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Movimiento por Nicaragua ¿o por los banqueros de Nicaragua?
Orlando Núñez Soto

Desde hace varios años existe un empeño por parte de algunos líderes políticos e intelectuales para formar un movimiento llamado Movimiento por Nicaragua. No es que estos líderes no tengan intereses particulares, gremiales, partidarios o de clase, sino que es mucho más inteligente hablar en nombre de todos que en nombre de la particularidad a la que se pertenece.

Lo anterior no quiere decir que no existan intereses generales o comunes, tales como la soberanía nacional, la gobernabilidad, la seguridad social, la pobreza y otros tantos asuntos que afectan a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, nadie puede adjudicarse la representatividad de tales banderas, aunque perfectamente se puede abogar y trabajar por ellas.

Recientemente, algunas personas, representantes de diversos pensamientos, fuimos invitados a un foro social, cuyo fin explícito era debatir los problemas más sentidos por los segmentos poblacionales a quienes representábamos. Asistimos de buena fe y nos dedicamos a exteriorizar nuestros planteamientos y consideraciones, los que en la mayoría de los casos versaron sobre el desempleo, la pobreza y el fracaso de las políticas generales del gobierno. Horas después e intempestivamente nos invitaron a una manifestación contra los partidos sandinista y liberal, donde los más entusiasmados eran dirigentes del gobierno, del APRE, del partido conservador, así como líderes muy connotados de la empresa privada presentes en el foro, lo que provocó un desmoronamiento de la convocatoria y de muchos de los asistentes, quedando la reunión reducida a unas ciento cincuenta personas.

A pesar de lo que pasó en el foro, días después aparecieron públicamente las mismas personas y el mismo discurso progubernamental a los que nos tienen acostumbrados algunos medios de comunicación antiliberales y antisandinistas, lo que por supuesto no es ningún delito en una sociedad democrática como la que estamos construyendo. El problema para quienes querían legitimar sus planteamientos con aquella reunión es que nos invitaron a un foro y decidieron formar un movimiento, nos hicieron plantear nuestro parecer y sólo reflejaron el suyo, aparecieron como portavoces de la sociedad civil, cuando apenas son portavoces cívicos del gobierno y de las ciento cincuenta personas que se quedaron en el recinto.

Después nos dimos cuenta que el objetivo central del Movimiento por Nicaragua no es más que una forma velada para defender los intereses de los banqueros, recientemente afectados por las reformas constitucionales. Decimos esto porque el centro de la inconformidad con las reformas relacionadas no parece girar alrededor de la ley de las cooperativas, el 6% para las universidades, la transferencia del 6% para los municipios, ni siquiera la ratificación parlamentaria de los ministros nombrados por el gobierno, medida existente en muchos países, incluyendo los Estados Unidos, meca ideológica de los banqueros nicaragüenses. Otro argumento que en algún momento se esgrimió en círculos de algunas de las organizaciones de la sociedad civil, fue que este Movimiento por Nicaragua estaba motivado por la lucha contra la corrupción, sin embargo, recientemente hemos leído las declaraciones de algunos de los líderes más connotados del Movimiento, banquero a la vez, de que el gobierno debiera de declarar una amnistía para el doctor Alemán, con el fin de parar las reformas constitucionales, lo que echa por tierra las susodichas motivaciones.

Relacionado con esta estratagema, los líderes del Movimiento por Nicaragua han decidido usufructuar para sus intereses ideológicos el recién renovado concepto de sociedad civil, en tanto que apelación a formas, funciones o sujetos que abogan por el consenso social, o al menos por prácticas de entendimiento y resolución de conflictos en base a regulaciones comunes. Apelación o práctica que no está cerrada para nadie, ni siquiera para los funcionarios militares del estado, pues la sociedad civil es precisamente el derecho a disputar la hegemonía por métodos civilizados. Lo que no parece inteligente y además se convierte en un fraude, es el empeño de algunos líderes en adjudicarse la representatividad de la sociedad civil, es decir, de la ciudadanía en general. Dentro de esta misma estrategia, algunos líderes del Movimiento por Nicaragua, suelen revestir su alocución bajo una connotación ética, apelación que se ha desgastado por su mal uso, pues hasta ahora sólo ha servido como mecanismo oral para descalificar al adversario político.

Personalmente creo que es cívicamente saludable la formación de foros para debatir los problemas comunes que a todos nos aquejan, siempre y cuando olvidemos las prácticas ancestrales de manipulación a la dignidad de las personas. Deberían estos ciudadanos tomar en cuenta que Nicaragua está cambiando políticamente y que la democracia de papel del escenario mediático, a la que están acostumbrados, no es suficiente para influir en la opinión pública nacional, como ha sido mostrado hasta la saciedad por las últimas encuestas realizadas en las urnas electorales. Con dicho comportamiento, están agotando la erosionada credibilidad del gobierno y de la oligarquía a quien representa, la frágil confianza que todavía existe entre los y las nicaragüenses, así como la achicada cuota de honorabilidad de algunas de las personas que todavía participan de buena fe en tales malabares políticos.

Creo que este otro Movimiento por Nicaragua, ha sido otra oportunidad perdida para los que creemos que independientemente de nuestras particulares posiciones políticas o religiosas, deberíamos aceitar el hábito del debate y la esgrima de nuestras contrapuestas ideas, única manera para forjar consensos que, aunque parciales, puedan fortalecer el delicado proceso de gobernabilidad nacional.