El Sabor Amargo del
Café
Orlando Núñez
Soto
En los últimos años Nicaragua
ha producido anualmente un promedio de más
de un millón de quintales de café,
a un costo de US $75 dólares por
quintal, incluyendo producción y
amortización, o a un costo de US
$80 dólares si le sumamos US $5 dólares
de beneficiado y transporte, o a un costo
de US $95 dólares si le agregamos
US $15 dólares por exportación.
Si a esta suma le agregamos US $20 dólares
que pagan los productores, beneficiadores
y exportadores por gastos financieros de
sus operaciones por créditos a corto
plazo, resulta que el costo total de un
quintal de café es de US $115 dólares
para los productores (no incluye gastos
financieros de créditos a largo plazo).
A nivel nacional esto significa que si Nicaragua
produce un millón de quintales de
café su producción nos cuesta
US $115 millones de dólares (para
efecto de análisis estamos suponiendo
un rendimiento de 12 quintales y un volumen
de exportación de un millón
de quintales).
Un mal negocio para Nicaragua
En cuanto al precio de venta que se le
paga al productor directo (empresario o
campesino), el mismo se calcula tomando
el precio internacional de referencia y
restándole US $20 dólares
por cada quintal (equivalente a US $5 dólares
por servicio de beneficiado y US $15 dólares
por servicio de exportación), de
tal manera que si el precio internacional
del café está a $US 100 dólares
el quintal, el productor sólo recibe
$US 80 dólares por cada quintal vendido.
Y esto no es todo. Tomando en cuenta que
el mercado internacional nos impone un castigo
llamado de calidad de US $6 dólares
por cada quintal (aduciendo efectos del
Mitch sobre nuestros cafetales), los compradores
le restan al productor seis dólares
menos, obteniendo este último apenas
US$ 74 dólares por quintal. Finalmente,
el productor todavía tiene que pagar
al gobierno US $2 dólares por quintal
en concepto de impuesto municipal y renta
presuntiva, quedándole como ingreso
apenas US $ 72 dólares. Todo esto
arroja un balance negativo para el productor,
ya que si el costo por quintal es de $US
95 dólares (US $75 por producción,
más US $20 por financiamiento) y
a cambio el productor sólo recibe
US $72 dólares de ingreso, éste
último pierde US $23 dólares
por cada quintal de café producido.
Por lo tanto, para que un productor alcance
su punto de equilibrio se necesitaría
un precio internacional de US $123 dólares
por quintal, lo que raras veces acontece.
|
CALCULO DE RENTABILIDAD
Y PUNTO DE EQUILIBRIO DEL PRODUCTOR
DE CAFÉ
Nicaragua 2000
|
| Gastos |
(75 + 20) = 95 (Costos
de producción más gastos
financieros) |
| Ingreso |
(100 - 28) = 72 (Precio
internacional menos deducciones generales) |
| Beneficio |
(72 - 95) = -23 (ingresos
netos menos gastos totales) |
| Punto de Equilibrio |
(123 - 28) = 00 (precio
internacional menos deducciones generales) |
Fuente: CIPRES
Las deducciones generales
incluyen beneficiado, exportación,
castigo, impuestos
En el caso de Nicaragua las cuentas serían
similares. Si el costo es de US $115 dólares
por quintal exportado, y el precio de venta
de referencia es de US $100 dólares
puesto en los puertos europeos o norteamericanos,
menos US $6 dólares que nos quitan
por castigo, estaríamos obteniendo
realmente US $94 dólares por venta
de un quintal de café y estaríamos
perdiendo US $21 dólares por quintal.
Todo esto significa que al exportar un millón
de quintales Nicaragua pierde US $21 millones
de dólares (US $94 millones de ingreso,
menos US $115 millones de costo). Si el
precio internacional baja de US $100 dólares,
que es el caso de la presente cosecha, cuyos
precios mínimos han caído
a US $75 dólares, el balance será
mucho peor.
El lector se preguntará ¿qué
hace entonces el productor, si prácticamente
no gana nada y por lo general siempre pierde?
La primera respuesta del productor frente
al mercado es desatender el mantenimiento
de sus plantíos, dejar de aplicar
fertilizantes o pesticidas, asistir pasivamente
a la caída de los rendimientos y
esperar que se agote la vida útil
del cafetal, si antes no pierde la finca
a manos de intermediarios. Otra solución
es hipotecar la finca y dejar que el banco
la embargue, mientras sus hijos comienzan
de nuevo a establecer otra finca y así
sucesivamente hasta la consumación
de los siglos o hasta que el mercado mundial
les ordene producir otra cosa.
En el caso del país y haciendo gala
del rezo neoliberal de seguir bajando los
costos de la mano de obra, la solución
ha sido encontrar empresarios que acepten
producir por una remuneración que
apenas les permita sobrevivir o encontrar
obreros que acepten trabajar sin salarios,
y como esta afirmación no es una
ironía, el campesino nicaragüense,
empresario y trabajador a la vez (sin ganancia
y sin salario) se está haciendo cargo
cada vez más de la producción
nacional del café, pues no gasta
ni para comer y no come ni para reponer
la fuerza de trabajo familiar (un plato
de frijoles y un par de tortillas: desayuno,
almuerzo y cena).
El mejor negocio para los empresarios
de la metrópolis
El mismo lector se preguntará ¿quién
se beneficia entonces de este producto tan
amargo para la economía del país
y para los productores? La respuesta no
es muy difícil. El beneficio de este
aromático estimulante, que desde
hace siglos mantiene despierto a los obreros
norteamericanos y europeos, constituye la
mayor fuente de ganancia para el capital
metropolitano, después del petróleo,
o mejor dicho después del combustible,
pues las compañías procesadoras
de combustible ganan 100 veces más
que los países petroleros.
Continuemos suponiendo, por razones de
cálculo, que los importadores metropolitanos
compran el café nicaraguense a US
$100 dólares el quintal, puesto en
uno de los puertos norteamericanos o europeos
y que Nicaragua vende 1 millón de
quintales de café cada año.
Una vez en la metrópolis el café
es tostado, molido y empacado por sus nuevos
dueños a un costo de $US 25 dólares
por quintal. Supongamos además que
por tales operaciones los tostadores pierden
$US 20 dólares por quintal debido
a la merma del peso en el procesado. A estos
gastos habría que agregarle $US 10
dólares de impuesto al valor agregado,
más $US 5 dólares de costo
financiero, llegamos a un costo total de
$US 60 dólares. Posteriormente el
café es vendido a los distribuidores
a un precio promedio de $US 300 dólares
por quintal procesado y empacado, obteniendo
así una ganancia de $US 140 dólares
por cada quintal. En total la metrópolis
o los empresarios metropolitanos perciben
una ganancia de US $140 millones dólares
por el millón de quintales de café
que nosotros producimos y exportamos a un
costo-sacrificio digno de Sìsifo.
Pero aquí no termina toda la historia
de esta fabulosa droga, envidiada por el
resto de drogas, la que goza de una absoluta
permisibilidad, sólo comparable al
tabaco y al alcohol. El café, una
vez tostado y molido, es mezclado con agua
y servido en fábricas, cafeterías
y hogares. En el caso de las familias metropolitanas
el beneficio es más bien gastronómico,
pues ellas no se benefician directamente
de las pérdidas o descenso de los
precios internacionales de nuestros productos,
teniendo que pagar un precio cada vez más
alto, relativo al precio de las demás
mercancías que circulan en sus países,
incluyendo el precio de la mano de obra
que es una de las más altas del mundo.
El café distribuido al detalle permite
un negocio mucho más estimulante.
De cada libra de café molido se extrae
un promedio de 40 tazas (entre treinta y
cincuenta tazas por libra según el
tamaño de la taza) o sea 4.000 tazas
por quintal, las que se venden a 1 dólar
aproximadamente cada taza, obteniéndose
un ingreso bruto de 4.000 dólares
por quintal. Si estos distribuidores compraron
el café molido a un precio de $US
300 dólares por quintal, obtienen
una ganancia de 3.700 dólares por
cada quintal de café molido. Si a
dicha suma le calculamos un 33% de costos
por alquiler y diseño del local,
procesamiento, servicio, publicidad, obtendrían
una ganancia neta aproximada de 2.400 dólares
por cada quintal de café distribuido
al detalle (previo al pago de impuestos).
En el caso concreto del ciclo recién
pasado (1999-2000) y de acuerdo a los datos
de UNICAFE, se calcula que Nicaragua produjo
cerca de 2 millones de quintales de café,
de los cuales exportaremos 1.7 millones
(según el Centro de Trámites
de Exportaciones CETREX ya llevamos exportado
1.5 millones) y suponiendo que la metrópoli
consume 700.000 quintales en los hogares
y 1 millón en la comercialización
al detalle, la ganancia de los importadores
será de US $238 millones de dólares,
y la ganancia de los distribuidores será
de $US 2.400.000.000 (dos mil cuatrocientos)
millones de dólares, por aquel millón
de quintales de café nicaragüense,
cortado por unas manos y unos cuerpos tan
desnutridos que para soportar el período
de cosecha requieren sobreestimularse con
varias tazas del café de un sabor
tan amargo que sólo la charbasca
(el residuo de los desperdicios) puede generar.
Bien, sabiendo que para la metrópolis
este producto tiene una plusvalía
sólo comparable a los excedentes
generados en los tiempos de la Colonia,
preguntémonos finalmente, ¿cómo
hace Nicaragua y los productores nicaragüenses
para continuar trabajando, si como acabamos
de demostrar no se gana ni para poder renovar
los cafetales?
La respuesta tampoco es muy difícil,
alguien tiene que ayudarnos a mantener estas
operaciones. En este año el Banco
Centroamericano de Integración Económica
(BCIE) está ofreciendo $US 20 millones
de dólares para renovar 10.000 manzanas
de café, con tres años de
gracia y diez años de plazo, de tal
manera que dentro de diez años estaremos
en la misma situación: un pedazo
del mundo cada vez más rico y otro
pedazo cada vez más pobre y endeudado.
¿Qué hacer?
¿Qué hacer frente a la crisis
permanente de la economía cafetalera,
la quiebra o deserción de los empresarios
hacia actividades comerciales, la migración
de los trabajadores hacia el exterior del
país, la especulación financiera?
Antes que todo necesitamos reconocer las
limitantes propias que tiene la economía
cafetalera en cada uno de nuestros países.
Nicaragua es un país subordinado
al mercado mundial y no podemos imponerle
las reglas de su macabro juego: costos cada
vez más altos para nuestra producción
y precios cada vez más bajos para
nuestros productos. Por otra parte nuestra
cultura política está acostumbrada
a creer que el gobierno es la llave que
cierra y abre todas las puertas: las puertas
del cielo y las puertas del infierno, lo
que dificulta la rigurosidad del análisis.
Lo anterior no significa que no podamos
hacer nada frente a las empresas importadoras
o frente a nuestro propio gobierno, pero
cada cosa que propongamos tiene que contener
viabilidad, transparencia y sostenibilidad.
Con frecuencia se afirma que lo único
que podemos hacer frente a la caída
de los precios es producir más, ampliando
el área y mejorando la productividad
de las fincas: bajar los costos y subir
los rendimientos. Ciertamente que no se
puede negar la necesariedad de tal ecuación,
pero eso no lo resuelve todo. Prueba de
ello es que en los últimos años
hemos recuperado y aumentado el área,
incrementado los rendimientos y hemos logrado
la cosecha más grande de nuestra
historia, y, sin embargo, lo único
que nos han recetado los importadores tostadores
del norte ha sido el descenso inmisericorde
de los precios, bajo el criterio de la inmensa
producción de Brasil o de la baja
calidad del café nicaragüense
por el huracán Mitch. Sin embargo,
el precio del café molido o de la
taza de café siguen subiendo en la
metrópolis, generando ganancias exorbitantes,
independientemente que a nosotros nos compren
a un precio cada vez más bajo.
Como puede notarse, las causas del mal
de nuestra pobreza están en el orden
comercial internacional y no en el comunismo,
las drogas, el terrorismo y, últimamente,
los desastres climatológicos o naturales.
Pero bien, dejemos de quejarnos y pasemos
a probar nuestras hipótesis sobre
como remontar la crisis del café.
En primer lugar, y al igual que para el
resto de productos, vamos a comenzar con
aquellas medidas que puedan ser decididas
e implementadas internamente por nosotros
los nicaragüenses.
Previamente tendríamos que ponernos
de acuerdo en orientar, priorizar e incentivar
la economía productiva, especialmente
a los productores y trabajadores, por sobre
cualquier otra actividad.
Medidas de corto plazo
En primer lugar tenemos que formar una
comisión de empresarios o productores,
sindicatos del campo y funcionarios de gobierno,
especializados en cuentas nacionales, con
el mandato de resolver a lo inmediato la
escasez de financiamiento para las labores
culturales y para el corte de café,
con el fin de impedir el colapso de la agricultura
cafetalera. Puesto que el café, independientemente
de lo señalado en este artículo,
sigue siendo uno de los productos más
dinamizadores de nuestra economía;
recordemos que el café genera trabajo
para 175.000 personas a lo largo del año
y para más de 300.000 personas durante
los cortes, incluyendo mujeres, niños
y niñas.
Ahora bien, tomando en cuenta que la banca
privada formal sólo financia una
parte del costo total de producción,
debido a lo cual los productores caen en
la usura informal (tasas de interés
que sobrepasan el 30%), necesitaríamos
mecanismos concretos para garantizar que
los créditos especiales (canalizados
a través de un Banco de Fomento o
a través de ventanillas especiales
de bancos comerciales) sean estrictamente
para los productores directos y no para
la especulación o la intermediación.
En segundo lugar, habría que pensar
en una reestructuración de la deuda,
así como en una dispensa para los
intereses moratorios, vinculando el período
de reestructuración a la recuperación
de los precios internacionales. Esta medida
debería concederse especialmente
a los productores directos, no a los intermediarios,
con el objetivo de desestimular la especulación
comercial-financiera. En el caso de los
campesinos en general (productores directos
que siembran menos de 5 manzanas) debiera
de pensarse en una prima especial para aligerarles
el peso de la deuda. Asimismo, hace falta
conformar un Fondo de Compensación
y Fomento, con el fin de enfrentar estos
y otros gastos extraordinarios que puedan
salvar la caficultura nacional. Esta medida
debiera estar precedida de un acuerdo entre
el gobierno y las instituciones de crédito
y microcrédito con el fin de realizar
los ajustes necesarios entre aquellas instituciones
y los productores en general.
En tercer lugar, debemos detener la migración
de los trabajadores nicaragüenses hacia
Costa Rica, revalorizando el precio de la
mano de obra, impidiendo así que
se nos caiga el café por escasez
de mano de obra. Tomando en cuenta que el
peso laboral recae fundamentalmente en el
corte de café y en menor medida en
las labores culturales, nuestra propuesta
consiste en subir el precio de corte de
C$7 córdobas por lata que se paga
actualmente a C$14 córdobas por lata
que se debería de pagar, con lo cual
todavía estaríamos muy por
debajo de las normas laborales en Centroamérica.
En otras palabras, si se necesitan 20 latas
para obtener un quintal de café y
por cada lata se pagan C$7 córdobas,
el costo de la mano de obra por cada quintal
anda por C$140 córdobas, es decir,
alrededor de US $11 dólares por quintal,
equivalente a 15% aproximadamente del costo
en plantío (calculado a US $75 dólares
por quintal, antes del beneficiado y del
pago de impuestos). A nivel nacional el
costo de la mano de obra por corte pasaría
de US $11 millones de dólares (suponiendo
un millón de quintales producidos),
una vez aprobado el incremento, a US $22
millones de dólares, es decir, a
29% de los costos de producción.
El lector preguntará ¿De
dónde sacarán los productores
el dinero para transferir a los trabajadores
US $11 dólares de incremento por
cada quintal u US $11 millones de dólares
por todo el café que se produce en
Nicaragua (bajo el supuesto de un millón
de quintales)?
A mi modo de ver existen diferentes formas
o mecanismos para resolverlo, siempre y
cuando haya voluntad política para
crear un Fondo de Compensación y
Fomento, administrado por una Comisión
Especial del Consejo Nacional de Planificación
Económica y Social (CONPES) y donde
participen gremios, sindicatos y funcionarios
de gobierno, lo que implicaría elaborar
la propuesta de acuerdo a simulaciones estadísticas
que tomen en cuenta el punto de equilibrio
de las empresas, moviéndose por tanto
según los costos-precios de cada
año.
La Comisión Especial y el Fondo
de Compensación y Fomento tendrían
que orientar su accionar a resolver el problema
de la solvencia económica de los
productores cafetaleros: racionalizando
costos financieros y costos fiscales (energía
y combustible), mejorando caminos de penetración,
destinando fondos para subsanar cuellos
económicos e incentivar la productividad
de trabajadores y productores. Los Fondos
de Compensación y Fomento, podrían
alimentarse de diferentes fuentes fiscales
o de transferencias administrativas, entre
las que sugerimos, a modo de ilustración,
las siguientes:
- Una medida inmediata podría
consistir en mandatar al gobierno para
que entregue un bono de incentivo de 10%
al productor por cada quintal exportado
(US $7.5 dólares, calculando el
precio de producción a US $75 dólares),
pero garantizando que llegue al productor
directo y no a los comerciantes, esta
medida debería estar precedida
del acuerdo entre gremios y sindicatos
para aumentar el salario de los trabajadores
cafetaleros. En años recientes
el gobierno pagó 15% como incentivo
a la exportación a través
de los famosos Certificados de Beneficio
Tributario (CBT), suma que quedaba en
manos de los exportadores y que finalmente
sirvió para enriquecer a los funcionarios
especuladores del gobierno de la señora
Chamorro.
- Asimismo, debería considerarse
la posibilidad de bajar la tasa de interés
de 21% a 15% anual, lo que significaría
una disminución de los costos de
US $6 dólares aproximadamente por
quintal, o US $6 millones de dólares
por un millón de quintales habilitados.
Esta medida aligeraría inmediatamente
los costos financieros del productor directo.
- Trasladar una parte del impuesto al
combustible percibido por el Estado. El
gobierno nicaraguense, a pesar de la exoneración
de impuesto a la importación de
petróleo crudo, castiga a los usuarios
con un 100% de impuesto a los derivados
del petróleo y que significa, en
el caso del combustible, una carga adicional
de US $1.3 dólar por galón
consumido sobre el precio de producción
de las gasolineras (costo + ganancia media);
los impuestos a los derivados del petróleo
suman US $100 millones de dólares
anuales. Si no se aprueba el traslado
parcial de fondos del impuesto a los derivados
del petróleo, hacia la producción,
necesariamente habría que bajar
el impuesto del combustible o el precio
del mismo a los productores, aligerando
así los costos básicos de
toda la producción del país.
Asimismo habría que pensar en bajar
las tarifas de energía eléctrica;
recordemos que el impuesto al combustible
y las tarifas por energía son en
Nicaragua más altos que en el resto
de Centroamérica.
- Incrementar el impuesto a la importación
de vehículos livianos (corrientes
y de lujo) en un 10%. Hoy en día
Nicaragua importa anualmente más
de 9.000 vehículos de esta categoría,
por un valor aproximado de 170 millones
de dólares y por lo cual el gobierno
recauda anualmente alrededor de US $30
millones de dólares, a una tasa
que oscila entre 10% y 35% según
el cilindraje (IEC y DAI incluidos). Dicho
sea de paso, en Costa Rica, la mínima
categoría de vehículo paga
50 % de impuestos. Con un poquito que
le subamos al impuesto que pagan estos
9.000 nicaraguenses, estaríamos
subsanando el costo adicional de US $11
millones de dólares que necesitan
los otros 300.000 nicaraguenses, cortadores
de café, para comer un poquito
mejor. Esta medida funcionaría
como un impuesto a la clase media acomodada
y a los sectores más adinerados
del país.
- Bajar en un 50% los salarios de los
diputados y de los ministros, con lo que
conseguiríamos US $6 millones de
dólares adicionales. Esta medida
funcionaría como un impuesto a
la burocracia.
- Eliminar radicalmente los fraudes bancarios
que en esta década promedian fácilmente
más de US $20 millones de dólares
anuales y que siempre han sido pagados
con las reservas del Banco Central, es
decir, con el dinero de los contribuyentes.
Esta medida funcionaría como un
impuesto a la corrupción.
Consciente que las medidas anteriores son
medidas paliativas, sometamos a discusión
medidas a mediano plazo que permitirían
enfrentar el problema de toda la agricultura
de exportación y no sólo de
la caficultura.
Medidas de mediano plazo
En primer lugar se hace imprescindible
aumentar los rendimientos de café,
al menos hasta alcanzar 20 quintales por
manzana en los próximos tres años,
rendimientos que todavía estarían
por debajo de los rendimientos centroamericanos.
Estamos conscientes que dichos rendimientos
no se pueden aumentar si no mejora la solvencia
económica de los productores, ya
que dicho aumento pasa en parte por aumentar
los costos en fertilizantes y en mano de
obra.
En segundo lugar y sabiendo que la mayor
parte de los excedentes de la producción
cafetalera nicaragüense es apropiada
por los importadores-tostadores situados
en la metrópolis, y sabiendo que
las normas metropolitanas no permiten que
exportemos café procesado, (tostado
y molido), o lo hacen imponiéndonos
unos aranceles tan altos que nos excluyen
inmediatamente de la competencia, se hace
imprescindible, si queremos seguir dedicándonos
a la producción del café,
que los gremios nacionales y los sindicatos,
con el apoyo del Estado, se ocupen de instalar
empresas importadoras en Europa, Estados
Unidos o Japón, a través de
coinversiones con empresarios oriundos de
aquellos países.
De esa manera estaríamos recuperando
parte de los excedentes producidos por la
mano de obra de nuestro país, con
lo que estaríamos en posibilidad
de pagar mejores precios al productor directo
y mejores salarios a los trabajadores. Es
necesario señalar que ya existen
algunas experiencias en este sentido, tanto
en café como en otros rubros de nuestra
economía. Las experiencias exitosas
en ese sentido, tienen como premisa el acuerdo
de trasladar parte de los excedentes recuperados
a los productores directos y/o trabajadores.
En tercer lugar debiéramos de intentar
vender y exportar nuestro café en
bloque, conjuntamente con el resto de países
centroamericanos, tomando en cuenta que
como región somos el segundo exportador
del mundo (después de Brasil). En
este sentido debiéramos de apoyar
y sumarnos beligerantemente a la propuesta
de la Organización Centroamericana
de Exportadores de Café (ORCECA)
de retener un 20% de la exportación,
con el objetivo de mejorar nuestra correlación
de fuerzas y obtener mejores precios en
el mercado mundial.
En cuarto lugar, especialmente en el caso
del campesinado, se hace necesario pasar
inmediatamente a recuperar y potenciar la
producción de alimentos, dado que
estamos perdiendo aceleradamente nuestra
capacidad de autosostenimiento y seguridad
alimentaria. En los últimos años,
el gasto anual por importación de
alimentos que perfectamente podemos producir
internamente, supera los US $120 millones
de dólares. Estamos hablando de una
suma superior al ingreso bruto que genera
el millón de quintales exportados
de café que hemos venido calculando
en estos artículos, y que ni siquiera
permite alimentar a las familias campesinas
y trabajadores en general, sobre quienes
recae el mayor esfuerzo productivo del café.
La producción abundante de alimentos,
permitiría bajar los costos por comida
y alimentar mejor a campesinos, trabajadores
y población en general.
Recordemos que en el caso del café,
igual que en el resto de rubros, los campesinos
o pequeños productores constituyen
la mayoría de los productores y cultivan
más de la mitad del café que
se produce en Nicaragua, y tratándose
de familias campesinas empobrecidas, su
objetivo y motivación es resolver
el problema de hambre y desnutrición,
cosa que no logran ni siquiera cuando los
precios internacionales sobrepasan los US
$120 dólares por quintal.
PESO DEL CAMPESINADO
Y PEQUEÑOS PRODUCTORES EN LA ECONOMIA
CAFETALERA
Nicaragua 2000
|
Estratos
|
Número
|
%
|
Manzanas
|
%
|
| PEQUEÑOS |
28,745
|
94.56
|
80,715
|
57.41
|
| MEDIANOS |
1,492
|
4.91
|
44,676
|
31.78
|
| GRANDES |
163
|
0.54
|
15,200
|
10.81
|
| TOTAL |
30,400
|
100
|
140,591
|
100
|
Fuente: CIPRES: En base
a datos de UNICAFE
1/ Según UNICAFE, define como pequeño
productor el que tiene 20 o menos manzanas
de café.
|