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Ampliar, Democratizar
y Popularizar las Alianzas
Orlando Núñez
Soto
La historia política de Nicaragua ha
sido una historia de guerras, dictaduras y pactos
excluyentes, sin embargo, siempre hablamos de
paz, democracia y unidad. La guerra nos ha dividido
y ha servido para que potencias extranjeras se
aprovechen de nosotros. Las dictaduras han creado
una cultura autoritaria y han enterrado la tolerancia.
Los pactos han dificultado la unidad y han satanizado
los entendimientos políticos. Lo anteriormente
dicho no excluye la necesariedad de las revoluciones,
no ignora que los programas económicos
de las dictaduras hayan tenido racionalidad de
clases, ni impide alinearnos en cada uno de los
pactos.
Hoy en día, repito, vivimos en medio de
una coyuntura polarizada, donde cada una de las
Nicaragüitas nos parte el corazón,
como decía el poeta español de su
propia patria. Un bloque político compuesto
por la embajada norteamericana, la presidencia
de la república y la élite criolla
conservadora. Otro bloque compuesto por las fuerzas
mayoritarias, según las últimas
elecciones nacionales y municipales, a saber,
el Partido liberal, el Frente Sandinista, la Convergencia
(personalidades y partidos de la antigua Unión
Nacional Opositora), bloque al que podríamos
sumar a la jerarquía católica. Asimismo,
podríamos afirmar que tanto los grupos
de la Resistencia Nicaragüense, así
como las iglesias evangélicas, también
se han alineado en uno u otro bloque. Ahora bien,
dado que dichos bloques se reproducen en la población
nicaragüense, y dado que los mismos se encarnan
en políticas económicas, en decretos
presidenciales y en leyes parlamentarias, yo me
he atrevido a señalar que existe una verdadera
alineación de las fuerzas políticas.
Lo peor que podríamos hacer, si queremos
profundizar el debate, es dividir estos bloques
entre buenos, malos y feos, sin antes analizar
la orientación social que se disputan ambos
bloques. Antes bien, deberíamos, despejar
las posibilidades de ampliar, democratizar y popularizar
aquellas alianzas, como un mecanismo para acercarnos
a la famosa unidad nacional que todos pregonamos.
Desde el punto de vista de lo que he llamado
la alianza liberosandinista, en la cual yo me
ubico y a juzgar por las leyes aprobadas en la
Asamblea Nacional, recomiendo ampliarla, democratizarla
y popularizarla. En otras palabras, mi interés,
lejos de defender una u otra cúpula, lo
que propongo es efectivamente mejorar las alianzas.
Tal como deberíamos hacer cuando hablemos
de unidad nacional o de diálogo nacional,
pero no satanizarlo ni descartarlo solo porque
no nos gusta la forma en que se está llevando
a cabo. Como bien decía Marx, el estado,
en última instancia, es una síntesis
de las contradicciones sociales y no una criatura
hecha a imagen y semejanza de nuestros buenos
deseos.
En el caso de la alianza en la que yo me inscribo,
creo que hace falta ampliarla para fortalecerla,
única forma de neutralizar al menos la
ofensiva neoliberal del capital norteamericano,
que afecta la viabilidad económica y política
de nuestra nación. Democratizarla para
que las bases liberales y sandinistas se apropien
de la misma, logrando así que se consolide,
aligerando al mismo tiempo la carga de polarización
y sectarismo que todavía existe en la población
nicaragüense. Popularizarla para que se convierta
en una verdadera alianza a favor de los intereses
de los sectores populares a quien debe representar
fundamentalmente.
Tomando en cuenta que en este bloque se encuentra
la mayor cantidad de organizaciones sociales,
me refiero a aquellas organizaciones de influencia
sandinista, bien podríamos a través
de escuelas políticas llevar el mensaje
de la importancia que tiene construir un consenso
alrededor de políticas, reivindicaciones,
banderas y programas que favorezcan a sus respectivos
sectores. Es una lástima que las pasiones
políticas populares sólo aparezcan
el día de las elecciones nacionales, regionales
o municipales, girando todas ellas alrededor de
los candidatos. Bien podríamos convertir
las movilizaciones electorales en jornadas educativas.
Pobladores liberales y sandinistas deberían
trabajar juntos para evitar que suban las tarifas,
liberales y sandinistas marginados deberían
trabajar juntos para fortalecer los Concejos de
Desarrollo Municipal, liberales y sandinistas
campesinos deberían trabajar juntos para
defender su tierra.
Y cuando pongo el ejemplo de liberales y sandinistas,
estoy pensando también en todas aquellas
fuerzas sociales que se sienten representadas
en el bloque aludido. Pero cuando hablo de pobladores,
gente pobre de las ciudades o campesinos, estoy
hablando sin excepción de todos los nicaragüenses,
es decir, también de aquella gente que
se siente representada en el partido conservador,
en el APRE, en los grupos de la Resistencia o
en los grupos evangélicos que pertenecen
al otro bloque.
Quizás muchos de ustedes estén
de acuerdo con esta posición, pero sabemos
que no es nada fácil llevarla a la práctica,
dada la cultura de polarización que se
cultiva a diario en nuestro país. Un buen
ejemplo de esto me tocó vivir a propósito
del Bono Productivo Alimentario. Este bono fue
adoptado por el FSLN como bandera de campaña
electoral y en el mismo estaba inscrito el compromiso
de beneficiar a liberales, sandinistas y conservadores,
pues bien, lo que pasó es que fue criticado
duramente por los adversarios políticos
y fue criticado duramente por muchos sandinistas
de base. Hoy las cosas están cambiando,
no creo por lo tanto que sea misión imposible
despolarizar políticamente y desenvenenar
ideológicamente a Nicaragua. El trabajo
que se realiza desde los Concejos Municipales
y desde las asociaciones comunitarias así
lo muestra. En la mayoría de las alcaldías,
los concejales no están pensando en descalificar
al adversario, sino en cómo avanzar en
el trabajo diario con pobladores que pertenecen
a todas las tendencias políticas, puesto
que todos ellos tienen los mismos problemas.
Una política de ampliación, democratización
y popularización de las alianzas es una
manera para que las mismas no retrocedan a los
viejos pactos que sólo favorecen a ciertos
sectores minoritarios. Asimismo, serviría
para despolarizar el ambiente político
nicaragüense, para democratizarnos al interior
del Frente Sandinista, y ojalá para avanzar
hacia una cultura de diálogo y unidad nacional.
Por el otro bloque no puedo opinar mucho, pues
no estilo estar dando consejos allí donde
no tengo posibilidades de influir. Sin embargo,
sería deseable que practiquen más
una política de acercamiento con sus conciudadanos
y menos con un país extranjero, más
con los empresarios nacionales y menos con las
corporaciones transnacionales, más con
los empresarios productivos y menos con los empresarios
especulativos.
Por supuesto que lo anterior no excluye que cada
uno, independientemente en el bloque que se encuentre,
lo digo incluso para aquellos que aparentemente
no están en ningún lado, practique
lo que pregona, la ética, la tolerancia,
el compañerismo y todas aquellas virtudes
que se le antoje. Pero por favor no sigamos satanizando
al otro para mejorar nuestra imagen, no practiquemos
la autocomplacencia con ética ajena, no
seamos intolerantes con aquellos a quienes invitamos
a ser tolerantes, no sigamos llamándonos
compañeros de aquellos a quienes descalificamos
diariamente. Pero sobre todo, no descartemos la
cultura de diálogo, alianzas o unidad nacional
en este país, aduciendo que los dirigentes
o promotores no han aprobado el examen moral que
nosotros inscribimos en nuestras listas. No creamos
que la tregua por Nicaragua hay que limitarla
a las reformas a las leyes de la propiedad, sino
también al parlamento y al gobierno para
que no aprueben el tratado comercial con Estados
Unidos, al sector privado para que renuncie a
sus excepciones impositivas, a las Zonas Francas
para que no sigan pisoteando a nuestras obreras,
etc., etc. Si no nos implicamos todos, no vamos
a poder salvarnos unilateralmente.
En cuanto al debate sobre las alianzas, creo
que hemos avanzado, los argumentos se multiplican
y los epítetos y las descalificaciones
personales disminuyen. Yo al menos creo que quienes
disienten de mis posiciones, no están debatiendo
porque están defendiendo cúpulas
o intereses creados, sino porque así lo
sienten con el corazón y así lo
piensan con la cabeza. Como intelectual, militante
o sociólogo, he aprendido que la gente
tiene sus convicciones y puede defender lo que
piensa con honradez y respeto.
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