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Lecciones de Bolivia
para la Izquierda Latinoamericana
Orlando Núñez
Soto
Escribo estas notas con el fin de ilustrar lo
que pasa en América Latina, esta vez en
Bolivia, desde el punto de vista de la izquierda
latinoamericana, tanto de la izquierda política
como de la izquierda social. Seguro de que echar
una ojeada a lo que pasa en otros países
puede servirnos de apoyo para el análisis
de los propios fenómenos que suceden en
Nicaragua.
Bolivia es un país latinoamericano bastante
grande, mide alrededor de un millón de
kilómetros cuadrados, es decir, unas ocho
veces el tamaño de Nicaragua. Ronda los
10 millones de habitantes, de los cuales el 70%
es de origen indígena, particularmente
Quechua y Aymara. No tiene costas marinas, gran
parte de su población vive en la cordillera
de los Andes, hasta 4,000 metros de altura, es
exportador neto de materias primas minerales y
su población indígena-campesina
se dedica al cultivo de la coca.
Al igual que el resto de países de nuestro
subcontinente, Bolivia ha resistido los embates
de la conquista y la colonización española,
golpes de Estado, dictaduras militares, represión
estudiantil y sindical. En 1952, vivió
una revolución encabezada por el Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR). En 1968 fue
escenario de la guerrilla del comandante Ernesto
Che Guevara.
Hoy en día, el poder oligárquico
se ha venido reconstituyendo bajo la sombra de
las empresas transnacionales y de la ofensiva
neoliberal del gobierno norteamericano. Bolivia,
atraviesa asimismo una crisis de hegemonía,
expresada en deposiciones de presidentes, grandes
movimientos sociales contra la privatización
de sus recursos naturales, rechazo a un Estado
visto como estado-enclave y un proyecto de la
oligarquía que amenaza con partir el país
en dos, la Bolivia indígena en los territorios
más pobres y la Bolivia blanca situada
en la región de Santa Cruz, donde se encuentra
el petróleo, el gas y los recursos naturales
de la Amazonía.
En Bolivia, al igual que en México, Ecuador
y Perú, se escenifica una de las luchas
sociales indígenas más interesantes
de América Latina. Un movimiento social
de carácter indígena que no reconoce
el Estado-Nación boliviano por considerarlo
totalmente de ocupación colonial, y una
voluntad de crear sus propios partidos políticos
con el fin de superar las limitaciones, tanto
de los partidos políticos tradicionales
como de los movimientos sociales.
Izquierda política e izquierda social
En América Latina, el concepto de izquierda
siempre ha sido utilizado para denominar a individuos
y movimientos que cuestionan, resisten y combaten,
de diferentes formas, al sistema capitalista dependiente
existente en nuestros países. Hoy en día,
sus principales banderas de lucha son: el rechazo
a la privatización de los servicios públicos
y de los recursos naturales, la lucha contra la
corrupción gubernamental, la lucha por
la democracia para todos, así como la lucha
por el reconocimiento de sus derechos políticos,
sociales, económicos y culturales.
Anteriormente, la izquierda tenía su principal
asiento en los partidos y movimientos políticos,
en donde los movimientos sindicales o gremiales
tenían un estatus subordinado a dichas
organizaciones políticas. En la segunda
mitad del siglo pasado, se desarrollaron muchos
movimientos armados en forma de guerrillas, vinculados
o no a los partidos políticos. De esos
movimientos, apenas se mantiene el movimiento
llamado Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC), la guerrilla más vieja de América
Latina. Puede señalarse asimismo al mexicano
Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN), que opera en la selva Lacandona
del sur de México, aunque por su estrategia
política de no tomar el poder, sino diluirlo,
pertenece más bien al tipo de los nuevos
movimientos sociales.
Posteriormente, entre el pasado y el presente
siglo, los movimientos guerrilleros amainaron;
los partidos políticos de izquierda han
incursionado más beligerantemente en el
sistema de la democracia representativa electoral;
y, viejos y nuevos movimientos sociales ocupan
la escena política con una presencia significativa.
Estamos hablando del Movimiento Zapatista en México,
el Movimiento Sin Tierra en Brasil, el Movimiento
de los Piqueteros en Argentina, los Movimientos
Indígenas en Ecuador, Perú y Bolivia,
por no citar que los más significativos.
La izquierda política tiene como objetivo
la toma del poder, la izquierda social tiene como
objetivo debilitar el poder y regresarlo a su
vieja matriz, la comunidad ciudadana. La mayor
crítica que se le hace a los partidos políticos
es que en su búsqueda de los espacios institucionales
del poder, comienzan a participar del sistema
nacional e internacional de poder, dejándose
llevar por la naturaleza elitista del poder estatal,
separándose muchas veces de los sectores
populares. En cambio, la principal crítica
que se hace a los movimientos sociales es que
en el caso que adquieran una gran fuerza, sólo
tienen poder de veto, sin capacidad de organizar
a toda la nación alrededor de una alternativa
política al sistema, mucho menos de articular
un proyecto económico alternativo para
toda la sociedad.
La relación entre los movimientos políticos
y los movimientos sociales en Bolivia
La relación entre los movimientos políticos
y movimientos sociales en el seno de la izquierda
boliviana es muy aleccionadora, precisamente por
la iniciativa y protagonismo que los movimientos
sociales han tenido en el escenario político.
Durante la revolución de 1952, en la que
se nacionalizan los principales recursos naturales
de Bolivia y se emprende una reforma agraria significativa,
se fortalece la Central Obrera Boliviana, el mayor
y más combativo movimiento sindical de
América Latina.
En 1979, surge la Confederación Sindical
Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB),
de la cual surge el Katarismo (Tupak Katari, asesinado
en 1781), dentro del cual uno de sus líderes
fue Carlos Olivera. El mayor logro de esta organización
fue su participación, junto con otras fuerzas
políticas y sociales, en la guerra del
agua en Cochabamba durante el año 2000,
paralizando las carreteras hasta impedir la privatización
del agua. Montándose sobre este movimiento
campesino-indígena se forma un partido
político Movimiento Indio Pachacuti (MIP),
bajo el nuevo líder de la CSUTCB Felipe
Quispe.
En el año 2003 se desarrolla otra gran
movilización social, iniciada en El Alto
y extendida al resto del país, conocida
como la guerra del gas, bajo el liderazgo del
líder sindical cocalero Evo Morales, cuya
federación está vinculada también
a la CSUTCB. En esta movilización participan
activamente los Concejos de Barrio, así
como la Centra Obrera Boliviana (COB). Posteriormente,
este Movimiento decide formar el partido Movimiento
Al Socialismo (MAS).
Actualmente, la izquierda política, controla
alrededor del 40% del electorado, tiene presencia
en el parlamento y se dispone a demandar una Constituyente
que cambie completamente el carácter colonial
del Estado boliviano, construyendo un verdadero
pacto social donde quepan todas las razas, todas
las etnias y todas las clases.
Una de las cosas más interesantes, además
del empuje de los movimientos sociales contra
las privatizaciones, es la fusión de los
partidos políticos con los viejos y nuevos
movimientos sociales (indígenas, campesinos,
obreros y pobladores), fusión que ha logrado
deponer hasta el momento a dos presidentes. Ante
tal empuje popular, la oligarquía, léase
un grupo de unas cincuenta familias de abolengo,
que controla la mayor parte de los recursos del
país, aliados de las empresas transnacionales
y en contubernio con la embajada norteamericana,
han decidido crear una Bolivia separada de la
Bolivia indígena, en la región de
Santa Cruz, donde se encuentran la mayor parte
de la raza blanca y la mayor parte de los recursos
estratégicos del país.
El proyecto económico de la izquierda
en Bolivia se basa en las reivindicaciones de
tierra y patria para los campesinos-indígenas,
en el fortalecimiento y organización de
la pequeña industria, así como en
la demanda de nacionalización de los servicios
básicos y recursos naturales de los pobladores
en general. El desconocimiento del Estado por
parte de la población indígena,
la debilidad de una burguesía nacional
y el temor de la oligarquía de perder sus
privilegios, puede desembocar en una real partición
en dos de lo que ha sido la ambigua nación
boliviana.
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