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La Otra Estrategia
Orlando Núñez Soto

PRIMERA PARTE
EL VIEJO MODELO ECONOMICO Y EL PLAN NACIONAL DE DESARROLLO DEL GOBIERNO

* El viejo modelo económico
* Agotamiento e insostenibilidad del viejo modelo económico
* Un Plan Nacional de Desarrollo o un Plan de Negocio empresarial
* Plantaciones, enclaves, maquilas y clusters

PRIMERA PARTE

EL VIEJO MODELO ECONOMICO Y EL PLAN NACIONAL DE DESARROLLO DEL GOBIERNO


El viejo modelo económico

Llamo viejo modelo económico a la forma constante en que el capital extranjero y las diferentes metrópolis han moldeado y subordinado nuestra economía, desde los tiempos de la colonia, pasando por el capitalismo nacional, hasta llegar a la forma imperializada a la que hoy nos somete la globalización neoliberal.

Los rasgos principales de este viejo modelo económico, aparecen traslapados en diferentes expresiones productivas, comerciales y financieras, a saber, a) Una economía de resistencia basada en pequeñas unidades económicas de sobrevivencia, agrícola, artesanal, manufacturera y comercial, heredada de los tiempos coloniales, b) una raquítica industria de consumo interno y regional en manos de medianos empresarios, c) una actividad comercial-financiera dedicada a la exportación de materias primas agrícolas, pecuarias, pesqueras, mineras y madereras, d) una industria de exportación muy tecnificada y en manos de compañías extranjeras. Hasta ahora, estos factores se han combinado de tal manera que los excedentes han sido en su mayor parte drenados hacia el exterior, factor que ha contribuido al bloqueo permanente de un proceso autónomo de acumulación.

El modelo económico que hasta ahora hemos tenido alimenta su ilusión con algunos supuestos que en quinientos años jamás se han cumplido, ni durante la colonia, ni durante el capitalismo nacional, ni durante la globalización neoliberal en la que vivimos ahora. Veamos a continuación algunos de los supuestos más importantes.

a) El primer supuesto es que el encomendero, el empresario nacional o el moderno empresario extranjero, en la medida en que se hagan ricos, produciendo y exportando, podrán disponer de un sobrante para apuntalar el progreso de la nación y derramar parte de su riqueza al resto de ciudadanos. De tal manera que mientras más ganen ellos, mejor estaremos todos. En lenguaje moderno este supuesto se dice así: El sector privado es el motor de la economía y el capital extranjero es la locomotora que nos garantiza el progreso y el desarrollo.

b) El segundo supuesto es que la competencia o la guerra de todos contra todos es la mejor manera de que todos ganemos en el mercado. Para saber competir hay que producir cada vez más, con mayor productividad y con mayor rentabilidad, es decir, produciendo más en menos tiempo y a menor costo. Si las cosas no funcionan bien es que no fuimos lo suficientemente competitivos y no merecíamos ganar. Y si no fuimos competitivos es porque no utilizamos tecnología extranjera y porque no trabajamos ni ahorramos lo suficiente.

c) El tercer supuesto es que los que salgan de la producción porque no son suficientemente competitivos, entre ellos los campesinos, tendrán la oportunidad de ser absorbidos en las industrias más competitivas y rentables de las nuevas ciudades. En este supuesto de pleno empleo, la agricultura será sustituida por la industria, el campo se urbanizará y los campesinos se convertirán en obreros industriales. La ecuación que iguala ganancia, inversión, empleo y posibilidad de bienestar es el supuesto que ante la gente pobre legitima la bondad del modelo: a mayor ganancia, mayor inversión, mayor empleo, mayor salario y mayor bienestar, por lo tanto se orienta hacer lo posible para que los inversionistas puedan ganar lo suficiente y sigan invirtiendo.

d) El cuarto supuesto es que todo esto pasa sin necesidad de que alguien intervenga en el mercado, mucho menos el estado, limitándose este último a dejar que las cosas caminen solas (laissez faire, laissez passer). El mercado libre y el libre comercio garantizarán el bienestar y la felicidad de todo el mundo. Si las cosas funcionan mal es porque no dejamos suficientemente libre al mercado y tuvimos un estado o una sociedad que intervino demasiado en querer arreglar las cosas para las mayorías. Este supuesto es el más discursivo de todos y el que menos emplean quienes lo pregonan, pues en la práctica, los estados del viejo modelo económico siempre han intervenido a favor del gran capital y de los grandes empresarios, y en contra de la mayoría empobrecida.

Sin embargo, desde hace quinientos años y a pesar de haber cumplido con las reglas y premisas básicas del juego, el resultado siempre tuvo un desenlace muy disparejo: progreso y bienestar para la minoría de ciudadanos que detentan el poder económico, político y cultural de la nación, y miseria para la inmensa mayoría. La brecha entre ricos y pobres, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, es cada vez más grande, tanto así que nuestro país ha llegado a ser el más empobrecido del continente americano y la mayoría de la gente no tiene empleo, no tiene ingresos, no puede curarse ni educarse, no tiene vivienda, no tiene caminos ni transporte, no tiene suerte ni esperanza, tienen que trabajar por un plato de comida, tiene que emigrar para conseguir un plato de comida, tiene que prostituirse para lograr ese plato de comida. Nicaragua, a diferencia de los países ricos se urbanizó, pero no se industrializó, los campesinos emigraron, pero no encontraron empleo en nuestras ciudades, las minorías se enriquecieron, pero el famoso derrame no ha llegado al resto de la ciudadanía, el estado se ha privatizado y ha dejado de redistribuir, pero la gente sigue empobreciéndose.

Ante tal constatación, el discurso justificativo del viejo modelo económico nos dice que la culpa es de los gobiernos anteriores, en el caso de Nicaragua la mayor culpa es achacada a los esfuerzos de la revolución sandinista para cambiar la orientación de la economía. Lo que habría que explicar es por qué un país tan pobre o más que Nicaragua, como Haití, donde no hubo revolución sandinista, el modelo tampoco ha funcionado para la mayoría de sus habitantes.


Agotamiento e insostenibilidad del viejo modelo económico

La verdad es que el viejo modelo parece agotarse a medida que más se dinamiza y las señas del mercado no han sido más que señuelos que muestran el camino de la quiebra y la destrucción de nuestras economías. Nos dijeron que el mercado necesitaba oro y el capital extranjero nos organizó para producir, exportar y crecer en base al oro, y agotamos nuestro oro. Después nos dijeron que era mejor el algodón, y agotamos los suelos de occidente. Finalmente, dijeron que nos concentráramos en el café, y los precios del café enviaron a nuestros empresarios a subastar sus propiedades. Ahora nos dicen que nosotros no servimos para ningún producto y que lo mejor es que entreguemos todo el patrimonio, privado y público, a las grandes corporaciones extranjeras, campeonas en productividad, competitividad y rentabilidad.

Hoy en día, lo poco que exportamos de la industria y la agricultura apenas sirve para mantener a un grupo de exportadores acomodados, pues los precios del mercado internacional para nuestros productos escasamente superan los costos de producción, y los precios que pagamos por los productos que importamos son cada vez más altos, tanto en términos relativos como absolutos. Hemos llegado al absurdo de la orientación perversa de nuestras exportaciones, cuando los empresarios y la economía nacional lo hacen por debajo de los costos de producción, y los empresarios extranjeros (los enclaves) lo hacen desangrando y depredando nuestra economía. La insostenibilidad fiscal sigue siendo insostenible debido a la tendencia creciente de una tributación regresiva, pues el grueso de los impuestos son impuestos indirectos pagados por la gente pobre para mantener a la burocracia gubernamental y a las corporaciones extranjeras. El endeudamiento externo se sustituye aceleradamente por el endeudamiento interno del estado y ambos se pagan con más endeudamiento que tienen que pagar los contribuyentes al fisco y los cuentahabientes del ahorro nacional depositado en bancos que año con año estafan al público, de tal manera que los impuestos y los intereses extraídos a la necesitada pobretería productiva por los diferentes canales financieros domésticos, se ha convertido en la última colecta sobre los escuálidos bolsillos de los pequeños productores.

La prueba del agotamiento e insostenibilidad del viejo modelo agroexportador es que hasta los empresarios locales y nacionales han quebrado, arrastrando en su quiebra al comercio y la banca, privada y estatal, recurriendo al rescate por parte de una banca central que apenas se alimenta con los impuestos de la gente. En esta última década el antiguo y otrora orgulloso sector privado ha tenido que recurrir a la estafa bancaria y a la corrupción para poder sobrevivir. El BECA, el BANCAMP, el BANCO SUR, el BANCO POPULAR, el BAMER, el BANADES, el BANIC, el INTERBANK, el BANCO DEL CAFE , son otros tantos de los bancos saqueados por unos agroexportadores que tuvieron que vender por debajo de sus costos de producción probando con ello la perversa irracionalidad económica de las exportaciones del viejo modelo. Nuestros empresarios nacionales, o al menos los que han sobrevivido, han tenido que transfugarse en corruptos funcionarios que se enriquecen mediante las abultadas planillas del gobierno. De los viejos empresarios nacionales sólo ha sobrevivido una minoría (los Pellas, los Mántica, los Terán), vinculados a los poderes del aparato estatal, a las prebendas públicas, al tráfico de influencias, a los subsidios gubernamentales, a las rentas monopólicas (productivas, comerciales y usurarias), pero sin ninguna influencia en las políticas económicas del estado ni en el destino de la nación. Los medianos empresarios nacionales se han convertido en medianos y pequeños empresarios, empujados por la competencia internacional de las grandes corporaciones, engrosando así las filas de la microempresa y de los trabajadores por cuenta propia.

La caridad internacional se gasta en gran parte en estudios para contar los muertos y las principales calamidades o enfermedades que matan a sus beneficiarios. La verdad es que las cuentas nacionales del país siguen ampliando la gigantesca brecha que las caracteriza, nuestros trabajadores están en el desempleo y tienen que emigrar hacia el exterior, nuestras empresas nacionales disminuyen aceleradamente su competitividad y la gente comienza a registrar los índices más críticos de desempleo y desnutrición, nuestros recursos naturales se depredan y pierden aceleradamente sostenibilidad. Prueba del fracaso del viejo modelo económico y de todo este drama es que Nicaragua importa tres veces más de lo que exporta, el poco dinero que le queda lo utiliza para pagar el servicio de su deuda externa y de su deuda interna. El colmo de las cosas es que un país como Nicaragua que siempre ha producido los alimentos que consumía, en otros tiempos conocido como el granero de Centroamérica, últimamente está comprando alimentos por valor de un 60% de sus exportaciones (USA$300 millones de dólares sobre USA$ 500 millones de dólares). Y a pesar de ello, a los planificadores no se les ha ocurrido priorizar la producción de alimentos.

El mapa de los sus sujetos altera su paisaje a grandes velocidades, a medida que la economía se polariza a pasos agigantados en sus dos extremos existentes: a) por un lado, los pequeños productores, los trabajadores por cuenta propia, los asalariados temporales y migrantes que envían remesas a sus familiares, b) por otro lado, las grandes empresas extranjeras de capital transnacional; entre ambos extremos se encuentran los medianos empresarios, atrapados entre la ilusión de articularse al gran capital transnacional y el miedo a precipitarse en las filas de los fracasados, como les llaman los planificadores a quienes critican su publicitado PND.

Y el fracaso económico y cultural de este viejo modelo nos está arrastrando hacia una especie de guerra social sin precedentes. Los sectores acomodados esquilmando a los sectores empobrecidos, los machos violentando a las mujeres, la delincuencia despojando de bienes y vidas al resto de ciudadanos. Los negocios ilegítimos e ilegales son los únicos que prosperan. La corrupción de los estratos más acomodados del país y la impunidad de los poderes públicos han contribuido a deslegitimar las instituciones y a perder las esperanzas. La policía no tiene recursos para detener la delincuencia común. Las casas de los sectores acomodados están rodeadas de muros y alambres. A medida que el crimen arrecia, la seguridad ciudadana se convierte en un bien tan preciado y tan escaso como el agua no contaminada.

A esta altura de la historia, lo mínimo que deberíamos hacer es preguntarnos, ¿Por qué el viejo modelo no ha funcionado para todos? ¿Por qué el viejo motor de la economía tranquea periódicamente por falta de combustible? ¿Por qué la locomotora no arrastra al resto del tren?

Lo que nos dicen los fanáticos del viejo modelo económico es que no hemos creado el contexto económico adecuado para que el libre mercado y la libre empresa funcionen, en otras palabras, tenemos que concentrar todos nuestros esfuerzos en apuntalar al capital y a los empresarios más solventes y competitivos, es decir, a los empresarios extranjeros, pues sólo ellos podrán cumplir y demostrar los supuestos del viejo modelo económico. Solo nos quedaría entonces, concederles todo el ahorro de la nación para que ellos puedan crecer, exportar y enriquecerse, pues ese crecimiento, esa exportación y ese enriquecimiento nos llevará finalmente al desarrollo de la nación: carreteras, puertos, estímulos fiscales a quienes más capital posean y disminución de los gastos sociales, mano de obra barata y disciplinada, concesiones para la libre explotación de los recursos naturales, etc.

Quizás el lector se preguntará, pero por qué el viejo modelo económico ha funcionado en otros países. La respuesta es: por la misma razón por la que el viejo modelo económico sólo funciona para una minoría de ciudadanos, por la misma razón que explica por qué en una plantación de esclavos o en una empresa maquiladora el modelo funciona para los esclavistas o para los dueños asiáticos. La verdad es que el viejo modelo económico está regido por una ley (local, nacional e internacional), que favorece a quien tiene la suerte de tener el monopolio de los recursos y desfavorece al que no los tiene y a quien sólo le queda subordinarse. En la lógica de este viejo modelo económico las cosas pasan como en un sistema de vasos comunicantes, el agua que llena un vaso, vació al vaso vecino, o como en el juego de la lotería, donde unos pocos ganan un millón de dólares y otros pierden ese mismo dinero, amasado por cien mil personas que entregaron cada uno el equivalente a diez dólares, producto de su trabajo. La diferencia con la lotería es que en el modelo económico que estamos analizando, todos están obligados a competir por el premio, sabiendo que al final todos, menos unos pocos, estarán condenados a padecer su mala suerte.

Según las reglas del juego del viejo modelo económico, si una persona tiene el monopolio de los recursos, entonces los demás tienen que subordinarse y trabajar por el equivalente a un plato de comida o quedar sin empleo. Igual pasa con la relación entre empresas, si una empresa tiene los recursos, entonces las otras empresas tienen que retirarse o quebrar en la carrera. Igual pasa con la relación entre países, si un país tiene el monopolio de los recursos, entonces los demás países que adolecen de tales recursos tienen que subordinarse y entregar todo lo que tengan de valor: recursos naturales, mano de obra, playas o mujeres.

Dos singularidades tuvo el viejo modelo económico durante el siglo XX. La primera fue durante la época del somocismo, en que el crecimiento exportador registró sus mejores cifras del siglo y tuvo algún efecto multiplicador en la economía nacional en base a actividades económicas que estaban en manos de empresarios y pequeños productores nacionales, particularmente vinculados al café, el algodón o la carne. La otra singularidad del viejo modelo económico agroexportador ocurrió con la revolución sandinista, esta vez con respecto a las políticas sociales, por medio de las cuales la gente accedió a tierra, lotes y viviendas, pleno empleo, salud, educación y crédito, cuyos resultados pueden medirse y fueron constatados por los organismos internacionales, sin embargo, la columna vertebral del viejo modelo basado en grandes explotaciones (privadas y estatales) no se alteró estructuralmente. La mayor prueba de que el viejo modelo agroexportador estaba agotado puede observarse en el derrumbe de las actividades agroexportadoras en el resto de mesoamérica, lugares donde no llegaron ni Somoza ni los sandinistas, pero sí el derrumbe de los precios y mercados del exterior.

Creemos pues, que de no cambiar el viejo modelo económico, la guerra social continuará cobrando víctimas a diario. Víctimas del desempleo, el empobrecimiento, el abandono, la desesperanza, el sentimiento de exclusión social; sin patria, sin ley y sin Dios que ampare a sus antiguos creyentes y a sus eternos penitentes.


Un Plan Nacional de Desarrollo o un Plan de Negocio Empresarial

El Plan Nacional de Desarrollo (PND), recientemente presentado por el gobierno de Nicaragua, expresa fielmente la correlación económica de fuerzas en que se encuentran los distintos actores sociales, a saber, los pequeños productores y/o trabajadores por cuenta propia, la burguesía nacional (pequeña, mediana y grande), y las corporaciones extranjeras. Sin lugar a dudas, las corporaciones o el capital o la inversión extranjera como suele llamarle el presidente, es el sujeto priorizado del PND, el que a pesar de presentarse como un plan para resolver el hambre y la pobreza, mas bien parece ser un Plan de Negocio Empresarial, destinado a resolver las recurrentes crisis en que se encuentran las empresas en el mundo entero.

La apuesta no es nueva y corresponde a la lógica empresarial del mercado y del estado neoliberales, con algunos retoques, entre otros los siguientes: a) el sector privado, el capital y los empresarios por excelencia serán exclusivamente los empresarios extranjeros, triunfadores mundiales de la productividad, la competitividad, la eficiencia y la rentabilidad en los negocios, en otras palabras, asistimos a la autoconfesión del final del capitalismo nacional; b) los antiguos polos de desarrollo regional serán convertidos en polos de desarrollo empresarial, donde quienes participen estarán subordinados a las grandes corporaciones transnacionales que son las que saben cómo hacer negocios, y hacia esos polos tendrá que migrar el resto de ciudadanos, pues las otras regiones serán desatendidas por el estado; c) el viejo estado tendrá que privatizar no solamente las propiedades empresariales, sino también el patrimonio nacional, trasladándolo todo a las grandes empresas transnacionales, incluyendo el monopolio de los servicios públicos como las comunicaciones, la electricidad, el agua; asimismo, dicho estado eliminará paulatinamente toda responsabilidad con la ciudadanía, d) a diferencia del discurso anterior sobre la libre empresa, la libre competencia, el libre mercado y el libre comercio, ahora nos ofrecen una economía de contratos, un comercio regulado y una intervención selectiva a favor de los más competitivos: contratos y concesiones sin licitación alguna para las empresas transnacionales (carreteras, puertos o canales), tratados internacionales de regulación comercial (llamados de libre comercio). El resto de los supuestos serán mantenidos en el discurso, con el compromiso no sólo de vencer a los productores nacionales, sino de convencer a toda la nación de las bondades del modelo, a través de un plan de divulgación y publicidad disfrazado de plan de consulta.

La estrategia económica en marcha o en funciones, la orientación de esta estrategia, así como el planificado enfoque para fortalecerla y desarrollarla están definidos en el capítulo III del Plan Nacional de Desarrollo y se titula La Competitividad como Estrategia de Reducción de la Pobreza. En este capítulo se confiesa la voluntad del gobierno de apoyar decididamente la competitividad de las empresas más competitivas, es decir, las empresas extranjeras realmente existentes que ya se encuentran en el territorio y que el plan señala con nombre y apellido. Se trata, pues, como lo dice textualmente el mismo documento, de un plan de negocios para mayor gloria de la competitividad, en aras de mejorar la productividad y garantizar la rentabilidad de estos negocios. El criterio de bondad y garantía de éxito del plan está amarrado a los índices de inversión y exportación de estas empresas, lo que por supuesto se presenta como inversión y exportación de la nación, sólo faltará el ejercicio estadístico de trasladar las cuentas de estas empresas a las partidas de las cuentas nacionales, las que hasta ahora todavía aparecen separadas. El corolario de esta tesis es que dado que el único campo de batalla donde estas empresas tienen que competir es el mercado internacional, y dado que estas empresas no tienen patria fija y gozan del don de la ubicuidad, el plan descarta cualquier protección de la economía nacional que pueda competir con dichas empresas, profundizando mas bien la irrestricta libertad para competir y regulando o ajustando para ello el comportamiento del comercio internacional.

La gran novedad del plan, anotada también en el tercer capítulo es la modalidad organizativa, sintetizada en el concepto de Cluster o aglomerado de negocios en un territorio determinado, lo que el plan pretende conseguir agregando facilidades para que la población, la infraestructura, los recursos naturales, los negocios menores, los servicios e instituciones, así como las políticas locales y nacionales mejoren el entorno y el clima de negocios en aquellos lugares donde ya existen las corporaciones extranjeras. La reflexión principal que hay que hacer al respecto y que el plan no se hace es que si bien es cierto que una aglomeración de recursos, factores y políticas en un territorio determinado pueden mejorar la situación y los negocios de las empresas, no es igualmente cierto que el negocio de unas pocas empresas mejoren necesariamente la situación del territorio o de la población, tal como lo hemos constatado los nicaragüenses con los viejos y nuevos enclaves y con las nuevas maquilas.

El plan pretende convencernos de que la inversión, el crecimiento exportador y el enriquecimiento de las grandes corporaciones multinacionales es una garantía para reducir la pobreza. Lo que justificaría que el estado y la sociedad entreguen sus últimos ahorros y esfuerzos para que el plan de negocios funcione. Si desde el punto de vista organizativo los clusters aparecen como la columna vertebral de la estrategia productiva, desde el punto de vista del mercado o de la reproducción ampliada del modelo, el entorno internacional es su universo fundamental de gestión: empresas extranjeras, negocios vinculados al circuito internacional y a su proceso mundial de acumulación, competitividad de la economía nacional vinculada a la competitividad de las corporaciones mundiales, operando éstas apenas como enclaves económicos incrustados en la geografía nicaragüense. Es decir, un proceso tristemente célebre por la gigantesca brecha que abre entre multimillonarias empresas y naciones empobrecidas, y que hace que dichos enclaves se despreocupen de los recursos naturales de nuestros países, se desentiendan del salario vital de los trabajadores nacionales que no comprarán jamás tales productos, y hagan caso omiso de sus obligaciones fiscales o municipales.

La prioridad que el gobierno concede a las grandes corporaciones extranjeras corresponde a los criterios escogidos por quienes elaboraron el plan. El PND dice textualmente que el criterio no es el sujeto ni el producto ni el país, sino el business o el negocio más rentable y la empresa más competitiva, lo que obviamente coloca a las empresas transnacionales como favoritas en esta carrera por los favores del gobierno y de sus políticas. Los empresarios nacionales pueden aspirar a participar en este plan, siempre y cuando pasen el examen de competitividad en el mercado mundial, situados por lo tanto en franca desventaja de acuerdo a la forma en que se comporta y se dirige el mundo de hoy. Los pequeños productores son orientados a abandonar sus zonas deprimidas, conminándoseles a producir mano de obra barata, o a producir productos baratos para que los mismos sean procesados, empacados y exportados por las empresas líderes en cada segmento o cluster identificado; de acuerdo a la estrategia del gobierno, este sector estaría prácticamente fuera de su prioridad, puesto que no juega en los negocios, sino que sólo se ocupa de sobrevivir; le pasa igual que a las madres en relación al padre, al quedarse aquellas fuera del mundo del valor de cambio, reservado a los hombres, puesto que las mismas se dedican al menos rentable de los negocios, como es la sobrevivencia y el bienestar de la familia, resultando no aptas para participar en la jungla del mercado. Para el discurso de derecha, la sobrevivencia no es parte del desarrollo, puesto que para ellos el desarrollo no incluye la sobrevivencia de las mayorías de un país, o de la mayoría de los países.

Para quienes de buena fe creen que el PND es para todos, los invito a revisar los sujetos económicos que aparecen a la cabeza de los clusters, en las minas, las explotaciones forestales, la rama textil, el turismo, la energía, la pesca o los agronegocios.

En el documento sobre la Estrategia Nacional de Desarrollo, los que elaboraron el plan entregaron un listado de las empresas que encabezan y encabezarán los clusters, listado que copiamos a continuación.

Apuntando hacia la Inversión Extranjera

La promoción de la Inversión Directa Extranjera debe de apuntar a aglomeraciones y empresas, no países

AGLOMERACION

FORESTAL
- International Paper
- Stora Enso
- UPM-Kymmere
- Georgia Pacific
- Weyerhauerser
- Smurfit-Stone Container
- Nippon Unipac
ENERGIA
AGRONEGOCIOS:
 
Cítricos
- Chiquita Brands
- Del Monte Foods
- Fyffes
- Goya
- Tropicana
- J.M. Smucker
- Hanover Foods Corporation
Lácteos

- Nestlé
- Philip Morris / Kraft Foods
- Unilever
- Danone
- Parmalat

TEXTILES
TURISMO
       

Fuente: Gobierno de Nicaragua. "Estrategia Nacional de Desarrollo. Borrador para discusión, Diciembre 2002". En este cuadro no aparecen los nombres de empresas dedicadas al turismo (españolas), ni textiles (taiwanesas), ni mineras (canadienses) en su mayoría taiwanesa. En el Plan Nacional de Desarrollo aparecen algunos nombres de empresas dedicadas a la energía, entre ellas, CENSA-AMFELS, Tipitapa Power-Coastal, NERÓN.

La gran mayoría de estas empresas, no son más que los mismos enclaves o maquilas que existían o que siempre han existido anteriormente en manos del capital extranjero. Al respecto quisiera decir dos cosas, en primer lugar, no estoy en contra de tales actividades, ni siquiera en contra de la propiedad extranjera de tales empresas, sino en contra del favoritismo del gobierno a empresas que funcionan como enclaves y que tienen muy poco efecto multiplicador sobre el resto de la economía; en segundo lugar, lo que cuenta no es quien participa en tales actividades, sino quien se apropia la mayor parte de los excedentes y quien se beneficia de ello, ya que no debería tratarse de un plan de negocios para las empresas, sino de desarrollo nacional, es decir, de crecimiento equitativo, participación con igualdad de oportunidades y bienestar para todos. El supuesto de que lo que es bueno para el enclave es bueno para el país, se convierte en un supuesto perverso, sobre todo ahora que nos proponen que el estado, la economía y la sociedad entera tenga todas las obligaciones y deferencias para con los enclaves, al mismo tiempo que nos proponen que los enclaves no tendrán ninguna obligación para con nosotros.

En base a las consideraciones anteriores, podemos concluir que el llamado Plan Nacional de Desarrollo corresponde a una Estrategia Empresarial en favor de las grandes corporaciones extranjeras, quienes desde hace diez años están refuncionalizando al estado nacional a favor de sus intereses y a través de diferentes planes: Plan de Ajuste Estructural, Plan de Privatización, Plan Puebla Panamá, Estrategia Reforzada de Crecimiento Económico y Reducción de la Pobreza, Tratados Internacionales de Regulación Comercial, y, últimamente, Plan Nacional de Desarrollo. Visto desde esta perspectiva, el Plan Nacional de Desarrollo, al igual que el resto de planes, aparece muy coherente y muy prometedor para aumentar la riqueza de las empresas transnacionales. En la propuesta del PND aparecen descritos los principales clusters a los cuales se les llama directamente aglomerados de negocios de turismo, café, carne y lácteos, forestal y madera, minas, pesca y acuicultura, textiles y vestuario, energía. Estas actividades siempre han existido en Nicaragua, siempre han sido muy buen negocio para sus dueños y siempre han empobrecido y depredado el entorno, en otras palabras no necesitan un plan para existir ni son un buen ejemplo de lo que se quiere lograr, al igual que la cartera arrastrada de proyectos que aparece al final del documento.

¿Son realmente los enclaves mineros y madereros, o las maquilas textileras e industriales de las zonas francas, conglomerados que benefician al entorno del territorio y a quienes viven en el mismo? Si así fuera, no necesitaríamos plan nacional de desarrollo, pues hace años que estos mismos enclaves ya existen, más bien tendríamos que cambiar la orientación de dicho plan, pues a pesar de la existencia y éxito empresarial de los mismos, el desarrollo no aparece por ningún lado. Necesitaríamos que nos digan cómo se van a beneficiar los productores avícolas de Carazo del crecimiento y enriquecimiento de la empresa Tip Top, cómo se van a beneficiar los productores de muebles de Masaya o los constructores de Bluefields del crecimiento y enriquecimiento de las empresas extranjeras o nacionales que saquean los bosques de la Costa Caribe, cómo se van a beneficiar las comiderías y las pensiones de San Rafael del Sur con el crecimiento y enriquecimiento de los dueños del balneario de Montelimar, cómo se van a beneficiar los territorios y comunidades de tierra adentro con la construcción por parte de empresas españolas de la carretera Masaya-Granada o de la carretera costanera en Rivas, cómo se van a beneficiar los pescadores de Chinandega del crecimiento y enriquecimiento de los empresarios y exportadores camaroneros, cómo se van a beneficiar los cafetaleros aumentando su producción de café si el precio internacional sigue bajando, cómo se van a beneficiar los productores y consumidores de leche si Parmalat baja el precio de compra y sube el precio de consumo, cómo nos vamos a beneficiar los nicaragüenses cuando el estado haya vendido todo el patrimonio -vinculado a la energía o al agua- a las empresas extranjeras, cómo se van a beneficiar los campesinos nicaragüenses cuando el gobierno termine de desmantelar la protección arancelaria para que las empresas norteamericanas nos sigan vendiendo granos subsidiados. Dicho sea de paso, en el texto aparecen clusters para muchos productos, menos para los granos básicos ni para la crianza de ganado ni para las frutas y verduras, es decir, menos para las principales actividades campesinas. Imagínense ustedes cómo será de vulnerable la situación del campesinado nicaragüense, que en un país como Estados Unidos, ni siquiera los farmers (equivalente del campesino o del finquero nicaragüense) fueron capaces de resistir la ofensiva de las grandes corporaciones cerealeras.

En todo caso, todo esto está pasando desde hace más de diez años y el desarrollo no se ve por ningún lado. ¿Por qué las cosas serían diferentes cuando terminemos de entregar todo el país a las corporaciones extranjeras, solamente porque ahora son más modernas que las viejas plantaciones y los viejos enclaves de hace quinientos años?

Para quienes todavía creen que el capital extranjero o las inversiones extranjeras o las corporaciones extranjeras nos traerán el progreso deseado, los invito a repasar la historia económica de Nicaragua o, lo que es lo mismo, la historia económica de las empresas extranjeras a su paso por nuestro país.


Plantaciones, enclaves, maquilas y clusters

En relación al capital extranjero la historia económica de Nicaragua ha sido atravesada por formas de explotación o de extracción de excedentes conocidos como plantaciones, enclaves y maquilas, quienes lejos de haber sido factores de desarrollo más bien parecieran campos de concentración económicos.

Un campo de concentración puede tener carácter militar o carácter económico. Un campo de concentración militar es un segmento territorial donde la gente está obligada a permanecer bajo amenaza o fuerza militar. Un campo de concentración económico es igualmente un segmento territorial donde los esclavos, peones semi-asalariados o pequeños productores, están obligados a permanecer o comportarse de tal manera, bajo amenaza de perder la vida o la comida, el empleo o la posibilidad de vender sus productos. En ninguno de ellos se garantiza más dignidad y derecho que un pedazo de pan o de tortilla para sobrevivir.

Después de mucho tiempo de haber apostado y experimentado tal modelo, deberíamos preguntarnos si realmente estas empresas han sido, a lo largo de nuestra historia, factores de desarrollo o campos de concentración de riqueza empresarial, ya sea en la agricultura, el comercio o la industria. Pregunta que se vuelve oportuna en estos momentos en que el gobierno nos promete de nuevo, el mismo desarrollo o bienestar que nunca hemos tenido, hoy a través de los clusters o aglomerados económicos, encabezados por grandes consorcios extranjeros. Unidades económico-territoriales que en la mayoría de los casos funcionan como plantaciones, enclaves y maquilas, y en otros casos a lo máximo que llegan es a una especie de híbrido: cluster-plantación, cluster-enclave o cluster-maquila.

Mi hipótesis es que las plantaciones coloniales, los enclaves y las maquilas que todavía existen en Nicaragua, bien podrían ser ejemplos evidentes, por su funcionamiento y resultado, de campos de concentración económicos que efectivamente concentran riqueza privada pero no han sido factores de desarrollo nacional. Y en el caso de los aglomerados, si los mismos funcionan bajo la lógica y conducción de las plantaciones, enclaves y maquilas, seguirán jugando el mismo papel que el resto del capital extranjero.

Regresando a nuestra historia económica, la nación nicaragüense, igual que las naciones centroamericanas, nacieron con el establecimiento de explotaciones coloniales abocadas a la minería y a las plantaciones agrícolas (cochinilla, añil, cacao, etc.), con mano de obra esclava o sometida a régimen de servidumbre. Todas estas actividades llenaron el bolsillo de los comerciantes europeos, mientras que a Centroamérica le quedaba apenas la ilusión de que íbamos por el buen camino pues estábamos produciendo y exportando cada vez más, prueba ilusa de un desarrollo lleno de pobreza y dependencia que duró los primeros tres siglos de nuestra vida social.

Después llegaron los enclaves o empresas territoriales norteamericanas estableciéndose en la región, pero sin someterse a las leyes de la región. La posesión de las tierras o de los yacimientos mineros se hacía por concesiones que nuestros gobiernos entregaban a las empresas extranjeras, junto con una serie de exenciones impositivas que muchas veces superaban la renta de algunos de los países centroamericanos. En los enclaves, la mano de obra era remunerada por un salario equivalente a una paupérrima canasta que permitía la sobrevivencia de los trabajadores del enclave. A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, los enclaves de banano, plata, caucho o madera, extrajeron nuestros recursos naturales hasta el agotamiento del yacimiento, el suelo, la biodiversidad y la gente. Al final del negocio, los enclaves se marcharon, desmantelando hasta la línea férrea por donde sacaban su producción exportable. Al igual que en el caso de las plantaciones, el desarrollo centroamericano sólo se reflejó en la riqueza que aquellos productos generaban a las empresas extranjeras, las que ni siquiera pagaban el coime prometido a la oligarquía criolla de entonces.

A finales del siglo recién pasado y ante la crisis de la agroexportación nacional, nuestros gobiernos nos ofrecen de nuevo el desarrollo económico a través de las inversiones extranjeras. Fue así que llegaron las maquilas asiáticas. Estas maquilas textileras funcionan como enclaves industriales y comerciales, con la diferencia que ahora importan la materia prima fuera del istmo centroamericano, la que una vez procesada se va al exterior y algunas veces hasta regresa, pero a un precio mucho mayor. Otra diferencia es que los enclaves importaban gran parte de la canasta que consumían sus empleados, en cambio las maquilas se abastecen de sus transnacionales hermanas que ya se encuentran radicadas en el país (Pizza Hut, McDonald´s y compañía). Por lo demás todo sigue igual.

Para quienes no vivieron la época de las plantaciones o de los enclaves y crean que es muy exagerado hablar de campos de concentración económicos, los invito a darse una vuelta por las maquiladoras asiáticas para ver a miles de mujeres ganando $2 dólares (C$30 córdobas) diario, lo que apenas les ajusta para pagar tres tiempos de comida y el pasaje de ida y vuelta a su hogar, trabajando en condiciones de hacinamiento y humillación para poder llevar un mendrugo de pan a sus hijos. ¡peor es que no tengan empleo dicen los negociadores del CAFTA! ¡peor es que no coman! decían los antiguos esclavistas de las viejas plantaciones.

Imagínense el nivel de servidumbre en que se encuentra nuestra gente y el grado de servilismo de nuestros gobernantes, a través del siguiente comentario sobre los salarios en las maquilas y sobre las exenciones fiscales a los empresarios extranjeros. En Estados Unidos el salario promedio en las maquilas es de USA $9 dólares la hora, en México es de USA $ 2 dólares la hora, en China es de USA $ 0.60 centavos dólar la hora, mientras en Nicaragua es de USA $0.30 centavos dólar la hora. Por su lado, el representante del estado nicaragüense ante las maquilas dice que está bien que las maquilas estén exentas de todo impuesto, pero que estos incentivos fiscales deben ser vitalicios. Y esto es así porque el mercado nicaragüense siempre estuvo fuera de nuestras fronteras, de tal manera que nunca se preocuparon de la capacidad de compra de nuestro mercado interno y por lo tanto tampoco de subirles el salario a nuestros trabajadores.

En el Plan Nacional de Desarrollo ya no se habla de plantaciones, enclaves o maquilas, sino que se habla de clusters (aglomerados o complejos territoriales de integración horizontal) encabezados por corporaciones extranjeras, pero que por su forma actual de funcionamiento más bien parecen una reedición moderna de la vieja economía de enclaves.

El cluster es una propuesta de integración horizontal, considerada superior a la integración de la sociedad anónima y a la integración vertical de las empresas. La sociedad anónima es un recurso empresarial para sumar capitales y usufructuar las ventajas de la economía de escala. La integración vertical es el control por parte de una sola empresa de todos los eslabones de la cadena de negocios de una rama (producción, procesamiento, distribución, transporte, finanzas, etc). Los clusters son núcleos territoriales donde las diferentes empresas, productores, instituciones y otros organismos, se articulan para aumentar la eficiencia y productividad de las actividades de una zona determinada de la economía. Y esto no lo vemos tan mal, si no fuera porque el plan económico del gobierno describe y entiende como cluster al liderazgo de una empresa extranjera sobre un territorio subordinado. Y la mayoría de los ejemplos utilizados para ilustrar el plan de los clusters son las plantaciones, los enclaves mineros y las maquilas existentes en Nicaragua.

Al igual que las plantaciones, los enclaves y las maquilas, los clusters se limitan a un segmento del territorio nacional y están encabezados por grandes empresas extranjeras, por lo general dedicadas al procesamiento y comercialización. Estos campos de concentración económicos, con diferentes nombres y modalidades, pero con iguales resultados, usufructúan flexiblemente los recursos del entorno: pueden trabajar con materia prima importada o comprada en el territorio nacional, gozan de exenciones impositivas igual que las formas anteriores, contratan mano de obra asalariada y establecen contratos de compra-venta con los productores del entorno. Para los gobernantes nacionales y sus administradores de políticas económicas, el moderno capital extranjero, al igual que sus antecesores, sigue siendo el sujeto económico principal al cual apostar para el desarrollo económico nacional. La gran diferencia es que las empresas "enclustradas" bajo la lógica de la plantación, el enclave o la maquila, recibirán todo el apoyo del estado nacional para organizarle, incluyendo los insumos requeridos en el segmento territorial local, la infraestructura física y social, la capacitación de la mano de obra utilizada, el marco jurídico adecuado a la importación y exportación de sus productos, el levantamiento de todas las censuras que anteriormente encontraba el capital: censuras jurídicas, censuras morales, censuras sociales, censuras laborales, censuras ecológicas o medioambientales, censuras fitosanitarias, asimismo, gozarán de todas las prerrogativas de una empresa nacional, de una empresa transnacional y de una empresa que no tiene patria ni compromiso alguno con nadie más que con la codicia y el beneficio del negocio.

El cluster encabezado por un enclave se comporta, entonces, igual que la plantación, el enclave o la maquila, como un campo de concentración de riqueza hegemonizado por la empresa extranjera: agrícola, industrial, comercial, territorial, que succionará, además, los recursos que la administración pública podría destinar a otros territorios o grupos poblacionales, pues como dice el PND del gobierno nicaragüense, donde no haya posibilidades de negocio para las empresas, el estado no deberá gastar ni un solo centavo. Como en todo campo de concentración, esta vez de tipo económico, las empresas líderes de los clusters contarán con una mano de obra cautiva y desheredada, sin ciudadanía si son migrantes, sin derechos sociales ni libertad sindical si su estado ha firmado tratados de regulación comercial, sin protección sexual o de género si son mujeres u homosexuales, sin esperanza de un ingreso que supere la cuota mínima para poder llegar vivos al día siguiente a su trabajo; en el caso de los productores que le vendan sus productos a la unidad rectora del cluster (la empresa extranjera) para que ésta los procese y los exporte, quedarían subordinados al monopsonio de la corporación, sin ninguna protección que pudiera perturbar la competitividad de los nuevos enclaves.

La grande y desventajosa diferencia entre este cluster sui géneris y sus homólogos anteriores es que la oferta o demagogia del supuesto es tan grande que sus mentores proponen que el país abandone totalmente la producción campesina de alimentos, bajo la promesa de que con el empleo ofrecido por estas empresas habrá trabajo e ingreso para todos, con lo que podrán comprar alimentos que el resto de empresas transnacionales estarán vendiendo en cada rincón del país. Hasta ahora, sin embargo, las cifras no calzan con la publicidad, al menos en Nicaragua. En los últimos diez años, las maquilas asiáticas han absorbido 50,000 empleos, mientras cada año entran al mercado laboral nicaragüense 100,000 jóvenes necesitados de empleo; prueba de semejante desproporción es que 1,000,000 de desempleados y desempleadas han tenido que abandonar el campo y la ciudad, dirigiéndose principalmente hacia las actividades exportadoras de los empresarios nacionales costarricenses y norteamericanos. Y el ofrecimiento salarial del viejo modelo económico se desvanece progresivamente a medida que arrecia la competitividad y por lo tanto la obligación de los enclaves y las maquilas de reducir los costos salariales de producción, tanto por el lado de sustituir mano de obra por tecnología, como por el lado de bajar lo más que se pueda los salarios de la gente.

El lector se preguntará cómo hará el estado nicaragüense para apoyar a unas empresas extranjeras que importan la mayor parte de lo que necesitan, que repatrían su capital a las respectivas metrópolis, que deterioran aceleradamente la sostenibilidad del fisco, sobre todo a partir del desmantelamiento arancelario que los tratados de regulación comercial imponen a estos países. La respuesta es muy sencilla, todo el peso de la carga tendrá que ser soportada por los pequeños productores, por los trabajadores por cuenta propia y por los trabajadores asalariados que desde el exterior envían su cuota para sostener el resquebrajamiento del viejo modelo económico.


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