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El Programa Productivo Alimentario frente a las amenazas del Tratado Comercial con Estados Unidos
Orlando Núñez Soto

El Programa Productivo Alimentario nace como una propuesta de capitalización y apoyo tecnológico a la producción campesina de alimentos, así como de acompañamiento a la organización, integración y participación de la población rural en la gestión privada y pública de los asuntos que le competen. Programa que en su desarrollo se convierte en una plataforma de crecimiento sostenible y bienestar social.

Una plataforma de crecimiento sostenible y bienestar social

El Programa Productivo Alimentario no es un plan de desarrollo que abarca todos los sectores y actividades del país, sino que es una plataforma de crecimiento y bienestar para las familias campesinas y cooperativas agropecuarias, que a su vez funciona como una cadena transversal en la articulación de la economía nacional. Sin embargo, y a diferencia de los clusters o conglomerados fomentados por el Plan Nacional de Desarrollo, situados en enclaves territoriales y poblacionales, el Programa Productivo Alimentario atraviesa prácticamente cada municipio y cada palmo territorial y poblacional del sector rural. El programa resuelve la seguridad alimentaria, abarata la reproducción de la fuerza de trabajo, estimula el procesamiento agroindustrial y la pequeña industria, acompaña y hace más competitiva la agroexportación, fomenta el mercado interno y tiene un efecto multiplicador de la economía, alimenta el comercio local, nacional y de exportación.

PROGRAMA PRODUCTIVO ALIMENTARIO

   
Agroindustria Alimentaria
(PYMES)
   
 
 
Producción Campesina
de Alimentos
Mercado Interno
 
Exportación
 
 
   
Articulación Otras Ramas
(Agroexportación, Turismo)
   


Producir alimentos no puede ser un pecado para el desarrollo, puesto que la mayoría de los pueblos del mundo lo practican y lo consideran como un facto de seguridad nacional, entre ellos los Estados Unidos y la Unión Europea, quienes cada día producen, exportan y nos venden cada vez más alimentos.

Nicaragua, al igual que muchos otros pueblos basa su producción alimentaria en la producción familiar (campesina o farmers) y en la producción cooperativa. Incluso, regiones enteras como Escandinavia o Norteamérica iniciaron su estrategia de despegue económico con la producción y el procesamiento industrial de alimentos en pequeña escala, aplicando tecnologías apropiadas y destinando la producción tanto al mercado interno como a la exportación. Y cuando hablamos de agroindustria o procesamiento de bienes generados por las familias campesinas y las cooperativas, estamos hablando no solamente de embutidos, derivados de la leche o frutas enlatadas, sino también de harinas y aceites, alimentos procesados para animales, semillas mejoradas, vinos o aguardientes, talabarterías y muebles, entre otros.

En nuestro caso particular, una de las razones por las cuales el pueblo nicaragüense no se ha muerto de hambre se debe en gran parte a la producción y el suministro de alimentos por parte del campesinado, puesto que para los empresarios capitalistas, inclinados por lo general al monocultivo y dedicados exclusivamente al comercio monoexportador, la producción de alimentos no ha sido ni rentable, ni competitiva, ni sostenible económica o ecológicamente. El campesinado, en cambio, principal productor de alimentos e interesado fundamentalmente en satisfacer las necesidades familiares y del ambiente que lo sostiene, ha podido sobrevivir milenariamente, a pesar del despojo comercial al que ha sido sometido por el capital extranjero principalmente.

La ofensiva neoliberal contra nuestra seguridad alimentaria

A partir de la colonización y sobre todo del modelo agroexportador de materias primas, así como de las medidas neoliberales, la economía nicaragüense en general y la economía campesina en particular, ha sido sometida a un desmantelamiento progresivo de su producción alimentaria.

Las diferentes políticas económicas dictadas por las metrópolis occidentales han estado orientadas fundamentalmente a las necesidades comerciales de esas mismas metrópolis, dándole la espalda a la producción campesina de alimentos, al mercado interno, la industrialización nacional y el bienestar de la población. Los resultados han sido las crisis periódicas y el cese total de actividades debido a la caída de los precios internacionales, el intercambio desigual con los países que nos imponen aquellas políticas, el saqueo de nuestros recursos naturales y la depredación del medio ambiente, el empobrecimiento progresivo y la desnutrición de nuestra población.

La producción alimentaria campesina ha sido la cenicienta de este proceso, frente al fomento desmedido a la extracción de oro o madera, la producción del añil o de algodón. Para producir alimentos no hay créditos, ni carreteras, ni hospitales, ni universidad, sólo burla y desprecio para quienes nos suministran diariamente el maíz, el frijol, la carne, la leche, las frutas y las verduras, así como la mano de obra barata que facilita la explotación laboral de aquellas compañías.

Hoy en día, Nicaragua produce cada vez menos alimentos, e importa cada vez más. La entrada en vigencia del tratado comercial con los Estados Unidos terminará de desmoronar nuestra seguridad alimentaria. A pesar de que llevan muchos años diciéndonos que facilitar la inversión extranjera, eliminar los impuestos a las corporaciones y bajar el salario de los trabajadores, nos traerá más empleo y beneficio económico, la realidad es que cada vez hay más desempleo y pobreza. Si después de tantas facilidades que les hemos dado a los inversionistas extranjeros tenemos un millón de campesinos que se han venido a la ciudad en busca de alimentos, un millón de nicaragüenses trabajando fuera de nuestras fronteras, y estamos gastando trescientos millones de dólares en comprar alimentos, ¿cómo haremos para seguir importando alimentos, si cada vez el fisco recibe menos impuestos del capital extranjero, si cada día hay más desempleo, si cada día los salarios son más bajos?

Los detractores del Programa Productivo Alimentario y defensores del tratado comercial con Estados Unidos

Los detractores del Programa Productivo Alimentario nos dicen que capitalizar la economía campesina, a través de la entrega de una vaca al campesino (o un cerdo, o un lote de semillas mejoradas, o una planta agroindustrial o un biodigestor, o el apoyo para formar una cooperativa comercial o de ahorro) no resolverá el problema del desarrollo del país, ni sacaremos al campesino de su pobreza y atraso. De tal argumento se infiere que no habría que preservarlo como campesino, sino convertirlo en un obrero industrial permanente o en un empresario capitalista. Si el argumento de tales detractores es correcto, bien hace entonces el gobierno en no apoyar al campesinado con crédito, asistencia técnica, riego, y facilidades de procesamiento y mercado, ni hacer caminos de penetración, ni brindar servicios de educación y salud, porque estaríamos desarrollando a tales campesinos.

Asimismo nos dicen estos detractores que una sola línea productiva no resuelve los problemas del desarrollo nacional. Igualmente nos dicen que producir alimentos no genera divisas al país. Y tantas cosas más. Sin embargo, estos mismos detractores aplaudieron la entrega de 25,000 vaquillas a los funcionarios y amigos del gobierno del doctor Alemán.

Deberíamos preguntarnos, por qué será que estos detractores no dicen nada cuando importamos cerdos, leche o plátanos producidos por familias campesinas y cooperativas agropecuarias costarricenses, danesas o canadienses; por qué será que estos detractores no dicen nada cuando países como los Estados Unidos, no solamente producen alimentos, sino que dicha producción se ha convertido en una de las actividades principales de su desarrollo, tanto que hasta subsidian a sus productores de alimentos; por qué será que estos detractores no dicen nada cuando escuchan la propaganda gubernamental afirmando que una actividad (a veces apenas un centro comercial) resolverá todos los problema del desarrollo nacional; por qué será que estos detractores no dicen nada cuando observan que el déficit fiscal y el déficit comercial, son debidos en gran parte a las exoneraciones de impuestos al capital extranjero, comercializador de alimentos, y a la importación de alimentos que antes producía nuestro campesinado; por qué será que estos detractores no dicen nada cuando en el tratado comercial que se mueren por firmar, los Estados Unidos pueden vendernos todos sus productos industriales, entre ellos todos los alimentos procesados, sin embargo, nosotros sólo podemos venderles una ridícula cuota de los productos que estamos en capacidad de venderles competitivamente, tales como azúcar, queso o carne.

La única respuesta que encontraremos es que estos detractores no representan los intereses del campesinado nicaragüense ni del desarrollo nacional, sino los intereses ideológicos y comerciales de los Estados Unidos.