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Sandinismo, liberalismo
y neoliberalismo
Orlando Núñez
Soto
En nuestra Nicaragua actual existen tres fuerzas
políticas que se disputan el poder, los
espacios del mercado y la convocatoria social,
a saber, el sandinismo, el liberalismo y el neoliberalismo.
El sandinismo proviene de Sandino y Sandino proviene
a su vez del liberalismo y de una ruptura con
el liberalismo. Y es que en Nicaragua ha sido
difícil ser consecuentemente liberal o
estar por la soberanía nacional, sin entrar
en contradicciones con el gobierno norteamericano.
Históricamente, el liberalismo se presenta
definitivamente en sociedad durante la revolución
de Zelaya, en lucha contra las fuerzas conservadoras,
subordinadas éstas a la hegemonía
norteamericana. Zelaya es desplazado del poder
por la eterna coalición conservadora compuesta
por la intervención yanqui y la oligarquía
criolla. Sandino rescata la soberanía y
el antiintervencionismo que los liberales deberían
haber enarbolado, hasta que una coalición
de todas las fuerzas (conservadoras, liberales
y norteamericanas) lo asesinan y traicionan su
patriotismo. Después de Sandino, el liberalismo
se ha movido en una contradicción permanente:
adversar a la oligarquía sin divorciarse
de los Estados Unidos, sabiendo que para los Estados
Unidos, las fuerzas conservadoras de la oligarquía
son, en última instancia, la garantía
de sus intereses, al igual que el gobierno norteamericano
es la garantía para las fuerzas conservadoras
criollas. Somoza pudo lograrlo, hasta que una
coalición encabezada por el sandinismo,
y apoyada por la oligarquía y por los Estados
Unidos, decidieron sacarlo del poder.
Hasta ahora, las fuerzas conservadoras no han
tenido otro norte que los intereses del grupo
de familias más acomodadas, adineradas
o capitalizadas del país. En un momento
fueron los terratenientes, después se expresó
como el gran capital, hoy en día lo representan
las corporaciones extranjeras, esta vez no como
enclave o fuerza de ocupación, sino como
la principal fuerza operando y operante en el
país. Puede decirse que ahora la oligarquía
tiene por fin una ideología, conocida como
neoliberalismo, con lo cual representan políticamente
a las fuerzas más avanzadas del capital:
el capital de las corporaciones transnacionales,
aunque con ello hundan para siempre toda posibilidad
de un capitalismo nacional y por lo tanto de una
burguesía nacional. Sin embargo, la hegemonía
neoliberal, liderada en lo económico por
las corporaciones extranjeras y sus representantes
locales, y representada políticamente por
la oligarquía conservadora y sus profesionales
educados en el neoliberalismo norteamericano,
no gobierna sin contradicciones.
Después de Somoza, llegó la revolución
sandinista, rescatando la soberanía nacional
que el liberalismo de Zelaya no pudo mantener.
El sandinismo revolucionario del FSLN le agregó
un ingrediente más al ajedrez regional,
como fue la influencia socialista, con lo cual
esperábamos superar las limitaciones del
liberalismo criollo y avanzar hacia el desarrollo
y bienestar del país. Pero como dijo un
dirigente campesino sandinista, citando a otro
dirigente campesino de la Resistencia Nacional
o Contrarrevolución: "a ustedes los
usó la oligarquía para quitar a
Somoza y a nosotros nos usó para quitarlos
a ustedes". Otro dirigente de la Resistencia
Nicaragüense me dijo, apenas una semana después
de la derrota electoral del FSLN: "ni ustedes
ni nosotros ganamos, ganó la oligarquía".
Efectivamente en 1990, las fuerzas neoliberales,
apoyadas por el gobierno norteamericano, comienzan
a incursionar estratégicamente en la política
nacional, a través de las políticas
de ajuste estructural y de la privatización
del Estado.
Unos años después, emergiendo como
paréntesis histórico, (entre el
gobierno de Chamorro y el gobierno de Bolaños),
el liberalismo vuelve a tomar el poder en Nicaragua
-personificado en el Dr. Alemán- e intenta
un nuevo proceso de acumulación privada,
a través de mecanismos corruptos en lo
económico y aprovechándose de una
alianza política de carácter antioligárquica
con el FSLN. Poco tiempo después, la oligarquía
se encarga de desmoronar toda pretensión
liberal de querer formar una burguesía
nacional sin el beneplácito de los designios
norteamericanos; desmoronamiento que se lleva
a cabo en alianza con el FSLN, pero esta vez bajo
la hegemonía neoliberal. Podemos, pues,
decir que a finales del siglo pasado y comienzos
del presente siglo, el neoliberalismo tomó
el poder en Nicaragua y se encarga agresivamente
de desmantelar toda posibilidad de un estado-nación,
soberano e independiente. Siendo el Tratado de
Libre Comercio con los Estados Unidos, el fin
de la burguesía nacional, como fuerza hegemónica
en Nicaragua, así como el reino definitivo
de las burguesías transnacionales como
únicas reguladoras de la política
económica y principales expropiadoras de
los recursos naturales y excedentes económicos
del país.
Llegamos, así, al triángulo en
que nos encontramos ahora. La oligarquía
gobernando y avanzando hacia el reino neoliberal,
el liberalismo en castigada retirada, el FSLN
levantando las banderas más progresistas
de la época. La oligarquía neoliberal
en representación de las empresas de capital
extranjero, el liberalismo rumiando su eterna
y contradictoria impostura, el sandinismo a caballo
entre los intereses rezagados de la nación
y los intereses crecientes de una naciente economía
popular, compuesta por campesinos y trabajadores
urbanos por cuenta propia. En este triángulo,
el equilibrio de fuerzas expresado por las alianzas
a tres bandas (sandinistas y liberales, liberales
y neoliberales, neoliberales y sandinistas), nos
ofrece por el momento un larvado y prolongado
desenlace que se agita en medio de una permanente
contradicción.
La historia se repite y las fuerzas progresistas,
hoy representadas por el sandinismo, tienen que
hacerse cargo de las tareas inconclusas y abandonadas
por las fuerzas y épocas derrotadas: la
soberanía nacional, los derechos civiles
y políticos, la democracia representativa,
el estado de derecho, la producción nacional,
el equilibrio entre el estado y el mercado, todas
ellas consignas y tareas que el liberalismo doctrinario
levantó en su tiempo y dejó abandonadas
y debilitadas con su propia derrota frente al
neoliberalismo del capitalismo globalizado. El
neoliberalismo es suficientemente explícito
en sus planteamientos como para no permitirnos
equivocarnos. a) Prioridad absoluta al capitalismo
y a las burguesías transnacionales, conocidas
como capital extranjero, b) Subordinación
absoluta de las riquezas nacionales (recursos
naturales, fuerza de trabajo, excedentes económicos)
a la rentabilidad monopólica de las grandes
corporaciones, c) Políticas económicas
que garanticen, la desregulación de la
economía, léase, el desmantelamiento
arancelario, la privatización del patrimonio
estatal y su venta a las corporaciones extranjeras,
carga impositiva a la producción nacional
y liberalización a la producción
extranjera, protección y garantías
absolutas al capital extranjero y desprotección
absoluta al capital nacional.
En estas condiciones, no le queda otra alternativa
a la nación en su conjunto que aglutinarse
alrededor de una coalición patriótica
compuesta en lo económico por la producción
nacional (aquí caben los empresarios nacionales
y la economía popular), en lo social por
quienes estén organizados en favor de las
víctimas empobrecidas por el modelo neoliberal
(aquí caben desde las propias víctimas
hasta las iglesias, las organizaciones sociales
y las ONGs), en lo político por aquellas
organizaciones que defiendan lo que ha quedado
de la soberanía nacional (aquí caben
sandinistas, liberales o librepensadores). Ahora
bien, tratándose de una alianza, cada uno
tendrá y mantendrá sus propios intereses,
algunos incluso contradictorios al interior de
la coalición; sin embargo, las coincidencias
se concertarán frente a la orientación
neoliberal de la economía, la política
y la vida social en su conjunto. En esta coalición,
la sociedad civil, entendida como participación
ciudadana en los asuntos públicos, será
decisiva en la disputa de la orientación
social resultante, dada la importancia que la
opinión pública tiene en la voluntad
colectiva de nuestro país, así como
el contenido progresista de sus movimientos sociales:
feminismo, ecologismo, globalización solidaria,
la asociatividad autogestionaria.
Managua, 22 de agosto del 2003
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