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El futuro de la Coordinadora Civil
Orlando Núñez Soto

La Coordinadora Civil nace a raíz del Huracán Mitch, es decir, hace seis años, como producto de la visibilización de la pobreza y como producto de la pasividad de los gobiernos neoliberales frente a la marginalidad campesina. Su presencia en la vida nacional ha sido significativa, pues gracias a su beligerancia se pone por primera vez en agenda la variable cívico-política o participativa en la cultura de la democracia representativa y por ende del gobierno y de los partidos políticos.

Hoy en día y de acuerdo a las responsables actuales, existe una cierta apreciación de desconfianza o falta de convocatoria en el quehacer político de la Coordinadora. A mi modo de ver, el futuro de la Coordinadora Civil dependerá de la voluntad de sus miembros en mantener aquellos factores que le dieron su fortaleza inicial, a saber, la lucha contra las medidas neoliberales, la autonomía frente a los partidos políticos, el distanciamiento del gobierno y de la empresa privada, la prioridad a los pequeños productores y a la participación ciudadana.

ONGs o Movimientos Sociales

La Coordinadora Civil estuvo conformada inicialmente por los llamados organismos no gubernamentales y por los viejos o nuevos movimientos sociales. De hecho, los primeros representantes de la Coordinadora Civil salieron de la Federación de Organismos No Gubernamentales (FONG) y de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG). Con el tiempo y debido a la poca beligerancia o interés de los gremios, sindicatos y otros movimientos sociales existentes, la presencia de los ONGs, tanto a nivel de representatividad como de participación ha sido cada vez más fuerte.

Valga decir, que en la práctica la diferencia entre ONGs y Movimientos Sociales, no siempre es perceptible o real, independientemente del nombre que se pongan. Desde el punto de vista jurídico, tanto unos como otros están cubiertos por la misma identidad, todos nacen como fundación o como organización, es decir, como organismos no gubernamentales sin fines de lucro, sean éstos, ONGs, gremios, sindicatos, iglesias, universidades, clubes o asociaciones de cualquier tipo.

En la práctica, existen movimientos sociales que al igual que los ONGs viven de la cooperación internacional, más que de la cuota pagada por sus afiliados, se dedican a realizar estudios o consultorías, y limitan su accionar cívico político a establecer contactos y cabildeos con el gobierno o con el resto de las instituciones políticas del país. Por otro lado, existen algunos ONGs que en la práctica se dedican a organizar a diferentes sectores de la sociedad, incursionando políticamente en la concientización, organización y movilización de sus acompañados. Finalmente, habría que decir que por influencia de la comunidad internacional, muchos de estos organismos, sean ONGs o movimientos sociales, funcionan como agencias de microcrédito, sin importar el origen de sus motivaciones, difuminando o desnaturalizando así la especificidad de su accionar.

A pesar de todo, en Nicaragua existen algunos organismos como la Coordinadora Agraria, el Frente Nacional de Trabajadores, la UNAG, el Movimiento Comunal y, últimamente, el Movimiento Social Nicaragüense, que por el número de afiliados permanentes, el apoyo a las luchas sociales, la autonomía frente al gobierno, la empresa privada, las jerarquías religiosas o los partidos políticos, mantienen su identidad como movimientos sociales, más que como instituciones de cabildeo. Lo mismo podíamos decir de la Federación de Organismos no Gubernamentales (FONG) y de las diferentes redes sociales existentes, quienes por el número de ONGs que agrupan, su especialización un uno u otro ámbito del desarrollo económico de los sectores a quienes acompañan, tienen una identidad más cercana a lo que se conoce como ONG. Por supuesto que el listado expuesto es más una forma de ilustrar que de inventariar el número de las organizaciones existentes, tanto en lo que respecta a los ONGs como en lo que concierne a los movimientos sociales.

Sería deseable que en los próximos años pueda fortalecerse la Coordinadora Civil, fortaleciendo la representatividad de sus redes y la participación de los movimientos sociales. Sin las redes y sin los movimientos sociales, la Coordinadora se convertiría en una ONG más, compuesta por grupos o mesas de cabildeo y limitada a realizar estudios orientados por los organismos internacionales.

La posición política de la Coordinadora Civil frente al neoliberalismo

En un primer momento, la posición de los diferentes miembros de la Coordinadora Civil estuvo connotada por una crítica al gobierno del doctor Alemán y por la implementación de las medidas neoliberales que profundizaban la pobreza. En un segundo momento la Coordinadora Civil fue percibida como pro-gobiernista, particularmente a raíz del acercamiento de algunos connotados miembros con el gobierno de la Nueva Era, lo que incidió en que algunos organismos, redes y movimientos sociales, se comenzaran a retirar o a enfriar su participación y beligerancia.

En esta percepción influyeron tres hechos.

En primer lugar, el rechazo al autoritarismo de los partidos políticos y la corrupción del gobierno de Alemán, fue hábilmente capitalizado por el Fondo Monetario Internacional para apuntalar su política de desmantelamiento del Estado Nacional y de despolitización de la sociedad nicaragüense. Tomamos varios años para convencernos que una cosa era criticar al gobierno o ser autónomo de los partidos políticos y otra cosa era despolitizarnos y coincidir totalmente con los designios del capitalismo global.

En segundo lugar, la concentración o priorización del quehacer político de la Coordinadora en la incidencia o, más bien, en el cabildeo, alrededor de las esferas públicas del gobierno, olvidándonos que la incidencia debe hacerse en tres niveles, a saber, el gobierno y la comunidad internacional, la opinión pública y los medios de comunicación, la población o los propios sectores a quienes acompañamos.

En tercer lugar, el hecho de que algunos compañeros de origen sandinista y muy resentidos con el FSLN confundieron la crítica de izquierda con el envenenamiento agresivo y hostil contra otros miembros de la Coordinadora Civil que no pensaran como ellos, lo que contrastaba con una complaciente actitud frente al gobierno neoliberal y oligárquico, debilitando así nuestra identidad antineoliberal y por ende la coincidencia inicial que nos cohesionó.

Estas contradicciones no perturbaron el accionar particular de organismos, redes o movimientos sociales, pero debilitó enormemente el potencial político de la Coordinadora Civil en su conjunto. Últimamente, el Comité Coordinador decidió acercar posiciones con los partidos o políticas partidarias que coincidieran con las posiciones antineoliberales de la Coordinadora Civil, lo que augura una superación del sectarismo político de la Coordinadora y una potenciación de sus posiciones a favor de la participación popular, independientemente de la afiliación partidaria de sus miembros.

Creo que en los próximos años, la Coordinadora Civil debiera reafirmar su posición beligerante en contra de las medidas neoliberales de los pasados, presentes y futuros gobiernos, tal como lo están haciendo los movimientos sociales del mundo entero, formando así parte de ese gran movimiento conocido como Otro Mundo es Posible.

Una ONG de cabildeo o una Coordinadora de redes de ONGs y movimientos sociales

Otro de los puntos de discusión y de práctica cotidiana de la Coordinadora ha sido la necesidad de fortalecer la representación, participación e incidencia en la producción y en las localidades.

Si la incidencia se convierte en cabildeo sobre el quehacer gubernamental, lógicamente que la Coordinadora tenderá a concentrar su quehacer político en Managua y en una acción más discursiva que concreta; por el contrario, si la incidencia mantiene una orientación antineoliberal y prioriza por lo tanto a los sujetos populares, entonces la producción y las localidades deberán cobrar una alta prioridad. En este sentido, se ha avanzado bastante en todo lo concerniente al poder local, particularmente en el caso de algunas redes, pero el potencial es muy promisorio, dada la presencia generalizada que tienen los organismos de la sociedad civil en todo el territorio nacional.

Sería deseable aprovechar las nuevas leyes aprobadas, tales como la ley de participación ciudadana, la ley de cooperativas, la ley de transferencia del 6% a los municipios, la superintendencia de servicios básicos, la regulación de la propiedad, la defensa del consumidor, el instituto cooperativo, la defensa de los asegurados, entre otras, lo que podría redundar en mejorar la correlación de fuerzas de productores y pobladores en general en el concierto social.

No negamos que la sociedad civil sea un espacio que alberga a todos y todas las nicaragüenses, organizadas o no, independientemente de credos políticos o religiosos, pero dado que las políticas neoliberales afectan fundamentalmente a productores y pobladores empobrecidos, es a ellos a quienes la Coordinadora Civil debiera apoyar explícita y permanentemente.