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La Otra Estrategia
Orlando Núñez
Soto
PRIMERA PARTE
EL VIEJO MODELO ECONOMICO Y EL PLAN NACIONAL
DE DESARROLLO DEL GOBIERNO
* El viejo modelo
económico
* Agotamiento e insostenibilidad
del viejo modelo económico
* Un Plan Nacional de Desarrollo
o un Plan de Negocio empresarial
* Plantaciones, enclaves, maquilas
y clusters
PRIMERA PARTE
EL VIEJO MODELO ECONOMICO Y EL PLAN NACIONAL
DE DESARROLLO DEL GOBIERNO
El viejo modelo económico
Llamo viejo modelo económico a la
forma constante en que el capital extranjero
y las diferentes metrópolis han moldeado
y subordinado nuestra economía, desde
los tiempos de la colonia, pasando por el
capitalismo nacional, hasta llegar a la
forma imperializada a la que hoy nos somete
la globalización neoliberal.
Los rasgos principales de este viejo modelo
económico, aparecen traslapados en
diferentes expresiones productivas, comerciales
y financieras, a saber, a) Una economía
de resistencia basada en pequeñas
unidades económicas de sobrevivencia,
agrícola, artesanal, manufacturera
y comercial, heredada de los tiempos coloniales,
b) una raquítica industria de consumo
interno y regional en manos de medianos
empresarios, c) una actividad comercial-financiera
dedicada a la exportación de materias
primas agrícolas, pecuarias, pesqueras,
mineras y madereras, d) una industria de
exportación muy tecnificada y en
manos de compañías extranjeras.
Hasta ahora, estos factores se han combinado
de tal manera que los excedentes han sido
en su mayor parte drenados hacia el exterior,
factor que ha contribuido al bloqueo permanente
de un proceso autónomo de acumulación.
El modelo económico que hasta ahora
hemos tenido alimenta su ilusión
con algunos supuestos que en quinientos
años jamás se han cumplido,
ni durante la colonia, ni durante el capitalismo
nacional, ni durante la globalización
neoliberal en la que vivimos ahora. Veamos
a continuación algunos de los supuestos
más importantes.
a) El primer supuesto es que el encomendero,
el empresario nacional o el moderno empresario
extranjero, en la medida en que se hagan
ricos, produciendo y exportando, podrán
disponer de un sobrante para apuntalar el
progreso de la nación y derramar
parte de su riqueza al resto de ciudadanos.
De tal manera que mientras más ganen
ellos, mejor estaremos todos. En lenguaje
moderno este supuesto se dice así:
El sector privado es el motor de la economía
y el capital extranjero es la locomotora
que nos garantiza el progreso y el desarrollo.
b) El segundo supuesto es que la competencia
o la guerra de todos contra todos es la
mejor manera de que todos ganemos en el
mercado. Para saber competir hay que producir
cada vez más, con mayor productividad
y con mayor rentabilidad, es decir, produciendo
más en menos tiempo y a menor costo.
Si las cosas no funcionan bien es que no
fuimos lo suficientemente competitivos y
no merecíamos ganar. Y si no fuimos
competitivos es porque no utilizamos tecnología
extranjera y porque no trabajamos ni ahorramos
lo suficiente.
c) El tercer supuesto es que los que salgan
de la producción porque no son suficientemente
competitivos, entre ellos los campesinos,
tendrán la oportunidad de ser absorbidos
en las industrias más competitivas
y rentables de las nuevas ciudades. En este
supuesto de pleno empleo, la agricultura
será sustituida por la industria,
el campo se urbanizará y los campesinos
se convertirán en obreros industriales.
La ecuación que iguala ganancia,
inversión, empleo y posibilidad de
bienestar es el supuesto que ante la gente
pobre legitima la bondad del modelo: a mayor
ganancia, mayor inversión, mayor
empleo, mayor salario y mayor bienestar,
por lo tanto se orienta hacer lo posible
para que los inversionistas puedan ganar
lo suficiente y sigan invirtiendo.
d) El cuarto supuesto es que todo esto
pasa sin necesidad de que alguien intervenga
en el mercado, mucho menos el estado, limitándose
este último a dejar que las cosas
caminen solas (laissez faire, laissez passer).
El mercado libre y el libre comercio garantizarán
el bienestar y la felicidad de todo el mundo.
Si las cosas funcionan mal es porque no
dejamos suficientemente libre al mercado
y tuvimos un estado o una sociedad que intervino
demasiado en querer arreglar las cosas para
las mayorías. Este supuesto es el
más discursivo de todos y el que
menos emplean quienes lo pregonan, pues
en la práctica, los estados del viejo
modelo económico siempre han intervenido
a favor del gran capital y de los grandes
empresarios, y en contra de la mayoría
empobrecida.
Sin embargo, desde hace quinientos años
y a pesar de haber cumplido con las reglas
y premisas básicas del juego, el
resultado siempre tuvo un desenlace muy
disparejo: progreso y bienestar para la
minoría de ciudadanos que detentan
el poder económico, político
y cultural de la nación, y miseria
para la inmensa mayoría. La brecha
entre ricos y pobres, tanto a nivel nacional
como a nivel internacional, es cada vez
más grande, tanto así que
nuestro país ha llegado a ser el
más empobrecido del continente americano
y la mayoría de la gente no tiene
empleo, no tiene ingresos, no puede curarse
ni educarse, no tiene vivienda, no tiene
caminos ni transporte, no tiene suerte ni
esperanza, tienen que trabajar por un plato
de comida, tiene que emigrar para conseguir
un plato de comida, tiene que prostituirse
para lograr ese plato de comida. Nicaragua,
a diferencia de los países ricos
se urbanizó, pero no se industrializó,
los campesinos emigraron, pero no encontraron
empleo en nuestras ciudades, las minorías
se enriquecieron, pero el famoso derrame
no ha llegado al resto de la ciudadanía,
el estado se ha privatizado y ha dejado
de redistribuir, pero la gente sigue empobreciéndose.
Ante tal constatación, el discurso
justificativo del viejo modelo económico
nos dice que la culpa es de los gobiernos
anteriores, en el caso de Nicaragua la mayor
culpa es achacada a los esfuerzos de la
revolución sandinista para cambiar
la orientación de la economía.
Lo que habría que explicar es por
qué un país tan pobre o más
que Nicaragua, como Haití, donde
no hubo revolución sandinista, el
modelo tampoco ha funcionado para la mayoría
de sus habitantes.
Agotamiento e insostenibilidad del viejo
modelo económico
La verdad es que el viejo modelo parece
agotarse a medida que más se dinamiza
y las señas del mercado no han sido
más que señuelos que muestran
el camino de la quiebra y la destrucción
de nuestras economías. Nos dijeron
que el mercado necesitaba oro y el capital
extranjero nos organizó para producir,
exportar y crecer en base al oro, y agotamos
nuestro oro. Después nos dijeron
que era mejor el algodón, y agotamos
los suelos de occidente. Finalmente, dijeron
que nos concentráramos en el café,
y los precios del café enviaron a
nuestros empresarios a subastar sus propiedades.
Ahora nos dicen que nosotros no servimos
para ningún producto y que lo mejor
es que entreguemos todo el patrimonio, privado
y público, a las grandes corporaciones
extranjeras, campeonas en productividad,
competitividad y rentabilidad.
Hoy en día, lo poco que exportamos
de la industria y la agricultura apenas
sirve para mantener a un grupo de exportadores
acomodados, pues los precios del mercado
internacional para nuestros productos escasamente
superan los costos de producción,
y los precios que pagamos por los productos
que importamos son cada vez más altos,
tanto en términos relativos como
absolutos. Hemos llegado al absurdo de la
orientación perversa de nuestras
exportaciones, cuando los empresarios y
la economía nacional lo hacen por
debajo de los costos de producción,
y los empresarios extranjeros (los enclaves)
lo hacen desangrando y depredando nuestra
economía. La insostenibilidad fiscal
sigue siendo insostenible debido a la tendencia
creciente de una tributación regresiva,
pues el grueso de los impuestos son impuestos
indirectos pagados por la gente pobre para
mantener a la burocracia gubernamental y
a las corporaciones extranjeras. El endeudamiento
externo se sustituye aceleradamente por
el endeudamiento interno del estado y ambos
se pagan con más endeudamiento que
tienen que pagar los contribuyentes al fisco
y los cuentahabientes del ahorro nacional
depositado en bancos que año con
año estafan al público, de
tal manera que los impuestos y los intereses
extraídos a la necesitada pobretería
productiva por los diferentes canales financieros
domésticos, se ha convertido en la
última colecta sobre los escuálidos
bolsillos de los pequeños productores.
La prueba del agotamiento e insostenibilidad
del viejo modelo agroexportador es que hasta
los empresarios locales y nacionales han
quebrado, arrastrando en su quiebra al comercio
y la banca, privada y estatal, recurriendo
al rescate por parte de una banca central
que apenas se alimenta con los impuestos
de la gente. En esta última década
el antiguo y otrora orgulloso sector privado
ha tenido que recurrir a la estafa bancaria
y a la corrupción para poder sobrevivir.
El BECA, el BANCAMP, el BANCO SUR, el BANCO
POPULAR, el BAMER, el BANADES, el BANIC,
el INTERBANK, el BANCO DEL CAFE , son otros
tantos de los bancos saqueados por unos
agroexportadores que tuvieron que vender
por debajo de sus costos de producción
probando con ello la perversa irracionalidad
económica de las exportaciones del
viejo modelo. Nuestros empresarios nacionales,
o al menos los que han sobrevivido, han
tenido que transfugarse en corruptos funcionarios
que se enriquecen mediante las abultadas
planillas del gobierno. De los viejos empresarios
nacionales sólo ha sobrevivido una
minoría (los Pellas, los Mántica,
los Terán), vinculados a los poderes
del aparato estatal, a las prebendas públicas,
al tráfico de influencias, a los
subsidios gubernamentales, a las rentas
monopólicas (productivas, comerciales
y usurarias), pero sin ninguna influencia
en las políticas económicas
del estado ni en el destino de la nación.
Los medianos empresarios nacionales se han
convertido en medianos y pequeños
empresarios, empujados por la competencia
internacional de las grandes corporaciones,
engrosando así las filas de la microempresa
y de los trabajadores por cuenta propia.
La caridad internacional se gasta en gran
parte en estudios para contar los muertos
y las principales calamidades o enfermedades
que matan a sus beneficiarios. La verdad
es que las cuentas nacionales del país
siguen ampliando la gigantesca brecha que
las caracteriza, nuestros trabajadores están
en el desempleo y tienen que emigrar hacia
el exterior, nuestras empresas nacionales
disminuyen aceleradamente su competitividad
y la gente comienza a registrar los índices
más críticos de desempleo
y desnutrición, nuestros recursos
naturales se depredan y pierden aceleradamente
sostenibilidad. Prueba del fracaso del viejo
modelo económico y de todo este drama
es que Nicaragua importa tres veces más
de lo que exporta, el poco dinero que le
queda lo utiliza para pagar el servicio
de su deuda externa y de su deuda interna.
El colmo de las cosas es que un país
como Nicaragua que siempre ha producido
los alimentos que consumía, en otros
tiempos conocido como el granero de Centroamérica,
últimamente está comprando
alimentos por valor de un 60% de sus exportaciones
(USA$300 millones de dólares sobre
USA$ 500 millones de dólares). Y
a pesar de ello, a los planificadores no
se les ha ocurrido priorizar la producción
de alimentos.
El mapa de los sus sujetos altera su paisaje
a grandes velocidades, a medida que la economía
se polariza a pasos agigantados en sus dos
extremos existentes: a) por un lado, los
pequeños productores, los trabajadores
por cuenta propia, los asalariados temporales
y migrantes que envían remesas a
sus familiares, b) por otro lado, las grandes
empresas extranjeras de capital transnacional;
entre ambos extremos se encuentran los medianos
empresarios, atrapados entre la ilusión
de articularse al gran capital transnacional
y el miedo a precipitarse en las filas de
los fracasados, como les llaman los planificadores
a quienes critican su publicitado PND.
Y el fracaso económico y cultural
de este viejo modelo nos está arrastrando
hacia una especie de guerra social sin precedentes.
Los sectores acomodados esquilmando a los
sectores empobrecidos, los machos violentando
a las mujeres, la delincuencia despojando
de bienes y vidas al resto de ciudadanos.
Los negocios ilegítimos e ilegales
son los únicos que prosperan. La
corrupción de los estratos más
acomodados del país y la impunidad
de los poderes públicos han contribuido
a deslegitimar las instituciones y a perder
las esperanzas. La policía no tiene
recursos para detener la delincuencia común.
Las casas de los sectores acomodados están
rodeadas de muros y alambres. A medida que
el crimen arrecia, la seguridad ciudadana
se convierte en un bien tan preciado y tan
escaso como el agua no contaminada.
A esta altura de la historia, lo mínimo
que deberíamos hacer es preguntarnos,
¿Por qué el viejo modelo no
ha funcionado para todos? ¿Por qué
el viejo motor de la economía tranquea
periódicamente por falta de combustible?
¿Por qué la locomotora no
arrastra al resto del tren?
Lo que nos dicen los fanáticos del
viejo modelo económico es que no
hemos creado el contexto económico
adecuado para que el libre mercado y la
libre empresa funcionen, en otras palabras,
tenemos que concentrar todos nuestros esfuerzos
en apuntalar al capital y a los empresarios
más solventes y competitivos, es
decir, a los empresarios extranjeros, pues
sólo ellos podrán cumplir
y demostrar los supuestos del viejo modelo
económico. Solo nos quedaría
entonces, concederles todo el ahorro de
la nación para que ellos puedan crecer,
exportar y enriquecerse, pues ese crecimiento,
esa exportación y ese enriquecimiento
nos llevará finalmente al desarrollo
de la nación: carreteras, puertos,
estímulos fiscales a quienes más
capital posean y disminución de los
gastos sociales, mano de obra barata y disciplinada,
concesiones para la libre explotación
de los recursos naturales, etc.
Quizás el lector se preguntará,
pero por qué el viejo modelo económico
ha funcionado en otros países. La
respuesta es: por la misma razón
por la que el viejo modelo económico
sólo funciona para una minoría
de ciudadanos, por la misma razón
que explica por qué en una plantación
de esclavos o en una empresa maquiladora
el modelo funciona para los esclavistas
o para los dueños asiáticos.
La verdad es que el viejo modelo económico
está regido por una ley (local, nacional
e internacional), que favorece a quien tiene
la suerte de tener el monopolio de los recursos
y desfavorece al que no los tiene y a quien
sólo le queda subordinarse. En la
lógica de este viejo modelo económico
las cosas pasan como en un sistema de vasos
comunicantes, el agua que llena un vaso,
vació al vaso vecino, o como en el
juego de la lotería, donde unos pocos
ganan un millón de dólares
y otros pierden ese mismo dinero, amasado
por cien mil personas que entregaron cada
uno el equivalente a diez dólares,
producto de su trabajo. La diferencia con
la lotería es que en el modelo económico
que estamos analizando, todos están
obligados a competir por el premio, sabiendo
que al final todos, menos unos pocos, estarán
condenados a padecer su mala suerte.
Según las reglas del juego del viejo
modelo económico, si una persona
tiene el monopolio de los recursos, entonces
los demás tienen que subordinarse
y trabajar por el equivalente a un plato
de comida o quedar sin empleo. Igual pasa
con la relación entre empresas, si
una empresa tiene los recursos, entonces
las otras empresas tienen que retirarse
o quebrar en la carrera. Igual pasa con
la relación entre países,
si un país tiene el monopolio de
los recursos, entonces los demás
países que adolecen de tales recursos
tienen que subordinarse y entregar todo
lo que tengan de valor: recursos naturales,
mano de obra, playas o mujeres.
Dos singularidades tuvo el viejo modelo
económico durante el siglo XX. La
primera fue durante la época del
somocismo, en que el crecimiento exportador
registró sus mejores cifras del siglo
y tuvo algún efecto multiplicador
en la economía nacional en base a
actividades económicas que estaban
en manos de empresarios y pequeños
productores nacionales, particularmente
vinculados al café, el algodón
o la carne. La otra singularidad del viejo
modelo económico agroexportador ocurrió
con la revolución sandinista, esta
vez con respecto a las políticas
sociales, por medio de las cuales la gente
accedió a tierra, lotes y viviendas,
pleno empleo, salud, educación y
crédito, cuyos resultados pueden
medirse y fueron constatados por los organismos
internacionales, sin embargo, la columna
vertebral del viejo modelo basado en grandes
explotaciones (privadas y estatales) no
se alteró estructuralmente. La mayor
prueba de que el viejo modelo agroexportador
estaba agotado puede observarse en el derrumbe
de las actividades agroexportadoras en el
resto de mesoamérica, lugares donde
no llegaron ni Somoza ni los sandinistas,
pero sí el derrumbe de los precios
y mercados del exterior.
Creemos pues, que de no cambiar el viejo
modelo económico, la guerra social
continuará cobrando víctimas
a diario. Víctimas del desempleo,
el empobrecimiento, el abandono, la desesperanza,
el sentimiento de exclusión social;
sin patria, sin ley y sin Dios que ampare
a sus antiguos creyentes y a sus eternos
penitentes.
Un Plan Nacional de Desarrollo o un Plan
de Negocio Empresarial
El Plan Nacional de Desarrollo (PND), recientemente
presentado por el gobierno de Nicaragua,
expresa fielmente la correlación
económica de fuerzas en que se encuentran
los distintos actores sociales, a saber,
los pequeños productores y/o trabajadores
por cuenta propia, la burguesía nacional
(pequeña, mediana y grande), y las
corporaciones extranjeras. Sin lugar a dudas,
las corporaciones o el capital o la inversión
extranjera como suele llamarle el presidente,
es el sujeto priorizado del PND, el que
a pesar de presentarse como un plan para
resolver el hambre y la pobreza, mas bien
parece ser un Plan de Negocio Empresarial,
destinado a resolver las recurrentes crisis
en que se encuentran las empresas en el
mundo entero.
La apuesta no es nueva y corresponde a
la lógica empresarial del mercado
y del estado neoliberales, con algunos retoques,
entre otros los siguientes: a) el sector
privado, el capital y los empresarios por
excelencia serán exclusivamente los
empresarios extranjeros, triunfadores mundiales
de la productividad, la competitividad,
la eficiencia y la rentabilidad en los negocios,
en otras palabras, asistimos a la autoconfesión
del final del capitalismo nacional; b) los
antiguos polos de desarrollo regional serán
convertidos en polos de desarrollo empresarial,
donde quienes participen estarán
subordinados a las grandes corporaciones
transnacionales que son las que saben cómo
hacer negocios, y hacia esos polos tendrá
que migrar el resto de ciudadanos, pues
las otras regiones serán desatendidas
por el estado; c) el viejo estado tendrá
que privatizar no solamente las propiedades
empresariales, sino también el patrimonio
nacional, trasladándolo todo a las
grandes empresas transnacionales, incluyendo
el monopolio de los servicios públicos
como las comunicaciones, la electricidad,
el agua; asimismo, dicho estado eliminará
paulatinamente toda responsabilidad con
la ciudadanía, d) a diferencia del
discurso anterior sobre la libre empresa,
la libre competencia, el libre mercado y
el libre comercio, ahora nos ofrecen una
economía de contratos, un comercio
regulado y una intervención selectiva
a favor de los más competitivos:
contratos y concesiones sin licitación
alguna para las empresas transnacionales
(carreteras, puertos o canales), tratados
internacionales de regulación comercial
(llamados de libre comercio). El resto de
los supuestos serán mantenidos en
el discurso, con el compromiso no sólo
de vencer a los productores nacionales,
sino de convencer a toda la nación
de las bondades del modelo, a través
de un plan de divulgación y publicidad
disfrazado de plan de consulta.
La estrategia económica en marcha
o en funciones, la orientación de
esta estrategia, así como el planificado
enfoque para fortalecerla y desarrollarla
están definidos en el capítulo
III del Plan Nacional de Desarrollo y se
titula La Competitividad como Estrategia
de Reducción de la Pobreza. En este
capítulo se confiesa la voluntad
del gobierno de apoyar decididamente la
competitividad de las empresas más
competitivas, es decir, las empresas extranjeras
realmente existentes que ya se encuentran
en el territorio y que el plan señala
con nombre y apellido. Se trata, pues, como
lo dice textualmente el mismo documento,
de un plan de negocios para mayor gloria
de la competitividad, en aras de mejorar
la productividad y garantizar la rentabilidad
de estos negocios. El criterio de bondad
y garantía de éxito del plan
está amarrado a los índices
de inversión y exportación
de estas empresas, lo que por supuesto se
presenta como inversión y exportación
de la nación, sólo faltará
el ejercicio estadístico de trasladar
las cuentas de estas empresas a las partidas
de las cuentas nacionales, las que hasta
ahora todavía aparecen separadas.
El corolario de esta tesis es que dado que
el único campo de batalla donde estas
empresas tienen que competir es el mercado
internacional, y dado que estas empresas
no tienen patria fija y gozan del don de
la ubicuidad, el plan descarta cualquier
protección de la economía
nacional que pueda competir con dichas empresas,
profundizando mas bien la irrestricta libertad
para competir y regulando o ajustando para
ello el comportamiento del comercio internacional.
La gran novedad del plan, anotada también
en el tercer capítulo es la modalidad
organizativa, sintetizada en el concepto
de Cluster o aglomerado de negocios en un
territorio determinado, lo que el plan pretende
conseguir agregando facilidades para que
la población, la infraestructura,
los recursos naturales, los negocios menores,
los servicios e instituciones, así
como las políticas locales y nacionales
mejoren el entorno y el clima de negocios
en aquellos lugares donde ya existen las
corporaciones extranjeras. La reflexión
principal que hay que hacer al respecto
y que el plan no se hace es que si bien
es cierto que una aglomeración de
recursos, factores y políticas en
un territorio determinado pueden mejorar
la situación y los negocios de las
empresas, no es igualmente cierto que el
negocio de unas pocas empresas mejoren necesariamente
la situación del territorio o de
la población, tal como lo hemos constatado
los nicaragüenses con los viejos y
nuevos enclaves y con las nuevas maquilas.
El plan pretende convencernos de que la
inversión, el crecimiento exportador
y el enriquecimiento de las grandes corporaciones
multinacionales es una garantía para
reducir la pobreza. Lo que justificaría
que el estado y la sociedad entreguen sus
últimos ahorros y esfuerzos para
que el plan de negocios funcione. Si desde
el punto de vista organizativo los clusters
aparecen como la columna vertebral de la
estrategia productiva, desde el punto de
vista del mercado o de la reproducción
ampliada del modelo, el entorno internacional
es su universo fundamental de gestión:
empresas extranjeras, negocios vinculados
al circuito internacional y a su proceso
mundial de acumulación, competitividad
de la economía nacional vinculada
a la competitividad de las corporaciones
mundiales, operando éstas apenas
como enclaves económicos incrustados
en la geografía nicaragüense.
Es decir, un proceso tristemente célebre
por la gigantesca brecha que abre entre
multimillonarias empresas y naciones empobrecidas,
y que hace que dichos enclaves se despreocupen
de los recursos naturales de nuestros países,
se desentiendan del salario vital de los
trabajadores nacionales que no comprarán
jamás tales productos, y hagan caso
omiso de sus obligaciones fiscales o municipales.
La prioridad que el gobierno concede a
las grandes corporaciones extranjeras corresponde
a los criterios escogidos por quienes elaboraron
el plan. El PND dice textualmente que el
criterio no es el sujeto ni el producto
ni el país, sino el business o el
negocio más rentable y la empresa
más competitiva, lo que obviamente
coloca a las empresas transnacionales como
favoritas en esta carrera por los favores
del gobierno y de sus políticas.
Los empresarios nacionales pueden aspirar
a participar en este plan, siempre y cuando
pasen el examen de competitividad en el
mercado mundial, situados por lo tanto en
franca desventaja de acuerdo a la forma
en que se comporta y se dirige el mundo
de hoy. Los pequeños productores
son orientados a abandonar sus zonas deprimidas,
conminándoseles a producir mano de
obra barata, o a producir productos baratos
para que los mismos sean procesados, empacados
y exportados por las empresas líderes
en cada segmento o cluster identificado;
de acuerdo a la estrategia del gobierno,
este sector estaría prácticamente
fuera de su prioridad, puesto que no juega
en los negocios, sino que sólo se
ocupa de sobrevivir; le pasa igual que a
las madres en relación al padre,
al quedarse aquellas fuera del mundo del
valor de cambio, reservado a los hombres,
puesto que las mismas se dedican al menos
rentable de los negocios, como es la sobrevivencia
y el bienestar de la familia, resultando
no aptas para participar en la jungla del
mercado. Para el discurso de derecha, la
sobrevivencia no es parte del desarrollo,
puesto que para ellos el desarrollo no incluye
la sobrevivencia de las mayorías
de un país, o de la mayoría
de los países.
Para quienes de buena fe creen que el PND
es para todos, los invito a revisar los
sujetos económicos que aparecen a
la cabeza de los clusters, en las minas,
las explotaciones forestales, la rama textil,
el turismo, la energía, la pesca
o los agronegocios.
En el documento sobre la Estrategia Nacional
de Desarrollo, los que elaboraron el plan
entregaron un listado de las empresas que
encabezan y encabezarán los clusters,
listado que copiamos a continuación.
|
Apuntando
hacia la Inversión Extranjera
|
|
La promoción de la Inversión
Directa Extranjera debe de apuntar
a aglomeraciones y empresas, no países
AGLOMERACION
|
|
FORESTAL
|
|
- International
Paper
- Stora Enso
- UPM-Kymmere
- Georgia Pacific
- Weyerhauerser
- Smurfit-Stone Container
- Nippon Unipac |
ENERGIA
AGRONEGOCIOS: |
|
|
Cítricos
|
|
- Chiquita
Brands
- Del Monte Foods
- Fyffes
- Goya
- Tropicana
- J.M. Smucker
- Hanover Foods Corporation |
|
Lácteos
|
|
- Nestlé
- Philip Morris / Kraft Foods
- Unilever
- Danone
- Parmalat
|
TEXTILES
TURISMO |
|
|
|
|
Fuente: Gobierno de Nicaragua.
"Estrategia Nacional de Desarrollo.
Borrador para discusión, Diciembre
2002". En este cuadro no aparecen los
nombres de empresas dedicadas al turismo
(españolas), ni textiles (taiwanesas),
ni mineras (canadienses) en su mayoría
taiwanesa. En el Plan Nacional de Desarrollo
aparecen algunos nombres de empresas dedicadas
a la energía, entre ellas, CENSA-AMFELS,
Tipitapa Power-Coastal, NERÓN.
La gran mayoría de estas empresas,
no son más que los mismos enclaves
o maquilas que existían o que siempre
han existido anteriormente en manos del
capital extranjero. Al respecto quisiera
decir dos cosas, en primer lugar, no estoy
en contra de tales actividades, ni siquiera
en contra de la propiedad extranjera de
tales empresas, sino en contra del favoritismo
del gobierno a empresas que funcionan como
enclaves y que tienen muy poco efecto multiplicador
sobre el resto de la economía; en
segundo lugar, lo que cuenta no es quien
participa en tales actividades, sino quien
se apropia la mayor parte de los excedentes
y quien se beneficia de ello, ya que no
debería tratarse de un plan de negocios
para las empresas, sino de desarrollo nacional,
es decir, de crecimiento equitativo, participación
con igualdad de oportunidades y bienestar
para todos. El supuesto de que lo que es
bueno para el enclave es bueno para el país,
se convierte en un supuesto perverso, sobre
todo ahora que nos proponen que el estado,
la economía y la sociedad entera
tenga todas las obligaciones y deferencias
para con los enclaves, al mismo tiempo que
nos proponen que los enclaves no tendrán
ninguna obligación para con nosotros.
En base a las consideraciones anteriores,
podemos concluir que el llamado Plan Nacional
de Desarrollo corresponde a una Estrategia
Empresarial en favor de las grandes corporaciones
extranjeras, quienes desde hace diez años
están refuncionalizando al estado
nacional a favor de sus intereses y a través
de diferentes planes: Plan de Ajuste Estructural,
Plan de Privatización, Plan Puebla
Panamá, Estrategia Reforzada de Crecimiento
Económico y Reducción de la
Pobreza, Tratados Internacionales de Regulación
Comercial, y, últimamente, Plan Nacional
de Desarrollo. Visto desde esta perspectiva,
el Plan Nacional de Desarrollo, al igual
que el resto de planes, aparece muy coherente
y muy prometedor para aumentar la riqueza
de las empresas transnacionales. En la propuesta
del PND aparecen descritos los principales
clusters a los cuales se les llama directamente
aglomerados de negocios de turismo, café,
carne y lácteos, forestal y madera,
minas, pesca y acuicultura, textiles y vestuario,
energía. Estas actividades siempre
han existido en Nicaragua, siempre han sido
muy buen negocio para sus dueños
y siempre han empobrecido y depredado el
entorno, en otras palabras no necesitan
un plan para existir ni son un buen ejemplo
de lo que se quiere lograr, al igual que
la cartera arrastrada de proyectos que aparece
al final del documento.
¿Son realmente los enclaves mineros
y madereros, o las maquilas textileras e
industriales de las zonas francas, conglomerados
que benefician al entorno del territorio
y a quienes viven en el mismo? Si así
fuera, no necesitaríamos plan nacional
de desarrollo, pues hace años que
estos mismos enclaves ya existen, más
bien tendríamos que cambiar la orientación
de dicho plan, pues a pesar de la existencia
y éxito empresarial de los mismos,
el desarrollo no aparece por ningún
lado. Necesitaríamos que nos digan
cómo se van a beneficiar los productores
avícolas de Carazo del crecimiento
y enriquecimiento de la empresa Tip Top,
cómo se van a beneficiar los productores
de muebles de Masaya o los constructores
de Bluefields del crecimiento y enriquecimiento
de las empresas extranjeras o nacionales
que saquean los bosques de la Costa Caribe,
cómo se van a beneficiar las comiderías
y las pensiones de San Rafael del Sur con
el crecimiento y enriquecimiento de los
dueños del balneario de Montelimar,
cómo se van a beneficiar los territorios
y comunidades de tierra adentro con la construcción
por parte de empresas españolas de
la carretera Masaya-Granada o de la carretera
costanera en Rivas, cómo se van a
beneficiar los pescadores de Chinandega
del crecimiento y enriquecimiento de los
empresarios y exportadores camaroneros,
cómo se van a beneficiar los cafetaleros
aumentando su producción de café
si el precio internacional sigue bajando,
cómo se van a beneficiar los productores
y consumidores de leche si Parmalat baja
el precio de compra y sube el precio de
consumo, cómo nos vamos a beneficiar
los nicaragüenses cuando el estado
haya vendido todo el patrimonio -vinculado
a la energía o al agua- a las empresas
extranjeras, cómo se van a beneficiar
los campesinos nicaragüenses cuando
el gobierno termine de desmantelar la protección
arancelaria para que las empresas norteamericanas
nos sigan vendiendo granos subsidiados.
Dicho sea de paso, en el texto aparecen
clusters para muchos productos, menos para
los granos básicos ni para la crianza
de ganado ni para las frutas y verduras,
es decir, menos para las principales actividades
campesinas. Imagínense ustedes cómo
será de vulnerable la situación
del campesinado nicaragüense, que en
un país como Estados Unidos, ni siquiera
los farmers (equivalente del campesino o
del finquero nicaragüense) fueron capaces
de resistir la ofensiva de las grandes corporaciones
cerealeras.
En todo caso, todo esto está pasando
desde hace más de diez años
y el desarrollo no se ve por ningún
lado. ¿Por qué las cosas serían
diferentes cuando terminemos de entregar
todo el país a las corporaciones
extranjeras, solamente porque ahora son
más modernas que las viejas plantaciones
y los viejos enclaves de hace quinientos
años?
Para quienes todavía creen que el
capital extranjero o las inversiones extranjeras
o las corporaciones extranjeras nos traerán
el progreso deseado, los invito a repasar
la historia económica de Nicaragua
o, lo que es lo mismo, la historia económica
de las empresas extranjeras a su paso por
nuestro país.
Plantaciones, enclaves, maquilas y clusters
En relación al capital extranjero
la historia económica de Nicaragua
ha sido atravesada por formas de explotación
o de extracción de excedentes conocidos
como plantaciones, enclaves y maquilas,
quienes lejos de haber sido factores de
desarrollo más bien parecieran campos
de concentración económicos.
Un campo de concentración puede
tener carácter militar o carácter
económico. Un campo de concentración
militar es un segmento territorial donde
la gente está obligada a permanecer
bajo amenaza o fuerza militar. Un campo
de concentración económico
es igualmente un segmento territorial donde
los esclavos, peones semi-asalariados o
pequeños productores, están
obligados a permanecer o comportarse de
tal manera, bajo amenaza de perder la vida
o la comida, el empleo o la posibilidad
de vender sus productos. En ninguno de ellos
se garantiza más dignidad y derecho
que un pedazo de pan o de tortilla para
sobrevivir.
Después de mucho tiempo de haber
apostado y experimentado tal modelo, deberíamos
preguntarnos si realmente estas empresas
han sido, a lo largo de nuestra historia,
factores de desarrollo o campos de concentración
de riqueza empresarial, ya sea en la agricultura,
el comercio o la industria. Pregunta que
se vuelve oportuna en estos momentos en
que el gobierno nos promete de nuevo, el
mismo desarrollo o bienestar que nunca hemos
tenido, hoy a través de los clusters
o aglomerados económicos, encabezados
por grandes consorcios extranjeros. Unidades
económico-territoriales que en la
mayoría de los casos funcionan como
plantaciones, enclaves y maquilas, y en
otros casos a lo máximo que llegan
es a una especie de híbrido: cluster-plantación,
cluster-enclave o cluster-maquila.
Mi hipótesis es que las plantaciones
coloniales, los enclaves y las maquilas
que todavía existen en Nicaragua,
bien podrían ser ejemplos evidentes,
por su funcionamiento y resultado, de campos
de concentración económicos
que efectivamente concentran riqueza privada
pero no han sido factores de desarrollo
nacional. Y en el caso de los aglomerados,
si los mismos funcionan bajo la lógica
y conducción de las plantaciones,
enclaves y maquilas, seguirán jugando
el mismo papel que el resto del capital
extranjero.
Regresando a nuestra historia económica,
la nación nicaragüense, igual
que las naciones centroamericanas, nacieron
con el establecimiento de explotaciones
coloniales abocadas a la minería
y a las plantaciones agrícolas (cochinilla,
añil, cacao, etc.), con mano de obra
esclava o sometida a régimen de servidumbre.
Todas estas actividades llenaron el bolsillo
de los comerciantes europeos, mientras que
a Centroamérica le quedaba apenas
la ilusión de que íbamos por
el buen camino pues estábamos produciendo
y exportando cada vez más, prueba
ilusa de un desarrollo lleno de pobreza
y dependencia que duró los primeros
tres siglos de nuestra vida social.
Después llegaron los enclaves o
empresas territoriales norteamericanas estableciéndose
en la región, pero sin someterse
a las leyes de la región. La posesión
de las tierras o de los yacimientos mineros
se hacía por concesiones que nuestros
gobiernos entregaban a las empresas extranjeras,
junto con una serie de exenciones impositivas
que muchas veces superaban la renta de algunos
de los países centroamericanos. En
los enclaves, la mano de obra era remunerada
por un salario equivalente a una paupérrima
canasta que permitía la sobrevivencia
de los trabajadores del enclave. A finales
del siglo XIX y comienzos del siglo XX,
los enclaves de banano, plata, caucho o
madera, extrajeron nuestros recursos naturales
hasta el agotamiento del yacimiento, el
suelo, la biodiversidad y la gente. Al final
del negocio, los enclaves se marcharon,
desmantelando hasta la línea férrea
por donde sacaban su producción exportable.
Al igual que en el caso de las plantaciones,
el desarrollo centroamericano sólo
se reflejó en la riqueza que aquellos
productos generaban a las empresas extranjeras,
las que ni siquiera pagaban el coime prometido
a la oligarquía criolla de entonces.
A finales del siglo recién pasado
y ante la crisis de la agroexportación
nacional, nuestros gobiernos nos ofrecen
de nuevo el desarrollo económico
a través de las inversiones extranjeras.
Fue así que llegaron las maquilas
asiáticas. Estas maquilas textileras
funcionan como enclaves industriales y comerciales,
con la diferencia que ahora importan la
materia prima fuera del istmo centroamericano,
la que una vez procesada se va al exterior
y algunas veces hasta regresa, pero a un
precio mucho mayor. Otra diferencia es que
los enclaves importaban gran parte de la
canasta que consumían sus empleados,
en cambio las maquilas se abastecen de sus
transnacionales hermanas que ya se encuentran
radicadas en el país (Pizza Hut,
McDonald´s y compañía).
Por lo demás todo sigue igual.
Para quienes no vivieron la época
de las plantaciones o de los enclaves y
crean que es muy exagerado hablar de campos
de concentración económicos,
los invito a darse una vuelta por las maquiladoras
asiáticas para ver a miles de mujeres
ganando $2 dólares (C$30 córdobas)
diario, lo que apenas les ajusta para pagar
tres tiempos de comida y el pasaje de ida
y vuelta a su hogar, trabajando en condiciones
de hacinamiento y humillación para
poder llevar un mendrugo de pan a sus hijos.
¡peor es que no tengan empleo dicen
los negociadores del CAFTA! ¡peor
es que no coman! decían los antiguos
esclavistas de las viejas plantaciones.
Imagínense el nivel de servidumbre
en que se encuentra nuestra gente y el grado
de servilismo de nuestros gobernantes, a
través del siguiente comentario sobre
los salarios en las maquilas y sobre las
exenciones fiscales a los empresarios extranjeros.
En Estados Unidos el salario promedio en
las maquilas es de USA $9 dólares
la hora, en México es de USA $ 2
dólares la hora, en China es de USA
$ 0.60 centavos dólar la hora, mientras
en Nicaragua es de USA $0.30 centavos dólar
la hora. Por su lado, el representante del
estado nicaragüense ante las maquilas
dice que está bien que las maquilas
estén exentas de todo impuesto, pero
que estos incentivos fiscales deben ser
vitalicios. Y esto es así porque
el mercado nicaragüense siempre estuvo
fuera de nuestras fronteras, de tal manera
que nunca se preocuparon de la capacidad
de compra de nuestro mercado interno y por
lo tanto tampoco de subirles el salario
a nuestros trabajadores.
En el Plan Nacional de Desarrollo ya no
se habla de plantaciones, enclaves o maquilas,
sino que se habla de clusters (aglomerados
o complejos territoriales de integración
horizontal) encabezados por corporaciones
extranjeras, pero que por su forma actual
de funcionamiento más bien parecen
una reedición moderna de la vieja
economía de enclaves.
El cluster es una propuesta de integración
horizontal, considerada superior a la integración
de la sociedad anónima y a la integración
vertical de las empresas. La sociedad anónima
es un recurso empresarial para sumar capitales
y usufructuar las ventajas de la economía
de escala. La integración vertical
es el control por parte de una sola empresa
de todos los eslabones de la cadena de negocios
de una rama (producción, procesamiento,
distribución, transporte, finanzas,
etc). Los clusters son núcleos territoriales
donde las diferentes empresas, productores,
instituciones y otros organismos, se articulan
para aumentar la eficiencia y productividad
de las actividades de una zona determinada
de la economía. Y esto no lo vemos
tan mal, si no fuera porque el plan económico
del gobierno describe y entiende como cluster
al liderazgo de una empresa extranjera sobre
un territorio subordinado. Y la mayoría
de los ejemplos utilizados para ilustrar
el plan de los clusters son las plantaciones,
los enclaves mineros y las maquilas existentes
en Nicaragua.
Al igual que las plantaciones, los enclaves
y las maquilas, los clusters se limitan
a un segmento del territorio nacional y
están encabezados por grandes empresas
extranjeras, por lo general dedicadas al
procesamiento y comercialización.
Estos campos de concentración económicos,
con diferentes nombres y modalidades, pero
con iguales resultados, usufructúan
flexiblemente los recursos del entorno:
pueden trabajar con materia prima importada
o comprada en el territorio nacional, gozan
de exenciones impositivas igual que las
formas anteriores, contratan mano de obra
asalariada y establecen contratos de compra-venta
con los productores del entorno. Para los
gobernantes nacionales y sus administradores
de políticas económicas, el
moderno capital extranjero, al igual que
sus antecesores, sigue siendo el sujeto
económico principal al cual apostar
para el desarrollo económico nacional.
La gran diferencia es que las empresas "enclustradas"
bajo la lógica de la plantación,
el enclave o la maquila, recibirán
todo el apoyo del estado nacional para organizarle,
incluyendo los insumos requeridos en el
segmento territorial local, la infraestructura
física y social, la capacitación
de la mano de obra utilizada, el marco jurídico
adecuado a la importación y exportación
de sus productos, el levantamiento de todas
las censuras que anteriormente encontraba
el capital: censuras jurídicas, censuras
morales, censuras sociales, censuras laborales,
censuras ecológicas o medioambientales,
censuras fitosanitarias, asimismo, gozarán
de todas las prerrogativas de una empresa
nacional, de una empresa transnacional y
de una empresa que no tiene patria ni compromiso
alguno con nadie más que con la codicia
y el beneficio del negocio.
El cluster encabezado por un enclave se
comporta, entonces, igual que la plantación,
el enclave o la maquila, como un campo de
concentración de riqueza hegemonizado
por la empresa extranjera: agrícola,
industrial, comercial, territorial, que
succionará, además, los recursos
que la administración pública
podría destinar a otros territorios
o grupos poblacionales, pues como dice el
PND del gobierno nicaragüense, donde
no haya posibilidades de negocio para las
empresas, el estado no deberá gastar
ni un solo centavo. Como en todo campo de
concentración, esta vez de tipo económico,
las empresas líderes de los clusters
contarán con una mano de obra cautiva
y desheredada, sin ciudadanía si
son migrantes, sin derechos sociales ni
libertad sindical si su estado ha firmado
tratados de regulación comercial,
sin protección sexual o de género
si son mujeres u homosexuales, sin esperanza
de un ingreso que supere la cuota mínima
para poder llegar vivos al día siguiente
a su trabajo; en el caso de los productores
que le vendan sus productos a la unidad
rectora del cluster (la empresa extranjera)
para que ésta los procese y los exporte,
quedarían subordinados al monopsonio
de la corporación, sin ninguna protección
que pudiera perturbar la competitividad
de los nuevos enclaves.
La grande y desventajosa diferencia entre
este cluster sui géneris y sus homólogos
anteriores es que la oferta o demagogia
del supuesto es tan grande que sus mentores
proponen que el país abandone totalmente
la producción campesina de alimentos,
bajo la promesa de que con el empleo ofrecido
por estas empresas habrá trabajo
e ingreso para todos, con lo que podrán
comprar alimentos que el resto de empresas
transnacionales estarán vendiendo
en cada rincón del país. Hasta
ahora, sin embargo, las cifras no calzan
con la publicidad, al menos en Nicaragua.
En los últimos diez años,
las maquilas asiáticas han absorbido
50,000 empleos, mientras cada año
entran al mercado laboral nicaragüense
100,000 jóvenes necesitados de empleo;
prueba de semejante desproporción
es que 1,000,000 de desempleados y desempleadas
han tenido que abandonar el campo y la ciudad,
dirigiéndose principalmente hacia
las actividades exportadoras de los empresarios
nacionales costarricenses y norteamericanos.
Y el ofrecimiento salarial del viejo modelo
económico se desvanece progresivamente
a medida que arrecia la competitividad y
por lo tanto la obligación de los
enclaves y las maquilas de reducir los costos
salariales de producción, tanto por
el lado de sustituir mano de obra por tecnología,
como por el lado de bajar lo más
que se pueda los salarios de la gente.
El lector se preguntará cómo
hará el estado nicaragüense
para apoyar a unas empresas extranjeras
que importan la mayor parte de lo que necesitan,
que repatrían su capital a las respectivas
metrópolis, que deterioran aceleradamente
la sostenibilidad del fisco, sobre todo
a partir del desmantelamiento arancelario
que los tratados de regulación comercial
imponen a estos países. La respuesta
es muy sencilla, todo el peso de la carga
tendrá que ser soportada por los
pequeños productores, por los trabajadores
por cuenta propia y por los trabajadores
asalariados que desde el exterior envían
su cuota para sostener el resquebrajamiento
del viejo modelo económico.
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