Inicio > Institución > Artículos

La Otra Estrategia
Orlando Núñez Soto

INTRODUCCION

En Nicaragua, los grandes son cada vez menos
mientras que los pequeños son cada vez más

La sociedad nicaragüense se asemeja hoy a una versión moderna de aquella ciudad-estado que existió en la antigüedad, donde la polis o comunidad de ciudadanos libres ejercían su democracia, rodeada de bárbaros y excluidos. Nuestra moderna ciudad-estado está compuesta por un núcleo de ciudadanos acomodados que no pasan del 5% de las familias y que residen fundamentalmente en los centros departamentales del país, mayoritariamente en la ciudad capital, desde donde controlan el gobierno, rodeados de una gran periferia llena de campesinos y artesanos empobrecidos.

El grupo más poderoso de estos ciudadanos que detentan el poder económico, político y cultural, nos convoca periódicamente a través de las elecciones para elegir a quien nos gobernará, aunque no cómo nos gobernará, prometiendo resolver todos los problemas que dejó y que no resolvió el presidente anterior. Igualmente, nos invitan cada cierto tiempo a conocer el plan que han diseñado para mejorar el viejo modelo económico, concentrador y excluyente, que impera en Nicaragua desde hace quinientos años.

Esta vez y a propósito del último plan económico presentado por este grupo de ciudadanos, yo quisiera invitar al resto de ciudadanos a discutir la vieja estrategia económica imperante y la nueva estrategia en ascenso, ambas caminando y disputándose los excedentes y las políticas.

Una estrategia es la combinación de factores y actores que se encuentran funcionando en la realidad, así como la orientación (discurso y voluntad organizada) pública y privada para combinar tales factores, previendo un resultado esperado. En este sentido, habría que hablar tanto de la estrategia en marcha (combinación real de factores) como de la orientación de una estrategia (definición de la orientación deseada y apoyada).

Un plan económico nacional implica la explicitación de una orientación, el enfoque o prioridad asignada a los sujetos y factores que confieren identidad económica a una nación, a saber, la tecnología (energía, herramientas, materiales, infraestructura y conocimiento), el mercado y la conducta monopólica incorporada al intercambio de bienes y servicios, la forma de extracción de excedentes y la distribución de la riqueza global, la institucionalidad (papel del estado, políticas económicas y sociales, formas de gestionar los poderes y los recursos públicos), todos ellos condicionados por los intereses de los diferentes sujetos económicos que participan en la producción, el intercambio y el consumo.

La combinación de factores y el lugar o el papel, real o asignado, a los sujetos económicos definen lo que podríamos llamar el enfoque de una estrategia o de un plan económico. Existirán, entonces, tantos enfoques como prioridades se conceda a uno u otro de los sujetos que participan en una estructura económica determinada. La forma en que se combinen factores y sujetos, así como la posición que tengamos al respecto dará como resultado el enfoque y la orientación de una estrategia. Véase a continuación el marco donde se combinan las diferentes opciones.

SUJETOS
FACTORES
Tecnología
Mercado
Forma de Apropiación
Institucionalidad
Pequeños productores y trabajadores (por cuenta propia y asalariados)
X
X
X
X
Burguesía Nacional (Pequeña, Mediana, Grande)
X
X
X
X
Capital Extranjero
X
X
X
X

Al respecto podemos hablar de dos enfoques, dependiendo del lugar priorizado a cada uno de los actores económicos principales. Un enfoque tradicional que expresa el viejo modelo económico, concentrador y excluyente, caracterizado por el papel protagónico de la burguesía nacional; este enfoque está siendo remozado por el Plan Nacional de Desarrollo, concediendo prioridad absoluta al capital extranjero. Últimamente, está surgiendo un nuevo enfoque que reconoce y apuesta al desarrollo progresivo de los pequeños productores y de los trabajadores por cuenta propia.

El enfoque tradicional lleva funcionando cerca de quinientos años y su orientación está basada en la ganancia empresarial, la tecnología extractiva y depredadora, la prioridad del mercado externo, la marginación del mercado interno, la regulación monopólica a favor del capital y la baja distribución de la riqueza producida; esta orientación, real y proclamada, ha sido la estrategia dominante y el comportamiento de sus actores obedece a una ley económica donde el fin principal es la acumulación o reinversión permanente de los excedentes, lo que conlleva a una concentración cada vez mayor de la riqueza y a un empobrecimiento progresivo: 500 años lo demuestran, tanto al interior de un país, como a nivel de las regiones del Norte y del Sur del planeta.

Hasta mediados del siglo pasado, la burguesía nacional tenía la hegemonía interna del modelo, subordinado a las grandes empresas metropolitanas que operaban en el exterior. Internamente, las grandes empresas transnacionales operaban como enclaves esporádicos, fundamentalmente en la Costa Caribe. Hoy en día, la tendencia del viejo modelo económico es desplazar a las burguesías nacionales y apuntalar la hegemonía total de las empresas transnacionales, las que empiezan a operar generalizadamente al interior de cada país, aunque sin abandonar su perfil de enclave.

Los pequeños productores nunca fueron desplazados del todo, pululando como campesinos o artesanos y, temporalmente, como asalariados, dedicados a la sobrevivencia. En las últimas décadas, sin embargo, su tendencia proletaria ha disminuido y su función de pequeño productor o de trabajador por cuenta propia ha aumentado, haciéndose cargo incluso de las viejas actividades comerciales de la burguesía nacional; tanto así que hoy por hoy podemos hablar de una nueva estrategia, protagonizada por estos sectores emergentes. Estos sectores tienen una estrategia en marcha, su orientación todavía es particular y la sociedad no lo considera aún como el enfoque dominante que debería tener la economía nacional.

El enfoque particular de esta estrategia, impulsado empíricamente por los pequeños productores y los trabajadores por cuenta propia, está basado en una tecnología intensiva en mano de obra, motivado por la satisfacción de las necesidades y el logro del bienestar, la prioridad del mercado interno, la regulación de mercados equivalentes y una horizontal distribución de la riqueza; esta orientación, más real que proclamada, corresponde a lo que nosotros hemos llamado el nuevo modelo de economía popular, donde la acumulación funciona cual un medio para mejorar el bienestar y no como un fin en sí mismo como en el modelo anterior. Dada la correlación actual de fuerzas, estos sectores sobreviven en forma subordinada al funcionamiento del sistema económico dominante. La tendencia dominante de la economía, tal como existe ahora, es a la concentración y fusión de empresas y a la centralización de las riquezas, al mismo tiempo que a desemplear a más gente, así como a la proliferación de pequeños productores por cuenta propia, por lo que cada día que pasa, las grandes empresas son cada vez más grandes, pero su número es cada vez menor, mientras los pequeños son cada vez más pequeños individualmente, pero su número y su peso relativo en la economía es cada vez mayor.

En este trabajo quiero expresar mis consideraciones en relación al Plan Nacional de Desarrollo y a las posibles y necesarias alternativas. En primer lugar coincido en gran parte con el diagnóstico del plan, fundamentalmente en lo que se refiere a la insostenibilidad fiscal, externa, ambiental, social e institucional, pero difiero en cuanto a las causas y soluciones apuntadas. Pienso que el plan expresa y obedece a la misma lógica del viejo modelo económico concentrador y excluyente que no ha funcionado desde hace quinientos años y no vemos por qué vaya a funcional ahora. Mas bien pienso que existe una agotamiento e insostenibilidad del viejo modelo económico, todavía basado en el drenaje internacional de los excedentes nacionales por parte del mercado externo y de las empresas extranjeras, saqueo fiscal a la población, tala indiscriminada de los bosques pertenecientes a las comunidades indígenas de la Costa Caribe, depredación ambiental por parte de las grandes empresas, endeudamiento y despilfarro del crédito internacional por parte del aparato publico y de sus funcionarios, arrinconamiento del campesinado hacia la frontera agrícola por parte de los empresarios azucareros y algodoneros, expulsión de mano de obra migrante, expropiación a la población de los servicios públicos progresivamente privatizados, abandono total a los artesanos y a la pequeña industria, desprotección a la economía nacional.

Mis desacuerdos se basan en los siguientes supuestos. En primer lugar, aunque el PND no habla mucho de las causas del empobrecimiento, apuesta sin embargo al mismo modelo que ha empobrecido a las economías latinoamericanas y del tercer mundo, con excepción de aquellos países que precisamente se posicionan en lugar que el mercado internacional asigna a quienes triunfan en la competencia por los excedentes mundialmente producidos. El plan nos repite incesantemente lo que nos han dicho desde hace varios siglos: crecimiento del PIB, a través del crecimiento de la inversión privada, a través del aumento de las exportaciones, a través del enriquecimiento de los empresarios, aunque para ello sacrifiquemos el mercado interno o lo que es lo mismo, la capacidad adquisitiva del resto de la población nicaragüense. En segundo lugar el PND, confunde su orientación discursiva, basada en las ventajas de organizar y apoyar la aglomeración territorial de factores y actores (a través de lo que se conoce como cluster), con la práctica real de apoyar a las empresas extranjeras situadas a la cabeza de los clusters; estas empresas en realidad funcionan como enclaves distorsionadores del desarrollo nacional, convirtiendo al PND en un plan de negocios para dichas empresas. En tercer lugar, concede un papel secundario a la pequeña y mediana producción, es decir, a lo que ha quedado de la producción nacional, marginando de hecho a quienes ya están fuera de la competitividad en el mercado internacional. En cuarto lugar, deja suelta la orientación productiva del país a los vaivenes del mercado internacional, bajo el criterio de que no hay que intervenir en los designios de las empresas, contradiciendo así la esencia misma de lo que significa un plan, lo que contrasta grandemente con los planes de los países a quienes nuestros planistas quieren imitar, especialmente en lo que concierne a la seguridad y soberanía alimentarias.

En la primera parte de este trabajo el lector encontrará una descripción sintética del viejo modelo económico de Nicaragua y de sus principales tendencias, así como del peso que en el mismo ha tenido la inversión extranjera en su forma de enclave; en seguida, se incluye una lectura del papel que el PND confiere a los clusters o aglomerados, donde los enclaves aparecen como zorros cuidando al gallinero.

En la segunda parte del trabajo se presenta una propuesta sobre el enfoque de lo que yo llamo la otra estrategia, basada precisamente en quienes hoy soportan la hegemonía del viejo modelo económico, cuyo aporte a la economía nacional se encuentra todavía invisibilizado. Estrategia que bien podría incorporar una dinámica basada en la integración horizontal de la economía, virtud que el plan confiere a los enclaves que encabezan los clusters o aglomerados territoriales en marcha. Finalmente se entrega una breve reseña de cómo el regresivo andamiaje fiscal sostiene al insostenible y viejo modelo económico, sobre cuyas ruinas se pretende oxigenar al capital extranjero, hoy en dificultades en su propio país de origen.

volver arriba

 

CIPRES © 2003 - Rotonda "Rubén Darío" 1c abajo - Managua, Nicaragua - Tel: +(505) 278 7068 - direccion@cipres.org.ni