La Gran Estafa Tributaria
Orlando Núñez
Soto
¿Quién paga los impuestos,
para qué pagamos impuestos y hacia
dónde van a parar nuestros impuestos?
son preguntas que debemos hacernos en ocasión
de la presente reforma tributaria. Más
del 85% de los ingresos tributarios proviene
de impuestos indirectos y los paga el pueblo;
menos del 15% proviene del impuesto a la
renta del sector privado empresarial. Supuestamente,
estos impuestos sirven para que el Estado
pueda cumplir con los servicios públicos
a la población: educación,
salud, seguridad, pensiones, agua, energía,
telefonía, caminos, vivienda.
Nicaragua recauda 8,000 millones de córdobas
y, según las autoridades del ministerio
de Hacienda, más de 2,000 millones
de córdobas se pierden por evasión
fiscal de parte de los empresarios, a pesar
de ser ellos quienes más se benefician
de los recursos del Estado (créditos,
infraestructura, estímulos tributarios,
servicios públicos). Además,
en los últimos diez años,
nuestros gobiernos han decidido traspasar
todas las actividades rentables del Estado
hacia el sector privado, incluyendo los
servicios públicos y el flujo tributario,
criticando el monopolio estatal y aduciendo
que el sector privado es el motor de la
economía a través de sus inversiones.
La verdad es que el sector privado no solamente
no es el motor de la economía, sino
que es el responsable de la gran quiebra
de la economía y del Estado Nacional
perpetrada durante la década de los
años 90s, década de la gran
estafa tributaria. En vez de inversión
tuvimos traspaso de activos y en vez de
monopolio público tenemos monopolio
privado.
Respondiendo a la pregunta inicial sobre
el destino de nuestros impuestos, podemos
contabilizar fácilmente que gran
parte de dichos impuestos fueron consumidos
por el mayor fraude que ha tenido la Hacienda
Pública Nicaragüense. En primer
lugar contabilicemos la condonación
a los somocistas por propiedades que habían
sido hipotecadas: centenares de millones
de dólares. En segundo lugar el servicio
de la deuda externa e interna a gobiernos
y organismos extranjeros y al sector privado
nicaragüense: centenares de millones
de dólares (no incluimos 5.000 millones
de dólares de la deuda sandinista,
condonados al gobierno de doña Violeta
por los países socialistas). En tercer
lugar el rescate bancario pagado al sector
privado nicaragüense por la quiebra
fraudulenta del BECA, BANCO POPULAR, BANCAM,
BANCOSUR, BANADES, BANIC, BAMER, INTERBANK,
BANCO DEL CAFE: centenares de millones de
dólares. En cuarto lugar la subfacturación
que los funcionarios nicas realizaron en
favor del sector privado compuesto por las
empresas transnacionales, en el momento
de la privatización: centenares de
millones de dólares. En quinto lugar
los fondos robados por un grupo de confesos
empresarios nicaragüenses a través
de la corrupción, conocida como Huaca
del Partido Liberal Constitucionalista.
Todo esto se hizo con el beneplácito
de los organismos financieros internacionales
y del gobierno norteamericano, los primeros
por apoyar la globalización y el
segundo por su complicidad con el antisandinismo
de Alemán. En total, miles de millones
de dólares, amasados por la población
durante muchos años y trasladados
a quienes se dicen son la garantía
del desarrollo.
¿Qué hacer?
Cobrarle más impuestos a la población,
nos dirán los delegados del FMI;
mensaje copiado por algunos ideólogos
del gobierno actual, del sector privado
y de la sociedad civil, quienes últimamente
han publicitado hasta la saciedad que el
fisco necesita cubrir un déficit
de 400 millones de córdobas, con
el fin de acceder a un crédito de
100 millones de dólares por parte
del propio FMI, con el cual resolveremos
el problema de la pobreza y el desempleo.
Resulta que el 70% de este préstamo,
según nos dicen sus voceros, servirá
para honrar la deuda interna, es decir,
para pagarle a los banqueros que durante
las últimas especulaciones, arriba
señaladas, saquearon las reservas
del Banco Central. Estos cien millones de
dólares servirán, según
el gobierno, para aumentar la liquidez de
los bancos, el crédito, la producción
y el empleo. Nada más lejos de la
verdad, pues los bancos padecen de sobreliquidez
y están más interesados en
embargar a los cafetaleros que en prestar
a una economía agroexportadora que
agoniza por falta de solvencia económica.
El 30% restante de los 100 millones servirá
para incrementar las reservas y respaldar
la Balanza de Pagos del gobierno. En otras
palabras, no queda nada para los servicios
públicos de quienes tienen que pagar
con impuestos este crédito. Más
bien nos dicen que uno de los requisitos
para que nos presten tal dinero es que tenemos
que finiquitar la privatización de
las comunicaciones, la energía y
el agua.
Nosotros creemos que otra solución
sería cambiar la estrategia de recaudación
tributaria, detener las privatizaciones
y el alza de las tarifas en energía,
electricidad y agua, no seguirnos endeudando
y discutir una propuesta de bienestar económico
y social a partir de diferentes iniciativas
en marcha. Todo esto suena bonito dirán
algunos de ustedes, pero, agregarán,
¿de dónde sacaríamos
el dinero para enfrentar el déficit
fiscal y la crisis económica financiera?
Los invito a discutir la siguiente opción.
- Disminuir y establecer un techo a los
salarios que tienen los altos funcionarios
nicaragüenses (ministros, magistrados,
diputados), cobrándoles, como manda
la ley, el impuesto a todos sus ingresos,
eliminándoles al mismo tiempo todos
sus privilegios y exoneraciones fiscales
y arancelarias. Aparte del mejoramiento
de la imagen del funcionario gubernamental,
se obtendrían al menos 50 millones
de córdobas adicionales.
- Gravar mínimamente las rentas
y transferencias financieras internacionales,
aunque sea en un porcentaje ridículo.
De aquí se puede obtener al menos
200 millones de córdobas.
- Cobrar un impuesto mínimo a
las Zonas Francas, aunque sea el equivalente
al 1% de sus exportaciones. Se obtendrían
al menos 400 millones de córdobas
(actualmente las Zonas Francas no pagan
ni un sólo centavo por los USA
$3,000 millones de dólares que
exportan anualmente.
- Rescatar el dinero que por evasión,
exención y exoneración de
impuestos, el fisco deja de percibir y
muchas empresas quedan sin pagar. Rescatar
el dinero robado por corrupción
gubernamental o privada. Se obtendrían
al menos 500 millones de córdobas.
- Aumentar los impuestos a la importación
de artículos suntuarios, eliminando
al mismo tiempo las exoneraciones a quienes
hoy no pagan impuesto alguno por tales
artículos. Se obtendrían
al menos 700 millones de córdobas,
de los dos mil que según la DGI
se pierden cada año.
Si los diputados se deciden a emprender
tal iniciativa, podríamos no solamente
cerrar la brecha fiscal, sino también
prescindir de los 100 millones de dólares
del FMI, evitándonos un mayor endeudamiento
y sus exigencias para privatizar los servicios
públicos. De lo contrario, el contribuyente
y los consumidores nos preguntaremos ¿para
qué seguir pagando impuestos en este
país?
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