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El Régimen Político,
el Sistema Socioeconómico, la Civilización
Orlando Núñez
Soto
El régimen político, el sistema
socioeconómico y la civilización,
son las instancias que dominan nuestras vidas.
El régimen político es la forma
en que se ejerce el poder del Estado. El sistema
socioeconómico es la forma en que se generan
y se distribuyen los excedentes. La civilización
es el conjunto de valores que moldean nuestra
vida y nuestro quehacer cotidiano. Todos ellos
conforman lo que se conoce como el orden establecido.
Las revoluciones se hacen contra el orden establecido.
En un principio las revoluciones se hacían
para cambiar un régimen político,
por ejemplo, una dictadura, o para cambiar al
grupo que ostentaba el poder, dejando intacto
el sistema socioeconómico y la forma civilizatoria
en que todos vivían. Posteriormente, las
revoluciones escalaron al cambio del sistema socioeconómico,
para lo cual tomaban el poder y establecían
las normas jurídicas que regularían
las relaciones económicas. Últimamente,
las revoluciones se han propuesto, cambiar el
régimen político, el sistema socioeconómico
y, además, cambiar los valores y reglas
de conducta cotidianas.
Los cambios en el régimen político
implican cambiar de gobierno y a la clase gobernante;
por ejemplo, desplazar a una dictadura y al grupo
que la sustenta. Los cambios en el sistema socioeconómico
implican cambiar la clase que domina las relaciones
económicas y ostenta el patrimonio económico;
por ejemplo, desplazar a los grupos económicos
que dominan la economía y cambiar las reglas
del juego de la distribución (tierra, fisco,
presupuesto, etc.). Los cambios civilizatorios
implican sustituir las normas, cambiar a la clase
dirigente y alterar la conducta cotidiana; por
ejemplo, desplazar el poder del macho en las relaciones
familiares, políticas y sociales en general.
Los proyectos de cambio
La derecha se propone cambiar a la élite
gobernante, pero no necesariamente cambiar la
forma de gobernar. En presencia de una dictadura
o de un régimen autoritario, los demócratas
pueden tener un comportamiento radical a fin de
cambiar al grupo que gobierna y además
la forma de gobernar. Incluso, el comportamiento
de los demócratas puede ser revolucionario
por su forma, recurriendo para ello a levantamientos
armados. Sin embargo, la derecha se cuida mucho
de no alterar las reglas del juego en el sistema
económico y mucho menos los valores que
rigen la conducta cotidiana. Es así que
la derecha, por muy revolucionaria que sea desde
el punto de vista político, son los mayores
reaccionarios desde el punto de vista socioeconómico
y civilizatorio.
La izquierda política se propone cambiar
el régimen político, es decir, a
la élite que gobierna, cambiar la forma
de gobernar y además reformar el sistema
social y económico establecido. No necesariamente
están interesados en cambiar los valores
cotidianos. Es por ello que hasta ahora hemos
podido observar a una izquierda muy revolucionaria
desde el punto de vista político y económico,
pero con un comportamiento muy reaccionario desde
el punto de vista civilizatorio; por ejemplo,
desplazan militarmente a una dictadura política,
expropian a una clase económica, pero en
la familia y en la sociedad se rigen bajo las
formas patriarcales. Una de las contradicciones
en que se ha visto la izquierda es que una vez
que toma el poder e intenta cambiar el sistema
socioeconómico, regresa a las formas autoritarias
en que las viejas clases gobernantes administraban
el poder.
Hoy en día ha nacido una nueva izquierda
llamada izquierda social orientada por el cambio
en las relaciones civilizatorias, enarbolando
como bandera las injusticias arrastradas por la
derecha y por la izquierda. Por ejemplo, lucha
contra la depredación del medio ambiente,
contra el machismo y contra la discriminación
racial, étnica o social, contra la corrupción
política, económica o civilizatoria.
En esta izquierda social encontramos también
muchas contradicciones. A veces tienen un comportamiento
muy reaccionario, incluso mucho más que
la propia derecha y que la misma izquierda política.
Por ejemplo, por insistir en la democracia participativa,
descuidan la democracia representativa, otras
veces se centran tanto en la democracia representativa
que soslayan las injusticias de clase y se vuelven
elitistas en su apreciación económica.
Todos estos proyectos de cambio se expresan a
su vez en el nivel internacional, lo que suele
complicar aún más las cosas. Es
el caso por ejemplo, de una izquierda que una
vez en el poder, tiene que recurrir a un esquema
de unidad nacional, para poder enfrentarse al
imperio, lo que muchas veces debilita las posibilidades
de cambio del sistema socioeconómico. Por
ejemplo, una burguesía nacional que a pesar
de tener el poder político y ser dominante
económicamente al interior de la nación,
tiene que enfrentarse a las clases dominantes
del imperio, para lo cual entabla alianzas con
la izquierda política, teniendo que hacer
concesiones que debilitan su propio poder político.
Por ejemplo, movimientos sociales que por desentenderse
del poder político y de las contradicciones
socioeconómicas, son masacrados por el
poder político dominante o cooptados por
las reglas del juego del sistema socioeconómico.
En busca de una síntesis
Hoy en día, la humanidad y sus impulsos
revolucionarios andan en busca de una síntesis
que resuelva las contradicciones anteriores. Una
síntesis que paradójicamente empuja
tanto a posiciones cada vez más radicales
o cada vez más conciliadoras.
La derecha y la izquierda, por ejemplo, pueden
optar por una estrategia para enfrentarse al injerencismo
norteamericano o bien dejarse arrastrar por las
contradicciones internas y subordinarse a una
globalización neoliberal que los aplasta
a ambos. Brasil por ejemplo, está intentando
una alianza entre un partido de izquierda obrerista
y un partido liberal, alianza que se extiende
a los gobiernos de izquierda que están
tomando el poder en América Latina, incluyendo
Venezuela y Uruguay. La lucha es claramente contra
el injerencismo del gobierno norteamericano que
representa a las empresas transnacionales, las
que afectan tanto a los empresarios nacionales
como a las economías nacionales en su conjunto.
Esta síntesis puede emprenderse sacrificando
las reivindicaciones populares, como en Brasil,
o redistribuyendo los excedentes, como en Venezuela.
Encontramos asimismo relaciones entre la izquierda
política y la izquierda social, donde se
tejen o bien políticas de alianzas o por
el contrario distanciamientos y hasta enfrentamientos,
tal es el caso, hasta ahora del Partido Revolucionario
Democrático (PRD) y el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN),
quienes no han podido llegar a un entendimiento.
En otros casos encontramos fuertes alianzas entre
ambas, como en el caso de los movimientos políticos
de izquierda y los movimientos indígenas
en Ecuador o Bolivia.
Las diferentes combinaciones se multiplican y
generan todo tipo de contradicciones según
sea el criterio que predomine: la democracia representativa,
la democracia participativa, la justicia social,
el antiimperialismo, la emancipación femenina,
los derechos autonómicos, los derechos
humanos, etc., convirtiendo así la política
en un arte de ubicarse en cada momento y en cada
contradicción de acuerdo a los principios
o a las estrategias. En este difícil camino
van quedando sinsabores, amarguras, envenenamientos,
pero también lecciones, aciertos, análisis
y posibilidades.
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