La Globalización
Orlando Núñez
Soto
La globalización es la continuidad
del capitalismo y del imperialismo, aunque
tiene algunas características que
lo diferencian. Recordemos que el capitalismo
es un sistema económico basado en
el control de la economía y de la
sociedad por parte de los empresarios, en
la inversión y el crecimiento como
objetivo del capital empresarial, en la
avaricia o la utilidad como principal motivación
moral de los empresarios, en la competencia
sin cuartel por disputar el mercado y poder
vender sus mercancías. El imperialismo
por su parte es la hegemonía comercial
y financiera adquirida por los países
y empresas de los países que dominan
el mercado mundial, sobre los países
y empresas que se encuentran subordinados
al mercado mundial.
Quizás la característica
más importante de la globalización,
en relación al funcionamiento del
capitalismo e imperialismo anterior, sea
el fin del capitalismo nacional como marco
de acumulación para la mayoría
de los países y empresas, el debilitamiento
o desmantelamiento de nuestros Estados-Naciones,
y la generalización de los valores
mercantiles, no solamente a nivel de la
economía, sino a nivel de la sociedad
en su conjunto.
¿Cómo se presenta la globalización?
La globalización se presenta como
una época de grandes innovaciones
y aplicaciones tecnológicas, grandes
inversiones y grandes maravillas en el campo
de la electrónica, la informática,
las comunicaciones, etc., nunca vistos hasta
ahora. Y todo esto es cierto, pero sólo
para unos pocos países, para unas
cuantas corporaciones, para un 20 % de la
población mundial. Todo esto es cierto
pero a grandes costos humanos y naturales
padecidos por los países pobres,
por las personas empobrecidas del mundo
entero, en fin, por una naturaleza que se
depreda catastrófica y aceleradamente.
A pesar de todo esto y de la miseria más
evidente, el indoctrinamiento de la globalización
ha tenido hasta ahora un éxito sin
precedentes. Actualmente hay más
creyentes en los valores del mercado que
en los valores morales del resto de las
religiones existentes.
¿Quién podría oponerse
a la riqueza material y a los misterios
más asombrosos de la tecnología,
al empleo y a las cifras de crecimiento
más optimistas y mejor presentadas
del mundo, a las vitrinas más lujosas
ofrecidas a los mejores precios del mundo,
a ser parte de la humanidad y a gozar de
los logros de la civilización? sería
como pedirle a los indígenas precolombinos
que rechazaran al Dios cristiano de los
conquistadores, delegado del todopoderoso
rey de España, quienes vinieron montados
a caballo y con armas de fuego. Lo que no
sabían nuestros indígenas
y lo que no saben los creyentes en la globalización,
es que a todas estas maravillas y a toda
esta todopoderosa tecnología no tienen
acceso los que no tengan dinero, es decir,
la mayoría de los países y
de las personas del mundo entero, ni las
mujeres, ni los negros, ni los pobres, ni
los indígenas, ni los migrantes.
Para camuflar el fraude y para poder seguir
cambiando espejitos por oro puro, la globalización
se presenta vestida de ilusiones universales.
Como un fenómeno geográfico
e histórico
Lo más importante para la globalización
es, sobre todo, no presentarse como un fenómeno
político o económico, sino
como el último grito o avance del
progreso y la civilización, a través
de la integración y de la comunicación
de todos los países y de todo el
universo. De esta manera se evita pensar
en capitalismo o imperialismo, acusando
a quien señale sus defectos, como
atrasado o de vivir a espaldas de la modernidad.
Sin embargo, la globalización es
un fenómenos económico, político
y cultural que favorece el enriquecimiento
de los países ricos y de las grandes
corporaciones mundiales, empobreciendo o
ampliando la brecha que los separa de los
más pobres. En otras palabras, la
globalización es como una fábrica
de empobrecimiento; mientras más
mercancías produce, más se
empobrece la gente.
Como la democracia del mercado
La globalización se presenta como
un movimiento para fomentar el libre mercado,
en contra del intervencionismo o de la planificación
estatal en los asuntos económicos
y sociales de la sociedad, supuestamente
para evitar el despilfarro del gobierno,
el chinchineo a los empresarios y la haraganería
de la gente.
Sin embargo, las reglas del libre mercado
sólo funcionan para los países
pobres y para los pequeños empresarios,
pues los grandes países y los grandes
empresarios imponen las políticas
económicas y sociales del resto del
mundo, a través de la intervención
de organismos internacionales controlados
por el gobierno norteamericano: Organización
Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
Estas políticas tienen como objetivo
y han tenido como resultado la concentración
de la riqueza en manos de las grandes corporaciones
norteamericanas, europeas y japonesas, así
como el final de la soberanía nacional
y el empobrecimiento de los países
pobres y marginados. Estas corporaciones
imponen los precios, las tasas de interés,
el destino de los créditos y de los
bienes públicos. El gran Estado Mundial
y las gigantescas empresas mundiales intervienen
el mundo entero y planifican la economía
a favor de sus intereses.
El monopolio o el oligopolio de la economía
mundial se convierte en privilegio económico,
político y cultural para las oligarquías
mundiales, es decir, lo contrario a la democracia
y lo contrario a la igualdad de oportunidades.
El subsidio y el proteccionismo de las grandes
corporaciones mundiales crece, mientras
los pobladores del mundo entero han perdido
el derecho a la tierra, al bosque, el agua,
la energía, la salud, la educación,
la vivienda, el transporte, el empleo, la
alimentación. La democracia del mercado
se reduce a la democracia de los mercaderes.
Como el bienestar para todos, a través
de la inversión y la utilidad empresarial
Los propagandistas de la globalización
afirman que lo que beneficia a las empresas
y a los empresarios beneficia a las naciones.
Por lo tanto, se presenta como una bendición
la llegada del capital extranjero, la inversión
empresarial, así como la eliminación
de todas las trabas que dificultan el crecimiento
de estas empresas y de estos capitales:
las trabas que impiden la venida de capital
extranjero son los salarios mínimos,
los derechos laborales y sociales, el medio
ambiente, los servicios públicos
a la población. Por lo tanto, nuestros
gobiernos eliminan los aranceles y los impuestos
a los enclaves o zonas francas, congelan
y disminuyen el salario y dificultan la
organización sindical, construyen
grandes infraestructuras para que las gigantescas
empresas puedan operar, emiten leyes que
facilitan la explotación depredadora
de nuestros recursos naturales, y se pasan
pagando intereses a los banqueros que operan
en el mundo entero.
Sin embargo, los datos muestran que la
inversión, la ganancia y el crecimiento
de las empresas no significa más
bienestar social para la gente, sino todo
lo contrario. Cada día que pasa,
la competencia capitalista quiebra millones
de empresas en el mundo entero y el capital
se concentra en unas pocas corporaciones
mundiales. Cada día hay cada vez
más mercancías que no encuentran
a quien venderse, fenómeno que genera
conflictos y guerras de rapiña. Cada
día el mundo amanece con más
desempleados, más pobres, más
hambrientos, más enfermos y con mayores
niveles de prostitución infantil.
Cada día la naturaleza está
más trastornada por causa de la intoxicación
de las industrias. Cada día que pasa
la población paga más impuestos,
para que nuestros gobiernos sigan ahorrando
en servicios públicos y cancelando
intereses de una deuda que nunca terminamos
de pagar.
Como el fin de las ideologías,
la política y la historia
La globalización se presenta como
el fin de las ideologías, el fin
de la política, el fin de la historia,
por lo tanto, el fin de la esperanzas. La
consigna de los países y empresas
globalizadoras es la siguiente: monopolio
para ellos y mercado libre para nuestros
países; subsidio y protección
para ellos, desprotección para nosotros;
seguridad y lucha contra el terrorismo para
ellos, intervención militar para
nosotros. Ahora bien, la única manera
de que esta relación tan desigual
sea aceptada y obedecida por nosotros, es
que nos volvamos estúpidos o idiotas,
es decir, que nos olvidemos de pensar y
de organizarnos.
Para los propagandistas de la globalización
la ideología es el conocimiento y
el método para justificar y legitimar
la globalización, el indoctrinamiento
y la propaganda sobre las bondades del capitalismo,
presentado como globalización. Los
globalizadores dicen que ideología
es todo palabra que termina en istmo, como
comunismo o socialismo, pero no dicen que
capitalismo e imperialismo también
terminan en istmo. Lo que hacen entonces
es cambiar la palabra capitalismo o imperialismo
por la palabra globalización, para
que su proyecto no termine en istmo, pero
como dijimos anteriormente, la globalización
no es más que la continuación
del capitalismo y del imperialismo.
Para los funcionarios de la propaganda
mercantil, la ideología se reduce
a engañar a la gente, mientras que
su política es la combinación
del engaño y el garrote, utilizado
este último cuando la gente se da
cuenta de la estafa y comienza a reclamar.
En cambio, para la gente, la ideología
es una forma de desengañarse y la
política es una forma de cambiar
las cosas.
Frente a la miseria, como frente a cualquier
problema, la gente busca una causa, un culpable,
una solución y una estrategia para
lograrla. Si la miseria afecta a la mayoría
de la población y una gran parte
cree que pueden componer las cosas, la gente
se entusiasma y se organiza para intentar
vivir de otra manera. En este sentido, la
ideología se define como la visión
que la gente tiene de ver las cosas, los
valores que conforman sus deseos y objetivos
que se proponen, las relaciones y la comunicación
que establece para su accionar político
y de mediano plazo. Con una ideología
en la cabeza, la gente comienza a criticar
la realidad que la rodea y a las personas
o regímenes que defienden esa realidad,
entonces; el orden establecido comienza
a perder legitimidad y gobernabilidad, mace
así una nueva esperanza de que la
historia y la política puedan ser
patrimonio de todos y de todas.
Para evitar lo que ellos llaman la ingobernabilidad
y la desestabilidad del orden monopolizado
por las grandes corporaciones, la globalización
se presenta como una forma de apoyar a todos
los países del mundo para lograr
la gobernabilidad y estabilidad. Invirtiendo
miles de millones de dólares para
convencernos de que la miseria y los problemas
se deben a que somos todavía muy
salvajes o a que no aplicamos suficientemente
sus recetas: más inversión
de capital extranjero, más crecimiento
y más ganancia empresarial, más
competencia para quebrar al otro y quedarse
con más ganancia, más ahorro
o más impuesto de la población
y menos gasto social del gobierno, más
facilidades para el capital extranjero.
Y la mejor manera de presentar las cosas
es convenciéndonos de que ya no hay
posibilidades de cambiar este mundo, porque
la historia ya llegó a su fin y sólo
nos queda el capitalismo globalizado y la
democracia del mercado. Por lo tanto, nos
piden que no olvidemos de la política
como instrumento para transformar el mundo,
que debilitemos el Estado y nos contentemos
con un gobierno que cobre impuestos y nos
eche la policía para disciplinarnos
y controlar nuestros impulsos libertarios.
Como crisis financiera y quiebra de
los países del sur
En la globalización realmente existente,
el mayor espectáculo, el mayor éxito
y el mayor fracaso, es la quiebra financiera
y económica de los países
subordinados al mercado mundial. Al igual
que sucedía en el capitalismo nacional,
la principal contradicción económica
en el capitalismo globalizado es que cada
día hay más mercancías
y cada día hay menos consumidores
solventes, es decir, gente que no tienen
dinero para comprar aquellos productos,
a pesar de la cantidad de dinero que se
gasta en publicidad para poder venderlos.
Las empresas producen para ganar, pero
para ganar tienen que lograr dos cosas:
vender lo que producen y además vender
a un precio de mercado superior a los costos
de producción. Si no venden o venden
por debajo de sus costos de producción,
pierden y quiebran. Sucede que en el mundo
de la competencia, quien más produce,
más puede abaratar sus costos de
producción por unidad de producto,
de tal manera que quien pueda vender para
mercados mayores es quien tienen más
posibilidad de competir y quebrar al competidor.
Pues bien, en el capitalismo globalizado,
donde las Empresas Mundiales son apoyadas
por los Estados Mundiales, la capacidad
de producción está hecha para
Mercados Mundiales de centenares o miles
de millones de dólares, donde nadie
que no sea tan grande como ellas puede producir
y competir.
Por otro lado, se ha vuelto tan difícil
vender tanta producción en un mundo
tan empobrecido, aún bajando los
precios de mercado, que los empresarios
se dedican cada vez más al comercio,
a la especulación financiera y a
lo que últimamente se ha presentado
como la causa de todo esto: la corrupción,
aunque en realidad no es más que
la principal y última de las consecuencias
de la globalización. Para ello, el
capital, expresado en dinero, se dedica
a viajar por el mundo entero en busca de
rentabilidades mayores. Por ejemplo, si
los argentinos o una empresa cualquiera
ofrece grandes intereses o grandes dividendos,
los capitales se trasladan a ese país
y a esas empresas, independientemente de
que existan condiciones solventes para ello.
El resultado es que cuando el país
o la empresa no puedan seguir escondiendo
la insolvencia del negocio, los capitales
más astutos se fugan, retirándose
del país, dejando de prestar o vendiendo
acciones; en ese momento, todas las empresas
de ese país que trabajan con crédito
se paralizan y llevan a la quiebra todos
los que se encuentran encadenados al circuito
infernal. Nadie trabaja y nadie paga.
Este holocausto ya sucedió en varios
países del Sudeste Asiático,
en Rusia, en México, en Argentina,
etc., etc.. Bien, dirá el lector,
pero los países no pueden cerrar
como las fábricas y la prueba está
que ahí siguen. Efectivamente, los
países no se han hundido en el mar,
pero la gente en general, empresas y personas,
ha salido más empobrecida que nunca,
el país ha tenido que vender y privatizar
hasta lo que no tiene, es decir, hasta su
futuro.
Hoy en día, la especulación
financiera, es la forma más espectacular
de la corrupción, no pareciendo existir
medicina para eliminarla, puesto que la
especulación financiera es la expresión
o el mecanismo más ortodoxo y eficiente
para tener éxito en el mercado, es
decir, para obtener utilidades: dogma principal
del neoliberalismo.
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