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La Coordinadora Nacional
Campesina y el fin de la guerra
Orlando Núñez Soto
El domingo tres de diciembre se reunieron alrededor
de 1,000 dirigentes campesinos y campesinas en
la Cooperativa Santa Elena, situada en la carretera
Managua-San Benito, todos ellos pertenecientes
a la Coordinadora Nacional Campesina Bernardino
Díaz Ochoa. El motivo de la concentración
fue el encuentro con los Clubes Rotarios de diferentes
ciudades de los Estados Unidos y Canadá,
quienes han llegado a Nicaragua con el propósito
de contribuir y colaborar a la pacificación,
reconciliación e inserción en la
vida civil de aquellos que se enfrentaron militarmente
en años recientes.
Esta Coordinadora se ha venido desarrollando
desde hace diez años y está conformada
por retirados del Ejército Popular Sandinista
y del Ministerio de Gobernación (MINGOB),
desmovilizados de la Resistencia Nicaragüense,
combatientes históricos de la guerra insurreccional
contra la dictadura somocista, exguardias nacionales,
desmovilizados del ejército irregular de
los Revueltos (recompas y recontras), desmovilizados
del Frente Unido Andrés Castro (FUAC) entre
otros.
Aunque no sea tan conocida en el ámbito
público, puede decirse que esta es una
de las primeras coordinadoras conformadas en Nicaragua
que sentó las bases para que ciudadanos
con intereses comunes puedan coordinarse, independientemente
de su origen y posición política.
Entre ellos hay comandantes y oficiales de los
cuerpos castrenses a los cuales pertenecieron,
pero la mayoría de los mismos está
conformada por gente de tropas, aguerridos combatientes,
hoy unidos reclamando tierras, crédito
y solidaridad para poder incorporarse a la vida
civil.
Todos estos excombatientes se desmovilizaron
con la promesa de que el gobierno de doña
Violeta Barrios de Chamorro les entregaría
algún medio de producción para poder
sobrevivir en la jungla del mercado. Después
de muchos años sin respuesta decidieron,
igual que muchos, presionar a los sucesivos gobiernos
de turno para que les entregaran el pedazo de
tierra prometido. En un momento, accedieron a
tierras del extinto Ingenio 19 de julio en la
región de Tipitapa, sin embargo, durante
el gobierno del doctor Alemán, otros grupos
fueron lanzados a tomarse prácticamente
las 36,000 manzanas de tierra del Ingenio y a
mercadearlas a través de sus dirigentes
políticos. Fue entonces que la Coordinadora
Nacional Campesina Bernardino Díaz Ochoa
entraron en choque con otras organizaciones.
Aquella práctica de lanzar grupos diferentes
sobre las mismas tierras, con el fin de provocar
el enfrentamiento entre gente del pueblo, continuó
en el gobierno del ingeniero Bolaños. Durante
este gobierno, los excombatientes de la Coordinadora
Bernardino Díaz Ochoa montaron un plantón
de protesta frente a la presidencia y el parlamento,
exactamente en el parque Guatemala, donde estuvieron
un poco más de ocho meses, padeciendo las
inclemencias del tiempo y varios fallecidos a
causa de una huelga de hambre. Finalmente, el
gobierno decidió entregarle varias propiedades
en diferentes partes del país, entre ellas
unas 10,000 manzanas de tierra en lo que había
sido el Ingenio 19 de julio, conocido también
como el Timal. Hoy en día, estos excombatientes
tienen posesión de lotes de 60 manzanas
de tierra en dichas tierras y están esperando
la escrituración de sus parcelas. Mientras
tanto, han establecido varios puestos de mando
resguardados por un número aproximado de
cincuenta excombatientes, para evitar tomas indiscriminadas,
a la vez que empiezan a sembrarlas con lo poco
que tienen.
Esta concentración de exmilitares convertidos
en productores es quizás uno de los asentamientos
más numerosos formados en los últimos
tiempos, prácticamente transformado en
una ciudadela pobre y marginada. Cerca del Timal,
exactamente, en la Cooperativa Santa Elena, están
asentados alrededor de 800 familias pertenecientes
a la Coordinadora Bernardino Díaz Ochoa.
El encuentro sostenido entre la Coordinadora
Campesina y los Clubes Rotarios de Estados Unidos
y Canadá, fue de lo más provechoso
pues estos últimos se comprometieron a
enviarles dos contenedores mensuales con alimentos
para las familias, la construcción de una
clínica de salud y la construcción
de mil viviendas, las que serán construidas
bajo el esquema de cooperativas autogestionarias
de ayuda mutua.
Estando con ellos y sabiendo quienes son y de
donde vienen, cualquiera se convence de que realmente
la guerra en Nicaragua ha llegado a su fin. La
paz, por su lado, llega en manos de quienes se
estuvieron matando durante diez años para
construir una democracia y una patria para todos
y todas. Patria que sólo tiene sentido
si cada uno del ellos tiene un pedazo de ella,
aunque sea un lote para vivienda y una parcela
para producir.
Sería deseable que todas las organizaciones
que se encuentran en las tierras del Timal, incluyendo
a la Coordinadora Bernardino Díaz Ochoa,
entren en un proceso de coordinación mayor,
no solamente para evitar una guerra social, sino
para escalar niveles superiores de gestión.
Por supuesto que este deseo y esta responsabilidad
no depende solamente de las organizaciones, sino
también del gobierno y de quienes las acompañan.
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