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Huelga y privatización
en el Sistema de Salud
Orlando Núñez Soto
En el mes de marzo se cumplen aproximadamente
cuatro meses de huelga por parte del Movimiento
de los Médicos Pro-salario y dos meses
de huelga por parte de la Federación de
Trabajadores de la Salud (FETSALUD).
De los tres mil médicos del sistema de
salud pública, 1,000 médicos pertenecen
al Movimiento Pro-salario, 1,500 médicos
están afiliados a FETSALUD y 700 pertenecen
al sistema administrativo. Por su parte FETSALUD
cuenta con 21,000 afiliados, entre médicos,
enfermeras y auxiliares.
La reivindicación de los médicos
Pro-salario es el aumento de los salarios que
perciben en los hospitales, rehusándose
a atender la llamada ruta crítica. La ruta
crítica es el servicio que recibe la población
en emergencia, cuidados intensivos y el quirófano.
La reivindicación de FETSALUD incluye
el aumento salarial y la eliminación del
pago que la población tiene que entregar
por el uso del área privada en los hospitales,
manteniendo los servicios de la ruta crítica
a la población. El pago privado en los
hospitales y centros de salud, comenzó
con las medidas impuestas por el Fondo Monetario
Internacional a los gobiernos de Chamorro-Alemán-Bolaños.
Efectivamente, el salario de la salud pública
es muy bajo en Nicaragua, mucho menor que en el
resto de Centroamérica, incluso mucho menor
que en Honduras, un país con similares
condiciones económicas que Nicaragua. Mientras
en Honduras un médico gana 1,500 dólares,
en Nicaragua el mismo médico con igual
calificación gana 500 dólares. Mientras
en Honduras las enfermeras ganan 500 dólares,
en Nicaragua ganan menos de 100 dólares.
Además, existe una gran diferenciación
en los salarios del personal que labora en los
hospitales y centros de salud en Nicaragua. Mientras
los médicos especializados trabajan un
promedio de 4 horas diarias y ganan 500 dólares,
lo que es insuficiente, una enfermera gana menos
de 100 dólares, trabaja ocho horas y tiene
que hacer un turno semanal de 24 horas, lo que
es mucho más injusto.
En los últimos quince años, el
sistema de salud pública se ha venido deteriorando
aceleradamente, producto de las políticas
neoliberales. En 1989, el gobierno sandinista
presupuestaba 135 millones de dólares para
el gasto en el sistema de salud, presupuesto que
doña Violeta bajó a 70 millones
de dólares, es decir, lo redujo a la mitad,
con una población cada vez más numerosa
y con una capacidad adquisitiva de los medicamentos
mucho menor. En 1989, el gobierno sandinista gastaba
60 millones de dólares en medicamentos
y doña Violeta lo redujo a 12 millones
de dólares, es decir, a menos de la cuarta
parte. En aquel entonces, el medicamento costaba
3,5 dólares el kilo y ahora cuesta 15,3
dólares el mismo kilo, en otras palabras
el gobierno gasta menos y compra menos medicamentos
por cada dólar, la población ha
crecido y los medicamentos son cada vez más
caros para la población.
Privatización del sistema de salud
Anteriormente a las medidas neoliberales de 1990,
la población no pagaba en los centros públicos
hospitalarios. Una parte de la población
cotizaba al Instituto Nicaragüense del Seguro
Social (INSS) y la mayor parte de la población
no cotizaba, pero el servicio en los hospitales
públicos era gratuito para todos.
A partir de 1990 el Fondo Monetario Internacional
dispone privatizar y trasladar los servicios públicos
de salud del INSS hacia lo que se ha denominado
Clínicas Previsionales. Existen alrededor
de 50 clínicas previsionales, 36 privadas
y 14 públicas (doce del MINSA y dos de
las Fuerzas Armadas).
Teóricamente, el mecanismo de las clínicas
previsionales permite que el cotizante escoja
la clínica previsional de su preferencia,
asista como paciente a dichas clínicas
y el Seguro Social cancela a la clínica
por el servicio que ésta presta al cotizante.
En la realidad, el MINSA es quien asigna y designa.
Con la implementación de las clínicas
previsionales los especialistas perdieron parte
de su clientela en las clínicas privadas.
Las clínicas previsionales reciben un
subsidio enmascarado por parte del gobierno. Cuando
en la sala de emergencia de los hospitales, por
ejemplo, se brindan los primeros auxilios a un
paciente que luego es remitido a la clínica
previsional, sin que ésta tenga que retribuir
nada al hospital.
Hoy en día, parte de los especialistas
se defienden económicamente atendiendo
en las áreas privadas de los hospitales,
cobrando el servicio a los pacientes. Efectivamente,
el área privada se ha convertido en una
fuente adicional de ingresos para los especialistas,
gran parte de los cuales pertenecen al movimiento
de los Médicos Pro-salario, los que a su
vez son subsidiados por el gobierno, pues ahí
el especialista tiene infraestructura, agua, energía,
personal, laboratorio, farmacia, etc., por lo
cual no tiene que pagar nada. Además tiene
su salario como médico del hospital.
Los hospitales y los centros de salud se mantienen,
pero con un servicio cada vez más deficiente.
Hoy en día, la población llega al
hospital y quienes lo reciben le ofrecen dos opciones,
la primera es que lo atiendan en el área
pública donde el servicio es pésimo,
la segunda es que lo atiendan en el área
privada donde el servicio es mejor. En el área
pública la población es atendida
por médicos internos (estudiantes de 6to
año de medicina), médicos generales,
médicos en servicio social y médicos
residentes; aquí la población paga
un poco por el servicio y además tiene
que comprar los materiales y los medicamentos.
En el área privada es atendida inmediatamente
por un médico especialista y tiene que
pagar por todo, pero tiene un servicio asegurado,
puede recibir visitas y está en mejores
condiciones.
El deteriorado servicio en el área pública
y el mayor pago en el área privada, tiene
además, el efecto perverso de ahuyentar
a la población que no puede pagar ni siquiera
el yeso para reparar su brazo, logrando así,
el gobierno, ahorrar y disminuir el gasto social
en salud. De tal manera que la privatización
del sistema de salud, al igual que la privatización
del resto de servicios, impuesta por el Fondo
Monetario Internacional, ha traído mayor
corrupción, mayor diferenciación
y mayor padecimiento de la población.
La privatización del sistema de salud,
en el que participa el gobierno y el sector privado,
se extiende a la importación y distribución
de los medicamentos. Existen dos tipos de medicamentos,
los genéricos y los llamados éticos
por las corporaciones farmacéuticas, refiriéndose
a los medicamentos de marcas exigentes. Los medicamentos
están exentos de impuestos de importación,
comprometiéndose los distribuidores a venderlos
al precio de referencia más un 30% de ganancia.
Lo que hacen los importadores es declarar un primer
embarque, por ejemplo, a un precio de 1 dólar
por frasco, precio que queda fijado como referencia,
importando posteriormente una mayor cantidad a
un precio rebajado de 0,50 centavos dólar
(rebaja por volumen de compra), vendiéndolo
a la población como si costara un dólar,
correspondiente al precio primeramente registrado
y convertido en precio de referencia en el futuro.
De manera que aunque los medicamentos puedan entrar
más baratos al país, las ventajas
sólo las obtiene el importador-distribuidor
y no la población.
La privatización del sistema de salud
se justifica diciendo que la gente no paga suficiente
impuesto y que el Estado tiene que honrar sus
deudas externas y ahora internas. Sin embargo,
las cifras dicen lo contrario. En el año
2005, el gobierno recibió alrededor de
124 millones de córdobas por pago de servicios
en los hospitales y centros de salud. Una cifra
insignificante comparada con el presupuesto nacional
de salud que es de 2,700 millones de córdobas;
de manera que el flagelo que se hace pagar a la
población es innecesario, aunque la medida
cumple con su objetivo de persuadirnos de que
los servicios públicos son malos por naturaleza,
aduciendo que el Estado es mal administrador,
para que apoyemos la privatización del
resto de servicios públicos, particularmente
el agua.
Sería, pues, mucho cinismo el concluir
que todo este alboroto es asunto de diferentes
posiciones políticas, limitadas a luchas
de poder. La realidad es que en Nicaragua siguen
existiendo intereses económicos diferenciados,
gente que toma posiciones diferentes frente a
los mismos, como también existen soluciones
alternativas a las del Fondo Monetario Internacional
A primera vista parece, pues, sensato que todos
los médicos y trabajadores de la salud
en general mantengan su derecho a protestar, logrando
así mejorar sus salarios, condiciones de
trabajo y estabilidad laboral, independientemente
que estén afiliados a FETSALUD, Movimiento
de los Médicos Pro-Salario, sindicatos
independientes o que no estén afiliados
a ninguna organización. Salta a la vista,
sin embargo, que los pobladores-pacientes son
los más afectados por el sistema de salud,
lo que obligó al MINSA a prohibir los cobros
en los hospitales y suspender el área privada,
lo que celebramos. Las negociaciones en torno
a las reivindicaciones salariales continúan
entre el gobierno y los huelguistas, discutiéndose
un aumento entre el 15% y el 30% del salario.
Lamentamos que hayan surgido contradicciones en
el seno de los huelguistas, médicos y trabajadores
de la salud, en vez de unirse contra el verdadero
responsable, el Fondo Monetario Internacional.
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