército, policía, partidos, etcétera),
y c) ideológico (ideología dominante
que se difunde a través del sistema educativo
y de los medios de comunicación de masas
y la mercadotecnia).
Una de las principales vías para la concentración
de poder han sido las privatizaciones de las empresas
estatales, que son una estrategia para concentrar
riqueza pública en monopolios privados.
No es una estrategia de desarrollo, porque incrementa
la desigualdad, el desempleo, precios/costos de
bienes y servicios y genera exclusión social.
Además, la privatización va acompañada
de la desnacionalización, del control corporativo
de sectores estratégicos de la economía
y de su integración dentro de la estrategia
internacional de maximización de ganancias
de esos grupos.
En épocas de crisis del sistema político,
cuando los mecanismos de "gobernabilidad"
tienden a agotarse, suele producirse una regresión
en las clases dominantes. La dominación
oligárquica elimina las mediaciones conciliatorias
y busca ser ejercida directamente por los grupos
propietarios y representantes directos del capital,
ese es el sentido de la candidatura de Eduardo
Montealegre (candidato que proviene directamente
de la banca privada). No debe sorprender a nadie
decir que Montealegre es un neoliberal y pertenece
a la camada de tecnócratas desnacionalizados
que tomaron el poder en 1990, cuando se instauró
el régimen acreedor auspiciado por EE.UU.
desde el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID).
Esa estrategia de "administración"
de la descomposición política de
la derecha es sustentada por una alianza de poder
que, aunque mantenga violentas disputas internas
y genere cierta inestabilidad política
y vacíos de poder transitorios, mantiene
una coherencia de los intereses dominantes del
capital en su conjunto. Pese a las contradicciones
interoligárquicas, los desplazamientos
de grupos de poder y los cambios en la correlación
de fuerzas, existe una real "estabilidad
en la inestabilidad"; la estructura de poder
de clases no se modifica de manera sustancial.
Cuando la oligarquía ve amenazados sus
intereses de clase, la elite gobernante tiende
a coaligarse en la defensa a ultranza del modelo
de dominación. En tales circunstancias,
la dominación oligárquica (el Estado
de los empresarios, banqueros y latifundistas),
a pesar de estar imbuida de una lógica
vertical y autoritaria, propia de las corporaciones,
suele hacer la defensa retórica y demagógica
de "la democracia" y "la participación
ciudadanía". El gran capital y sus
diversas asociaciones tienen una visión
instrumental de la democracia: cuando se fortalece
la dominación capitalista, los capitalistas
la apoyan. Pero cuando las fuerzas populares ganan
poder, los capitalistas presionan, mandan a reprimir
o derriban a la democracia.
La separación de la derecha en diferentes
partidos va más allá de diferencias
personales. El PLC y su candidato José
Rizo expresan los intereses de ciertos sectores
de la burguesía criolla; mientras que ALN
y su candidato Eduardo Montealegre formulan los
intereses de la oligarquía conservadora,
los banqueros, el diario La Prensa, canales de
TV, el Consejo Superior de la Empresa Privada
(COSEP) y la Cámara de Comercio Americana-Nicaragüense
(AMCHAM).
En el transcurso del 2006, ha habido algunos
intentos, impulsados por los norteamericanos,
para unificar a la derecha en las elecciones de
noviembre de 2006. Sin embargo, la desconfianza
y la brecha existente han hecho imposible la unificación.
Lo cual, a los ojos de los analistas de diferentes
tendencias, le permite a Ortega a tener posibilidades
de ganar las elecciones.
La dominación oligárquica necesita
controlar a la política y los políticos;
o, en caso contrario, desprestigiarla/os, a través
de la sociedad civil. Pero además, en épocas
de crisis del sistema, hay que descontaminar al
"rebaño" del pensamiento crítico.
En momentos de crisis, la masa necesita ser "domesticada"
para que no se rebele. Necesita "mano dura".
Necesitan "orden" social. Para la derecha,
"gobernar es resistir" al cambio del
modelo. Resistir a la "ruptura" del
sistema, al cambio de rumbo. La resistencia contra
el cambio y la innovación social. Pero
eso se puede dar solamente si pasamos de un gobierno
autoritario larvado (Bolaños); a un nuevo
totalitarismo en ciernes que representa Montealegre.
En este escenario la derecha comenzó su
propaganda negra al señalar que un triunfo
de Ortega sería nefasto para el país
porque el fantasma de la guerra se presentaba
como algo posible. A lo largo de 2006, el FSLN
ha venido estableciendo diferentes alianzas con
YATAMA (movimiento indígena de la Costa
Caribe), con sectores del PRN (Partido de la Resistencia
Nicaragüense), con sectores de otros partidos
políticos (conservadores, liberales, social
cristianos, etcétera). Sin embargo, la
derecha y los norteamericanos continuaron manejando
como uno de sus ejes principales de propaganda
negra "el peligro de la guerra" como
parte de la estrategia del "voto del miedo".
A mediados del mes de septiembre recién
pasado se produce un acuerdo con el Partido de
la Resistencia Nicaragüense (que encabeza
Salvador Talavera) con el fin de indicar que el
FSLN y el PRN (los que se enfrentaron en la guerra
de los años ochenta) se comprometen a no
impulsar ningún movimiento armado. Este
acuerdo ha sido un duro golpe para la derecha
y la extrema derecha nicaragüense al quedar
sin uno de sus principales ejes de ataque al sandinismo.
Por otro lado, este acuerdo político le
abre la posibilidad al FSLN de neutralizar el
voto negativo del campesinado (donde el PRN tiene
una base social fuerte) y, por lo tanto, incrementar
sus posibilidades de triunfo en las elecciones
de noviembre próximo.
Esta nueva coyuntura política ha puesto
más nerviosos a la derecha, la extrema
derecha, a los sectores de la extrema derecha
salvadoreña, al gobierno norteamericano
y a los medios de comunicación en manos
de la derecha; lo que hace prever que el mes de
octubre la campaña del miedo se eleve los
deciles en contra del sandinismo.
La campaña del voto del miedo. La derecha
nicaragüense, subordinada a los intereses
económicos y políticos de la alianza
del gran capital reaccionario con los EE.UU.,
en su pretensión de ganar las elecciones
presidenciales ha lanzado una ofensiva propagandística
de mentiras, injurias y calumnias, que no es contra
el FSLN, sino contra los nicaragüenses. Esta
campaña se debe a que la derecha no tiene
principios, sino intereses, por lo que individuos
sin ética alguna, han urdido en su desesperación
una propaganda mentirosa bajo la tesis goebbeliana
de que una mentira repetida mil veces algo deja.
El vocero oficial del PLC, Leonel Teller, aseguró
que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
otorgará cincuenta millones de dólares
al FSLN para financiar la campaña electoral
del 2006. Sin embargo, no mostró ninguna
prueba. El diario La Prensa recoge su versión
sin cuestionar las aseveraciones de Teller. (3)
Las afirmaciones de Teller son con base en fuentes
anónimas e "informes de inteligencia"-
recogen los prejuicios, el lenguaje ideológico
y la estructura maniquea propios de la guerra
fría.
Con base en la misma matriz, que utilizaba la
dictadura somocista en contra el sandinismo insurgente,
que combina información verídica
con elementos de la guerra sicológica (propaganda
negra, gris y blanca), juicios de valor, exageraciones
y distorsiones de la realidad, rumores y teorías
conspirativas, lo que se pretende es crear y utilizar
un acontecimiento como núcleo de una operación
futura, a la vez que manipular, sembrar confusión,
alimentar la paranoia e influir en la opinión
pública para fabricar un consenso que,
invariablemente, sirva a la agenda y los intereses
de los EE.UU., el gran capital y la derecha vernácula.
La "guerra sucia" es utilizada por
aquellos que tienen mucho miedo de perder privilegios.
La intención de la campaña de la
"guerra sucia" será tratar de
proyectar que Ortega es autoritario y generar
la de que "pobre país" si él
gana las elecciones presidenciales de noviembre
del 2006. Quienes se sienten afectados por el
proyecto del cambio de rumbo han comenzado una
"guerra sucia", desinformando para meter
miedo a la gente. Utilizando el dinero, la televisión,
los medios escritos y las mentiras.
Si en la época de la dictadura somocista
el "enemigo interno" que había
que combatir era la "subversión"
y la "conjura comunista" del "eje"
Pekín-Moscú-La Habana; hoy, siguiendo
la agenda y el guión de Washington, los
voceros oficiales de la derecha, nos dice que,
ahora, las amenazas son un eventual gobierno "populista
radical" encarnado por Daniel Ortega quien
vendría a sumar a Nicaragua al "eje"
La Habana-Caracas-La Paz. (4)
En el fondo esta "guerra sucia" esta
alimentada de un odio de clase y de temor de que
los sectores pobres puedan dirigir sus propios
destinos eligiendo democráticamente un
gobierno suyo.
Para la calumnia y los golpes bajos sí
hay libertad en los medios de comunicación.
Es el triunfo del sector más ultra derechista
de la oligarquía que busca: desprestigiar
la política llevando la campaña
electoral a nivel de nota roja, desatando una
espiral de ataques directos, consumiendo tiempo-medios
no para aclarar al país hacia dónde
conducen las diferentes propuestas de los candidatos,
sino que promueve la competencia que busca demostrar
quién es peor.
En definitiva, se trata de una típica
acción de "distracción"
dirigida no tanto a influir sobre la razón
como en las emociones, cuyo objetivo es ir generando
un clima de caos que alimente la paranoia en la
opinión pública con el fin de inducir,
otra vez, el voto del miedo. Es decir, la fabricación
de un consenso para que el actual sistema de dominación
neoliberal se siga reproduciendo.
Pretendiendo, los voceros de la derecha, ser
soldados del neoliberalismo, no son más
que tristes comparsas-, no representa, al igual
que la de los republicanos, intereses nacionales,
sino particulares. Los voceros de la derecha pretenden
hablar por Nicaragua, pero lo hacen en nombre
de algunas trasnacionales y embajadas a las que
se hallan vinculados; quieren hablar en nombre
de "los empresarios", pero sólo
lo hacen por unos cuantos traficantes de influencias
enriquecidos con los gobiernos neoliberales.
No hay que olvidar que la propaganda electoral
que promueve la derecha política es una
hábil combinación de información,
verdades a media, juicios de valor y una variedad
de exageraciones y distorsiones de la realidad,
que busca influir en las masas. En general, a
través de manipulaciones sicológicas,
la propaganda tiende a confirmar ideas populares
y agudizar los prejuicios; trata de movilizar
a la población a través de sus emociones,
en particular el miedo y el odio. Para tratar
de convencer y modificar opiniones y juicios de
la población, el propagandista se vale
de todos los medios de difusión, oficiales
o comerciales, y echa mano, también, de
métodos inusuales como el rumor y las teorías
conspirativas.
La "guerra sucia" de la mentira parte
de la base que existe un alto grado de analfabetismo
en Nicaragua. El asunto parece claro. Si los habitantes
de este país no leen, si no están
informados, o cuando menos enterados de lo que
sucede exactamente en Nicaragua, entonces se les
puede mentir, se les puede engañar diciendo
que el candidato progresista es un peligro. Al
mismo tiempo, se puede levantar una campaña
de cinismo por parte de la derecha, diciendo que
el candidato de la derecha neoliberal va a proporcionar
más empleos, mientras todos los días
puñados de nicaragüenses son expatriados
por el gobierno Bolaños y, desde luego,
por el sistema que el mismo Montealegre o Rizo
seguirán, porque se lo ordena la derecha
internacional.
La mejor muestra está en el apoyo que
Robert Zoellick (subsecretario de Estado de EE.UU.)
y Paul Trivelli (embajador norteamericano en Managua)
(5) le brindan
a Eduardo Montealegre sin cortapisas, a su candidato,
al candidato de la derecha neoliberal que no sabe
de justicia ni de equidad. (6)
El que quiere que la gente no lea ni se eduque,
para seguirle mintiendo. Entonces la campaña
de mentiras de la derecha tiene una explicación
clara: a la gente se le puede engañar porque
la gente no sabe nada, no entiende nada y se le
puede proponer, por ejemplo: por un poco de dinero
y una camiseta por su voto, y luego se les obliga
a exiliarse en busca de mejor vida, porque nada
de lo que se les prometió fue cierto.
La "guerra sucia" desatada por la derecha
política apuesta a distorsionar el proceso
electoral, a impedir que se conozcan las ideas
de fondo de los candidatos y a generar un ambiente
de provocación y tensión política
innecesarias. La posibilidad de una modificación
en la actual correlación de fuerzas desata
las peores pasiones y pone de relieve hasta qué
punto la derecha, como siempre, defiende sus propios
privilegios, cuyo crecimiento exponencial salta
a la vista en los últimos años.
Han "capturado" las instituciones, la
economía, los centros de mando de la economía
y esa fábrica de presunciones ideológicas
que son los medios electrónicos.
Los extremistas de la derecha reaccionaria quieren
seguir disponiendo del país como si fuese
un botín, quieren llevar a la campaña
electoral a una situación de tensión,
confrontación y violencia, pero muy difícilmente
se saldrán con la suya, pues se han situado
contra la razón, la paz y la reconciliación.
Y también, a pesar suyo, contra el pueblo
de Nicaragua.
La campaña sucia de la derecha política
es tan endeble que lo único que tiene que
hacer el sandinismo es informar, informar y volver
a informar sobre las consecuencias sociales y
económicas de las políticas neoliberales
de los últimos dieciséis años.
No se puede competir en espots televisivos pagados
con el dinero de los hombres de capital que están
detrás de Rizo y Montealegre. Tampoco podría
moderarse el discurso a tal grado que resulte
insustancial, incoloro e insípido, perdiéndose
el anclaje construido en las clases sociales excluidas.
En realidad lo que debe hacerse es informar a
la sociedad, pero eso sí exige un esfuerzo
adicional, diferente. Y para ello la campaña
tiene que convertirse en un movimiento de explicación
y/o formación que desate un caudal tal
de energía social que esté en actitud
de ganarle a los poderes político, financiero
y mediático que están hoy en santa
alianza.
Hay que explicar que son los norteamericanos
los que financian abierta a todas las organizaciones
de la derecha política. Que los gobiernos
neoliberales son los que han utilizado la represión
para resolver conflictos sociales. Que con un
nuevo gobierno neoliberal (sea Montealegre, Rizo
o Jarquín) miles de nicaragüenses
corren el peligro de perder su empleo, otros miles
pueden perder el Seguro Social al privatizarlo,
otros cientos de miles corren el peligro de salir
al exilio económico, y otros más
corren peligro de morir acribillados por las bandas
del narcotráfico que se han venido instalando
en nuestro país desde 1990 a la fecha.
Que con un nuevo gobierno neoliberal los casos
de corrupción no serán castigados,
no hay un solo caso de corrupción a escala
nacional que haya sido sancionado durante los
gobiernos neoliberales.
El resurgimiento de las luchas sociales. El resurgimiento
de esta lucha desconcierta al gobierno, irrita
a la derecha y desespera a los capitalistas. Todos
esperaban la desaparición, después
de dieciséis años de neoliberalismo,
de cualquier vestigio de luchas sociales y por
eso observan con fastidio la continuidad de la
protesta. En lugar de discutir la validez de los
reclamos, el gobierno Bolaños objeta su
oportunidad y las formas de la petición.
Propicia, campañas mediáticas para
inducir el aislamiento, la división y el
debilitamiento de la lucha social. Pero esta acción
persiste y es el factor clave del nuevo período,
porque condiciona todos los proyectos de la clase
dominante. No es sencillo estabilizar un modelo
regresivo en un contexto de movilización
social.
Los grupos de poder económico dominan
el Estado, la mayoría de partidos de derecha
y las instituciones del Estado; y donde las élites
pretenden reforzar sus tentáculos en el
sector de servicios. Esto, en detrimento de la
agricultura y la industria nacional y, desde luego,
del bienestar de la gente. En los gobiernos neoliberales,
todos ellos pro empresariales, los intereses de
los grupos de poder económico dominantes
han tenido una incidencia decisiva en la determinación
y ejecución de las políticas públicas
en los últimos dieciséis años.
Las elecciones de noviembre del 2006 es una disputa
por la continuidad o no de los privilegios que
procrean y reproducen el actual modelo económico-social
excluyente. El debate será por terminar
o no los privilegios de los sectores dominantes,
cuestión que ignoran de manera deliberada
los políticos de la derecha, a pesar de
la abultada realidad que se les coloca enfrente.
Los promotores de la continuidad del modelo,
empleando la táctica de guerra sucia, tratan
de contrarrestar el atractivo popular de un candidato
resaltando supuestos rasgos de su personalidad
(populista, autoritaria, mesiánica) con
exorcismos sacados de un vetusto manual de la
guerra fría. Los estrategas de la derecha,
buscan crear el pánico en la mente de algunos
electores. Pero, al mismo tiempo, van alejando,
con sus coordinados ataques, a todos aquellos
votantes sin partido que buscan opciones creíbles
en la lucha contra los privilegios de las elites.
Todas las cosas tienen su canto del cisne.
La historia es "la tumba de las aristocracias
reaccionarias" que adoptaron una línea
dura contra el cambio en las relaciones de poder.
Las elites más exitosas han sido las que
lograron cooptar a los líderes de la insurgencia
de masas que surge para despojarlas del poder,
y así ensanchan la elite del poder a la
vez que preservan la estructura del sistema.
El modelo neoliberal se agota. La expansión
de los grupos oligárquicos y la concentración
de la riqueza en pocas manos han traído
como consecuencia la exclusión de amplios
sectores de la población y ha imposibilitado
la ejecución de políticas públicas
a largo plazo, que respondan más a las
necesidades de los países que a los intereses
de las élites empresariales.
El sistema neoliberal comienza a hacer agua,
agobiado por el desempleo, la delincuencia y las
desigualdades. Es evidente que este ciclo económico
se está agotando y con la explotación
intensiva de recursos naturales, de bajos impuestos
a las transnacionales y empresas privadas y pésima
distribución de la riqueza, el país
está siguiendo una senda que, a estas alturas,
resulta peligrosamente dual. Es una Nicaragua
con brechas profundísimas en salud, educación,
justicia, ambiente de vida y, al mismo tiempo,
estamos viviendo la dictadura del capital, la
persistencia de una manera de ver la sociedad,
mirada desde el protagonismo y la capacidad de
decisión de unos pocos.
Se hace urgente corregir el modelo económico
neoliberal y democratizar el sistema social, hay
una complicidad en las élites políticas
y económicas para mantener todo igual.
La distribución de la riqueza es un asunto
muy profundo, el problema es durísimo y
la desigualdad va a ser cada vez más crítica.
No se trata sólo de una desigualdad en
el ingreso. También lo es en los tratos
laborales, en la desigualdad frente a la justicia,
a las alternativas, frente al empleo y los salarios.
Los grandes problemas sociales de Nicaragua son
resultado del sistema neoliberal imperante y es
preciso cambiarlo.
El Informe sobre la situación social en
el mundo 2005 de las Naciones Unidas (7)
titulado "El predicamento de la inequidad",
dice que las estrategias neoliberales para conseguir
crecimiento económico han agravado la desigualdad
y la pobreza en América Latina y el Caribe.
El Informe llama la atención sobre el acceso
restringido a los servicios públicos en
América Latina, señalando que a
pesar de los gastos sociales públicos los
pobres no están recibiendo los beneficios.
Amplios segmentos de la población de bajos
ingresos continúa excluida de muchas áreas
del bienestar público. (8)
La investigación señala que el
resultado acumulativo de las reformas estructurales
en las pasadas dos décadas ha sido un aumento
en la desigualdad. Las políticas de reformas
fueron diseñadas con la expectativa de
que tasas más altas de crecimiento serían
suficientes para generar beneficios sociales.
Pero hasta ahora ellas resultaron en consecuencias
negativas a largo plazo. "Concentrarse exclusivamente
en el crecimiento económico y en la generación
de ingreso como estrategia de desarrollo es ineficaz,
pues conduce a la acumulación de riqueza
en manos de unos pocos y profundiza la pobreza
de muchos", advierte el estudio. (9)
Según el mismo Informe sobre la situación
social en el mundo 2005 de las Naciones Unidas,
será más fácil reducir la
pobreza en los países cuyos gobiernos "hayan
puesto en marcha políticas que promueven
la igualdad, incluidas las iniciativas para mejorar
el acceso a recursos, ingresos, educación
y empleo". Pese al crecimiento económico
de los últimos años, Nicaragua es
más desigual que hace 16 años al
no haber impulsado la equidad social.
Según un estudio del PNUD si en 1997 el
41 por ciento de la población latinoamericana,
incluyendo la nicaragüense, declaraba estar
satisfecha con sus gobiernos democráticos
esta cifra descendía a 29 por ciento en
el 2004. (10)
Es decir, que menos de un tercio de los habitantes
estaban satisfechos con sus gobiernos. En esa
misma encuesta sólo el 19 por ciento declaraba
su beneplácito con el funcionamiento de
la economía de mercado, pese a que sus
publicistas se desgañitan cada día
proclamando sus incomparables virtudes.
En dicho informe, la conclusión es inequívoca:
la pérdida de legitimidad de la democracia
obedece principalmente a la falta de difusión
de los derechos sociales, vale decir, a la percepción
que tiene la gente de que la democracia no garantiza
el acceso al empleo, ingresos suficientes, mayor
igualdad social y menor pobreza.
De acuerdo a la misma investigación, la
ampliación de los derechos sociales constituye
hoy en día el mecanismo más valorado
por la ciudadanía como fuente de legitimación
de la democracia política, lo que se traduciría
en una mayor gobernabilidad y estabilidad política,
un menor nivel de conflicto social y, con ello,
una mejor base institucional para la inversión
y el desarrollo.
Por otro lado, Centroamérica no ha perdido
relevancia para EE.UU., especialmente en el contexto
actual de cuestionamiento al neoliberalismo y
renacimiento del antiimperialismo. El CAFTA es
un proyecto de dominación norteamericana
de la región centroamericana. Retoma una
meta estratégica de EE.UU. que asumió
distintas formas en los siglos XIX y XX. El tema
de la construcción un canal interoceánico
por Centroamérica, específicamente
en Nicaragua, vuelve al tape debido a muchos factores
entre ellos: el cambio del centro de la economía
mundial pasando del Atlántico al Pacífico,
el incremento de los intercambios de mercancías,
la necesidad de utilizar grandes barcos y reducir
tiempo y distancia para bajar costos, etcétera.
Nosotros sostenemos que la patria tiene que ser
de todos, que ya no es posible que siga habiendo
la monstruosa desigualdad social, en donde efectivamente
unos cuantos lo tienen todo, pero al mismo tiempo
hay cuatro millones de nicaragüenses que
carecen hasta de lo más indispensable.
Notas:
(1) Oscar-René
Vargas, El significado de la candidatura de
Jarquín y el papel de la "sociedad
civil", Rebelión, domingo, 22
de octubre de 2006.
(2) Oscar-René
Vargas, Nicaragua. 25 años después
(1979-2004). De los comandantes a los banqueros,
CEREN, Managua, Nicaragua, septiembre 2004, 190
páginas.
(3) Teller:
Chávez financiará al FSLN, La
Prensa, Edición Nº 24139, Managua,
Nicaragua, martes, 11 de abril de 2006, p. 2-A.
(4) Octavio
Enríquez, Las urnas pueden servir para
generar caos. Entrevista con Carlos Alberto Montaner,
La Prensa, Edición Nº 24162, Managua,
Nicaragua, domingo, 7 de mayo de 2006, p. 3-A.
(5) Orlando
Núñez Soto, Trivelli es el gran
elector de la derecha nicaragüense, El
Nuevo Diario, Edición Nº 9384, Managua,
Nicaragua, jueves, 28 de septiembre de 2006, p.
14-B.
(6) Consuelo
Sandoval, EU decide a quién vetar y
por quién votar, El Nuevo Diario, Edición
Nº 9222, Managua, Nicaragua, miércoles,
19 de abril de 2006, p. 1-A y 8-A.
(7)Naciones
Unidas / Asamblea General, Informe sobre la
situación social en el mundo 2005,
Nueva York, Estados Unidos, A/60/117, 13 de junio
de 2005, 157 páginas.
(8) El
dilema de la desigualdad, Argenpress Info,
Buenos Aires, Argentina, 26 de agosto de 2005.
(9) Naciones
Unidas / Asamblea General, Informe sobre la
situación social en el mundo 2005.
(10) PNUD,
La democracia en América Latina. Hacia
una democracia de ciudadanas y ciudadanos,
Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara SA, Buenos Aires,
Argentina, 2004.
|