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La Otra Estrategia
Orlando Núñez
Soto
SEGUNDA PARTE
LA OTRA ESTRATEGIA
* Un nuevo modelo económico
necesita un nuevo sujeto económico
* Los pequeños
productores y la agroindustria alimentaria,
base de la otra
estrategia
* En
Nicaragua la economía popular sostiene
a la economía nacional
SEGUNDA PARTE
LA OTRA ESTRATEGIA
Una estrategia alternativa recorre Nicaragua,
una estrategia donde la sobrevivencia, el
desarrollo y el bienestar no están
divorciados. Esta estrategia en marcha se
desarrolla en la práctica, sin una
orientación general, aunque sí
de acuerdo a los intereses y responsabilidades
particulares de los pequeños productores
y de los trabajadores por cuenta propia.
El apoyo del gobierno a estos sectores es
insignificante, a pesar de su aporte al
funcionamiento de la economía realmente
existente. Si bien estos sectores han existido
desde hace mucho, es recientemente y a partir
de la reforma agraria y urbana de los últimos
20 años, de la quiebra del empresariado
nicaragüense a raíz del colapso
del modelo agroexportador, del desempleo
nacional galopante y del peso de las remesas
familiares provenientes de los migrantes,
que los pequeños productores y los
trabajadores por cuenta propia han mejorado
su correlación de fuerzas en la estructura
económica nacional, con una lógica
completamente diferente al sector empresarial,
tanto nacional como extranjero.
El enfoque de esta otra estrategia estaría
basado en la prioridad asignada a los pequeños
productores y trabajadores por cuenta propia,
tanto del campo como de la ciudad.
La orientación y el enfoque de esta
otra estrategia no pretende excluir al sector
de los empresarios extranjeros ni mucho
menos a los empresarios nacionales, sino
que propone priorizar a los sectores que
más aportan al crecimiento de la
economía y del bienestar nacional,
quienes más contribuyen con el ahorro
y la generación de divisas y quienes
más mano de obra emplean. Asimismo,
esta estrategia se asienta sobre aquellas
ramas productivas que mayores ventajas tienen
para satisfacer las necesidades más
apremiantes de la nación, es decir,
de la mayoría de las y los nicaragüenses.
Un nuevo modelo económico adquiere
su legitimidad histórica, superando
en la práctica las limitaciones del
viejo modelo económico y escalando
el control de la gestión económica,
desde la producción hasta el consumo
y la reinversión de los excedentes.
Sabemos que el viejo modelo económico
es concentrador, diferenciador y excluyente,
ya sea de personas como de países
y localidades; es depredador de los recursos
naturales y empobrecedor de todos aquellos
a quienes ocupa para su objetivo fundamental
que es la ganancia privada; es fragmentador
de la cohesión social y estimula
la competencia, la incomunicación
y la guerra social. Por lo tanto, el reto
del nuevo modelo es la capacidad de superación
de todas estos flagelos, así como
de los viejos vicios que los diferentes
modelos económicos anteriores tampoco
han resuelto, como es la discriminación
y marginación social, política,
económica, racial, sexual, cultural.
En este proceso que ya comenzó y
que puede tardar muchas décadas en
consolidarse, la competencia será
sustituida progresivamente por la complementariedad,
entre todos los trabajadores, entre hombres
y mujeres, entre niños y adultos,
entre naturaleza y sociedad, entre comunidad
y nación, entre el campo y la ciudad,
entre el estado y la sociedad civil, entre
naciones y el planeta entero, asimismo,
el crecimiento unilateral y empobrecedor
de las empresas, será sustituido
por el desarrollo y bienestar horizontal
de la comunidad.
Un nuevo modelo económico
necesita un nuevo sujeto económico
Un modelo económico es una forma
específica de organizar la producción,
el intercambio, la distribución,
el consumo y la inversión, de acuerdo
a una estrategia o combinación de
factores y sujetos (tierra, capital, productores,
trabajadores, etc.) y de acuerdo a una determinada
orientación y enfoque, señalando
hacia donde y con quién queremos
enrumbar la economía.
Todo modelo económico necesita un
sujeto económico que organice y dirija
las actividades económicas. En Nicaragua
hemos tenido diferentes modelos económicos,
todos ellos caracterizados por las distintas
formas en que se han extraído y distribuidos
los excedentes. La Encomienda Colonial tuvo
al encomendero que organizaba la extracción
del tributo real para la corona española,
el Latifundio tenía un terrateniente
que cobraba rentas en trabajo y en especie
a los campesinos minifundistas que vivían
en su hacienda, el capitalismo nacional
tuvo a una burguesía o empresarios
encargados de organizar la producción
y apropiación de plusvalía
arrancada a los trabajadores asalariados.
Los modelos contestatarios como la iglesia
de los pobres o el socialismo de estado,
tenían como sujetos a los pobres
y a los obreros respectivamente. En el caso
de la iglesia, los pobres nunca fueron considerados
como los nuevos sujetos económicos
destinados a sustituir a los ricos en la
tarea de organizar la producción,
sino como víctimas y objetos de caridad.
En cuanto al socialismo de estado, el proletariado,
fue considerado como el productor de la
riqueza, a través del trabajo, y
se reivindicaba para ellos la participación
en los excedentes y el control de un nuevo
estado. En los estados socialistas realmente
existentes, producto de las revoluciones
populares, los proletarios siguieron siendo
asalariados, en este caso de las empresas
estatales, pero no fueron ellos el sujeto
económico encargado de organizar
la producción, estatus que correspondió
a la burocracia y tecnocracia estatal, a
pesar que la doctrina socialista señalaba
que debía ser el proletariado, organizado
en consejos obreros quien debía hacerse
cargo de gestionar la nueva economía.
En los proyectos alternativos al capitalismo,
lo que más se acerca a lo que podría
ser un nuevo sujeto económico que
sustituya a los empresarios, han sido las
cooperativas y las empresas autogestionadas
por los sindicatos o consejos de gestión
obrera quienes fungieron como tales, y cuyos
casos más paradigmáticos son
entre otros las cooperativas escandinavas
o los consejos autogestionarios yugoslavios,
respectivamente.
Por otro lado, prácticamente todas
las economías han registrado lo que
hoy señalamos como pequeños
productores y trabajadores por cuenta propia,
entre ellos, campesinos, artesanos y pequeños
comerciantes, dispersos y subordinados al
modelo económico dominante. Hoy en
día, estos sectores se han multiplicado
y están ocupando un lugar muy destacado
y un peso específico determinante
en la economía de muchos países,
particularmente del tercer mundo, con una
serie de características que los
convierte en candidatos para conformar o
perfilar un nuevo modelo económico.
Los pequeños productores y los trabajadores
por cuenta propia son aquellas personas
cuyos ingresos no provienen del salario,
ni de la renta, ni del beneficio, ni de
los intereses, sino de una actividad organizada
y gestionada por ellos mismos.
Más allá del tamaño,
un pequeño productor es un productor
familiar, es decir, un productor que organiza
la producción bajo formas intensivas
en mano de obra y donde la principal mano
de obra es la fuerza de trabajo de su propia
familia; en esta categoría se encuentran
los campesinos y los artesanos fundamentalmente,
quienes nunca o muy raramente contratan
fuerza de trabajo ajena.
Un trabajador por cuenta propia es aquel
que se dedica a actividades comerciales
o profesionales por su propia cuenta. No
es un productor propiamente dicho, puesto
que no está situado en el proceso
inmediato de producción, sino en
lo que en economía se denomina la
circulación de los bienes y servicios.
Entre ellos están los vendedores
en mercados fijos o en mercados ambulantes,
los trabajadores del transporte, incluyendo
los técnicos y profesionales no asalariados.
Como puede inferirse, todos los pequeños
productores pueden considerarse como trabajadores
por cuenta propia, puesto que no trabajan
como asalariados, sin embargo, no todos
los trabajadores por cuenta propia son pequeños
productores. Ahora bien, por extensión
y características similares, bajo
la categoría de pequeño productor
incluimos a ambos sectores, igualmente incluimos
a lo que en el lenguaje usual se denomina
microempresario. Atención especial
habría que conferir a las mujeres
dedicadas a las actividades domésticas,
nuestras primeras y más productivas
pequeñas productoras y trabajadoras
por cuenta propia. Son pequeñas productoras
porque se dedican a procesar alimentos y
demás actividades reproductivas,
y son trabajadoras por cuenta propia porque
no perciben salario alguno, incluso ni siquiera
remuneración, como sí es el
caso de los demás pequeños
productores y trabajadores por cuenta propia.
La objeción fundamental que los
analistas y líderes inclinados a
la empresa privada o estatal interponen
a estos sectores, es que los pequeños
productores y trabajadores por cuenta propia
trabajan o están dedicados a la sobrevivencia
y no al desarrollo. Mi consideración
al respecto es la siguiente: en primer lugar,
el desarrollo sin sobrevivencia para la
mayoría sólo es desarrollo
para una minoría, caso de las actuales
economías del tercer mundo en general
y de la economía nicaragüense
en particular; en segundo lugar, una vez
que estos pequeños productores alcanzan
un peso significativo en la economía
de un país, se vuelven factores imprescindibles
para el desarrollo nacional. La verdad es
que estos pequeños productores han
sido un factor de desarrollo para las clases
acomodadas, pero no un factor de desarrollo
para ellos mismos, precisamente por la forma
en que nuestra economía produce y
distribuye los excedentes. Por lo tanto,
la dicotomía entre sobrevivencia
y desarrollo se revela un recurso ideológico
para descalificar a los pequeños
productores y para escamotearles su importancia
y su aporte, no solamente a la economía
nacional, sino a la riqueza de quienes se
apropian los excedentes del llamado desarrollo.
Dicho esto, tendríamos que preguntarnos
si realmente existen en nuestro país
este contingente de pequeños productores
y de trabajadores por cuenta propia, tanto
en el campo como en ciudad, en el sector
productivo, como en el sector comercial
y de servicios. En segundo lugar habría
que preguntarse si tales sectores tienen
el peso, la cualidad y las posibilidades
de resolver los problemas que no ha sabido
ni ha podido resolver el viejo modelo económico.
En tercer lugar tenemos que preguntarnos
por la estrategia que debería emprender
este sujeto para lograr sus propios objetivos
y los objetivos de las comunidades en que
se desenvuelve.
Los pequeños productores
y la agroindustria alimentaria, base de
la otra estrategia
Hoy en día, cualquier estrategia
de crecimiento y de bienestar, tanto para
un individuo como para un país, tanto
para los países ricos, como para
los países pobres, arranca buscando
la seguridad y la soberanía alimentaria.
Y la mejor manera de lograr la seguridad
y la soberanía alimentaria es cuando
un país produce la mayor parte de
sus alimentos.
Nicaragua produce gran parte de sus alimentos,
pero ha entrado en una riesgosa crisis de
productividad y empobrecimiento, necesitando
por lo tanto industrializar su plataforma
alimentaria, considerando sus limitaciones
en cuanto a capital y tecnología,
y tomando en cuenta sus ventajas comparativas.
La agroindustria alimentaria no es solamente
un fin en sí mismo, sino que en nuestras
actuales condiciones puede convertirse en
el principal medio para el desarrollo del
resto de ramas de la economía, tales
como el turismo y nuestra plataforma comercial
de tránsito obligado entre el norte
y el sur, el este y el oeste.
a) Los sujetos y las actividades
de la nueva estrategia
Si aceptamos las consideraciones y criterios
anteriores, podemos arriesgar la hipótesis
siguiente y afirmar que los pequeños
productores y los trabajadores por cuenta
propia, así como la agroindustria
de alimentos son el eje de este nuevo modelo
de desarrollo. Los otros sujetos (empresarios
nacionales y extranjeros) y las otras actividades
(agropecuaria, turismo, vías de comunicación
y otras), aparecen como complementarios
en términos de generación
de divisas y empleo para el desarrollo,
siendo significativo su aporte en cuanto
a cultura empresarial, tecnología
y capital.
El sector de los pequeños productores
es el sector mayoritario de la población
nicaragüense y el que más aporta
al valor nacional, el que más divisas
y empleo genera.
Los pequeños productores y los trabajadores
por cuenta propia producen, procesan, transportan
y distribuyen, además, la mayor parte
de los alimentos que consumen los nicaragüenses
del campo y de la ciudad, incluidos los
asalariados de las empresas maquiladoras,
entre ellos el maíz y la tortilla,
el sorgo y las aves, el frijol, parte del
arroz, la crianza de ganado, la leche y
el queso, el huevo, las frutas y verduras.
Imagínense ustedes las divisas que
Nicaragua se ahorra al no tener que comprar
gran parte de estos productos como lo hacen
otros países cercanos. Imagínense
lo que costaría a los empresarios
nacionales o extranjeros, así como
al país, dedicarse a producir o a
importar tales productos. Recordemos que
los productores de los países más
ricos del mundo, supuestamente los más
competitivos, de mayor productividad y rentabilidad
del mundo entero, tienen que ser subsidiados
en miles de millones de dólares anualmente
y ser protegidos de muchas maneras para
poder producir estos mismos alimentos (leche,
carne, huevos, frutas, verduras y cereales).
Estos sectores fácilmente contribuyen
con más del 80% de las divisas, no
solamente porque producen directamente más
de la mitad de los principales productos
señalados, sino porque sin lugar
a dudas lo hacen con mucho menos insumos
importados que los grandes y medianos productores
del país; en otras palabras, las
divisas generadas por este sector son más
netas que las producidas por el resto de
sectores de la economía.
Este sector es el que más divisas
genera, directa e indirectamente, no solamente
porque ahorra divisas, sino porque es el
productor directo de los bienes que otros
exportan, como la carne, el café,
el ajonjolí, las artesanías,
sino porque baja los costos de los productos
exportables, y sobre todo porque es el principal
suplidor de las remesas familiares. Si hacemos
cuenta observamos que los principales productos
de exportación (café, carne,
pescado, frijol, ajonjolí, turismo,
artesanía y otros productos no tradicionales),
así como las actividades de apoyo
a la producción y el consumo (el
comercio y el transporte) están en
manos de los pequeños productores
y de los trabajadores por cuenta propia.
Si queremos hablar de divisas netas deberíamos
comparar los USA $100 millones de dólares
que podrían quedarnos como divisas
netas por el grueso de las exportaciones
(USA $ 500 millones de divisas brutas),
producidas en gran parte por los pequeños
productores, o incluso los USA $ 350 millones
de dólares que generan las empresas
maquiladoras que por supuesto no le pertenecen
a Nicaragua, con los USA $800 millones de
dólares de divisas netas que generan
las familias trabajadoras que laboran en
el exterior, el veredicto es fulminante;
divisas que en la nueva estrategia deberán
orientarse hacia la inversión.
Las divisas generadas por las maquilas
podrían considerarse en gran parte
como divisas netas, pero para los dueños
de dichas empresas y para sus suplidores
extranjeros, con un paupérrimo efecto
multiplicador sobre el resto de la economía,
ya que no solamente importan su materia
prima y pagan salarios miserables, sino
que el grado de reinversión es prácticamente
insignificante. Mientras que las divisas
que generan las familias migrantes son absolutamente
netas, pues ni siquiera consumen en Nicaragua
su propia comida, pero además tienen
un efecto multiplicador altísimo
pues llegan directamente al hogar de las
familias de la economía popular.
Finalmente, puede afirmarse que el sector
de los pequeños productores y de
los trabajadores por cuenta propia, es el
que más empleos u ocupaciones genera,
muchísimo más que las corporaciones
extranjeras, tanto en el campo como en la
ciudad, tanto en la agricultura como en
la manufactura y el comercio. En el sector
agropecuario, los pequeños productores
generan más de 500,000 ocupaciones,
contra 150,000 empleados que generan las
actividades de la agroexportación
que se encuentran en manos de los medianos
y grandes empresarios. En la industria y
el comercio urbanos la correlación
es similar, pues la cantidad de empleados
que laboran en el estado, las maquilas y
el resto de industrias medianos, no pasan
de 300,000 personas, contra más de
500.000 que laboran en la micro y pequeña
industria, así como en la actividades
por cuenta propia.
En ninguno de los casos contabilizamos
a las mujeres que se ocupan de la reproducción
de la fuerza de trabajo, las que fácilmente
suman otro millón de mujeres adultas
ocupadas en tales menesteres. Imagínense
ustedes cuantos asalariados tendrían
que generar las corporaciones extranjeras
y cuanto salario tendrían que pagar
para que los nicaragüenses, una vez
empleados por la industria que promete el
Plan Nacional de Desarrollo, pudiéramos
y tuviéramos que ir a comer a los
restaurantes. Imagínense además
cuanto crédito o capital de trabajo
y cuanto capital de subsidio necesitarían
nuestros empresarios o los empresarios extranjeros,
para poder dedicarse a cultivar el millón
de hectáreas que nuestros campesinos
siembran hoy en día para llevar el
gallo pinto a la mesa de cada nicaragüense.
Igualmente tendríamos que calcular
cuantas divisas necesitaríamos para
importar los alimentos que por razones de
productividad, competitividad y rentabilidad
nuestros empresarios no pudieran producir.
Sabemos, además, que de acuerdo
a las reglas del viejo modelo económico,
en muchos casos, los excedentes no se captan
en el proceso inmediato de producción,
sino que se captan en el comercio y las
finanzas, de tal manera que estos pequeños
productores y trabajadores por cuenta propia
son drenados permanentemente de los excedentes
por ellos producidos, padeciendo así
un proceso paulatino de empobrecimiento.
A pesar de todo y tal como ya señalamos
anteriormente, este sector es el que más
impuestos paga, no solamente porque no puede
evadir impuestos como los grandes, sino
porque es la principal fuente de la recaudación
nacional. Padecen, pues, el síndrome
del recién llegado, tal como lo padeció
la burguesía europea en tiempo de
los señores feudales, de la nobleza
y del clero rentista medieval, cuya vida
y obligaciones contrastaba con la que se
llevaba en los castillos.
En la última década, este
sector ha sido el sector más dinámico
de la economía nacional, al haber
incrementado ininterrumpidamente su producción,
a pesar de que el viejo modelo económico
le sigue negando el crédito, los
caminos de penetración que necesita
para sacar su cosecha, el apoyo en tecnología
y entrenamiento administrativo, incentivos
fiscales, mercadeo, educación, salud,
vivienda y todo lo que cualquier sujeto
económico necesitaría para
jugar bien su papel en el desarrollo y bienestar
de una nación.
En relación a las ramas que deberíamos
incentivar en esta otra estrategia, no me
queda la menor duda que uno de los mejores
y más rentables negocios del mundo
para cualquier país es la producción
alimentaria, como lo saben Estados Unidos
y Europa, quienes siguen produciendo y exportando
alimentos, aunque para ello tengan que subsidiar
y proteger a sus ineficientes productores.
Otra rama promisoria para combinar la orientación
endógena con la orientación
hacia fuera, es la rama del turismo, cuyas
ventajas serían, disponer de una
oferta alimentaria, disponer de un contingente
de pequeños productores que son los
que potencian el turismo, como lo demuestra
el caso de Costa Rica entre otros, generar
divisas limpias, potenciar el capital intelectual
de servicios que la economía necesita.
Finalmente, habría que ocuparse de
los ejes básicos de la acumulación
como son la energía (electricidad
y riego) y la infraestructura, especialmente
las vías de comunicación (vías
locales y transísmicas, como carreteras,
ferrocarriles o canales), actividades en
la que habrá espacio para todos,
pequeños productores, empresarios
nacionales y capital extranjero. Resumiendo
digamos que las actividades básicas
a promover por este nuevo modelo, serían
la agroindustria alimentaria y demás
actividades agropecuarias, la industria
turística, incluyendo el turismo
rural, la energía y las vías
de comunicación.
b) La tecnología y la organización
Ahora bien, cuando hablamos de la rama
alimentaria no estamos diciendo que hay
que sostener el minifundio empobrecido y
aislado, sino que estamos pensando en implementar
los siguientes enfoques: a) la agroindustrialización
de la producción alimentaría,
lo que implica aumentar la productividad
de tales productos a través de aplicaciones
tecnológicas adecuadas a tal actividad
y a tales sujetos, tal como han hecho los
países europeos, particularmente
escandinavos, o los países del norte
y sur del continente americano, particularmente
Canadá, Estados Unidos, Argentina
y Chile, b) la cooperativización
de estos productores, de manera que puedan
escalar las ventajas de la asociatividad,
c) la integración horizontal de sujetos,
instituciones y actividades del territorio,
tanto para satisfacer las necesidades de
desarrollo y bienestar de la gente que vive
en el territorio, como para comercializar
local, nacional e internacionalmente los
excedentes que se produzcan en dicho territorio.
La diferencia con los clusters encabezados
por plantaciones, enclaves y maquilas, es
que esta estrategia estará orientada
al desarrollo y bienestar horizontales de
la comunidad productora y no al negocio
de las grandes empresas. Las grandes empresas
extranjeras podrán dedicarse al negocio
que quieran, pero las mismas tendrán
que valerse por sí mismas y no pretender
drenarle al estado o al resto de productores
los excedentes que necesiten para competir
en el mercado mundial.
El aumento de la productividad y de la
rentabilidad de estos sectores priorizados
mejorará no solamente la nutrición
de sus familiares, sino que a través
del procesamiento, la comercialización
y exportación de alimentos primarios
y procesados, aumentará el excedente
local y nacional. Recordemos que Nicaragua
tiene las mejores condiciones, tanto en
términos relativos como absolutos,
para poder suplir de alimentos a toda la
región mesoamericana, incluyendo
México, El Caribe y Venezuela. Tenemos
una plataforma productiva en marcha, dotada
de suelos, climatología, mano de
obra excedentaria y larga tradición
cultural para producir alimentos y convertirnos
literalmente en el granero mesoamericano.
Creo que la cultura empresarial, la estrategia
de mercado, la tecnología y el capital
de los empresarios nacionales o extranjeros
extranjero, pueden ser muy valiosos para
arrastrar a los pequeños productores
y a los trabajadores por cuenta propia hacia
el mundo de la agroindustria, el comercio
y la exportación (como ya se observa
en algunas ramas de la economía:
arroz, carne, leche y derivados, camarón),
aunque bajo una orientación diferente.
c) El mercado interno, la recuperación
de los excedentes y el desarrollo local
Estos sectores tienen interés en
recorrer las dos rutas del mercadeo tradicional,
en primer lugar acceder a los mercados locales
y nacionales hasta llegar a los mercados
externos, en segundo lugar acceder directamente
al mercado mesoamericano y mundial.
Los sectores de pequeños productores
y de trabajadores por cuenta propia, o lo
que es lo mismo, de los productores-trabajadores
de la economía popular, han avanzado
en controlar el proceso inmediato de producción,
tal como lo hizo en su tiempo la burguesía
desplazando a los viejos terratenientes,
pero ha avanzado muy poco en la apropiación
de los excedentes que le son drenados en
el mercado y por la actual institucionalidad
del sistema imperante. Deberá entonces
ser tarea estratégica de estos productores-trabajadores
recuperar sus excedentes, escalando el procesamiento,
la comercialización, el crédito
y la gestión de recursos y políticas
en las instituciones existentes. En otras
palabras, si el mercado monopolizado tiene
una estrategia frente a ellos, los productores-trabajadores
tendrán que tener una estrategia
frente al mercado, regulando las operaciones
de tal forma que el mercado se rija por
el intercambio equivalente y no por el monopolio
y la especulación.
Es recomendable que las asociaciones de
productores-trabajadores se propongan desarrollar
las cadenas agroalimentarias, agroindustriales,
comerciales y crediticias, que permitan
agregar y recuperar valor para la reproducción
horizontal y ampliada de estos sujetos.
Para lo cual se revela necesario la mejor
de las alianzas con el consumidor, quien
tiene el potencial para seleccionar la fuente
y el tipo de producto que quiere consumir.
En base a ello se deberán estimular
las redes territoriales y las redes por
producto, la gestión local y municipal,
apropiándose en el territorio y en
las instituciones municipales de aquellas
actividades económicas y políticas
que resulten difíciles de realizarse
en el estado central. Finalmente, para esta
estrategia resulta importantísimo
proponerse la integración de los
mercados regionales, haciendo de Mesoamérica
el verdadero mercado interno de cada país
centroamericano, tanto en la costa pacífica
como caribe.
Como puede observarse no se trata de negar
el crecimiento, las exportaciones o la acumulación,
sino de lograr que el crecimiento, las exportaciones
y la generación de riquezas sea lo
más horizontal posible, donde el
desarrollo de la comunidad será el
desarrollo de todos y cada uno de sus integrantes.
De ahí la importancia de comenzar
a entrenarse en el contexto local, donde
será más fácil asociarse,
organizarse, gestionar políticas
públicas, articular el tejido social
con las cadenas productivas y la articulación
económica general.
El final feliz de esta estrategia se logra
cuando se haya construido un estado a su
imagen y semejanza, tal como lo tienen hoy
en día las empresas transnacionales.
El estado de los pequeños productores
y de los trabajadores por cuenta propia
comienza a partir de la identidad política
y económica que estos sectores vayan
adquiriendo, para lo cual el tener una estrategia
de acumulación y bienestar es muy
importante. Hoy por hoy, urge comenzar asimismo
a formular y reivindicar políticas
nacionales que favorezcan su desempeño,
entre ellas: políticas medioambientales,
política laboral y social, política
presupuestaria, fiscal, cambiaria y monetaria,
políticas sectoriales, acorde con
los sujetos y las ramas priorizadas de la
economía. En este sentido debemos
avanzar hacia una democracia donde los gobiernos
electos sometan sus decisiones de política
económica y social, no solamente
al parlamento nacional, sino a parlamentos
municipales y departamentales de la sociedad
civil, establecidos en sus respectivas circunscripciones.
A manera de ejemplo, interesa sobremanera
modificar el plan de estudio del sistema
educativo nacional, de manera que los hijos
de estos sectores accedan y recorran totalmente
la primaria, que las escuelas secundarias
y superiores giren en el sentido de las
escuelas técnico-vocacionales, con
el objetivo de ponerse al servicio de la
producción, el procesamiento, el
mercadeo y la administración de las
actividades desarrolladas por la economía
popular. Incorporando a los estudiantes
a las políticas que la sociedad civil
vaya consensuando en la agenda pública.
Interesa incorporar la medicina complementaria
que empieza a recorrer la vida cotidiana
de los nicaragüenses, trastocando el
mercantilismo de la medicina convencional.
Interesa incorporar en la cultura nacional
una política sostenida que le ponga
fin a la política de endeudamiento,
condicionando los créditos a la participación
y a las decisiones tomadas conjuntamente
con las comunidades y las alcaldías.
Interesa velar por un capital intelectual
que potencie los recursos humanos de la
economía popular, fortaleciendo la
conciencia crítica para denunciar
y desenmascarar el parasitismo del viejo
modelo económico, así como
lograr la apropiación de tecnologías
funcionales.
d) Sociedad civil y nuevo modelo
económico
El principal papel de los nuevos sectores
de la sociedad civil es ponerle fin al monopolio
político, social, económico
y cultural del sector privado convencional,
apuntalando a los nuevos sujetos y movimientos
sociales. Corresponderá a los propios
pequeños productores y a los trabajadores
por cuenta propia, a los sectores laborales
y a sus propias organizaciones, así
como a las organizaciones de la sociedad
civil, desarrollar fundamentalmente esta
estrategia, tanto para posicionarse frente
al nuevo modelo, como para persuadir a la
opinión pública nicaragüense,
al gobierno que por ahora sigue obnubilado
con el enfoque foráneo-maquilero,
a la clase política que todavía
se mueve bajo el viejo modelo económico
de los grandes negocios y de las grandes
ganancias privadas, a la comunidad internacional
que registra tendencias favorables para
apoyar un desarrollo más endógeno,
equitativo y sostenible del desarrollo y
del bienestar.
Estamos pensando en aquellos sectores de
la sociedad civil que han incorporado en
su agenda la bandera de la comunidad, los
derechos humanos, la democracia de género,
la sostenibilidad medioambiental, la medicina
complementaria, el comercio justo o equivalente,
la asociatividad y la autogestión,
la autonomía étnica y la diversificación
productiva y cultural, el consumo orgánico,
así como la neutralización
de la ofensiva globalizadora y neoliberal
que privatiza y erosiona el patrimonio social
y natural, político y económico,
de los pequeños estados nacionales.
Los nuevos sectores de la sociedad civil
avanzarán en la medida que avance
la economía popular y viceversa,
la economía popular avanzará
con el desarrollo de estos nuevos sectores
de la sociedad civil.
Quizás el principal reto de la sociedad
civil en general y de los partidos políticos
en particular, sea la superación
de la división partidaria y religiosa
en que hoy se encuentra el pueblo nicaragüense,
entre sandinistas y liberales, entre católicos
y evangélicos. Aceptar y desplegar
transversalmente las nuevas banderas y trabajar
conjuntamente por desarrollar y consolildar
la economía popular será nuestra
gran tarea histórica. Acercar el
partido a la clase y la clase al pueblo,
articular a los sectores de la sociedad
civil con los nuevos sujetos económicos,
y lograr que la voz del pueblo sea realmente
la voz de Dios, pondrá a prueba todos
nuestros discursos y nuestras apuestas.
En Nicaragua la
economía popular sostiene a la economía
nacional
Para quienes crean que la economía
popular es simplemente una economía
de sobrevivencia quisiera decirles que sobre
esta economía de sobrevivencia es
que apenas palpita toda la economía
nacional. Y no me voy a referir al peso
que los pequeños productores tienen
en las exportaciones, tampoco me voy a referir
al ahorro de divisas logrado por estos sectores
en cuanto a la producción de alimentos
o a las remesas familiares, sino que voy
a concentrarme en la tributación
popular que hace posible sostener a esos
mismos funcionarios que desprecian todo
lo que sea pobre y pequeño.
En la historia económica de Nicaragua
hemos conocido la renta en trabajo pagada
por esclavos, siervos o encomendados, la
renta en especie pagada por los campesinos
en mediería, y la renta en dinero
pagada en alquiler por tierras o casas de
habitación. Hoy debemos dar cuenta
de una nueva modalidad de renta en dinero,
pagada a través de lo que se conoce
bajo el eufemismo de impuestos indirectos,
iniciado a través de un contrato
constitucional por medio del cual nosotros
pagamos impuestos y el estado nos retribuye
con servicios y prestaciones sociales, hoy
privatizados a manos de empresas extranjeras.
Sin embargo el estado neoliberal ha roto
unilateralmente el contrato, de tal manera
que estos impuestos se están convirtiendo
en una renta prácticamente feudal,
pues sólo se explica por imposición
política. Una renta disfrazada de
impuestos, cuyo objetivo no es otro que
subsidiar las fraudulentas cuentas de lo
que queda del viejo modelo económico,
hoy remozado para servir a las grandes corporaciones
transnacionales.
El estado es un acuerdo social organizado
y gestionado por un gobierno, cuya autoridad
se ejerce sobre un territorio y una población
determinada. Los estados nacieron para proteger
a las clases que lo conducen, tanto frente
a particulares como frente a otros estados.
El estado nación, es el estado organizado
alrededor de una identidad nacional, es
decir, aglutinado alrededor de un mercado
limitado, una o varias etnias, una o varias
lenguas, una o varias culturas, un proyecto
de país, etc., pero sobre todo dirigido
por una clase o grupo hegemónico
quien usufructúa o gestiona un patrimonio
geográfico y económico, históricamente
establecido.
Hoy en día, los estados naciones
están siendo desplazados por los
estados regionales o mundiales, en la medida
que se establecen mercados regionales o
mundiales, y sobre todo en la medida que
una clase o grupo hegemónico transnacional
conduce a favor de sus intereses los negocios
del mundo entero. La disminución
de los estados nacionales ha comenzado privatizando
el patrimonio nacional, reduciendo al mínimo
los gastos sociales y desmantelando los
ingresos fiscales provenientes de las empresas
extranjeras.
Al paso que vamos, el estado nacional nicaragüense
quedará reducido a su mínima
expresión y la mínima expresión
de un estado son las fuerzas del orden y
el fisco. El ejército nacional se
está convirtiendo en un ejército
al servicio del estado mundial, prueba de
ello es el envío de tropas nicaragüenses
a Irak por imposición del estado
mundial norteamericano. Y la policía
misma también está siendo
privatizada, prueba de ello es que existen
alrededor de 7,000 policías y más
de 7,000 Cuerpos de Protección Física
(CPF) de carácter privado.
Es de todos conocido que la tributación
nicaragüense es una de las más
regresivas del mundo, lo que significa que
la gente que tiene menos paga más,
y viceversa, la gente que tiene más
paga menos. Generalmente, uno de los indicadores
de la regresividad tributaria es la relación
entre los impuestos indirectos que pagan
los consumidores y los impuestos a la renta
que se pagan proporcionalmente a los ingresos.
Pues bien, de acuerdo a las cifras, en Nicaragua,
la tributación recae cada vez más
en la gente pobre. Veamos en forma resumida
la lógica de nuestra tributación.
El Impuesto General al Valor (IVA) o consumo
en general es de aproximadamente el 39%,
el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) el
29%, el Derecho Arancelario a la Importación
(DAI) el 10%, el Impuesto sobre la Renta
(IR) el 17%, y el resto de impuestos (Otros)
el 5%.
|
Tipo
de Impuesto
|
%
|
| IVA |
39
|
| ISC |
29
|
| DAI |
10
|
| IR |
17
|
| OTROS |
5
|
| TOTAL: |
100
|
|
|
| Regresividad
Tributaria |
|
Sectores
|
%
|
| Impuestos
pagados por el capital |
7
|
| Impuestos
pagados por la gente |
93
|
| TOTAL: |
100
|
|
Según la propia DGI, el ingreso
sobre la renta no pasa del 17%, sin embargo,
en la partida de impuestos sobre la renta,
no sólo se incluye la posesión
de bienes muebles e inmuebles, sino también
el sueldo de los asalariados, quienes en
el caso de Nicaragua pagan el 60% del IR,
lo que significa que lo que pagan los adinerados
no pasa del 7% en concepto de impuesto sobre
la renta, mientras que el resto de la gente
tiene que pagar más del 90% de los
800 millones de dólares de nuestra
tributación anual. Si esto es así,
si los pobres realmente son los que pagan
la mayor parte de los impuestos, y si los
pobres, como veremos en el próximo
apartado, son los que producen la mayor
parte de la riqueza nacional, el Plan Nacional
de Desarrollo, debiera de pensar seriamente
en invertir la mayor parte de los impuestos
que recauda en estos heroicos sujetos económicos
dignos del premio Nóbel de la nobleza
contra la ingratitud. Sin embargo, pasa
todo lo contrario, nuestros gobiernos construyen
rotondas, autopistas y casas presidenciales,
lo que es muy bonito, pero se olvidan de
los caminos de penetración en el
campo, de medicinas en los hospitales o
de contratar maestros rurales.
Quizás algún experto en ingeniería
fiscal o en economía política
tributaria nos señale que un análisis
más fino o detallado de las cuentas
nacionales nos arrojaría fracciones
impositivas que estando fuera del IR (tales
como el IVA, ISC, DAI, Otros) son pagadas
por la gente adinerada. Ciertamente, también
los ricos compran comida o toman cerveza,
pagando por ello parte de los impuestos
generales, sin embargo, habría que
decir, en primer lugar, que su peso porcentual
es insignificante en el total de sus egresos
tributarios, y en segundo lugar, que tales
erogaciones son mucho más insignificantes
en relación a las exenciones que
los gobiernos han concedido en estos últimos
años a las grandes empresas.
Veamos algunos ejemplos. La tasa arancelaria
que el gobierno tenía en 1990, equivalente
al 40%, ha descendido en el 2002 a 5%, en
beneficio de los grandes importadores. Las
empresas maquiladoras, que son de las empresas
más grandes existentes en Nicaragua,
están exentas completamente de todo
tipo de impuestos, en aras de fomentar la
inversión extranjera, mientras que
todas las mujeres que trabajan en esas mismas
empresas pagan sus impuestos. La ley de
incentivos fiscales a industrias tales como
la de turismo o la forestal beneficia selectivamente
a las grandes empresas y no a los productores
familiares. Y para colmo, en la última
ley de reforma tributaria, mientras a los
bancos se les exime de impuestos, a los
asalariados se les aumenta su tributo. Y
así sucesivamente, como para elaborar
monografías sobre la carnicería
inflingida por nuestra tributación
al pueblo en general. En otras palabras,
mientras que los pobres pagan todos los
impuestos que les corresponden, los ricos
apenas pagan una parte de lo que tendrían
que pagar, debido a las exenciones y evasiones
fiscales por ellos cometidas. De tal manera
que si alguien hiciera cálculos más
rigurosos, seguramente que la brecha tributaria
entre ricos y pobres aparecería mucho
más pronunciada.
Pero esto que nosotros llamamos la renta
tributaria no se agota en los impuestos
indirectos que pagan los pequeños
productores, los trabajadores y los consumidores,
tres categorías de un mismo sujeto.
Existen otros ejemplos que muestran el nivel
parasitario de los grandes empresarios,
tal es el caso del azúcar cuyo precio
en el mercado mundial no pasa de USA $10
dólares de promedio por quintal (ahorita
el precio está a USA $6), pero los
consumidores nicaragüenses tienen que
pagarlo a USA $ 27 dólares por quintal
para poder mantener el enriquecimiento sostenible
de los azucareros. Otro caso es el de las
comisiones que pagan los migrantes en el
extranjero por enviar sus remesas a sus
familiares en Nicaragua, equivalente a 10%
de lo que envían, lo que genera una
ganancia de USA $80 millones de dólares
(10% de USA $800 millones de dólares)
anuales. Y así sucesivamente, hasta
la consumación de la soportabilidad
de los pequeños productores y de
quienes quieran acompañarlos en lo
que puede ser la construcción y consolidación
de un nuevo modelo económico.
CIPRES
Managua, Noviembre, 2003
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