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Si gana la derecha continuará
la privatización de los Servicios Públicos
Orlando Núñez Soto
En la página de opinión del diario
La Prensa del día 27 de septiembre aparece
un artículo del director del Institute
of Economic Affaire de Londres, señor John
Blundell, donde propone privatizar los bancos
centrales. Este instituto fue instalado por el
mentor del articulista, el economista Friedrich
Hayek, Premio Nóbel de economía
en 1974 y principal teórico del neoliberalismo.
Citando a Hayek, el señor Blundell nos
dice: "Hayek insistía que la moneda
no tiene que ser creada por una autoridad única,
sino que lo mismo que los idiomas, las leyes y
la moral emergen y evolucionan espontáneamente.
Hayek instaba a los empresarios a lanzar un movimiento
en respaldo de la moneda libre".
Ciertamente, Hayek, autor de Camino a la Servidumbre
y de La Fatal Arrogancia o los Errores del Socialismo,
entre otros, propone la privatización total
a los niveles más impensables por liberal
alguno. Recordemos que el liberalismo nació
con varias tendencias en su seno: tendencia hacia
el socialismo, tendencia hacia el anarquismo de
derecha y tendencia hacia el neoliberalismo. La
tendencia que hasta ahora subsiste con mayor éxito
es precisamente el neoliberalismo.
Inspirado en las tesis de Hayek para lanzar la
revolución conservadora, el neoliberalismo
se entrona en el Chile de Pinochet, la Inglaterra
de Margaret Thatcher y los Estados Unidos de Ronald
Reagan, es decir, bajo gobiernos autoritarios
de ultraderecha. Desde entonces, el neoliberalismo
avanza en todo el mundo, impulsado por los organismos
financieros internacionales (BID, BM, FMI) causando
los estragos que ya conocemos.
Uno de los pilares del neoliberalismo de Hayek
es la privatización de todos los servicios
públicos que el gobierno entrega a la población
a cambio de los impuestos que el pueblo paga.
Hayek propone acabar con los impuestos progresivos
porque, según él, restringen la
igualdad. Los impuestos progresivos son los que
se cobran de acuerdo al ingreso de las personas,
de tal manera que el que gana más, paga
más.
En Nicaragua, el neoliberalismo es bien conocido,
quizás no tanto por los estudiosos de la
economía, pero sí por el pueblo
que padece los efectos de la privatización
de los servicios públicos, entre ellos,
la salud, la educación, la telefonía,
la electricidad y el agua.
Sin embargo, el señor Hayek no termina
su lucha contra la intervención del Estado
en la economía y en la sociedad con la
privatización de los servicios públicos,
sino que además insiste en que tenemos
que olvidarnos de querer imponer la justicia social.
No hay que ser tan arrogante nos dice Hayek y
querer instituir la justicia social, pues ni siquiera
Dios lo hizo. Para Hayek, la justicia social,
igual que la moral, la ley y cualquier otra institución
reguladora del orden deben de dejarse a la libre
y espontánea evolución de la sociedad,
puesto que las costumbres son más importantes
que cualquier intento de intervenir sobre el libre
albedrío de la gente. "El derecho
protege la libertad, la ley la mata", dice
Hayek. "Cualquier ley se convierte, sigue
diciendo Hayek, en un instrumento de intimidación
ideológica con el objetivo de conseguir
el poder de la coerción legal".
Sabemos que a los regímenes neoliberales
lo que les interesa es el crecimiento económico
a cualquier precio y al más corto plazo,
incluso al precio de la destrucción de
la naturaleza y del bienestar de la población,
tal como lo están experimentado en América
Latina en general y en Nicaragua en particular.
Por supuesto que durante la contienda electoral
nicaragüense del 2006 casi nadie habla de
esto. Para los candidatos y discursos de la derecha,
el neoliberalismo no aparece por ningún
lado, todos los problemas se los achacan al pacto
libero-sandinista. Si se dieran una vuelta por
América Latina se darían cuenta
que en el resto de países latinoamericanos
no hubo revolución sandinista, ni pacto
libero-sandinista y, sin embargo, los estragos
sociales del neoliberalismo son iguales a los
nuestros. En los discursos escuchamos que ofrecen
más empleo y más atención
a los pobres, tal como lo dijeron en las campañas
anteriores, pero no se han comprometido a cambiar
de estrategia económica. En otras palabras,
si no lo hicieron en 16 años, no lo van
a poder hacer ahora, sobre todo si mantienen las
mismas políticas económicas.
Ahora aparece el diario La Prensa enviándonos
un mensaje del señor John Blundell donde
nos conmina a privatizar el Banco Central: "El
mundo, nos dice Blundell, está regido por
la opinión de la gente. Ya es hora que
cambie esa opinión de que los gobiernos
son honestos y competentes custodios de nuestro
dinero". A cambio de los gobiernos, los neoliberales
nos proponen que todos los servicios públicos
se los entreguemos a la empresa privada. Y como
ya le dimos el negocio de la telecomunicación
y de la electrificación, ahora quiere que
le demos el Banco Central.
Ciertamente que los gobiernos neoliberales están
llenos de funcionarios corruptos, igual que está
infectada de corrupción la empresa privada.
La diferencia es que a un gobierno lo podemos
cambiar, le podemos exigir, lo podemos presionar
para que mejore el control de las cuentas públicas,
pero frente a un empresario privado no podemos
hacer nada, pues estaríamos violando la
libertad personal o la libertad de mercado.
Por lo tanto, habría que advertir a los
votantes que de ganar la derecha neoliberal seguiremos
recibiendo más privatización de
los servicios públicos, incluyendo la emisión
de nuestra moneda, para mayor gloria de la ganancia
privada. Si los votantes todavía no saben
quienes son los partidos de la derecha, escúchenlos
y fíjense si pregonan revertir la privatización
de los servicios públicos, o si por el
contrario continuarán con las políticas
neoliberales dictadas por los organismos financieros
internacionales.
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