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Carta abierta a los liberales
Orlando Núñez Soto

Sé que no está bien visto hablar entre nosotros, a pesar de constituir la mayoría política, a juzgar por las últimas elecciones o las últimas encuestas, donde los principales partidos, alianzas y candidatos se reclaman del liberalismo o del sandinismo. Aunque la verdad es que no importa el nombre con el que nos identifiquemos, podemos llamarnos liberales o demócrata-cristianos, sandinistas o socialistas y a pesar de nuestras diferencias tenemos que buscar puntos de consenso.

Desde el punto de vista de sus declaraciones, todos parecen coincidir con un discurso a favor de la democracia, la soberanía nacional y la voluntad de luchar contra la pobreza, lo que nos permite abrir un debate de consenso alrededor de esos valores.

Les escribo desde un época en que los valores neoliberales, que no son ni los suyos ni los nuestros, nos imponen sustituir el interés público por el interés privado, las empresas nacionales por las empresas extranjeras, la libre empresa por el monopolio comercial y financiero, los servicios sociales del estado por los mecanismos distributivos del mercado. Todo esto, como ustedes bien saben, ha quebrado uno a uno a los empresarios locales, fomentado la corrupción y empobrecido a los pequeños y medianos productores, así como a la mayoría del pueblo nicaragüense.

Durante tiempos inmemoriales nuestro país ha sido conquistado y colonizado por la fuerza, invadido por tropas extranjeras, atravesado por dictaduras, guerras civiles y acuerdos que no siempre han sido del agrado de la mayoría.

En diferentes ocasiones logramos, sin embargo, en tanto que nicaragüenses, enfrentar el injerencismo y la ocupación extrajera; casi siempre contando con la solidaridad de nuestros hermanos centroamericanos, desde el Pacto Providencial para expulsar a los filibusteros, al inicio de nuestra vida independiente, hasta los acuerdos de Esquipulas, hace apenas algunos años.

Internamente y en varias ocasiones decidimos excluirnos unos a otros. Ustedes lo intentaros a través de la dictadura somocista y de la guerra contrarrevolucionaria, nosotros durante la revolución popular sandinista. En parte porque disentimos ideológicamente, en parte porque la democracia electoral que occidente nos ha inculcado siempre ha pretendido dividirnos y facilitar el despojo del patrimonio nacional en beneficio de intereses foráneos, tal como lo hace en todo el tercer mundo. Ustedes empezaron su vida moderna con la revolución liberal, la que fue abortada por el injerencismo norteamericano, nosotros concluimos el siglo recién pasado con otra revolución, también desbaratada por los intereses norteamericanos. Algunos de nuestros héroes más preciados como Benjamín Zeledón, Augusto César Sandino y Rigoberto López Pérez provienen del liberalismo.

Pronto vamos a enfrentarnos de nuevo en unas elecciones nacionales, donde cada uno votará por los candidatos y por el programa de su preferencia. Ocasión favorable para que los gringos alimenten el odio entre nosotros. Ciertamente que tenemos diferencias. Ustedes creen que todavía es posible que en Nicaragua impere el capitalismo nacional, es decir, una clase de empresarios que logren industrializar el país, crear pleno empleo y desarrollar el mercado interno. Nosotros pensamos que al paso que vamos tendremos negociantes y mercaderes, pero difícilmente se podrá hablar de una burguesía nacional, pues para ello habría que desplazar a las empresas transnacionales que hoy por hoy controlan prácticamente todos los grandes negocios del país, para ello habría que detener esa invasión de mercancías industriales extranjeras que a diario inundan nuestro mercado, desde los supermercados hasta los centros comerciales, desde las pulperías hasta los vendedores ambulantes de los semáforos.

Nosotros pensamos que el único capital nacional que existe es el de los pequeños y medianos productores, quienes producen la mayor parte de los alimentos, el empleo y las divisas, y el colmo es que son ellos quienes constituyen el principal mercado para muchos de los productos, tanto nacionales como extranjeros. Campesinos y trabajadores urbanos por cuenta propia que han sido la principal base electoral de liberales y sandinistas en los últimos tiempos. Ellos debieran ser por tanto, junto a los trabajadores y estudiantes, el principal sujeto del desarrollo y de nuestras políticas económicas.

Hoy nos presionan y nos chantajean de nuevo para firmar un tratado comercial que nosotros no elaboramos ni conocemos, Igual que pasó con el tratado Chamorro-Bryan; un tratado que seguirá inundando de mercancías extranjeras nuestro país, sin que nosotros podamos enviar las nuestras a territorio norteamericano, en parte porque la mayor parte de las exportaciones están en manos de asiáticos que repatrían sus utilidades, en parte porque las cuotas que nos impusieron en el tratado apenas nos permiten enviar un dos, un cinco, pero no más de un veinte por ciento de los pocos productos que podemos exportar. El colmo es que ni siquiera quieren que nuestros diputados se tomen el tiempo para aprobar un conjunto de leyes para medio proteger nuestra economía nacional, ya que el objetivo es terminar de desmantelar nuestro estado-nación, privatizar los servicios públicos y despojarnos de lo único que nos queda, los recursos naturales y la biodiversidad.

Algunos nos dirán que en nuestras filas hay gente acomodada, cosa cierta, algunos incluso acomodados ideológicamente, pero la mayoría de los liberales y sandinistas son gente pobre, sin salud, sin educación y sin empleo. Gente que nunca supo de los abusos de la "piñata" ni de la corrupción. Gente que padece igualmente las insoportables tarifas de agua, luz y transporte, la falta de titulación de sus propiedades o la falta de crédito para trabajar. Gente que viene del campo buscando un lugar como mendigo en la ciudad, o que sueña con cruzar la frontera porque en su patria no encuentra empleo ni para pagar la sepultura de sus seres queridos. Otros nos dirán que nuestros partidos han caído en las reglas y vicios del juego de la democracia electorera, cosa que pasa hasta en las "mejores familias", lo que explica, aunque no justifica, tales vicios, mucho menos la doble moral de los injerencistas de siempre, educados en el Instituto para el Desarrollo de la Democracia que depende de la CIA.

Todos los países del mundo que lograron alcanzar un mínimo de desarrollo económico y bienestar tuvieron que proteger su economía. Y, hoy en día, los países desarrollados la siguen protegiendo, tal como lo hace la economía norteamericana. ¿Por qué no deberíamos nosotros proteger la nuestra? Por qué seguimos trasladando nuestros impuestos a sus empresas, permitiéndoles contaminar nuestros ríos, facilitándole la explotación y la prostitución de nuestras mujeres, permitiéndoles que la insolencia de sus embajadas vocifere en los pasillos de la presidencia?

¿No podríamos ponernos de acuerdo en un proyecto de nación que no sea elaborado por las instituciones financieras internacionales, que revierta la escandalosa y regresiva tributación, que reestructure la insoportable e ilegal deuda interna que desangra el presupuesto nacional, que nos permita un plan de integración centroamericana y latinoamericana? ¿No podríamos caminar juntos desde los barrios, las universidades, los centros de trabajo, pidiendo la nacionalización de las empresas de servicios públicos, presionando a nuestros diputados para que aprueben leyes que detengan al menos los estragos del capitalismo salvaje, tal como hacen nuestros hermanos latinoamericanos? ¿No podríamos militar contra el resentimiento, el revanchismo y el odio, que desde los medios de comunicación hasta nuestros hogares nos envenena banalmente? ¿No podríamos poner a prueba el amor que decimos tenerle a Nicaragua, amando a los nicaragüenses y a las nicaragüenses de carne y hueso, independientemente que sean nuestros adversarios políticos?

¿Por qué seguir bailando el son que nos han hecho bailar desde hace quinientos años, en nombre de las supuestas ventajas del capital extranjero, tratando de convencernos que lo que es bueno para la ganancia empresarial es bueno par el pueblo?