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Una Nación que agoniza en los brazos de los pobres
Orlando Núñez Soto

La injusticia comenzó con la división entre el campo y la ciudad

Nicaragua está dividida asimétricamente entre campo y ciudad. El acuerdo económico implícito de esta división se estableció bajo el siguiente supuesto: La ciudad se haría cargo de la producción industrial y el campo se haría cargo de la producción agropecuaria, en ambos casos los productos estarían destinados al mercado interior y al mercado exterior, los excedentes se distribuirían proporcionalmente, de acuerdo a lo que produjera cada quien, así como a las necesidades generales del país.

Sin embargo, la distribución de los excedentes ha sido completamente asimétrica en favor de la ciudad. Las principales inversiones se hacen en la ciudad: carreteras, hospitales, escuelas, calles, agua, energía eléctrica, instalaciones telefónicas, puertos, aeropuertos, viviendas, centros de diversión, oficinas públicas, catedrales, universidades, etc. Mientras tanto, en el campo las inversiones públicas son prácticamente inexistentes.

En la ciudad se consume, en el campo se produce. En la ciudad viven los ciudadanos, en el campo viven los campesinos y los indígenas. La crisis nacional es la única bandera que nos cobija, pero la mayor parte de la crisis se padece en el campo, allá moran las principales enfermedades, el mayor empobrecimiento, la más miserable de las miserias y la más grande de las desesperanzas.

Desmantelamientro de la industria nacional

En Nicaragua, igual que en el resto de América Latina, la urbanización aumenta al mismo ritmo que disminuye la industrialización. De tal manera que el campo nicaragüense ha tenido que cargar solo, tanto con la producción de alimentos como con la generación de las divisas destinadas a comprar los productos industriales y manufactureros que nuestra industria no produce.

En las últimas décadas, especialmente a partir de la privatización de nuestro territorio y de nuestra economía, por parte de las corporaciones transnacionales, la industria nacional ha quedado completamente desmantelada. Poco a poco los grandes empresarios nacionales encargados de la industria local se han desprendido de sus empresas productivas, comerciales o bancarias que operan en nuestro país: gaseosas, cervezas, cigarrillos, aceite, procesadoras de productos lácteos, carne, café, ajonjolí, maní, tabaco, maquiladoras o ensambladoras de maquinaria, equipos, textiles, bancos y financieras, importadoras de diferentes productos, etc. Gran parte de los productos manufacturados que consume Nicaragua son importados por una economía media y popular que desde las ferreterías hasta el Mercado Oriental se hace cargo de distribuirlos.

La burguesía se ha proletarizado por la quiebra de sus empresas y los obreros se han desproletarizado y se han convertido en desempleados y emigrantes. Las ciudades, a su vez, se han convertido en refugio del campesinado, saltando en pedazos la poca proporción que existía entre oferta de servicios públicos y la demanda por parte de la población en general. Hoy en día, el 80% de la fuerza laboral está compuesta por trabajadores por cuenta propia, conformados por el sector informal urbano y por el campesinado.

Al paso que vamos, el único núcleo asalariado que va quedando en el sector industrial será el de las empresas maquiladoras de las Zonas Francas, que emplean hoy en día alrededor de 50.000 trabajadores (menos del 3% de la PEA); verdaderos enclaves que no tienen ningún efecto multiplicador sobre nuestra economía, pues ni siquiera pagan impuestos, ya que el gobierno nacional los exoneró totalmente de sus compromisos tributarios.

Crisis terminal de la agroexportación

En relación al campo, hasta 1990, los empresarios agroexportadores habían sobrevivido, a pesar del colapso total del algodón. Sin embargo, a partir de 1990 el crédito, orientado en ese entonces a los grandes empresarios de la agroexportación, no pudo pagarse y el mismo contribuyó a una virtual confiscación de 1,5 millones de manzanas de tierra, que quedaron en manos de la banca nacional y posteriormente traspasados a la "Cobra" para su posible recuperación. Asistíamos a una crisis productiva agroexportadora que empezó quebrando a la banca nacional y amenazaba al resto de la banca.

En los últimos años, los precios del mercado internacional se han precipitado, arrastrando a los empresarios a la quiebra total: algodón, soya, café, tabaco, arroz, ajonjolí, camarón. Hoy en día, los productos agropecuarios o agroindustriales que se producen y se exportan, mas bien producen pérdidas al país. La mayor parte de los productos de agroexportación tienen un valor de mercado que está por debajo de sus costos. El quintal de azúcar cuesta 14 dólares producirlo y se vende a 7 dólares en el mercado mundial; si no fuera porque el consumidor nicaragüense la compra a 28 dólares el quintal no quedaría un solo ingenio; en los últimos años han quebrado tres ingenios y uno se ha vendido a los guatemaltecos. El quintal de café cuesta 75 dólares producirlo y se vende a 50 dólares en el mercado mundial (el campesinado a su vez lo vende a 35 dólares). El quintal de ajonjolí cuesta 30 dólares producirlo y se vende a 7 dólares en el mercado internacional (en la última temporada no se encontró compradores). Y así sucesivamente con el resto de los principales productos: el banano, el camarón, el tabaco, la soya, por lo que sus áreas están bajando estrepitosamente, igual que el valor de sus exportaciones.

Los empresarios agropecuarios que han quedado en pie se encuentran actualmente hipotecados o están siendo embargados. Quiebra que arrastró además a los principales bancos locales.

Los contribuyentes se hacen cargo de la bancarrota

La caída de los precios en el mercado internacional, monopolizado por las principales bolsas de los países industrializados, llevó al colapso nuestra agroexportación. A su vez, la insolvencia económica de los empresarios los empujó al saqueo bancario, a través de la colocación sobrevaluada de sus últimos activos.

La presente década es testigo de la quiebra de varios bancos (Banco Nacional de Desarrollo, BECA, Bancam, Banco Popular, Banco Sur, BANIC, Interbank, Banco del Café, igual que un sinnúmero de microfinancieras públicas y privadas). Como sabemos, la quiebra de los bancos fue soportada por una política de rescate por parte del banco central que arrasó con gran parte de las reservas nacionales. La quiebra de los bancos, el rescate estatal de los mismos y la insolvencia de las actividades agroexportadoras ha contribuido a la fuga del ahorro nacional, el que se escapa a las actividades especulativas en el exterior.

Algunos empresarios nacionales han sobrevivido a la quiebra de la agroexportación, a través de mecanismos extraeconómicos, principalmente políticos, como son las indemnizaciones postrevolucionarias a la clase empresarial (alrededor de 500 millones de dólares), el rescate bancario (500 millones de dólares), colocación de bonos en el Estado o deuda interna (1.500 millones de dólares), corrupción (1.000 millones de dólares). Prácticamente, toda la ayuda externa líquida que entró a Nicaragua durante la década de los años 90s. El resto de los excedentes públicos, provenientes de la carga tributaria de los nicaragüenses, principalmente de los más pobres, quienes pagan la mayor parte de los impuestos indirectos, se ha dedicado a pagar el servicio de la deuda externa. De ahí que, mientras el gobierno nacionaliza las pérdidas, al mismo tiempo y al mismo ritmo, privatiza las ganancias, eliminando y privatizando los servicios básicos a la población.

La retaguardia campesina como refugio nacional frente a las crisis comerciales

Gran parte de las actividades de la agroexportación, como ya había pasado con la industria, el comercio y el crédito, se ha trasladado a la economía popular, esta vez al campesinado. Hace 25 años, los enclaves norteamericanos del banano y de otros productos de agroexportación comenzaron a retirarse de la producción; en ese entonces, los empresarios nacionales se hicieron cargo de la producción, junto a los riesgos y los problemas laborales, mientras que los enclaves norteamericanos se trasladaron a la comercialización, quedándose con la mayor parte de las ganancias. Hoy en día, a medida que arrecia la crisis productiva de las actividades agroexportadoras, el traspaso se hace desde los empresarios nacionales hacia los campesinos.

El campesinado nicaragüense, produce la mayor parte del ajonjolí, la mayor parte de la crianza de ganado, más de la mitad del café, etc., etc., de tal manera que a medida que se retiran los empresarios, los campesinos se hacen cargo de la producción agroexportadora.
Como dijo un importador norteamericano: ¿"por qué vamos a comprarle a un empresario nicaragüense, un quintal de café a 100 dólares, si podemos comprárselo al campesinado a 50 dólares, tal como lo hacemos en Viet Nam".?

En medio de este resquebrajamiento de la economía y frente a la orfandad económica nacional, el campesinado nicaragüense todavía produce el gallo pinto de la dieta nacional. Nada más y nada menos que 950,000 manzanas de maíz, frijol y otros granos (producción campesina de sorgo, arroz y soya) es decir, el 80% del área agrícola cultivada en Nicaragua (1,200,000 manzanas); sin contar con las frutas y verduras que son producidas en su mayor parte por el campesinado, prácticamente sin crédito ni apoyo alguno por parte del Estado.

Una nación que agoniza en brazos de los pobres

Nicaragua se ha empobrecido tanto que los pobres son quienes producen la mayor parte de la poca riqueza que todavía producimos. La gente pobre no solamente produce la mayor parte de la riqueza neta que exportamos, sino que produce los migrantes que con sus remesas familiares mantienen un flujo de divisas que a su vez sostienen las importaciones que la clase media alta y los ricos consumen.

Nicaragua exportó el último año 532 millones de dólares brutos e importó más de 1,800 millones de dólares. A su vez, las remesas familiares, generaron más de 500 millones de dólares netos, a cambio de nada, pues nuestros migrantes no consumen ni siquiera un grano de maíz producido en su propio país, pues almuerzan en los centros de trabajo de las fincas costarricenses o en las cocinas de Miami y de los cruceros norteamericanos donde un millón de nicaragüenses acrecientan con su trabajo, la riqueza de las empresas extranjeras. A su vez estos quinientos millones de dólares que los nicaragüenses pobres envían a Nicaragua, más tardan en llegar a Nicaragua que en salir hacia el extranjero, pues sirven apenas para comprar los electrodomésticos o las medicinas que nuestras industrias no producen o han dejado de producir.

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