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La Oligarquía en Nicaragua
Orlando Núñez Soto



Indice

Introducción

PRIMERA PARTE
LA OLIGARQUÍA EN NICARAGUA

¿Qué entendemos por Oligarquía?
El carácter oligárquico y burgués de la clase dominante
El liberalismo y la lucha por el capitalismo nacional
El sandinismo y la lucha por la liberación nacional
La alianza entre la oligarquía conservadora y el Frente Sandinista

SEGUNDA PARTE
EL ÚLTIMO GOLPE DE LA OLIGARQUÍA CONTRA LA SOBERANÍA NACIONAL

El neoliberalismo y el fin del capitalismo nacional
La restauración conservadora y la recolonización de Nicaragua
La privatización del fisco y la socialización de la pobreza

TERCERA PARTE
LA CRISIS POLÍTICA DE LA OLIGARQUÍA

La oposición al neoliberalismo
La política de alianzas del FSLN
Contra la marginación, la discriminación y la domesticación

Anexo

Bibliografía de Referencia

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Introducción

"La oligarquía botó a Somoza con ayuda de ustedes los sandinistas,
y los botó a ustedes con ayuda nuestra;
no ganamos, ni ustedes, ni nosotros los Contras, ganó la oligarquía."

Comandante Israel Galeano (Franklin),
Comandante de la Resistencia Nicaragüense


Estas palabras son de un finquero, comandante en jefe de las fuerzas contrarrevolucionarias que adversaron al régimen sandinista durante la revolución de los años 80. Fueron pronunciadas durante el desarme de los comandantes de la llamada Contra, poco después de la derrota electoral del FSLN en el año de 1990.

¿Por qué el comandante Franklin utiliza el término de oligarquía y no el de burguesía?

¿Por qué 16 años después las fuerzas contrarrevolucionarias de la Asociación de la Resistencia Nicaragüense Israel Galeano (ARNIG), liderada por la hermana de Franklin, Elia María Galeano; Yátama, la principal fuerza contrarrevolucionaria de la Costa Caribe; y el principal partido de la Resistencia Nicaragüense (PRN), han cambiado de posición y pertenecen hoy a una amplia alianza encabezada por el FSLN? ¿Por qué otras fuerzas políticas, representantes de lo que puede considerarse el capitalismo nacional, tales como los líderes de la Unión Nacional Opositora (UNO) o de la iglesia católica, recalcitrantes adversarios del Frente Sandinista durante la revolución, aceptaron un entendimiento con el Frente Sandinista alrededor de un discurso antioligárquico y antiinjerencista?, discurso al cual se han unido los dirigentes de las principales fuerzas liberales, incluyendo ex-somocistas y ex-guardias nacionales.

¿Por qué las fuerzas de la reacción conservadora nicaragüense y del gobierno de los Estados Unidos, se han opuesto tan visceralmente a las alianzas emprendidas por el Frente Sandinista durante los últimos quince años, adversándolas por considerarlas ilegítimas?

¿Por qué algunos líderes del Frente Sandinista, hoy militando en otros partidos, se han hecho eco de tales posturas, hasta confundir su discurso con el discurso de las fuerzas más conservadoras del país y de los Estados Unidos? Pero quizás lo más insólito es la influencia culposa y el grado de afectación psicológica que para la militancia sandinista tiene la opinión o dictado de la oligarquía conservadora, a tal punto que a pesar del poder alcanzado por el Frente Sandinista en la sociedad nicaragüense, la descalificación y difamación ejercida contra quienes reivindican a dicha organización logran detener el potencial emancipatorio de la fuerza política sandinista.

¿Por qué hasta ahora el análisis político no ha reparado en la arrolladora hegemonía que ejerce la élite conservadora y oligárquica en Nicaragua, o se aborda como si fuera cosa del pasado?

Son estos hechos e interrogantes los que me motivaron a escribir estas notas sobre la historia política contemporánea de Nicaragua, esperando que las mismas puedan enriquecer el debate y la interpretación de lo que pasa en este país. La hipótesis que me sirvió de referencia, más que política o económica, es cultural, asentada en la dialéctica del prestigio y el reconocimiento público, la marginación y la discriminación social, versión vernácula de aquella vieja tesis sobre el amo y el esclavo.

Para quienes no vivieron esta historia o no están tan familiarizados con el contexto político, me adelanto a señalarles algunos hechos. Previamente habría que adelantar aunque sea brevemente una definición del concepto de oligarquía. La oligarquía es el poder ejercido secularmente por un grupo de familias asumidas como aristócratas y pertenecientes a la clase dominante, corresponde a un conjunto de ricachones y notables que a través del prestigio social, el poder político, los recursos económicos y la influencia cultural detentan, mantienen y reproducen los privilegios del linaje a lo largo de centurias, hasta lograr perfilar y connotar a la sociedad de una mentalidad jerárquica, donde los complejos de superioridad e inferioridad modulan el comportamiento social. Su influencia tiene una connotación racista y clasista y lo que más los irrita es el poder o liderazgo popular alcanzado por líderes sin color reconocido, sin apellido, sin clase, sin educación, sin derechos adquiridos. El reconocimiento históricamente reclamado proviene del valor que conceden al abolengo y vínculo colonial o imperial. El prototipo de una familia perteneciente a la oligarquía en Nicaragua sería la familia Chamorro.

Durante los últimos años de la dictadura somocista y de la lucha guerrillera antidictatorial, el FSLN se alió con la oligarquía nicaragüense, es decir, con la élite política conservadora, para derrotar al ejército liberal somocista, brazo armado, este último, de la clase empresarial en su conjunto. En esta ocasión la oligarquía conservadora se insurreccionó contra los liberales, como ya lo había hecho muchas veces en su historia. Si no fuera por los acontecimientos posteriores a la insurrección, esta revolución no se diferenciaría en nada de las llamadas revoluciones que conservadores o liberales se hacían mutuamente a lo largo de la historia nicaragüense del siglo XIX y XX.

Un año después, la alianza sandino-conservadora nacida de la insurrección contra Somoza se rompe y gran parte de la clase empresarial se suma a los despojos de la Guardia Somocista, la que, junto a los liberales recién derrotados, demanda y recibe el apoyo norteamericano, hasta lograr levantar a una parte significativa del campesinado nicaragüense y de las comunidades indígenas de la Costa Caribe, convirtiendo la guerra de agresión del imperio norteamericano en una guerra civil que desgastó profundamente a la joven revolución popular sandinista. La contrarrevolución terminó desarmándose militarmente, pero las fuerzas sandinistas perdieron la presidencia a través de elecciones generales y con ello otras áreas del poder.

Posteriormente, Nicaragua fue escenario de las políticas neoliberales apuntaladas por las empresas transnacionales, en una ofensiva tan poderosa que en pocos años desplazaron a la incipiente y nunca consolidada burguesía nacional y destrozaron las oportunidades de bienestar de los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad.

En estos dieciséis años de gobiernos neoliberales asistimos a una restauración de las fuerzas conservadoras de la oligarquía, aliadas hasta el servilismo más inverosímil con el injerencismo norteamericano en el despojo económico y político de la nación. Gran parte de los líderes sandinistas, provenientes de la oligarquía conservadora, vinculados familiar o ideológicamente a la élite cultural nicaragüense, se salieron del Frente Sandinista y regresaron a sus posiciones políticas anteriores. Por supuesto que no todos los líderes que se salieron del Frente Sandinista provienen de tal genealogía, pero sí los más connotados.

Mientras tanto la revolución retrocede y vuelve a acompañar a la nación en sus viejas e inconclusas tareas, a saber, la soberanía nacional y la lucha democrática contra el injerencismo norteamericano y contra la oligarquía entreguista local. Soberanía que al igual que en los últimos doscientos años viabiliza sus posibilidades a través de los esfuerzos conjuntos de la nación latinoamericana. Cada triunfo de un gobierno de izquierda en América Latina debilita la hegemonía norteamericana y acerca la integración latinoamericana.

Mi primera sospecha es que así como nunca sopesamos suficientemente el arraigo que tenía el somocismo en la población nicaragüense, tampoco hemos reparado en la influencia ideológica que tiene en el pensamiento y en la vida nacional la cultura tradicional de la oligarquía conservadora, dueña ancestral de los valores que desde hace quinientos años han decidido por la legitimidad o ilegitimidad de un ciudadano, una mujer o un hombre, una raza o una etnia, una religión o un partido político. La verdad es que trastocar un régimen político es difícil, pero se puede hacer a corto plazo; en cambio, es mucho más difícil cambiar el sistema económico, lo que tampoco se puede hacer tan rápido; sin embargo, no hay nada más difícil y dilatado que cambiar la hegemonía ideológico-cultural. El poder ideológico está alojado en los aparatos civilizatorios, es más difícil de percibir y mucho más duro de sustituir, pues se encuentra incrustado en la mente y complejo emocional de las personas. El poder político instaura a la clase gobernante, el poder económico establece a la clase dominante, pero es el poder cultural quien erige a la clase dirigente, hegemonizando el pensamiento y el comportamiento de la población en su conjunto.

La oligarquía alude a un poder político corporativo de un grupo-élite de familias de abolengo, ejercido directamente a favor de sus intereses e indirectamente en aras del sistema de dominación en su conjunto. Combina y articula los siguientes rasgos: a) un estamento social hereditario con prestigio social e ínfulas aristocráticas, b) una élite cultural con influencia hegemónica sustentada y reivindicada por sus privilegios de alcurnia, c) una red de negocios familiares con capacidad para concentrar la riqueza de un país, d) una clase política gobernante y/o con influencia sostenida en la orientación política y económica de una nación. Hoy en día y en términos estrictamente económicos, la oligarquía corresponde al núcleo burgués del gran capital, aunque su poder no se limita ni se desprende totalmente de esa condición.

En relación a cualquier otro grupo gobernante, su fuerza y distintivo radica en la cultura jerárquica, discriminatoria y servil, asentada y legitimada a través de un sistema de prohibiciones, culpas y castigos en todo el tejido social imperante. Efectivamente, el poder más firme y eficaz de la sumisión está en la aceptación, admiración, embelesamiento y devoto sueño del marginado al contemplar gratificado la imagen y apariencia divina del aristócrata y de sus pompas o costumbres.

Toda esta situación muestra simultáneamente tanto la crisis política de la oligarquía como su resentida y envenenada beligerancia contra quienes aparecen como los responsables de lo que ellos llaman la noche oscura, cuando comenzaron a perder todos sus ancestrales privilegios. Al igual que hizo Somoza antes de marcharse, bombardeando y destruyendo gran parte de la nación, la oligarquía conservadora ha sumido a Nicaragua en la peor de las crisis económicas, sociales y financieras de su historia, revolcándose de furia contra quienes aparecen encarnando la irreverencia jamás emprendida por subordinado alguno: el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Furia, odio y veneno que se hacen extensivos y se empalman con aquellos intelectuales postmodernos que se pasan el día cuestionando los megarrelatos que desde la revolución francesa hasta el socialismo del siglo XX apostaron a la emancipación, pero se cuidan de sugerir siquiera el daño que el gran megarrelato de la dominación oligárquica conservadora le ha hecho a Nicaragua. Y es aquí donde coinciden los más conservadores críticos al Frente Sandinista y los más amargados intelectuales disidentes de la revolución. En cuanto a los disidentes sandinistas provenientes de familias aristocráticas, vinculadas al linaje o al saber, ello se explicaría por la inercia conservadora de su viejo linaje o simpatía con la causa conservadora, una vez pasada la común tarea antidictatorial y después que fueron desplazados del poder revolucionario que los mantenía al interior del Frente Sandinista; algunos de estos compañeros, padecieron como todos los sandinistas la derrota electoral (1990), posteriormente padecieron dos derrotas más, una al interior del FSLN y otra en las elecciones de 1996, arañando apenas un 1% del electorado. No sería justo omitir, sin embargo, que existen otros líderes sandinistas que aduciendo los mismos señalamientos contra el fortalecimiento del Frente Sandinista a través de su política de alianzas, lo hagan por naturales pugnas de poder o por una legítima vocación izquierdista que exige mayor radicalismo y consecuencia a la dirección del FSLN, sin embargo, en política lo que cuentan son los programas, los hechos públicos que modulan la correlación de fuerzas en una batalla entre la izquierda y la derecha y no las motivaciones personales.

La élite cultural de viejos ancestros recupera nuevos adeptos en la intelectualidad postmoderna y proclive al discurso neoliberal, incluso quienes provienen de la izquierda terminan reconciliándose con el sistema imperante. No es por casualidad entonces que connotados izquierdistas se hayan refugiado en los aparatos ideológicos y hayan encontrado al fin un discurso que al mismo tiempo que cuestiona todo ismo emancipatorio acepta implícitamente el real-ismo dominante, lo que de paso les permite compatibilizar su resentimiento frente a una reciente y subversiva historia que no se atrevieron a vivir o que la viven arrepentidamente, con una vergonzante y no declarada vocación elitista a través de una erudición prendida en las alas de la pretendida superioridad filosófica de la nueva jerga importada.

Mi segunda sospecha tiene que ver con la lenta pero perceptible metamorfosis de los liberales frente a la ofensiva neoliberal, defensora de las empresas transnacionales, lo que empuja a los empresarios nacionales de vocación liberal a buscar refugio y alianza en el nacionalismo de izquierda. De ahí que a medida que la oligarquía conservadora estrecha sus lazos con el capital extranjero, los liberales, defensores del capital nacional, lo hagan con los izquierdistas, en nuestro caso con el Frente Sandinista. No es por casualidad, entonces, que sean las alianzas entre el Frente Sandinista y las fuerzas liberales lo que más haya enfurecido a la embajada de los Estados Unidos en nuestro país y a la agonizante aunque todavía insepulta oligarquía conservadora. En el caso de los comandantes de tropas y líderes locales de la Resistencia Nicaragüenses que adversaron a la revolución durante los años 80 y que ahora trabajan con el Frente Sandinista, su reacción es más lógica, pues como dice la comandante "Chaparra", hermana del comandante Franklin, "nosotros pusimos los muertos y la oligarquía puso los ministros, ahora estamos muriéndonos de hambre, pues los liberales nos abandonaron en todos estos 16 años"

Mi tercera sospecha está relacionada con las posiciones de la iglesia católica. Por un lado, existe una ofensiva sin precedente de las iglesias evangélicas norteamericanas por penetrar a los fieles de América Latina en general y de Nicaragua en particular. Por otro lado, se percibe en los últimos años una renovada opción por los pobres por parte de la doctrina católica. Esto podría, entre otras cosas, explicar el acercamiento entre la iglesia católica nicaragüense y el FSLN. No podría dejar de mencionar un hecho particular nicaragüense, como es el desprecio que la oligarquía conservadora en el poder siente por el origen humilde e ilegítimo adjudicado al principal exponente de la iglesia católica, el cardenal Miguel Obando y Bravo, tanto por su fenotipo y ascendencia, como por el propio acercamiento a liberales y sandinistas, lo que no se le perdona y más bien retroalimenta la tendencia señalada. No debiera de extrañar entonces el esfuerzo de incidencia que hizo la oligarquía ante el Vaticano para sustituir a monseñor Obando por otros aspirantes pertenecientes a familias de linaje como los sacerdotes de apellido Mántica y Montealegre.

Esto mostraría que la religión y ascendencia de la iglesia católica, más que el poder providencial y tutelar por excelencia, no es más, aunque siéndolo, que un instrumento de dominación como cualquier otro, ejercido por la oligarquía dominante, destinado a ser sustituido si es necesario cuando el nivel de insubordinación atenta contra sus intereses.

La primera sacudida histórica de la oligarquía conservadora nicaragüense proviene de la ofensiva del liberalismo decimonónico, posteriormente de la dictadura liberal somocista y finalmente de parte del Frente Sandinista. Todo pareciera indicar, sin embargo, que la llegada del neoliberalismo, por un lado, y el potencial emancipatorio que comienza a aflorar en la autoestima de los marginados, marcará su ocaso definitivo. Hoy en día, la oligarquía libera su última batalla, la de la opinión pública y el sentido común, a través del control de los medios de comunicación que todavía le quedan, particularmente del diario La Prensa y del Canal 2 de televisión.

La vieja contradicción entre criollos e indígenas del mundo postcolonial parece remozarse y apurar las tareas inconclusas, mezclada con todas las contradicciones arrastradas por el capitalismo globalizado y salvaje del siglo XXI.

Sólo me queda aclarar en esta introducción que los señalamientos vertidos tienen que ver con categorías sociales o posiciones políticas, más que con personas; al igual que pasó durante la lucha contra el somocismo, en la actualidad existen compañeros emparentados con el linaje autollamado aristocrático nicaragüense que han mantenido o mantienen posiciones mucho más revolucionarias que otras personas nacidas incluso en el seno del pueblo. Para quienes piensan que el tema del linaje aristocrático está fuera de agenda de la vida política nicaragüense quiero decirles que en ocasión de las últimas elecciones en Nicaragua (2006) el diario La Prensa publicó un reportaje titulado Lazos de Sangre (sic) donde el presidente Bolaños señala que en su árbol genealógico que consta de 5,000 nombres no aparece la familia del ex-presidente Alemán, aunque sí reclaman su parentesco con la familia Chamorro; a su vez, la familia Alemán -y el mismo ex-presidente Alemán-, adoptados recientemente como parte del linaje Cardenal, reaccionaron ofendidos al señalárseles el parentesco con Bolaños.

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