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¿Intereses gremiales
o intereses poblacionales?
Orlando Núñez
Soto
El comienzo de año ha sido escenario
de una serie de luchas gremiales y sindicales,
entre las cuales destacan la huelga de los médicos,
la protesta de los maestros, el paro de los transportistas,
el reclamo de los trabajadores por el salario
mínimo, la marcha de los panaderos, entre
otras.
Esta jornada popular ha sido precedida desde
el año pasado por una serie de protestas
contra el aumento de las tarifas de energía,
así como por una serie de irregularidades
de parte de la transnacional Unión Fenosa,
quien cotidianamente provoca y convoca airadas
protestas por parte de diferentes organizaciones
de consumidores. Protestas que han tenido como
contexto permanente las protestas contra los términos
del tratado comercial con los Estados Unidos o
contra los intentos del gobierno de privatizar
el agua y los servicios públicos en general.
Particular importancia ha tenido la posición
de la Coordinadora Civil y de la Coordinadora
Social en la denuncia contra los privilegios presupuestarios
que los banqueros y la Asociación de Confiscados
lograron en el Presupuesto General de la República
para el año 2006, donde juntos recibieron
5,000 millones de córdobas en concepto
de servicios de deuda interna, nada más
y nada menos que el 20% de todo el presupuesto
nacional.
La particularidad de todas estas jornadas adquiere
cierta notoriedad en la coyuntura política
actual, como es la disminución de la criminalización
y difamación por parte del gobierno y de
algunos medios de comunicación contra las
diferentes huelgas y movilizaciones.
En el caso de los médicos, el gobierno
y algunos intelectuales no han podido deslegitimar
su lucha aduciendo que son maniobras del Frente
Sandinista. El hecho de que la huelga de los médicos
pro-salarios provenga de un gremio cercano a las
posiciones del gobierno ha impedido quizás
la vieja manipulación.
En el caso de los maestros, el gobierno no ha
podido esta vez debilitar la protesta acudiendo
a la división política de los gremios
magisteriales, pues los diferentes gremios han
venido mostrando cada vez más cohesión
gremial frente a las posiciones politizadas del
gobierno.
En el caso de los transportistas, el debate ha
salido del ámbito polarizado entre gobierno
y transportistas, involucrando opiniones que han
planteado la relación que existe entre
los intereses de los transportistas, los intereses
de los usuarios y la política económica
en su conjunto. Por otro lado, el señalamiento
que se hace a las cooperativas del transporte,
acusándolas de insensibles empresarios
descalifica de paso al empresariado en general,
lo que genera más contradicciones en los
aliados del gobierno.
En el caso de la lucha por el salario mínimo,
el gobierno se ha adelantado a proponer un aumento
del 9% para los trabajadores, queriendo relacionar
el aumento del salario mínimo con la subida
de las tarifas al transporte público.
La estrategia política del gobierno y
de algunos medios de comunicación ha sido
el querer contraponer los intereses de los gremios
a los intereses de la población, basándose
en la incomodidad material que significa para
los pobladores la interrupción de algunos
servicios públicos como es la salud, el
transporte o la educación. Esta contradicción
no ha escapado a los propios gremios, quienes
han venido buscando como solucionarla de diferente
manera. En algunos casos, combinando la huelga
pasiva con la huelga activa, tal es el caso de
los médicos pro-salario quienes aceptaron
mantener el servicio de emergencia en los hospitales.
El balance de estas jornadas es que la población
comienza a entender que son las políticas
económicas quienes la afectan mayormente
y no el mal menor de tener que soportar una huelga
determinada.
Quizás el caso más evidente sea
el de la salud. En parte porque la entrada de
Fetsalud a la huelga ha basado su reivindicación
en los servicios a la población, manteniendo
los servicios de emergencia, rechazando el pago
de los servicios privados en los hospitales, desenmascarando
la corrupción manifiesta de dicha política
en los hospitales y centros de salud. En parte
porque los activistas de Fetsalud, médicos
y enfermeras, a los que se han sumado activistas
de la Coordinadora Social, han desencadenado una
jornada de perifoneo explicativo en los barrios
de Managua, en ocasión de la marcha convocada
por todo el personal de salud en contra de la
corrupción hospitalaria.
Cada vez es más evidente para la población
que la lucha de los gremios, sindicatos y asociaciones
civiles, es una lucha de todos y todas, no solamente
porque los pobladores son los mismos familiares
de los huelguistas, sino porque quien más
sufre el aumento del transporte, el pago en los
hospitales, la privatización de la educación
o el estancamiento y retroceso del salario mínimo
son los mismos pobladores.
En estas condiciones, la clase política,
sobre todo de derecha, que siempre ha sabido sacar
provecho de las contradicciones en el seno del
pueblo, ha tenido que redoblar su cautela, pues
las acusaciones contra los huelguistas pueden
convertirse en un boomerang contra ella, toda
vez que los huelguistas y la población
acercan cada día más sus posiciones
frente al gobierno y frente a las políticas
económicas neoliberales. Mientras todo
esto pasa, la cívica clase intelectual,
aglutinada en el famoso diálogo nacional,
no ha dicho esta boca es mía, arriesgándose
a un diálogo totalmente asexuado, pues
si estos temas no son parte del diálogo
nacional, muy poco interés o esperanza
tendrá la población en un diálogo
convocado por notables empresarios, pero sin contenido
social. Cada día se dificulta más
mantenerse como espectador o como francotirador,
criticando a diestra y siniestra toda posición
que altere el real-istmo, jugando a la asepsia
social, bajo pretexto de que detrás de
cada lucha se encuentra una malintencionada mano
pachona. Cada día se dificulta más
afirmar que no existen luchas en Nicaragua aduciendo
que las mismas son frenadas por determinadas fuerzas
políticas, ya sea por antipatía
frente a tales fuerzas políticas o como
pretexto para no participar en dichas luchas.
No falta la pluma renegada, resentida y envenenada,
preocupada esta vez por la posibilidad de un impuesto
a las pobrecitas compañías petroleras
aduciendo que ello perjudicará a los grandes
empresarios. Estas plumas proponen privatizar
el transporte, pero a favor de los grandes empresarios,
no de las cooperativas, como si la población
no sabe lo que pasa cuando se privatizan los servicios
públicos: aumento indiscriminado de tarifas.
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