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Un milagro para que los ciegos vean
Orlando Núñez Soto

El milagro para que los ciegos puedan ver proviene de una fe religiosa, ofrecida por muchas iglesias para demostrar su legitimidad y credibilidad. No me voy a pronunciar sobre la veracidad de tales pretensiones, cuya validación depende, hasta ahora, de la fe de sus propios fieles.

Esta vez quiero hablarles de la "Misión Milagro", un programa de solidaridad para intervenir quirúrgicamente a personas con patologías oftalmológicas, emprendido por Cuba y Venezuela, por medio del cual estos dos países se proponen operar a 6 millones de latinoamericanos en los próximos diez años. Venezuela, particularmente, se ha comprometido para este año (2006) a operar a 300,000 afectados de la vista, entre los cuales se encuentran todos los nicaragüenses que así lo deseen.

Visión y misión de la revolución venezolana

Entre los efectos de las revoluciones y triunfos de la izquierda en América Latina está la posibilidad de la integración latinoamericana, como medio de enfrentar la globalización del capital.

La visión de la revolución bolivariana de Venezuela es que la sociedad venezolana y el mundo entero tengan otra visión del mundo, lograr que el pueblo abra los ojos y tome el camino de la emancipación y el bienestar. Para tal visión, la revolución bolivariana ha establecido diferentes misiones, cada una con su nombre. Las diferentes misiones se proponen enseñar a leer y escribir, no dejar un solo hogar pobre sin alimentación, lograr que todos los jóvenes terminen su bachillerato y accedan a la universidad, incorporar a los desempleados, obreros y campesinos, a la economía solidaria y cooperativa, dignificar el trabajo de los mineros, cubrir a todos los hogares con servicios médicos gratuitos, recuperar la visión a quienes la tienen perdida por cataratas y otras enfermedades curables.

La visión de la revolución venezolana emula así los logros de la revolución cubana, contando a su vez con el apoyo y la experiencia de la primera revolución socialista de América. Es así que decenas de miles de maestros y médicos cubanos participan en el proceso de transformación de la sociedad venezolana.

Algunas de las misiones se extienden más allá de las fronteras venezolanas, entre ellas la "Misión Robinson" para enseñar a leer y escribir a través del método audiovisual "Yo sí Puedo" y la "Misión Milagros" para que los ciegos vean. Gracias a la solidaridad de la revolución cubana y venezolana, los nicaragüenses hemos entrado al mundo de los milagros sociales de estas dos revoluciones. La cruzada de alfabetización y el programa para recuperar la vista.

Los primeros 100 nicaragüenses que tendrán otra visión del mundo

La "Misión Milagro" consiste en un acuerdo entre los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez para recuperar la vista a los ciegos latinoamericanos que por diferentes motivos, particularmente cataratas, están en la peor de las oscuridades.
Los ciegos serán operados en clínicas cubanas y venezolanas. Los mexicanos y centroamericanos hasta Honduras serán operados en Cuba, los nicaragüenses y demás latinoamericanos serán operados en Venezuela.

La "Misión Milagro" comienza formando comisiones médicas con el apoyo de gobiernos, alcaldías, iglesias, ONGs, asociaciones y movimientos sociales, con el fin de detectar a los posibles candidatos, realizar la revisión médica general y prepararlos para el viaje a las clínicas solidarias. El servicio es completamente gratis, desde el pasaje y la visa, la operación y el alojamiento, hasta el pijama y el cepillo de dientes, incluyendo una tarjeta telefónica para llamadas internacionales.

El primer contingente de nicaragüenses ya está preparado para salir en los primeros días de abril, son 100 personas, acompañadas de otras personas para el viaje y su estancia de 15 días en las clínicas solidarias.

¿Populismo o desarrollo solidario?

Si en algo están de acuerdo los organismos especializados en cuestiones de desarrollo es que el crecimiento de la riqueza no necesariamente evita el crecimiento de la pobreza y que urge una distribución del ingreso diferente a como se hace ahora. Una distribución que revierta la tributación regresiva y resuelva de una vez por todas el problema del hambre, el analfabetismo, las enfermedades del pobre, el desempleo y la marginación.

Hasta ahora, la revolución cubana y la revolución venezolana, como en su tiempo la revolución sandinista, y por qué no decirlo, también la revolución socialdemócrata costarricense de don Pepe Figueres, han dado muestras de que es posible resolver aquellos problemas.

La derecha suele acusar a los gobiernos revolucionarios de populistas, cuando se proponen retribuir al pueblo lo que éste entrega a través de los impuestos o de las cotizaciones a las instituciones de seguridad social. La verdad es que "no hay peor ciego que el que no quiere ver". Si un gobierno apoya a los terratenientes, se considera desarrollo, si otro gobierno apoya a los campesinos se considera populismo. ¿Han perdido la fe o han perdido la solidaridad? Si un gobierno recorta el gasto social, se le llama eficiencia gubernamental, si otro gobierno aumenta el gasto en salud y educación, se considera populismo. De populistas están tildando los especialistas del CAFTA a los costarricenses por negarse a firmar un tratado comercial que afectará la salud y la educación y el resto de servicio gubernamentales del Estado de Bienestar de los ticos.

Resolver el problema de la educación y la salud es una recomendación hasta del Banco Mundial para avanzar en el desarrollo y en el bienestar de los países subordinados al mercado mundial. Sin embargo, la derecha y muchos viejos izquierdistas reaccionan más que fríos frente a los programas sociales de alfabetización o de salud, aduciendo ahora las dudosas intenciones de los protagonistas. ¡Qué importan las motivaciones, para una muchacha que aprende a leer y escribir gracias al programa "Yo sí Puedo"! ¡Qué importan las motivaciones para una señora que mirará por primera vez!