Las Siglas de la Muerte
Orlando Núñez
Soto
Las siglas son una forma de abreviar el
nombre de un organismo, una institución
o un programa y, en algunos casos, tienen
el cometido de esconder o camuflar su mensaje
o su verdadero significado, son como una
marca comercial: se inventan para vender
el producto.
Según el ex-economista en jefe del
Banco Mundial, Joseph Stiglitz, las siglas
que enlistamos a continuación son
las mensajeras de la muerte, pues a "ellas
no les importa si la gente vive o muere,
más bien han condenado a muerte a
la gente".
Hoy en día existen muchas siglas
que surcan el mundo y nuestro territorio
nacional, entre ellas siglas de organismos
internacionales responsables del destino
de las economías y de las poblaciones
del planeta entero. Un grupo de siglas corresponde
a las llamadas Instituciones Financieras
Internacionales (IFIS): entre ellas el Banco
Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional
(FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), el Banco Centroamericano de Integración
Económica (BCIE). Este primer bloque
de siglas se encargó de formular
las políticas monetarias, punta de
lanza para desmantelar el Estado-nación:
libre convertibilidad y sobrevaluación
de las monedas nacionales, proceso de dolarización,
autonomía de la banca central, endeudamiento
externo e interno del país y de las
empresas locales, endeudamiento para pagar
deudas anteriores, aumento de tarifas y
costos de producción y disminución
de los precios internacionales de los productos
agrícolas (algodón, café,
ajonjolí, carne). Políticas
que en poco tiempo aumentan las importaciones,
disminuyen las exportaciones de los países
pobres, aumentan el déficit comercial
y fiscal, embargan a los empresarios, quiebran
a los bancos y extinguen las reservas para
su rescate, hasta llegar a la quiebra de
la economía nacional, como lo ilustra
el desastre de la economía y de la
sociedad argentina.
Existe otro grupo de siglas, menos conocidas,
cuyo propósito es ordenar la economía
regional, preparando el terreno para la
inversión directa de las corporaciones
internacionales: entre ellas están
el TLC o el TLC-CAN (Tratado de Libre Comercio-América
del Norte) que incluye Estados Unidos, Canadá
y México, el PPP (Plan Puebla Panamá)
que incluye a los estados sureños
de México y a los países centroamericanos,
el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de América)
que incluiría a todo el continente,
y por encima de todas se encuentra la OMC
(Organización Mundial del Comercio)
que cobija a la mayor parte del mundo. Este
segundo bloque de siglas expresa un proceso
de integración regional y mundial
del mercado que corresponde a un nuevo modelo
de acumulación capitalista por parte
de las oligarquías financieras (Bancos
y Enclaves) de las metrópolis neocoloniales.
Esta integración comercial, financiera
y productiva se caracteriza por nuevas tecnologías,
nuevos productos y nuevos o viejos mecanismos
de extracción de excedentes.
El mensaje o lenguaje de estas siglas es
la apología de la libertad de comercio
como la mejor o única forma de resolver
todos los problemas del subdesarrollo. La
realidad que esconden es la hegemonía
de la economía norteamericana y de
los países que controlan el mercado
mundial. La ecuación es muy sencilla:
nosotros aumentamos la producción
y ellos disminuyen los precios; nosotros
liberamos o abrimos de par en par las fronteras
de nuestras economías y ellos mantienen
la protección a las suyas, nosotros
levantamos el subsidio a los pequeños
productores y ellos subsidian a sus grandes
corporaciones, y, además, nos conminan
a apoyarlas: "competencia desleal",
dicen nuestros empresarios, "tigre
suelto contra burro amarrado", dice
el pueblo trabajador. Estas siglas tienen
en su haber la quiebra de la agroexportación
y por ende de los empresarios agroexportadores
nacionales. Ahora se aprestan a quebrar
la agricultura de subsistencia y por ende
al campesinado nicaragüense.
Subordinación de los Estados
y recursos nacionales a los intereses de
las corporaciones transnacionales
Anteriormente, los Estados y los recursos
se repartían entre las burguesías
nacionales de los diferentes países.
Hoy se trata de priorizar exclusivamente
a las corporaciones transnacionales, desplazando
a las burguesías locales del tercer
mundo.
El principal mecanismo es la aprobación
de acuerdos y leyes en los parlamentos nacionales,
por medio de los cuales nuestras constituciones
quedan subordinadas a los acuerdos con el
imperio. Ejemplos conocidos son la firma
de las políticas de ajuste estructural,
que incluyen el traslado de las empresas
estatales a las empresas transnacionales,
a precios ridículos, o las concesiones
onerosas y corruptas que permiten depredar
hasta la extinción todos los nichos
ecológicos que resguardan nuestra
biodiversidad; asimismo, el ajuste obliga
al Estado nacional a retirarse de las inversiones
públicas, recortar los gastos sociales,
aumentar los impuestos indirectos, fragilizar
el sistema monetario, desmantelar la institucionalidad
proteccionista o de seguridad social, con
el fin de dejar al mercado y a las grandes
empresas que embistan libremente. Otro ejemplo
de regulación jurídica en
favor de las empresas transnacionales, es
la ley de propiedad intelectual (ya aprobada
por nuestros diputados), por medio de la
cual se les concede el monopolio de la biodiversidad,
es decir, del material genético de
todos los organismos existentes en nuestros
países -los especialistas afirman
que el 20% del patrimonio mundial de la
biodiversidad se encuentra en la región
mesoamericana de México y Centroamérica.
La cooperación internacional
será sustituida por la inversión
directa del capital extranjero
Anteriormente, la valorización del
capital metropolitano se concentraba en
los préstamos internacionales, lo
que permitió y todavía permite
expoliar, sin ensuciarse las manos, los
recursos nacionales a través de la
transferencia de excedentes financieros
generados por la deuda externa, situación
que ha vaciado nuestros ahorros y nos somete
a una situación insoportable, inmanejable
e ingobernable. Hoy se trata de disminuir
los fondos de la cooperación internacional,
tanto bilaterales como multilaterales, al
mismo tiempo que aumenta la inversión
directa del capital extranjero -durante
la última década, la inversión
extranjera en Latinoamérica ha pasado
de USA$35,000 millones a USA$ 200,000 millones
de dólares.
El carácter fundamental de estas
inversiones es la edición de los
viejos enclaves, industriales, comerciales
y agrícolas, esta vez conocidos como
empresas maquiladoras, con libertad para
importar y exportar sin ningún arancel,
explotar los recursos naturales y humanos
sin ninguna limitación, operar sin
impuestos internos, aumentar las tarifas
y los precios de las empresas privatizadas,
repatriar excedentes y otras prebendas no
aptas para nacionales.
El capital mundial ha decidido que México
se haga cargo de organizar y disciplinar
a los mesoamericanos, a través de
las siglas del Plan Pueblo Panamá
(PPP). Un mercado regional necesita carreteras,
ferrocarriles, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones
y macroductos mesoamericanos (petróleo,
gas, agua, fibra óptica); obras que
serán ejecutadas por empresas ligadas
a los países que emitan los préstamos.
En el caso del PPP, el itsmo natural mesoamericano
vuelve a jugar el rol de tránsito
o corredor biológico y logístico,
norte-sur y este-oeste, del mercado regional-mundial,
esta vez para maquilar, empacar, embalar,
producir y distribuir la nueva avalancha
de mercancías.
Además se necesitan prospecciones,
experimentaciones y validaciones en recursos
naturales (minerales, hidrocarburos, energía
hidráulica y eólica, material
genético, nuevos productos negociables
como el agua, las playas, el sol, las mujeres,
otros). Para todo esto habrá préstamo
por parte de los organismos multilaterales,
que deberán ser pagados en parte
por las poblaciones locales, convertidas
en sociedades tributarias, contaminadas
y sobreexplotadas.
El golpe de gracia a la economía
campesina
El turno de la globalización y el
libre comercio le llega a la milenaria economía
campesina productora de granos básicos.
Este holocausto comienza con el saqueo de
las semillas criollas, su manipulación
genética en los laboratorios de las
corporaciones extranjeras (Monsanto, Dupont,
Cargill) y su exportación en un primer
momento a los pequeños productores
nacionales, lo que encarece, depreda y extermina
la producción local de semillas.
El ciclo culmina con la invasión
de productos alimentarios norteamericanos,
los que anteriormente se producían
en nuestros países, tales como maíz,
arroz o frijol, lo que termina quebrando
irremediablemente la milenaria producción
campesina y rindiendo por hambre cualquier
apego a la cultura comunitaria. Recientemente
el parlamento norteamericano aprobó
180,000 millones de dólares adicionales
para subsidiar a los agricultores norteamericanos.
La quiebra de la economía rural
provoca y acelera la expulsión y
migración de mano de obra a las ciudades,
ofreciéndosela a precios sin competencia
a las maquilas extranjeras y a los nuevos
negocios de servicios de entretenimiento
exóticos. Mientras esto sucede, ya
se preparan las nuevas leyes y políticas,
encargadas de permitir y facilitar la experimentación
transgénica en lo que queda de nuestra
biodiversidad y de nuestras poblaciones.
Finalmente, las siglas recomiendan sofocar
lo que Stiglitz llama los "disturbios
del FMI", cuando la gente protesta
por las alzas del agua, la energía,
el combustible, el gas, etc., no importando
provocar más salidas de capital,
gobiernos en bancarrota y más disturbios,
pues como dice Stiglitz: "Cuando una
nación está caída y
en desgracia, el FMI se aprovecha y le exprime
hasta la última gota de sangre, Incrementa
el calor hasta que, finalmente, la olla
explota".
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