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En política lo
que cuenta es la posición política
Orlando Núñez Soto
Cuando era joven pensaba que toda persona que
estaba con un fusil en la mano era guerrillero
y por lo tanto revolucionario. Durante la revolución
sandinista en el poder, el gobierno del FSLN tuvo
que enfrentar una oposición armada, cuyos
miembros utilizaban los mismos métodos
de guerra de guerrillas que nosotros habíamos
utilizado. Hasta ahí llegó la tesis
de que todo guerrillero era revolucionario. También
había guerrilleros contrarrevolucionarios.
Comencé a sospechar entonces que lo que
diferencia a un soldado de otro, no es ni el fusil,
ni el método militar, sino la posición
política hacia la cual van dirigidas las
acciones del combatiente.
Durante mucho tiempo hemos creído que
la ética, la mística y el coraje
de nuestros combatientes era suficiente carta
de presentación para tener la razón,
obviando que en el bando contrario también
existe ética, mística y coraje.
Efectivamente, ellos también hablan de
moral, renuncian a las comodidades materiales,
son fieles y solidarios entre ellos, muestran
valentía y heroísmo en el combate,
en fin, pueden al igual que otros alcanzar los
valores de la ética franciscana. Sin embargo,
no es cierto que sea el impecable comportamiento
de un ciudadano suficiente argumento para persuadirnos
de la legitimidad de sus planteamientos.
Eso no significa que aquellos valores no sirvan
para nada, lo que quiero decir es que políticamente
no bastan para definir una opción política,
siendo más definitoria la posición
que se tenga alrededor de los asuntos que más
nos interesen.
La mayor prueba es que la peor percepción
personal que tengamos de un militante político,
cambia inmediatamente en el momento en que dicho
militante se pasa a nuestras filas. Eso explica
por qué Sandino invitaba permanentemente
a las guarniciones militares a sublevarse y pasarse
con todo y pertrechos al Ejército Defensor
de la Soberanía Nacional (EDSN). En aquella
época, muchas guarniciones se pasaron a
las tropas sandinistas. Y desde ese momento, aquellos
guardias eran considerados como hermanos.
Durante la insurrección sandinista, los
dirigentes del FSLN invitaban a los miembros de
la Guardia Nacional Somocista a desertar de sus
cuarteles y a sumarse a la revolución popular
sandinista. Hubo muchos soldados y oficiales que
se sumaron, incluso días antes de la insurrección.
Llegó un momento en que aceptamos incluso
que altos oficiales de la Guardia Nacional ocuparan
cargos importantes en el nuevo ejército
que se establecería en Nicaragua. En ambos
casos, la posición política que
definía nuestra simpatía era la
lucha contra el imperialismo norteamericano y
contra la Guardia de Somoza.
Y lo que pasó con los guardias, también
pasó con el resto de identidades profesionales,
religiosas o nacionales. Todo el que tenía
una posición antisomocista y antiimperialista
se consideraba sandinista. No importa que fuera
empresario, sacerdote o norteamericano. Muchos
empresarios militaron en las filas del FSLN. Hubo
sacerdotes que desempeñaron cargos de ministro.
Los principales comités de solidaridad
eran norteamericanos. Para algunos compañeros,
todo aquello parecía una gran incongruencia.
Ya sea porque eran obreros u obreristas, o porque
eran ateos o anticlericales, o porque eran nacionalistas
o chovinistas. Algunos izquierdistas nos decían
que habíamos abandonado las filas del proletariado;
otros nos decían que el Frente era un partido
confesional; y también presionaban para
tratar a ciudadanos norteamericanos como adversarios.
Posteriormente y supuestamente más maduro,
pensé que la garantía de la desaparición
del capitalismo era la desaparición personal
de los capitalistas, hasta saber que aunque todos
fuéramos accionistas de la totalidad del
capital mundial existente, si las relaciones de
producción e intercambio seguían
estando reguladas por el mercado, y si la acumulación
por la acumulación seguía siendo
el ejercicio real de los gestores de la riqueza
pública, entonces, seguía habiendo
capitalismo. En este campo también hemos
cometido errores al confundir las personas con
las categorías sociales del sistema. La
más vergonzosa de mis anécdotas
es la siguiente: Una vez (1968), llegando de las
barricadas autogestionarias del mayo francés
y estando en el campamento 5 de mayo ubicado en
la Sierra de los Órganos en Cuba, recibimos
la visita de Fidel Castro, a quien le reclamé,
orgulloso de mi izquierdismo, por haber concedido
una pensión y otros favores a una persona
que durante la dictadura de Batista fue empresario,
explotador y capitalista. En esa ocasión
Fidel me respondió: "es un ser humano
y un ciudadano cubano, fue confiscado, si no hay
explotación, no hay delito, nuestra lucha
no es contra las personas, sino contra el sistema".
Por supuesto que las cosas son aún más
complicadas, tomando en cuenta que dentro de la
posición política existen muchas
banderas. En ese caso y hasta ciertos límites
uno se deja llevar por la contradicción
principal o por la contradicción que está
en juego en cada caso. Por ejemplo en nuestro
trabajo en el campo y en la ciudad, y en el acompañamiento
concreto que hacemos en la lucha de los campesinos
por acceder a la propiedad de la tierra, el crédito
o los caminos de penetración, nos encontramos
con gente cuyo comportamiento en la casa o en
la comunidad deja mucho que desear desde variados
puntos de vista, sin embargo no los abandonamos
y mantenemos nuestra simpatía por aquellas
reivindicaciones. Y si algún liberal, conservador
o ex guardia somocista decide trabajar por las
mismas reivindicaciones o por una posición
política pro-rural, inmediatamente le abrimos
las puertas.
Para un mestizo del pacífico, por ejemplo,
optar por la defensa o ejercicio de la autonomía
étnica, no nos obliga a mimetizar las costumbres
de los pueblos indígenas o comunidades
étnicas del Caribe. Defender la libre opción
sexual no nos obliga a renunciar a nuestra heterosexualidad.
Acercar posiciones con las diferentes iglesias
no nos obliga a confesarnos con ninguna. Tampoco
a ellos los obliga a abandonar su etnia, opción
sexual o religión.
Si estamos hablando de política, lo que
cuenta es la identidad común objeto del
acercamiento o alianza. En el caso de los sandinistas
y creyendo que nuestra prioridad es la soberanía
nacional y el bienestar popular, esa será
entonces, la posición política común,
eso será lo que cuente. Y el ejercicio
de la alianza tendrá su mejor expresión
en las leyes que se aprueben en el parlamento,
incluso más que la simpatía personal
existente entre nosotros, sin menoscabo que tengamos
incluso contradicciones y hasta conflictos mayores
en otros campos de la vida diaria o de la misma
política. |