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La clase media emigra
hacia el campo
Orlando Núñez
Soto
Uno de los hallazgos más curiosos que
resultó del estudio sobre los Pequeños
y Medianos Productores Agropecuarios y Forestales,
elaborado por el CIPRES con base en el último
Censo Agropecuario (III CENAGRO), es la existencia
de 25,000 pequeños productores cuyo ingreso
principal proviene de actividades no agropecuarias,
en su mayor parte de la ciudad.
También hay medianos y grandes productores
provenientes de la ciudad, pero son bastante menos
que los pequeños productores.
No todos los pequeños productores son
campesinos
Aunque todos los campesinos son pequeños
productores agropecuarios, no todos los pequeños
productores son campesinos.
Por campesino se entiende un productor agropecuario,
cuyo principal ingreso o capacidad económica
proviene de la fuerza de trabajo de la familia.
Es un productor limitado a producir la tierra
o la parcela con el único recurso que tiene,
la fuerza de trabajo de los miembros de la familia;
es pues una unidad económica familiar agropecuaria.
Siendo así, la escala de producción
de la parcela apenas genera recursos para que
los miembros de la familia sobrevivan.
El campesino es un productor que produce directamente
bienes de consumo, como el maíz, el frijol
o la leche, aunque también suele producir
bienes comerciales, tanto para el mercado local
como para el mercado externo, entre ellos el café
o el ajonjolí.
En las condiciones de la economía nicaragüense,
el campesino trabaja y vive en condiciones muy
precarias: trabaja en las peores tierras del país
(áridas, fangosas, empinadas), con poco
acceso a la infraestructura económica o
social. Sin embargo, hoy por hoy, no solamente
es el sector más numeroso del campo, sino
que el sector que más riqueza produce,
en términos de alimentos, empleo y divisas.
Es decir, expresa la paradoja principal del sistema
en que vive; siendo el más pobre, es a
la vez el que más riqueza produce.
Resulta, entonces que cuando estábamos
caracterizando a los pequeños productores,
nos encontramos con pequeñas explotaciones
que por la escala económica pertenecían
a sistemas productivos pequeños, sin embargo,
algunos de ellos cursaban un nivel de educación
bastante alto: médicos, abogados, ingenieros,
funcionarios, consultores, entre otros. Salta
a la vista que los campesinos en Nicaragua no
tienen ese nivel académico. Por lo que
indagamos un poco más en su verdadera caracterización,
encontrándonos que viven en la ciudad,
se dedican a otras actividades, pero mantienen
una pequeña parcela o finca.
A falta de otro nombre lo llamamos "productor
conexo". En otros países, como Inglaterra,
lo llaman "gentleman farmer". La verdad
es que no siempre vive en la ciudad, pudiendo
ser también un comerciante o una dueña
de pulpería que viven en el campo. Se trata
pues de un productor conectado con otras actividades.
La clase media emigra hacia el campo
De los 227,000 productores registrados por el
Censo Agropecuario, existen 171,000 pequeños
productores, de los cuales 25,000 aparecen como
productores conexos, siendo el resto catalogados
principalmente como campesinos. Nosotros pensamos
que si el censo hubiera previsto esta realidad,
el número de productores conexos habría
resultado fácilmente duplicado, tomando
en cuenta por ejemplo la cantidad de familias
campesinas que reciben ingresos provenientes de
remesas familiares, sin las cuales no resistirían
como lo están haciendo ahora.
Empíricamente sabemos que existe mucha
gente de clase media que se ha comprado un patio,
una pequeña parcela, una finquita, etc.,
fuera de la ciudad donde vive, motivada por razones
ecológicas, económicas o de esparcimiento:
añoranza del origen, hastío de la
polución urbana, aseguramiento alternativo
para la vejez, convicción del potencial
agropecuario para fines de ingreso o negocio,
simpatía por la naturaleza, incursionamiento
en nuevas actividades como el turismo rural, otros.
Estos pequeños productores o mejor dicho
estos pequeños productores conexos, no
son campesinos, no son pobres, no dependen de
las condiciones económicas o ambientales
para mantener su pequeña explotación
agropecuaria, incluso invierten más de
lo que la finquita les produce.
Su número no es despreciable y su importancia
va más allá de la cantidad, sino
que manifiesta un potencial tecnológico
y un atractivo efecto multiplicador en cuanto
a la cultura tecnológica que puede irradiar
a su alrededor, semilla mejorada, varios tipos
de riego, manejo forestal, diversificación,
altos rendimientos, procesamiento, contactos comerciales
internacionales, cultura asociativa, liderazgo.
No exageraríamos al decir que este significativo
segmento podría ser una buena punta de
lanza para valorizar el potencial agropecuario
nicaragüense.
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