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El democraticidio de los Estados Unidos en Irak
Orlando Núñez Soto

Hablamos de democracia en la medida que la ciudadanía de una nación esté regulada por leyes e instituciones propias, sin arbitrariedades internas ni interferencias externas. En una sociedad democrática nadie está por encima de la ley, ninguna fuerza nacional, mucho menos una fuerza extranjera.

Difícilmente, pues, podríamos concluir que una nación ocupada por una fuerza invasora tenga posibilidades de ejercer la democracia, como es el caso actual de la nación irakí.

Por democraticidio entiendo el genocidio perpetrado sobre los ciudadanos de un país, al ser impedidos por medio de la destrucción física de sus pobladores para ejercer el poder interno o poder de su pueblo (democracia) para autodeterminarse, no importando si el exterminio sistemático de dicha nación se hace en nombre de la democracia o esté siendo ejecutado por una nación democrática. Más aún, una nación democrática como los Estados Unidos, que externamente comete un genocidio para con los ciudadanos de un país intervenido, pone en entredicho su propia democracia y la de los demás, siendo éste el caso de la nación y el gobierno estadounidenses.

Las tropas gringas invadieron y ocuparon militarmente Irak bajo tres argumentos.

En primer lugar, acusaron al gobierno de Sadam Hussein de tener vínculos terroristas con la organización internacional Al Qaeda, dirigida ésta última por el ex-agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el famoso Bin Laden..

En segundo lugar, acusaron y decidieron castigar al gobierno de Irak por tener armas de destrucción masiva, las que, según el gobierno de Bush, pensaban poner a disposición de las organizaciones terroristas.

Finalmente, dijeron que a pesar de las mentiras anteriores, reconocidas por el mismo gobierno estadounidense, la invasión se justificaba por la imperante necesidad de imponer la democracia en Irak y el mundo entero.

Una vez desplazado Sadam Hussein del gobierno, la población comenzó a resistir la ocupación extranjera, apelando al simple derecho a la soberanía o autodeterminación nacional. La resistencia patriótica fue inmediatamente bautizada como terrorista. La matanza de la población civil fue registrada como daños colaterales de la moderna cruzada por la libertad, la democracia y la civilización occidental; argumento esgrimido por todas las potencias y actos intervencionistas, desde la conquista y colonización europea de los pueblos del mundo entero, hasta las intervenciones militares perpetradas por el gobierno estadounidense en la era de la globalización.

Después de cada genocidio a la naciente ciudadanía de las recientes naciones, la historia registra los verdaderos motivos de los invasores. Ayer fue el oro, hoy es el petróleo. La diferencia hoy en día es que los invasores no tienen empacho en confesarlo, como ha sido abiertamente admitido por el presidente Bush, el vicepresidente Cheney y todos los empresarios que como buitres llegaron después de aquel democrático genocidio. Digo democrático porque cada ciudad y cada pueblito irakí han tenido el mismo privilegio cívico para ser bombardeado.

El genocidio de los ciudadanos irakíes supera todos los genocidios conocidos y reconocidos por los propios funcionarios estadounidenses cuando se encuentran en retiro. Ciudades enteras están siendo bombardeadas indiscriminadamente. Decenas de miles de ciudadanos caen como moscas rociadas por un poderoso veneno. Y el gobierno norteamericano sigue explicando y comentando aquel genocidio como un mal menor en su lucha contra el terrorismo. Crimen impune contra una nación castigada por reclamar su soberanía.

Esta es la democracia global impuesta por el gobierno estadounidense al mundo entero. Esta es la democracia global que los asesores del presidente imperial recomiendan ahora para Siria, Irán y Arabia Saudita, en su afán por apoderarse del petróleo existente en cada cuenca petrolífera de nuestro universo conocido. Esta es la receta de democracia y genocidio incorporada por el gobierno estadounidense a su doctrina de democracia global. El colmo del cinismo es que en nombre de la guerra contra el terrorismo los Estados Unidos están no solamente asesinando literalmente al pueblo irakí, sino destruyendo internamente la propia democracia norteamericana. Lejos, pues, de contribuir a construir la democracia en el mundo, los Estados Unidos están destruyéndola, sumiendo a los pueblos en guerras genocidas y fraticidas, destruyendo asimismo a los ciudadanos destinados a ejercerla.

Torcidos los pueblos que tengan riquezas naturales codiciadas por el imperio, porque la guerra preventiva les llevará el genocidio a sus ciudadanos, malaventurados los que anhelen libertad y soberanía, sea para el prójimo o sea para sí mismo, porque serán tratados como terroristas.