El Opus Dei, el Cardenal
y la Oligarquía
Orlando Núñez
Soto
En 1968 me encontré con un amigo
llamado Jesús Infante en los comedores
universitarios de Saint Germain, lugar donde
se daban cita los españoles que huían
de la dictadura franquista, yo mismo había
llegado a Paris, desde España, expulsado
por el mismo régimen. Jesús
estaba terminando el borrador de un libro
que tuvo un gran éxito editorial.
El libro se llama EL OPUS DEI, HISTORIA
DE LA SANTA MAFIA y fue publicado por Ruedo
Ibérico. Entre otras cosas, el libro
habla de la relación de poder entre
los ministros franquistas, la jerarquía
eclesiástica y el Opus Dei.
En aquella conversación, Jesús
me dijo que el Opus Dei se estaba convirtiendo
en un poder en la sociedad y en la iglesia
católica, y que próximamente
nombraría santos y obispos. Nunca
más volví a ver a Jesús
y apenas recordaba sus palabras, hasta que
el Nuevo Diario nos empezó a entregar
noticias relacionadas.
El Opus Dei nace el 2 de octubre de 1928,
fundado por José María Escrivá
de Balaguer, miembro de una familia que
en aquella época compró un
título de nobleza. En 1982 el Papa
Juan Pablo II concede la Prelatura Personal
al Opus Dei, una especie de jurisdicción
universal. Es así que la Prelatura
de la Santa Cruz-Opus Dei se dedicará
a promover el llamado a la santidad a través
del apostolado profesional. A diferencia
de otras órdenes religiosas, el Opus
Dei se especializa en hacer trabajo entre
los laicos, preferentemente profesionales
destacados y muy especialmente entre miembros
de la aristocracia política y económica,
o como diríamos en Nicaragua, entre
miembros de las familias oligárquicas.
Al igual que la Compañía
de Jesús de los Jesuitas, el Opus
Dei, se ha convertido en un grupo de presión
importante al interior de la iglesia católica
y con una fuerte influencia en sectores
significativos de la sociedad civil. Los
jesuitas, reclutando jóvenes en los
colegios y universidades, el Opus Dei, reclutándolos
directamente en los círculos de los
grandes negocios, la Compañía
de Jesús, adaptándose a las
ideologías del momento, y el Opus
Dei representando las posiciones más
reaccionarias. Hoy en día el Opus
Dei cuenta con cerca de 100,000 miembros
entre religiosos y laicos en más
de 80 países del mundo entero.
A comienzos del año 2002 supimos
que la Santa Sede había decidido
canonizar a José María Escrivá
de Balaguer. La noticia me llamó
la atención, no porque fuera el fundador
del Opus Dei, sino porque se trataba de
un fascista confeso del régimen de
Franco. En aquel momento no relacioné
las premonitorias palabras de Jesús,
en el sentido de que el Opus Dei estaba
nombrando a los santos de la iglesia católica.
A finales de ese mismo año, aparece
de nuevo en el Nuevo Diario la noticia de
que Humberto Belli, el principal hombre
del Opus Dei en Nicaragua, estaba cabildeando
en los pasillos del Vaticano la sustitución
inmediata del cardenal Miguel Obando y Bravo.
Gestión que en la coyuntura política,
polarizada entre Bolañistas y Alemanistas,
aparecía como una toma de posición
en contra de la corrupción y de quienes
apoyan la corrupción, dada la complicidad,
al menos espiritual, de Monseñor
Obando con el expresidente Arnoldo Alemán.
El tono confrontativo y hasta acusatorio
de Belli para con Monseñor sorprendió
a los medios y a la clase política
nicaragüense, sobre todo viniendo de
un católico, quien además
había sido protegido del propio monseñor
Obando.
Simultáneamente, comenzaron a relucir
nombres de los posibles sucesores de Obando,
entre ellos miembros religiosos de la familia
Mántica y Montealegre, apellidos
vinculados a la oligarquía nicaragüense,
a la cual el propio presidente Bolaños
pertenece. Se trata por lo general de familias
conocidas como familias de renombre, abolengo,
apellido, buena familia, etc., debido al
estatus intelectual, político, económico,
de algunos de sus ancestros, con posiciones
muy conservadoras y reaccionarias.
Ahora bien, dada la simpatía mostrada
por monseñor Obando con Arnoldo Alemán,
así como su divorcio político
con el presidente Bolaños, a todos
nos dio la impresión que la gestión
de Belli ante el Vaticano era parte del
alineamiento entre corrupción y transparencia
que ha caracterizado la coyuntura política
nacional. Y es posible que así lo
sea. Sin embargo, dadas las relaciones entre
el Opus Dei y la oligarquía nicaragüense,
no sería extraño que todo
ello obedezca a una trama para aprovechar
esta oportunidad en que ambas se beneficiarían
mutuamente.
Para quienes no están tan familiarizados
con la genealogía oligárquica
de la historia política nicaragüense,
les aclaro que durante el siglo pasado,
la oligarquía tumbó a Zelaya
con apoyo de los gringos, tumbó a
Somoza con apoyo de los sandinistas, tumbó
a los sandinistas con apoyo de los gringos
y de los somocistas, y hoy por hoy está
tumbando al grupo liberal de Arnoldo Alemán,
es decir, a todos los que no se subordinen
a sus valores o a los intereses norteamericanos,
o, como ellos mismos dicen, a quienes no
son más que unos "mengalos"
sin derecho de aristocrática ciudadanía.
En cuanto al Opus Dei, todo parece indicar
que éste ha decidido utilizar sus
influencias, no solamente para nombrar a
los santos de la iglesia católica,
sino también a sus obispos, con el
fin de empoderar a la Sociedad Sacerdotal
de la Santa Cruz en las altas esferas de
la oligarquía. ¡En hora buena
para el Opus Dei y en hora buena para la
oligarquía!
Cuanta razón tenía mi amigo
Jesús Infante. En el mundo del poder,
los ministros, los jerarcas de la iglesia
y los miembros aristocráticos del
Opus Dei, se nombran y se apoyan mutuamente.
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