De Managua a Bagdad
Orlando Núñez
Soto
Para nosotros, los nicaragüenses,
todo comenzó cuando los Estados Unidos
instauraron a Somoza en el poder, para el
Golfo Pérsico cuando los mismos Estados
Unidos impusieron al Sha de Irán.
El gobierno norteamericano brindó
todo el apoyo necesario a estas sangrientas
dictaduras, a cambio de la fidelidad a la
hegemonía norteamericana en la región,
sin importar la represión y el nepotismo
de aquellos regímenes contra sus
propios pueblos.
En 1979 llegó la revolución
sandinista a Nicaragua y la revolución
khomeiní a Irán, acompañada
de nacionalizaciones, reforma agraria, campañas
de salud y educación, así
como del fortalecimiento de la soberanía
nacional. Inmediatamente, el gobierno de
los Estados Unidos empezó a armar
a grupos terroristas y gobiernos hostiles
a la revolución sandinista e iraní,
así como a instalar bases militares
en ambas regiones. Los Contras nicaragüenses,
los Talibanes jefeados por Osama Bin Laden
y las tropas de Saddam Hussein fueron entrenados
para matar y sembrar el terror; por tal
misión, el presidente Reagan los
llamó "paladines de la libertad".
Miles de millones de dólares fueron
gastados por el gobierno norteamericano
para agredir y destruir la economía
de Nicaragua y de Irán, suma mucho
mayor que la ayuda al desarrollo para todos
los países de ambas regiones.
En Nicaragua, la infraestructura económica
fue bombardeada por la aviación y
la marina norteamericana, los sandinistas
fueron desalojados del poder por la presión
de Washington, los bienes anteriormente
nacionalizados por la revolución
sandinista fueron entregados al grupo oligárquico
local y a las grandes sociedades del capital
extranjero. Después de la "pacificación"
del país, la embajada norteamericana
en Managua, escogió para presidente
a un descendiente político del dictador
Somoza, llamado Arnoldo Alemán, a
quien hoy abandonan por haber manchado la
privatización con el robo más
descarado de la historia de Nicaragua. En
cuanto a los sandinistas, éstos siguen
siendo acusados por los aparatos de propaganda
del imperio de ser los causantes de la destrucción
de la economía nicaragüense,
de la guerra y de la muerte de miles de
jóvenes. La verdad de estos hechos,
sin embargo, está dilucidada por
la historia: el Tribunal Internacional de
Justicia de la Haya, condenó al gobierno
norteamericano por terrorista, destructor
de vidas humanas y de la economía
nicaragüense en su conjunto; otro testimonio
de quién mató a quién
es la foto que recorrió el mundo
entero, donde un avión norteamericano
y su piloto (Hasenfuss) fueron derribados
por un jovencito que portaba un lanzacohete
sobre su hombro, posteriormente, el piloto
norteamericano fue regresado sano y salvo
a los Estados Unidos. Después de
veinte años, la ayuda prometida por
el gobierno norteamericano a los países
centroamericanos, como precio para agredir
a la revolución sandinista, nunca
apareció, sin embargo, la pobreza,
el desempleo y la migración se ha
multiplicado en Nicaragua y en toda la región
centroamericana. De los contrarrevolucionarios
nicaragüenses, poco se sabe, salvo
que una de sus más importantes organizaciones
es ahora aliada del Frente Sandinista para
adversar a la oligarquía liberal
nicaragüense, la misma que hoy apoya
la guerra norteamericana en contra del pueblo
de Irak
En el Golfo Pérsico, la historia
es mucho más trágica y más
cómica a la vez. Resulta que los
"paladines de la libertad", Osama
Bin Laden y Saddam Hussein, se convirtieron
en los mayores enemigos del gobierno norteamericano.
Osama Bin Laden y una célula de Al
Qaeda al servicio de la CIA obtuvo vía
libre para asestar un pequeño golpe,
que por la confusión del destino
se convirtió en el mayor golpe a
la dignidad norteamericana y pretexto criminal
para que el Pentágono desatara la
guerra preventiva contra la humanidad, me
refiero al avión-bomba contra las
Torres Gemelas de New York. Por su lado,
Saddan Hussein también tuvo vía
libre para intervenir Kuwait y para masacrar
a kurdos y Shiitas, aliados ambos del gobierno
norteamericano para desalojar a Saddam Hussein
durante la guerra del Golfo en 1991. El
resto de esta historia es más conocida
por reciente: Afganistán fue invadido
por los marines norteamericanos bajo el
pretexto de ser el refugio de su antiguo
agente, el resto de países del Golfo
Pérsico fueron obligados a comprar
armas a los Estados Unidos para defenderse
de Irak, ahora, este último país
está siendo invadido por los marines
norteamericanos, acusado de tener armas
químicas, las mismas armas suministradas
anteriormente por los Estados Unidos cuando
Saddam era su principal aliado.
Este expediente, iniciado hace doscientos
años por la Unión Americana,
se ha generalizado en todo el mundo, de
Viet-Nam a Managua, de Kosovo a Corea, imponiéndose
una doctrina y una práctica llamada
"Guerra Preventiva" que consiste
en el capricho para intervenir militarmente
contra cualquier país del mundo que
no acepte someterse a la hegemonía
fundamentalista norteamericana. En el caso
nicaragüense, el gobierno norteamericano
se burló de la voluntad de la Corte
Internacional de La Haya, en el caso iraquí
se burló del Consejo de Seguridad
y de las Naciones Unidas. En la guerra contra
Nicaragua el presidente Reagan solicitaba
centenares de millones de dólares
al Congreso Norteamericano para matar a
los sandinistas, en el caso de la guerra
contra Irak el presidente Bush está
solicitando al mismo Congreso centenares
de miles de millones de dólares para
masacrar al pueblo de Irak.
Doscientos años de la Unión
Americana nos muestran que para el capitalismo
y su Era Neocolonial, el desarrollo de las
economías capitalistas depende de
la punta del revólver del más
rápido de los pistoleros del Oeste,
del oportunismo de sus banqueros e industriales,
del cinismo de sus políticos e ideólogos
y, por qué no agregarlo, del servilismo
de las oligarquías locales. En nombre
de la libertad, la democracia y la paz,
Estados Unidos invade, destruye y se reparte
el mundo entero. No importa si la mayoría
de los países del mundo, incluyendo
al Vaticano, se oponen a tales guerras.
No importa si lo que vemos por televisión
son marines norteamericanos bombardeando
a pobladores inocentes y pacíficos
en todos los rincones de nuestra tierra.
No importa si millones de seres humanos
se desgalillan gritando por las calles de
cada ciudad del planeta ¡Paren la
Carnicería!. No importa si los contribuyentes
norteamericanos se empobrecen para que el
negocio de las guerras preventivas siga
enriqueciendo a los magnates de la industria
bélica norteamericana. No importa
si estas guerras de rapiña tienen
como secuela el contagio y la muerte de
los lisiados y desmovilizados, incluyendo
a los propios norteamericanos, producto
del uso de armas químicas fabricadas
con el uranio empobrecido de los desechos
nucleares norteamericanos.
No nos extrañemos que después
de la guerra contra Irak, se culpe a los
árabes y musulmanes de la destrucción
de la economía iraquí y de
la muerte de miles de sus ciudadanos, tal
como hoy el gobierno norteamericano y la
oligarquía liberal nicaragüense
culpan a los sandinistas. No nos extrañemos
que las Naciones Unidas se hayan convertido
en enterradores de los asesinados de la
tierra y reparadores de las economías
destruidas a manos de los bombardeos norteamericanos.
No nos extrañemos que las compañías
norteamericanas y algunas europeas celebren
millonarios contratos petroleros sobre el
cadáver de una de las civilizaciones
más antiguas del mundo. Hay males
que duran más de cien años
y civilizaciones que lo resisten, uno de
estos males es el sistema capitalista imperial,
remozado como globalización neoliberal,
donde la acumulación privada y la
eficiencia tecnológica justifican
todos los medios. En este sistema, las guerras
preventivas se fabrican para oxigenar el
complejo industrial vinculado a la guerra
y mejorar la competencia económica
de países recesivos como los Estados
Unidos.
¿Qué hacer? Al menos evitar
la vergüenza de creer que todo esto
se hace por el bien de pueblos y naciones,
solidarizarnos moral y políticamente
con los pueblos que sufren, denunciar y
protestar contra quienes lo hacen en nombre
nuestro, reivindicar la libertad, la democracia
y la paz para mejores esfuerzos y diferentes
esperanzas, como puede ser la elección
de un pueblo para liberarse de su tirano
de turno, pero eso tiene que hacerlo el
propio pueblo y no los marines norteamericanos.
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