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El fin del capitalismo nacional y el potencial económico de los pequeños productores empobrecidos
Orlando Núñez Soto *

En nombre de la libertad Estados Unidos pone fin al libre comercio con el resto de América, bloqueando así las posibilidades del desarrollo de las economías nacionales latinoamericanas. Esta historia comenzó hace más de cuarenta años cuando los funcionarios norteamericanos, en nombre de la libertad, prohibieron el libre comercio entre Cuba y el resto del mundo. Hoy en día, en nombre del libre comercio, prohíben nuestro comercio con el resto del mundo y eliminan toda posibilidad de proteger nuestras economías de los abusos comerciales de sus banqueros y enclaves corporativos.

Hoy en día, los latinoamericanos no podemos entrar libremente a los Estados Unidos, pues existe un muro que impide la libre circulación de nuestros ciudadanos. El comercio de los productos competitivos latinoamericanos está restringido por cuotas impuestas a nuestros exportadores. Sin embargo, los comerciantes, banqueros y soldados norteamericanos tienen vía libre para entrar, saquear y explotar los recursos humanos y naturales del territorio latinoamericano.

Los planes de Ajuste Estructural, el Plan Puebla Panamá y los Tratados de Libre Comercio, son la misma cosa y obedecen a un mismo proceso o propósito de la economía norteamericana: reformar nuestras instituciones, nuestras leyes, nuestros estados, nuestros pensamientos y nuestras libertades, para facilitar la competencia de la economía norteamericana. Es verdad que el comercio norteamericano con América Latina no pasa del 7%, pero eso no guarda relación con los beneficios de la economía norteamericana, habida cuenta de que nuestros productos, incluyendo la mano de obra, entran a Estados Unidos a precio de esclavos, mientras que los productos norteamericanos, incluyendo consultores, soldados y armamentos, entran a nuestros países apenas sin pagar impuestos.

No podemos, pues, seguir hablando de libre comercio entre un país que sobreprotege por todos los medios a sus monopólicas corporaciones y países que son obligados a desmantelar sus escasas ventajas productivas y comerciales. Tampoco puede hablarse de negociación entre quienes imponen de antemano la agenda y los resultados del proceso de negociación y aquellos que sólo llegan a informarse y a conformarse con rebajar el castigo de sus verdugos. La verdad es que los acuerdos leoninos ya están en marcha, lo único que queda, después de habernos vencido, es tenernos convencidos, de ahí el despliegue publicitario y el fraude de las consultas sobre los mismos.

1.   La historia colonial continúa por otros medios

La inserción de las sociedades latinoamericanas en el mercado mundial registra tres momentos históricos, a saber, a) la época colonial que va de la conquista y la colonización europea a la independencia política de los países latinoamericanos, período que duró desde el siglo XVI hasta comienzos del siglo XIX, b) la época del capitalismo nacional dependiente, el que funcionó hasta finales del siglo XX, c) la época del capitalismo salvaje, depredador, estafador y parasitario, acelerado con la ofensiva globalizadora y neoliberal encabezada por el imperio norteamericano entre finales del siglo pasado y comienzos del presente siglo.

Si la primera época se caracteriza por una economía colonial, extractora de metales preciosos y otros recursos naturales, como caucho y madera, el capitalismo nacional dependiente se caracteriza, en una primera etapa por una economía agroexportadora, productora de materias primas para el mercado mundial y el total abandono del mercado interno, y en una segunda etapa por la continuidad de la agroexportación y el esfuerzo interrumpido por la sustitución de importaciones de bienes manufacturados.

Ahora, nos proponen aprobar leyes para cambiar las reglas del juego del libre mercado y del libre comercio. Ahora nos imponen una negociación que ni siquiera podemos cuestionar, mucho menos rechazarla o renunciar a ella. Y todavía nuestros negociadores, o mejor dicho sus troyanos negociadores de habla hispana, nos regañan por nuestra intransigencia. En otras palabras, violan nuestra soberanía y nos castigan por resistirnos.

2.   El fin del capitalismo nacional

Durante el capitalismo nacional la burguesía productiva nacional compartía el estado-nación con importadores y banqueros de la metrópoli europea y norteamericana. En esa época, nuestras burguesías nacionales logran imitar a las burguesías metropolitanas, protegiendo la economía a través de aranceles, cobrando impuestos para crear la infraestructura necesaria a la agroexportación, paliando la sobreexplotación al campesinado y a los trabajadores urbanos con alguna protección social por parte del gobierno. A pesar de ello, las élites políticas y económicas de los países latinoamericanos, no lograron conformarse como verdaderas burguesías nacionales, funcionaron más bien como eternos vividores de las habilitaciones estatales y derrochadores de los excedentes comerciales, manteniéndose indefinidamente en una eterna etapa larvada, sin posibilidades de desarrollar ni el mercado interno ni un proceso autónomo de acumulación, lo que las hace vulnerables frente a las crisis periódicas del capitalismo mundial.

A lo largo de los últimos dos siglos, las burguesías nacionales no lograron abandonar los rasgos oligárquicos de sus antepasados, a saber, a) transferencia de riquezas del sector público al sector privado, b) monocultivo agroexportador, depresión permanente de la capacidad de compra y del mercado interno, c) ganancias extraordinarias, no solamente por la sobreexplotación de la mano de obra salarial, sino por la imposición extraeconómica de sobreprecios a sus productos, d) refugio especulativo y usurario ante cada crisis, colocando ventajosamente créditos obtenidos por el sector público en el exterior, endeudando así a toda la nación, e) concentración de inversiones en industrias ligadas al monocultivo agroexportador o en importaciones de bienes para ser distribuidos a un sector minoritario de los estratos sociales pudientes, tráfico de influencias y selectividad en la protección aduanera.

Su principal mercado interno siempre estuvo afuera, sus compradores principales de sus productos de exportación siempre estuvo afuera, sus consultores, esperanzas e ilusiones siempre vinieron de afuera, ahora, la muerte también les viene de afuera.

3.   La crisis de sobre-producción del capitalismo mundial

El desarrollo tecnológico y el empobrecimiento de pueblos y naciones enteras aceleran las crisis de sobreproducción de los capitales, quienes no encuentran suficiente mercado para mantener el crecimiento y las ganancias. La competencia y el proteccionismo comercial de los países da la vuelta al mundo y los capitales y estados más grandes se comen a los capitales y estados más pequeños. Comienza la lucha entre el capitalismo mundial y los capitalismos nacionales. Las burguesías y estados de los países metropolitanos deciden poner fin a la protección de las fronteras nacionales de los pequeños países. Sonó la campana y aquellos capitalismos nacionales que no lograron consolidarse o ampliarse a nivel regional comenzaron su agonía, ilusionados por la retórica imperial del libre mercado, sin sospechar que no habría libertad para todo mundo.

La competencia de los capitales mundiales comenzaron a formar bloque y a buscar como proteger sus propios mercados, a la vez que utilizaban con mayor agresividad los mecanismos comerciales y crediticios parea ahogar a las economías periféricas. El deterioro de los términos de intercambio y la usura internacional de la deuda externa e interna fue suficiente para que las corporaciones mundiales del gran capital lograran apropiarse de capitales empresariales y materias primas de los países periféricos. Pero eso no fue suficiente, pues por muy importante que sea producir y adueñarse de la producción, si no hay quien compre, el capitalismo se ahoga en sus propias contradicciones. No quedaba otra opción para quienes así sobrevivirían que crear mercados cautivos y regionales, al mismo tiempo que desmantelar las fronteras arancelarias del resto del mundo que lo permitiera.

El viejo capital mercantil, especulativo, antiproductivo, usurero y parasitario entró de nuevo en escena, forjando crisis financieras y saqueando las reservas de los países periféricos. Primero nos trasladaron sus excedentes en dinero, nos endeudaron y estimularon el endeudamiento fácil, después, una vez que la economía mostraban el riesgo de las desatinadas operaciones, vaciaron los bancos y se llevaron sus reservas, al final regresaron a rescatarnos, endeudándonos y comprando a precios de pirata lo que todavía quedaba de nuestras reservas económicas.

A estas alturas, el capitalismo financiero somete al capitalismo en su conjunto a crisis cada vez más agudas. Primero los capitalistas industriales y agropecuarios, empobrecieron a la gente, después los monopolios y comerciantes quebraron a la mayoría de las empresas, hoy el capitalismo bancario y especulativo quiebra países enteros, como Argentina, Rusia y otros países del sudeste asiático. El colmo de la evidencia de la crisis del capitalismo son las declaraciones de sus más lúcidos exponentes (Stiglitz, Soros, Greenspan), quienes señalan que el capitalismo financiero atenta contra la sobrevivencia del propio sistema capitalista.

4.   Aguila suelta contra palomas amarradas

En un mundo donde la competencia se ha vuelto insoportable hasta para la mayoría de los capitalistas. En un mundo donde la mayoría de los capitalistas ha engrosado las filas de los empobrecidos y el proletariado ha engrosado las filas de los desempleados y marginados. En un mundo donde ya no hay lugar ni para los estados nacionales, ni para las naciones. En este mundo vemos surgir gigantescas corporaciones, gigantescos conglomerados, gigantescos supermercados, quienes a su vez necesitan gigantescos estados para poder desarrollarse en la vorágine aterradora del capitalismo globalizado. Así como hace varios siglos asistimos al nacimiento de las ciudades-estados, después asistimos al nacimiento de los estados-naciones, hoy asistimos al nacimiento de los estados-mundiales, con ejércitos mundiales. Y todo eso necesita de mercados mundiales, pues toda la riqueza generada necesita realizarse y venderse en mercados de dimensión mundial.

La Unión Europea rompe los fuegos, desplaza las fronteras nacionales y conforma un bloque comercial que la prepara ventajosamente para la guerra de los grandes imperios que se avecina; al inicio de la gran carrera, el bloque socialista colapsa y sus mercados comienzan a trasladarse a la Unión Europea. Los países asiáticos aceleran la carrera y países como Japón, China y resto del sudeste asiático, avanzan vertiginosamente hacia un nuevo bloque comercial, compitiendo con las grandes y pequeñas economías occidentales. El águila norteamericana por su parte despliega la mayor de sus aventuras en el mundo entero y particularmente en América Latina.

Estados Unidos interviene las economías del tercer mundo, a través de los organismos internacionales que prestan y embargan a sueldo del tío Sam, minimiza y privatiza los estados a favor de las corporaciones mundiales, desarancela las fronteras nacionales, elimina toda protección a las burguesías y productores de la periferia, subsidia a sus grandes corporaciones y se desentiende de sus pequeños productores, decide adueñarse del petróleo, impone precios monopólicos a los productos del tercer mundo, inunda el mercado mundial con precios por debajo de sus costos, inflaciona el mundo entero cambiando dólares baratos por mercancías caras, en fin, impone ideológica, financiera y militarmente la política neoliberal: la mercantilización de la economía avanza sobre la mercantilización de la sociedad y de la vida entera.

En otras palabras, asistimos al final del libre comercio para los países latinoamericanos y del tercer mundo. El estado mundial interviene sus propias economías e interviene nuestras economías, el monopolio se impone y el libre comercio no es más que un juego de águilas sueltas contra palomas ciegas y amarradas.

5.   El infierno del capitalismo salvaje

Bajo esta ofensiva, colapsa el modelo agroexportador y las esperanzas del capitalismo nacional. Los productos tradicionales, como el algodón, el café, el banano, la carne, el azúcar, el pescado, etc., que circulan en el comercio mundial, se venden a precios que ni siquiera alcanzan para pagar los costos de producción, la agroindustria vinculada a estos productos colapsa igualmente, los empresarios locales pierden sus fincas, sus empresas y sus casas, el estado vacía sus reservas pagando los infinitos intereses de la deuda externa, los más astutos logran hipotecar sobrevaluadamente sus empresas, quebrando así a los bancos públicos y privados, otros se emplanillan en el gobierno y saquean lo que ha quedado del estado; por su parte, las bancas centrales se descapitalizan rescatando bancos quebrados, se privatizan los servicios de agua, luz, teléfono, educación, salud, seguridad, etc., suben los intereses de la deuda, suben las tarifas y los nuevos conquistadores instauran sus nuevos enclaves, esclavizando prácticamente a la mano de obra local y depredando lo poco que quedó de las épocas anteriores.

Una vez desmantelada la manufactura urbana y las empresas agroexportadoras del campo, las corporaciones multinacionales reclaman el estatus de zonas francas, la eliminación de los impuestos, la anulación de los derechos laborales, la promulgación de leyes protectoras de sus monopolios y la libertad para repatriar sus excedentes. Las asociaciones de la empresa privada se dan cuenta tardíamente que el cacaraqueado libre mercado y la desregulación no eran otra cosa que trampa internacional para bobos nacionales y que sin protección estatal no hay capitalismo nacional. La quiebra de los empresarios y el empobrecimiento de la población transforma aceleradamente nuestras economías, el campesinado migra del campo a la ciudad, las mujeres se prostituyen, los funcionarios de las instituciones públicas se corrompen, la clase política se vende al mejor postor y a sus mezquinas ambiciones, la delincuencia popular sigue el ejemplo de sus líderes y las asociaciones populares se oenegizan para distribuir salmos de consuelo a los más marginados.

Bajo la figura de la cooperación internacional y de la modernidad nos obligan a comprar sus excedentes de producción y a sustituirlos por los nuestros, dejándonos prácticamente sin saber qué hacer y qué producir. Los nuevos filibusteros se amparan hasta de los negocios más pequeños, entre ellos, las pulperías y los casinos, la salvación de las almas y la venta de confites, zapatos y calzones, después siguieron con la carne, la leche en polvo, las verduras, hasta que llegaron al maíz y la tortilla. Los campesinos empezaron a descapitalizarse, el microcrédito llegó a quitarles la última vaca, el último cerdo y la última gallina. La pobreza se convirtió en hambre y la sobreexplotación de sus familias se acompañó del empobrecimiento de los suelos.

Nuestros países empezaron a ser deficitarios de alimentos que producían desde hace miles de años. La desnutrición, las enfermedades y el hambre misma, comenzaron a ser estudiadas con el objetivo de vendernos la medicina contra el atraso, nuestros intelectuales y consultores, graduados en la morgue de los organismos financieros, se convirtieron en especialistas para describir cadáveres, negocio súper rentable pues mientras más cadáveres contaran más caros se pagaban sus consultorías.

6.   Nuestro único producto de exportación son las drogas y las cabezas negras

Cada día que pasa, producimos menos alimentos y cada día que pasa, compramos más alimentos, pero si no podemos producir ni vender nuestros alimentos, nos quedamos sin dinero ni para comprar alimentos. Lo único que nos compran son drogas: cocaína y marihuana. Producimos drogas, procesamos o empacamos drogas, traficamos distribuimos drogas, en fin, recorremos el continente entero de sur a norte, como peones de los distribuidores norteamericanos.

La gente que vino del campo porque no puede seguir viviendo en el campo, emigra hacia los Estados Unidos y mantiene a los que se quedan. Junto con la droga, los cabezas negras se han convertido en el principal producto de exportación y de empleo, y las remesas familiares se han convertido en la principal fuente de divisas, sobrepasando las sumas de la cooperación internacional y de las inversiones extranjeras.

El negocio fácil se ha convertido en la droga de la gente civilizada y la droga se ha convertido en el mejor de los negocios de esta civilización. Nos llaman drogadictos porque ofrecemos drogas que ellos demandan y nos militarizan el territorio porque no somos capaces de erradicar la drogadicción.

Ante esta situación, las águilas de la Casa Blanca recurren de nuevo a los halcones del Pentágono para sofocar la ingobernabilidad del subcontinente latinoamericano. Los milenarios campesinos productores de coca son acusados de narcotraficantes, los regímenes nacionalistas son llamados populistas, el rubro militar de la cooperación internacional sobrepasa los créditos al desarrollo, los funcionarios de los gobiernos latinoamericanos son chantajeados y amenazados con deportarlos a las cárceles imperiales si no aceptan la presencia militar norteamericana, y los gobiernos democráticamente electos que no comulgan con Washington son acusados de terroristas e invadidos militarmente por las tropas norteamericanas.

7.   ¿Qué ha quedado del capitalismo nacional?

El mundo se globaliza bajo la ofensiva de las grandes corporaciones y conglomerados mundiales, y bajo la orientación de la doctrina neoliberal, donde todo mundo tiene que abrir las piernas para que el corazón imperial siga palpitando e irrigando su sangre por el mundo entero: el american´s way of blood. Del capitalismo nacional quedan uno que otro empresario, luchando por sacar lo más que pueda antes de irse a vivir a los centros metropolitanos del imperio. Queda un grupo de medianos productores, testigos impotentes de lo que pudo haber sido y no fue. Queda una economía popular compuesta por campesinos y trabajadores urbanos que no son ni empresarios ni trabajadores asalariados, a quienes se les llama trabajadores por cuenta propia o microempresarios, según el origen ideológico del apelativo. Esta economía popular, no capitalista, es la responsable de la sobrevivencia de lo que queda de la nación, unos produciendo alimentos, otros generando divisas, dentro y fuera del país, unos viviendo y muriendo en el campo, otros viviendo y muriendo en la ciudad.

Cuando decimos que asistimos al colapso del capitalismo nacional, nos estamos refiriendo al peso que nuestros gobiernos tienen en la protección de nuestra economía, al peso que los empresarios tienen en la elaboración de las políticas económicas y sociales nacionales, al peso que nuestras economías nacionales tienen en el destino de nuestras sociedades, en fin, al peso que nuestra economía nacional tiene en el territorio nacional, fuera de los enclaves o conglomerados extranjeros que de nacional sólo tienen el nombre o el apellido.

Claro está que todavía no ha migrado toda la población, aunque se estima que algunos países tendrán en los próximos años a la mitad de la población fuera de sus fronteras. La población que todavía queda en los campos latinoamericanos presiona por irse a la ciudad, trampolín para después emigrar al extranjero. Para los migrantes o cabezas negras, la consigna es migrar o morir, aunque para migrar tengan que morir. No parece fácil sin embargo pensar que toda la población tendrá que emigrar, mucho menos fácil sería pensar que toda la población del campo encontrará trabajo en las zonas francas enclavadas en algunas ciudades latinoamericanas. Lo que no parece difícil es imaginarse que lo que tendremos es más de lo mismo: hacinamiento urbano, menos servicios, más marginalidad y más delincuencia, lo que hará casi insoportable que sobrevivamos todos, sobre todo con el nivel de agresividad con las cuales nuestros medios de comunicación y los discursos neoliberales estimulan la competitividad y el consumismo en la juventud. Tampoco parece difícil imaginarse el nivel de represión, local o importada, que tendrá que haber para sofocar la conflictiva cotidianidad que vertiginosamente crece en el continente.

El capitalismo nacional periférico no fue capaz de resistir al capitalismo globalizado, tampoco es capaz de impedir la depredación y desertificación del capitalismo salvaje, quien, desprovisto de toda censura, amenaza con reducirnos a polvo primitivo y marginado. Ahora le toca el turno al capitalismo globalizado, quien se precipita por la senda de la competencia destructiva y suicida. El mismo capitalismo que hoy juega su última carta de concentración y centralización económica, a través de los tratados llamados de libre comercio, pero que en realidad lo que hacen es preparar la última estacada para monopolizar el comercio y quitarle la poca libertad que todavía tenía, al menos para los capitalistas de las naciones periféricas.

8.   El jaque mate norteamericano al libre comercio de América Latina

El tratado de libre comercio para los americanos del norte, especialmente para los Estados Unidos, ya comenzó y es muy sencillo. En primer lugar subsidian a las grandes corporaciones agropecuarias y protegen arancelariamente a las no menos gigantescas corporaciones industriales, con lo cual contribuyen a la concentración de sus propios capitales, prueba de lo cual es la expulsión del mercado de la mayoría de los granjeros norteamericanos. En segundo lugar excluyen de los tratados con Latinoamérica la libre circulación de mano de obra desde el sur hacia el norte, en otras palabras la libre circulación de los cabezas negras, salvo de aquellos profesionales que les interese. En tercer lugar excluyen de los tratados los bienes agrícolas que podrían competir con productos similares producidos en Estados Unidos. En cuarto lugar obligan a los países latinoamericanos a abrir sus fronteras, dejando pasar libremente y sin ningún impuesto, cualquier mercancía que venga de los Estados Unidos. En quinto lugar obligan a los gobiernos latinoamericanos una legislación que permita monopolizar el uso de todo conocimiento que pueda ser patentizado, logrando así el sueño de todo capitalista, como es tener el monopolio de todo lo que exista entre cielo y tierra, exigiendo un peaje por sus servicios, regresando así a los orígenes rentistas y usurarios del capitalismo. A partir de entonces, habrá enriquecimiento, habrá renta e intereses, pero no podríamos hablar de capitalismo. En sexto lugar obligan a los gobiernos latinoamericanos a mantenerse en la órbita del dólar y vender todo lo que ha quedado del sector público a las corporaciones mundiales. Finalmente, quieren que toda la población pensante latinoamericana repita y enseñe a repetir que los tratados comerciales son la mejor manera de lograr en pocos años el bienestar que los Estados Unidos han logrado en un siglo de inmisericorde pillaje.

El tratado ya está en marcha, nuestros ministros y la mayoría de nuestros intelectuales ya están celebrando los logros del tratado, desanimando y desaconsejando toda resistencia o propuesta alternativa, cobrando de una manera u otra por los servicios de persuasión patriótica. Para ellos rechazar los términos políticos, económicos o culturales del tratado no es ninguna propuesta, sino pura intransigencia primitiva o intolerancia ideológica. Los más sensibles, se aprestan a susurrar a diestra su última máxima: si no podemos evitar la violación, tenemos que aprovecharla de alguna manera, si tenemos que morir, para qué suicidarnos de antemano.

No debiéramos, sin embargo, quedarnos con la impresión de que todo se ha perdido y que no existe resistencia alguna frente a la globalización neoliberal. Existe resistencia, aunque no se conoce o no se divulga lo suficiente. Nosotros deberíamos comprometernos a indagar, divulgar y solidarizarnos con las experiencias de resistencia, luchas y logros de la economía popular. Solidarizarnos con la revolución cubana y con el presidente Fidel Castro, en resistencia frente a la agresión del gobierno norteamericano desde hace casi cincuenta años; conocer sus logros en materia de salud y educación, a pesar del bloqueo. Solidarizarnos con la resistencia del pueblo venezolano a la cabeza de un régimen que ganó las elecciones con más del 70 % de los votos, conocer y divulgar el programa del presidente Chávez, así como los logros de la revolución bolivariana en materia de reforma agraria y servicios sociales. Divulgar el triunfo electoral del presidente Lula, obrero y líder sindical, quien ha militado toda su vida contra el capitalismo y las injusticias contra el pueblo brasileño, quien acaba de ganar las elecciones en el país más grande de América Latina, con cerca del 60% de los votos con un discurso contra la globalización neoliberal. Conocer y divulgar la insurrección cívica victoriosa acaecida en Costa Rica en los últimos años, contra la privatización de los servicios básicos. En fin, conocer las luchas de resistencia de los movimientos sociales latinoamericanos, contra la represión gubernamental, contra la injerencia norteamericana, contra la globalización neoliberal, y a favor de nuevas experiencias de gestión social de la economía y de la sociedad. Asimismo, debemos estudiar la historia política de las invasiones de los marines norteamericanos contra todos los movimientos revolucionarios latinoamericanos desde la revolución mexicana hasta la revolución sandinista.

9.   ¿Por qué se estudia tanto a los pobres?

Nunca los ricos han estudiado tanto a los pobres como ahora. Gran parte del dinero que los países ricos nos prestan es para realizar estudios cada vez más caros para estudiar a los pobres.

Ahora sabemos donde están los pobres, cuántos son, cuáles son sus características, cuánto pesan, cuál es su talla, qué comen y qué no comen, cuántas son mujeres y cuántos son hombres, cuántos son niños y cuántas son niñas, cuáles son sus principales enfermedades y cuáles son causas de muerte, cuál es el pensamiento de los pobres, qué necesitan los pobres, cuántos pobres tiene cada país, cómo afectan los fenómenos naturales a los pobres, cuántas vitaminas les faltan a los pobres, etc. Se hacen concursos de fotografía y los gana quien mejor capta el drama de la pobreza: un niño hambriento, unos buitres comiéndose a una niña que todavía no había muerto, un río contaminado matando a los campesinos del lugar, etc... El país más pobre, más desnutrido, más analfabeta, más enfermo, obtiene estímulos y hasta premios por parte de organismos de beneficencia.

Se estudia todo, menos el origen de la pobreza. Y cuando se habla del origen de la pobreza se señalan de nuevo las características de la pobreza. Se dice que los pobres son pobres porque son analfabetas, porque están desnutridos, porque no tienen ingresos. Aunque en realidad todo eso no es más que la consecuencia de ser pobre.

Las instituciones financieras internacionales proponen políticas para los pobres. Ayuda en alimentos, comprada a las corporaciones que no saben qué hacer con sus excedentes alimentarios. Los gobiernos montan programas para entregar un vaso de leche y una galleta para los más pobres.

Pero resulta que los pobres producen gran parte de la riqueza generada por el mundo entero. En Nicaragua, los productores de maíz y frijol son pobres. Los criadores de ganado vacuno y gallinas son pobres, los productores de huevos son pobres. Los transportistas son pobres. Las cooperativas de crédito y los pequeños comerciantes son pobres. Las mujeres que cuidan a los niños y gracias a las cuales los niños sobreviven son pobres. Los productores de hortalizas son pobres. Los trabajadores de las zonas francas que enriquecen a las grandes corporaciones son pobres. Producen la riqueza, pero los grandes empresarios les drenan a través del mercado todos sus excedentes.

Por qué entonces los estudiamos como pobres y no como productores. Si los estudiáramos como productores, las recomendaciones serían otras, las políticas propuestas para detener el empobrecimiento serían otras. Si estudiáramos por qué siguen siendo pobres, a pesar de que generan gran parte de la riqueza, otro gallo les cantaría. Serían considerados como sujetos de crecimiento y de desarrollo.

¿Qué pasaría si a los empresarios de los países empobrecidos los estudiáramos a partir de sus calamidades? Si habláramos de la cantidad de millones de empresas que quiebran todos los días. Si habláramos de los préstamos, las hipotecas, los embargos, las subastas, los rescates bancarios que el estado ofrece a los empresarios, las dobles contabilidades, los fraudes, el tráfico de influencia, la coima y la corrupción de la empresa privada nacional y de las grandes corporaciones internacionales, la contaminación del medio ambiente por los desechos de las empresas irresponsables, la sobreexplotación de los recursos humanos y naturales, la evasión de impuestos, etc. El resultado sería que nadie apostaría a la empresa privada como sujeto de desarrollo, no habría subsidio, no habría incentivos fiscales, ni préstamos con bajos intereses.

Deberíamos, pues, cambiar las cosas. Estudiar a los pequeños productores como el gran potencial que tienen nuestros países, buscar cómo detener su empobrecimiento. Invertir en el mundo de los pequeños productores, en tecnología, educación, caminos, centros de salud, electricidad, etc, tal como se hace con los ricos empresarios. Estudiar quien produce más y más barato, quien contamina más el medio ambiente, quien está más cerca de las necesidades humanas y quien más cerca de los desastres humanos, quien paga más impuestos y quien cuida más a los niños de todo el planeta. Incorporar a las cuentas nacionales lo que producen esos pequeños productores que nosotros conocemos como pobres y para quienes el Banco Mundial recomienda el vaso de leche y la galleta.

Si hiciéramos eso, las cosas comenzarían a ser diferentes. Lamentablemente, catalogarlos y tratarlos como pobres se ha convertido un negocio más para las empresas transnacionales que venden sus excedentes a sus gobiernos para enviarlos al tercer mundo como ayuda a los pobres. Igual negocio significa para las consultoras internacionales seguir realizando indefinidamente estudios sobre la pobreza.


10.   Soberanía alimentaria, economía popular y desarrollo nacional

En relación a los tratados comerciales, a la ofensiva privatizadora y al desmantelamiento de la protección nacional, debiéramos concertar algunos puntos comunes que nos permitan escalar una nueva identidad de la lucha revolucionaria latinoamericana. A manera de ilustración, sin querer agotar las posibilidades o iniciativas, interesados más en encontrar formas de articular intereses, señalamos algunas banderas, eminentemente propositivas como lo exige la incredulidad nacional.

a) En primer lugar, tenemos que hacer lo que hizo la sociedad civil costarricense y otras sociedades civiles latinoamericanas: abandonar la culpabilidad y rechazar la privatización del estado, de las empresas nacionales y de los servicios públicos.

b) En segundo lugar, organizar la participación de las organizaciones populares de la sociedad civil en los debates y aprobaciones de las políticas presupuestarias, fiscales y demás leyes de interés general, denunciando y deslegitimando la representación de los actuales gobiernos, preparando así un movimiento de desobediencia civil contra la desnacionalización de nuestra soberanía. Exigir la conformación de una comisión mixta Gremios-Gobierno, con carácter deliberativo y decisorio en toda negociación comercial de carácter internacional. Pero no encasillarnos ni limitarnos al tema de la protección arancelaria (que dicho sea de paso, ha descendido del 40% al 5% en su promedio), sino aprovechar esta discusión y esta movilización para construir una estrategia alternativa.

c) En tercer lugar, vincularnos, establecer alianzas y fomentar la organización de los gremios productivos y de todas las posibles identidades que puedan incorporarse con alguna dignidad. Aprovechar el sentimiento de fraude y estafa que empieza a aflorar entre muchos empresarios nacionales, quienes apenas ayer gritaban vivas al libre mercado y al libre comercio, mientras que ahora se quejan de la competencia desleal y lloran el embargo y/o subasta de sus propiedades. No se trata de creer, reaccionariamente, que nosotros podemos salvar al capitalismo nacional, frente a la ofensiva del capitalismo globalizado, sino que se trata de contribuir a un proceso donde las víctimas se transformen en luchadores de un nuevo modelo, nacional y popular, de acumulación y desarrollo.

d)  En cuarto lugar, trabajar por un proyecto inmediato de soberanía alimentaria, puesto que, junto a la energía y la construcción, los alimentos constituyen el principal eje de acumulación y por tanto la base estratégica para cualquier esquema de desarrollo nacional. Todos los países desarrollados subsidian y favorecen la producción y disposición de alimentos como la primera tarea de seguridad nacional. Para nosotros es doblemente estratégico, pues la producción, procesamiento y distribución de alimentos está en manos de la economía popular, es decir, de una economía campesina y urbana por cuenta propia, gracias a la cual toda esta mayoritaria gente todavía se alimenta. Tenemos que desenmascarar aquellas posiciones que condenan la soberanía alimentaria bajo el argumento de que nuestros campesinos no son competitivos, por su atraso y pobreza, sin decir que precisamente el atraso y la pobreza es producto del abandono y marginalidad en que los tienen el intercambio desigual y las políticas neoliberales del norte. El debate sobre la alimentación y el papel estratégico que tienen las familias campesinas, los pueblos indígenas y las comunidades étnicas, es nuestra prueba de fuego acerca de la acertada orientación y conducta de quienes queremos cambiar las cosas a favor de nuestros pueblos. Propongamos y propongámonos defender algo que todavía existe, como es la producción campesina de alimentos, la participación de la población popular urbana en el procesamiento, distribución y consumo de alimentos. El procesamiento de alimentos precedió y fue escuela del desarrollo industrial de la mayoría de los países hoy industrializados. Exijamos la capitalización inmediata de las familias campesinas, a través del suministro inmediato de un paquete productivo alimentario valorado en USA 1.000 (mil dólares) para cada familia campesina de América Latina, administrado por las comunidades o cooperativas, entregado individualmente en especie a cada familia, concedido en propiedad a las mujeres, quienes se comprometen a regresar, en especie o en dinero, el 40% del valor de los bienes, para conformar con ello un crédito revolvente que los libere de la usura y la especulación comercial.

Exijamos la capitalización de la pequeña industria, procesadora de alimentos y de bienes básicos en general, creando un fondo de crédito industrial equivalente a USA 1.000 (mil dólares) por familia, para quienes hoy por hoy generan el 90 % del empleo urbano e industrial de nuestras economías, para ser administrado por instituciones mixtas entre el gobierno y los gremios o cooperativas urbano-industriales de estos trabajadores por cuenta propia. Según la experiencia de algunos países donde estos programas ya están en marcha, la suma total que tendría que destinarse apenas sobrepasa el 25% de lo que las instituciones oficiales dicen que se pierde por corrupción confesa y registrada cada año en cada uno de nuestros países. En relación a los países sedes de los funcionarios que nos aconsejan sobre lo que tenemos que hacer, esta suma para capitalizar a la economía popular apenas equivale al 3% del subsidio mensual que los productores norteamericanos y europeos reciben para sostener su estrategia de soberanía alimentaria y de seguridad nacional. Acompañemos estos programas, vinculándonos y trasladando el vigor y la cultura técnico-científica de nuestros profesionales y estudiantes hacia la economía campesina y hacia la economía urbana por cuenta propia. Acompañemos estos programas de acumulación de la nueva economía popular, con todos los nuevos enfoques de género, multiétnicos, agroecológicos, asociativos y autogestionarios, empoderamiento local de las comunidades y de las asociaciones territoriales, práctica participativa de aquellos sectores de la sociedad civil que están necesitados y dispuestos a luchar por vivir de otra manera.

e) En quinto lugar, disponer de una oficina en los consulados latinoamericanos en Estados Unidos para atender a nuestros hermanos migrantes. Rebajar la cuota por servicios que las gigantescas corporaciones cobran para enviar las remesas familiares. Cobrar un impuesto a estas corporaciones para beneficiar a los migrantes, quienes con sus remesas hacen posible la sobrevivencia de la mayoría de nuestros compatriotas.

11.   La organización alrededor de un proyecto social sigue siendo el principal patrimonio de los pobres y de las clases populares

La concientización, la organización y la movilización alrededor de sus intereses, siguen siendo el principal patrimonio de lo pobres, marginados, reprimidos y explotados. Sin una lucha política contra la realidad que los oprime, sin un proyecto social a favor de sus intereses, sin una estrategia para trabajar por el desencadenamiento y consolidación de su propio proyecto, todo seguirá por el camino de siempre. La mayor parte del tiempo, los pobres se entusiasman, organizan, movilizan y luchan, aparentemente en favor de sus intereses, pero en realidad terminan apoyando y sacrificándose por un proyecto social ajeno a sus intereses. En América Latina, la mayoría de los pobres votan por partidos conservadores, reaccionarios y hasta contrarrevolucionarios. Y toda esta historia es debida en gran parte a la falta de visión de los líderes políticos populares y a la poca importancia que hemos concedido a los valores universales, así como a nuestros equívocos discursos: condenamos la libertad del capital para asesinarnos y nuestros pueblos escucharon que condenamos la libertad; condenamos la concentración de la propiedad y nuestros pueblos escucharon que condenamos la propiedad en su conjunto, incluyendo la propiedad de su bienes familiares; condenamos el contubernio de los jerarcas de la iglesia con las dictaduras militares y nuestros pueblos escucharon que condenamos las creencias religiosas; por otro lado, nos entusiasmos tanto con los fines de la lucha que descuidamos la forma, cayendo muchas veces en francas y ásperas actitudes intransigentes y sectarias, debilitando así la imagen de nuestra propia ideología. No siempre logramos distinguir el valor material de los ricos o capitalistas y los valores espirituales realmente existentes, compartidos por ricos y pobres de todos los estratos sociales; no siempre logramos distinguir la situación económica de los pobres de la posición ideológica de los pobres; en fin, no siempre logramos distinguir las reglas de la lucha económica, de las reglas de la lucha ideológica y de las reglas de la lucha política y social.

Tenemos que empezar a debatir todo de nuevo, sabiendo que el principal árbitro de nuestras razones, proyectos o esperanzas sigue siendo la opinión pública o el sentido común de la mayoría de la población, sabiendo que tenemos que buscar acuerdos y consenso en todos los universos posibles, acuerdos en nuestra familia, acuerdos en nuestras organizaciones, acuerdos en nuestras comunidades, acuerdos en nuestras naciones, en fin, acuerdos que van sumando y que van agrupándose alrededor de un proyecto social cada vez más amplio, conscientes de que la guerra sólo se gana de batalla en batalla y que la guerra no es contra la gente, sino contra las instituciones, pensamientos, actitudes o relaciones de poder que sacrifican a la gente. Cada clase y cada comunidad de intereses tienen el derecho de mantener su propia concepción y estrategia, pero todas y cada una tiene que tener aunque sea un pedazo de sentido mayor para converger en acuerdos cada vez más comunes.

Aprovechemos, pues, este debate y esta jornada de lucha, para someter a prueba nuestra capacidad de sumar fuerzas frente al adversario común. Junto a las medidas señaladas en los puntos anteriores o junto a otras medidas, debemos desatar la mayor de las alianzas políticas que nos permita combatir nuestro trasnochado y atomizador sectarismo, enrumbando prioritariamente nuestras energías contra el jaque mate que los Estados Unidos están a punto de asestar al libre comercio o a la protección económica, social, política y cultural de nuestra soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria no es solamente una estrategia de sobrevivencia, no es solamente la principal base del desarrollo de la economía popular, en estos momentos se convierte en el centro de la disputa por la hegemonía u orientación del desarrollo nacional. Unos diciendo que sin desarrollo (capitalista) de nada sirve la alimentación, otros diciendo que sin alimentación (para los pobres) de nada sirve el desarrollo de los ricos. Unos diciendo que el desarrollo es crecimiento de las exportaciones, otros diciendo que las exportaciones en manos de los exportadores y en beneficio de los exportadores, tal como ha pasado desde hace quinientos años, sólo hace crecer la brecha entre ricos y pobres. Unos diciendo que el crecimiento y enriquecimiento de las empresas y de los empresarios equivale al bienestar de la gente, otros diciendo que el crecimiento de las empresas o de la economía no necesariamente equivale al bienestar de la gente.

* El autor es Doctor en Economía Política por la Universidad de París, Director del CIPRES y Miembro de la Asamblea Sandinista. Ha publicado más de 25 libros en español, inglés, francés, portugués e italiano, y ha recibido diferentes reconocimientos a nivel nacional e internacional.