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PRORURAL y el CAFTA
Orlando Núñez
Soto
PRORURAL es una propuesta del gobierno para
contribuir al desarrollo del sector rural productivo
de Nicaragua, que señala entre sus principales
retos: "lograr una posición competitiva
ante la apertura comercial y la globalización,
y, dos, la reducción de la pobreza y la
inseguridad alimentaria". En primer lugar
quiero decir que una estrategia que prioriza el
sector rural productivo y particularmente la producción
de alimentos, nos parece un gran avance sobre
el Plan Nacional de Desarrollo (PND), donde no
encontramos ni siquiera un capítulo sobre
la situación alimentaria, tal como lo dijo
en su momento el director de la FAO. Por otro
lado, me parece que el documento constituye un
buen esfuerzo por parte del equipo que trabajó
en el mismo.
Ahora bien, en relación a los retos que
se plantean, me parece muy contradictorio que
el gobierno por un lado se esfuerce por mejorar
la competitividad y superar el hambre, y por otro
lado esté presionando por la firma de un
tratado comercial como el CAFTA que precisamente
está encaminado a dificultar más
la competitividad de nuestros productores de alimentos.
Veamos a continuación la contradicción
entre la política comercial del CAFTA y
la estrategia productiva para el sector agropecuario.
En relación al primer reto, vinculado
a la competitividad, creo que PRORURAL recibirá
una verdadera estocada con la entrada en vigencia
del tratado comercial con el gobierno norteamericano,
habida cuenta de los objetivos del capital norteamericano
y los términos en que se negoció
dicho tratado. El principal objetivo del capital
norteamericano es colocar excedentes alimentarios
en los mercados centroamericanos. Por otro lado,
los términos en que se firmó el
tratado, obedecen a la misma política aperturista
del gobierno nicaragüense y a sus bondadosos
privilegios a las grandes empresas productoras
y comercializadoras del capital extranjero. Hasta
ahora, los propósitos del capital norteamericano
se han venido cumpliendo: Nicaragua importa cada
vez más alimentos y dichos alimentos son
producidos y exportados por grandes empresas situadas
en la metrópolis.
La verdad es que el problema no es estrictamente
de competitividad, pues es bien sabido que las
cuotas que nos impusieron a nuestros productos,
es decir, la imposibilidad legal de que nosotros
exportemos productos agropecuarios hacia Estados
Unidos, recayeron casualmente sobre productos
que nosotros producimos más baratos que
los propios norteamericanos, entre los que se
encuentran el queso, la carne o el azúcar,
en los cuales somos más competitivos que
los productores norteamericanos. Precisamente
porque somos más competitivos en estos
productos, es que el gobierno norteamericano se
dedica a subsidiar a sus productores, a burlar
las leyes antidumping (vender por debajo de los
precios de mercado), a imponer cuotas a otros
países, a implementar leyes sobre bioterrorismo,
etc.
En relación al segundo reto que señala
PRORURAL, como es lograr reducir la pobreza y
la inseguridad alimentaria, su destino será
el mismo que el primero, una vez que se firme
el CAFTA. En primer lugar porque los insumos agrícolas,
equipos, maquinarias y combustible, seguirán
subiendo de precios, careciendo de veracidad la
afirmación de que las políticas
aperturistas tienden a rebajarlos, tal como lo
hemos experimentado en todos estos años.
Situación que encarece los costos de producción,
haciendo más difícil competir en
términos de mercado con los productos alimentarios
importados. De tal manera que el empobrecimiento
y la migración campesina (principal productor
y uno de los principales sujetos de la estrategia
alimentaria), seguirán empeorando la situación
de la población rural y urbana del país.
En parte porque si el campesinado deja de producir
alimentos, habrá menos alimentos para su
familia, en parte porque este mismo campesino
ha sido hasta ahora el principal proveedor de
los alimentos que consumen los pobladores urbanos.
Como bien decía Stedman Fagoth, el día
de la marcha que la Coordinadora Social realizó
contra la firma del tratado, en la Costa Atlántica
ya tuvimos CAFTA, refiriéndose a los enclaves
norteamericanos existentes en aquella región.
Ciertamente, los enclaves mineros o bananeros
que desde hace más de un siglo se establecieron
en la Costa Caribe, fueron precedidos por acuerdos
firmados entre el gobierno nicaragüense con
empresas norteamericanas, rubricados política
o legalmente por el gobierno norteamericano. El
resultado ya lo conocemos todos. Cuando se acaba
el negocio, se acaba el contrato. Las empresas
se van y en nuestro país sólo quedan
los desechos tóxicos y los desechos humanos
de los grandes negocios (para los extranjeros)
firmados por nuestras autoridades.
La diferencia entre los viejos enclaves y el
panorama que se desarrollará con el CAFTA,
en relación a la situación alimentaria,
es que los comisariatos de los enclaves importaban
alimentos enlatados de Estados Unidos para distribuirlos
al interior del enclave, mientras que ahora los
grandes centros comerciales importarán
y distribuirán alimentos en todo el país.
Otra diferencia es que los viejos enclaves utilizaban
la materia prima (el oro o el banano) producida
en Nicaragua, mientras que los nuevos enclaves
maquileros, importan totalmente la materia prima
que utilizan.
Lo dicho anteriormente no invalida los aportes
de PRORURAL, sólo apunta a lamentar que
sea la estrategia comercial la que prive sobre
la estrategia productiva. Ojalá que los
próximos tratados que ya están en
el escritorio de los ministerios públicos,
prioricen y tomen en cuenta las estrategias productivas.
Sobre los condicionamientos o determinaciones
internas de la estrategia productiva que sugiere
PRORURAL, prometo comentarlos en otros artículos
y de acuerdo a otra lógica analítica.
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