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En defensa del Capital
Nacional
Orlando Núñez
Soto
En la declaración de principios de la
recién formada Coordinadora Social aparece,
entre otras cosas, una toma de posición
en favor del capital nacional frente al capital
transnacional, una toma de posición en
favor de los obreros frente a los empresarios
transnacionales y nacionales, una toma de posición
en favor de las mujeres frente a los obreros machistas,
y así sucesivamente. Esta posición
pudiera ser confusa y contradictoria para algunas
personas acostumbradas al maniqueísmo social.
Sin embargo, y gracias a las múltiples
lealtades en que puede moverse la sociedad civil,
el tomar posición en cada una de las tantas
contradicciones en que nos desenvolvemos en la
vida, parece ser lo más sensato y lo menos
contradictorio.
Ahora bien, profundizando un poco más
al respecto del capital nacional, habría
que definir lo que entendemos por el mismo. El
capital nacional se refiere a la valorización
del capital social en los diferentes espacios
y territorios económicos de un estado-nación
determinado. Valorización que en el caso
de Nicaragua se encuentra en crisis, debido a
la extracción de excedentes por parte de
la oligarquía financiera y del capital
mundial a través de diferentes vías
(el crédito y el comercio internacionales,
la repatriación de utilidades y regalías,
la importación de productos e insumos),
la baja tasa de inversión del sector privado
interno, el déficit de energía y
construcción como soporte a las inversiones
productivas, la descapitalización de la
economía, los recursos naturales y los
productores en general, las políticas económicas
antiproteccionistas, la cultura consumista de
productos importados, la debilidad del mercado
interno, la baja industrialización y alta
urbanización, etc.
Habría que agregar que una desvalorización
de esta naturaleza acontece no solamente en sí
misma, sino en competencia de suma cero con el
capital bancario especulativo, las empresas transnacionales
y las políticas económicas fondomonetaristas.
Si aceptamos la definición de capital
nacional que escogimos previamente, tendremos
que incluir en el mismo, tanto a los grandes empresarios
como a los pequeños y medianos productores,
así como a los trabajadores por cuenta
propia, y por supuesto a los trabajadores y población
en general donde se realiza aquella valorización.
Todos estos sectores nacionales se encuentran
en contradicción con el capital mundial
y la oligarquía financiera.
¿Cómo se expresa políticamente
esta contradicción en Nicaragua? En primer
lugar, a través de las políticas
económicas implementadas por el ejecutivo
y la Asamblea Nacional, en segundo lugar, a través
de las leyes aprobadas en la Asamblea Nacional,
en tercer lugar por la legitimación de
uno u otro discurso alrededor de aquellas políticas
económicas y de aquellas leyes parlamentarias.
Lamentablemente, la discusión superestructural
aparece salpicada del dime que te diré
a que nos tiene acostumbrados la agenda criolla.
Desde mi punto de vista, ambas opciones se expresan,
aunque difusamente, en las diferentes coaliciones
políticas en que se divide la vida nacional.
Por un lado, el presidente Bolaños y su
defensa férrea de las políticas
económicas neoliberales, a quien acompañan
algunos banqueros y algunos sectores políticos
de la vida nacional; por otro lado, los diversos
agrupamientos donde se encuentran la Coordinadora
Civil y la Coordinadora Social, el Frente Sandinista
y el Partido Liberal (a juzgar por las leyes aprobadas
recientemente por ambos partidos en el seno de
la Asamblea Nacional), otros grupos religiosos
y culturales.
Una forma más gráfica de describir
los alineamientos pudiera ser la división
entre el pacto político libero-sandinista,
por un lado, y el pacto económico de la
oligarquía conservadora por el otro. Claro
está que dicho de esta manera, las pasiones
y el orden del día comienzan a dificultar
el análisis, pues en la vida política
no sólo de análisis vive la cabeza,
mucho menos el corazón. Hay gente que adversa
ambos pactos, hay gente que se alinea con uno
de los dos pactos, sin decir nada respecto al
otro pacto, etc., etc.
Creo que sería conveniente que los diferentes
partidos y grupos sociales comenzáramos
a discutir, además de la agenda política
en sí, la orientación económica
de la nación nicaragüense en su conjunto,
si es que queremos tener una visión económica
de nación, si es que estamos dispuestos
a soportarnos todos y todas, si es que vamos a
hacer gala de nuestra discurso de tolerancia,
si es que no queremos escalar la polarización
social, el conflicto político o el envenenamiento
ideológico. Una actitud como ésta
podría alimentar la agenda del diálogo
nacional que hoy por hoy transcurre en las mesas
sectoriales recién instauradas.
Yo por mi parte creo que un verdadero acuerdo
nacional no podría excluir una posición
en favor del capital nacional, frente al capital
transnacional; de la misma manera que no puede
excluirse una agenda social alrededor de los sectores
más pobres y marginados del país,
en contra del actual orden establecido. La opción
social en favor de los pobres y marginados puede
facilitarse, es parte de una opción económico-productiva,
tomando en cuenta que la mayoría absoluta
de los pobres son pequeños productores
del campo y la ciudad, pertenecientes al capital
nacional, o son pobladores-consumidores, familiares
de aquellos.
Permitiéndome una pequeña digresión,
quisiera añadir que si de lucha se trata,
las clases se definen de acuerdo a una categoría
múltiple: social (sólo aparecen
en plural), económica (insertas en una
estructura económica), política
(organizadas alrededor de sus intereses) e ideológica
cultural (autorreconocidas en su identidad). Mi
intención es relevar la importancia que
tiene para una clase, el apostar a sí misma,
cosa que no siempre acontece en Nicaragua. En
el caso por ejemplo de la burguesía nacional,
la misma se identifica más con la visión
neoliberal de la economía que de acuerdo
a sus intereses propios. Prueba de ello es la
intención de algunos gremios, el COSEP
por ejemplo, con mayor identidad política
que económica, para firmar el tratado comercial
con el gobierno norteamericano, lo que los borrará
para siempre del mapa económico.
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