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Colonización del
Norte o Integracíón del Sur
Orlando Núñez Soto
Las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica
han estado signadas históricamente por
la contradicción entre una voluntad colonial
y desintegradora por parte de los gringos versus
los esfuerzos por la soberanía y la integración
de las naciones latinoamericanas.
En nombre de la democracia
Desde su independencia de Inglaterra, en 1776,
el gobierno norteamericano pone sus ojos en América
Latina, particularmente en lo que considera su
patio trasero, desde México hasta Panamá,
incluyendo por supuesto las islas del Mar Caribe.
Desde finales del siglo XVIII y durante la primera
mitad del siglo XIX, el expansionismo norteamericano
se apropia por diferentes medios los territorios
de Florida, Luisiana, Texas, Nuevo México
y California, arrebatando las tierras y matando
de paso a los aborígenes que las poseían.
Después intenta anexarse Cuba y Puerto
Rico, desprende Panamá de Colombia, interviene
militarmente en México, Centroamérica,
Haití y República Dominicana.
Cuando no logra quedarse con todo el territorio,
impone la condición de estado asociado
o arranca concesiones para la ocupación
de un pedazo de territorio a través de
tratados como el de Guantánamo en Cuba,
la Zona del Canal de Panamá, el territorio
de tránsito por Nicaragua o bases militares
en diferentes países.
Después de cada ocupación militar,
el gobierno norteamericano se arroga el derecho
de administrar la banca nacional, la aduana y
las empresas públicas más rentables,
como una forma de pagarse las deudas generadas
por nuestros países, en concepto de indemnización
de los gastos de ocupación.
En ese mismo período, las empresas norteamericanas
forzaron el establecimiento de enclaves económicos,
es decir, derechos absolutos de explotación
de una zona determinada, donde las leyes del estado
anfitrión son suspendidas y sólo
funcionan las leyes de la compañía
que firma el tratado.
Después de la segunda guerra mundial los
gobiernos norteamericanos ensayaron otras formas
de intervención.
En el caso de aquellos países que lograron
mantener su soberanía, el gobierno norteamericano
estableció su hegemonía y control
económico a través de la imposición
de dictaduras militares, como la de Trujillo en
República Dominicana o la de la familia
Somoza en Nicaragua, por no citar que las más
conocidas.
En ocasiones en que a través de procesos
electorales los pueblos latinoamericanos instauraron
gobiernos autónomos, el imperio norteamericano
se dedicó a promover sangrientos golpes
de estado, como el de Jacobo Arbenz en Guatemala
o el de Salvador Allende.
Y cuando alguno de nuestros países latinoamericanos
pudo evitar la intervención directa, el
gobierno norteamericano no tuvo el empacho en
recurrir al chantaje político, el bloqueo
comercial o la provocación de guerras civiles,
apoyando al bando que le prometía sus favores
requeridos.
Y todo esto en nombre de la democracia.
En nombre de la soberanía y la integración
Desde que el movimiento bolivariano llega al
poder, en 1998, ofrece compartir la riqueza generada
por el petróleo con los pueblos latinoamericanos,
sin chantajes de ninguna clase, sin distingo de
afiliación política, sin intervención
militar, sin golpes de estado, sin anexarse territorios
ajenos.
Entre los programas de solidaridad del gobierno
bolivariano de Hugo Chávez, siguiendo el
ejemplo y junto a la solidaridad cubana, destacan
dos programas completamente gratis como son la
alfabetización audiovisual a través
del método Yo Sí Puedo y la Misión
Milagro para operar de la vista a todos los ciegos
de América; bajo diferentes modalidades,
existen otros dos programas igualmente ventajosos
para nuestros pueblos, uno es la venta de combustible
a precios menores que los precios de mercado y
el otro es la venta de urea a precios preferenciales.
Y todo esto bajo la crítica de los enemigos
de la emancipación, entre ellos los guerreristas
del diario La Prensa de Nicaragua, férreo
defensor de la oligarquía conservadora
y de la intervención del gobierno norteamericano.
Sería bueno hacer una encuesta, preguntándole
a la gente que está aprendiendo a leer
y escribir a través del programa Yo Sí
Puedo, si prefiere la solidaridad de Venezuela
o la intervención militar del gobierno
norteamericano en nuestro territorio. O preguntarle
si prefiere operarse gratis de la vista o ceder
un pedazo de nuestro territorio a una compañía
norteamericana. O preguntarle a un campesino si
prefiere comprar el quintal de urea a 13 dólares
o a 17 dólares.
Menos mal que ahora podemos debatir sin temor
a caer presos y sin tener que pensar bajo la matriz
yanki, menos mal que la gente empieza a diferenciar
lo que es un bombardeo militar de lo que es una
beca para estudiar, menos mal que ahora la gente
puede diferenciar lo que es un avión llevando
cien ciegos a Venezuela de lo que es un avión
llevando 100 soldados nicaragüenses a pelear
a Irak bajo las órdenes de los marines
norteamericanos, menos mal que ahora la disputa
no es solamente entre un país latinoamericano
y la demagogia imperial, sino entre muchos países
latinoamericanos y un imperio desenmascarado,
menos mal que cada vez más gente abre sus
ojos para mirar a su alrededor y notar la diferencia
entre un amigo y un agresor.
Esta comparación puede servir de ilustración
para aquellos intelectuales que desde hace cierto
tiempo no son capaces de notar la diferencia entre
una posición política y otra, o
entre lo que se ha llamado la izquierda y la derecha.
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