| Soberanía
Alimentaria y Economía Popular
Nuestra convicción principal es
que la soberanía alimentaria sólo
puede garantizarse a través de la
consolidación y desarrollo de la
economía popular, es decir, de la
economía que está en manos
del campesinado y de los pequeños
productores urbanos por cuenta propia. A
continuación definiremos lo que entendemos
por economía popular y lo que entendemos
por soberanía alimentaria.
La economía popular se caracteriza
por los rasgos siguientes: a) a diferencia
de la economía capitalista, la economía
popular no contrata fuerza de trabajo o
lo hace muy poco y muchas veces en condiciones
de reciprocidad, sino que trabaja por cuenta
propia, es decir, con el esfuerzo de los
miembros de la familia que producen, procesan
y comercializan, b) a diferencia de la economía
capitalista, la economía popular
no se rige por las reglas del costo-beneficio,
sino por la satisfacción de las necesidades
básicas; en otras palabras, si para
la economía capitalista la acumulación
es el fin, para la economía popular
la acumulación es el medio para mejorar
su bienestar social, c) a diferencia de
la economía capitalista dependiente,
que produce bienes estrictamente comerciales
destinados en su mayoría al mercado
exterior. Últimamente, los campesinos
han sido presionados para producir solamente
productos comerciales destinados al mercado
mundial, lo que pone en peligro la producción
para el mercado interno y su propio consumo.
Existe seguridad y soberanía alimentaria
en la medida que un país pueda satisfacer
las necesidades alimenticias de su población:
leche, carne, huevos, cereales, frutas y
verduras. Por lo general, mientras mayor
capacidad tenga un país para producir
sus alimentos, mayor seguridad y soberanía
alcanzará. Europa y Estados Unidos,
entre otros, producen la mayor parte de
los alimentos que consumen. Mesoamérica,
a pesar de su pobreza, produce gran parte
de los alimentos que consume. Existen países
petroleros que producen y exportan bastante
riqueza, como México o Venezuela
por ejemplo, pero comienzan a depender de
la importación de alimentos.
Igualmente, la seguridad y soberanía
alimentaria implica la capacidad para salvaguardar
el patrimonio humano y agroecológico
de nuestros países compuesto por:
las familias campesinas dedicadas a la producción
diversificada de alimentos y bienes comerciales
en general, el suelo, el agua, la climatología,
la biodiversidad y demás recursos
naturales y económicos, tales como
la semilla, los animales domésticos,
la cultura tecnológica y espiritual.
Nuestros países han venido perdiendo
la soberanía política, económica
y cultural, que habían adquirido
durante la independencia de España
a inicios del siglo XIX. Sólo nos
queda una relativa soberanía alimentaria
que descansa, por un lado, sobre la producción
campesina de granos básicos, y por
otro lado, en el procesamiento y comercialización
de alimentos por parte de lo que tradicionalmente
se ha llamado economía informal urbana.
Particular importancia tiene en este tipo
de economía la familia campesina
y especialmente la mujer, tanto por sus
dotes administrativos como por sus motivaciones
en favor de la satisfacción de las
necesidades familiares.
La globalización neoliberal, encabezada
por los Estados Unidos, nos presiona para
que nos dediquemos a producir productos
comerciales y nos desestimula para seguir
produciendo granos básicos y alimentos
en general, diciéndonos que con el
dinero que obtengamos de nuestras exportaciones
vamos a poder comprar los alimentos que
queramos. Sin embargo, la experiencia muestra
que después de haber exportado todo
tipo de productos, cada vez nos alimentamos
peor y cada vez más tenemos que recurrir
a las empresas transnacionales, como MASECA,
hasta para comprar la tortilla.
Por lo tanto, tenemos que saber lo que más
nos conviene y defender la capacidad que
todavía tenemos para producir nuestros
alimentos, impidiendo que nos sigan engañando,
como lo han hecho durante 500 años.
Se trata entonces de colectivizar información
sobre lo que pasa en nuestros países;
organizarnos en cada comunidad, en cada
barrio, en cada centro de trabajo, en cada
escuela, colegio o universidad, en cada
país y a nivel mesoamericano; movilizarnos
par impedir la invasión de políticas
económicas y productos que dañan
nuestra economía y nuestra producción;
denunciar la corrupción de funcionarios
gubernamentales, empresarios y dirigentes
políticos, militares y religiosos,
denunciar los megasalarios de los diputados
y ministros, denunciar el alza de los impuestos
indirectos que paga la población,
el alza de las tarifas de agua-luz-teléfono,
el alza de la canasta de productos de consumo
básico; denunciar el cinismo del
gobierno norteamericano que nos prohibe
apoyar a nuestros productores y desproteger
nuestras aduanas, mientras ellos apoyan
a sus productores y protegen sus aduanas.
Impedir por todos los medios posibles, la
privatización de los servicios básicos,
presionando al gobierno para que sostenga
el compromiso de regresar los impuestos
que cobra, en servicios de salud y educación
gratuita para todos y todas. Discutir y
elaborar una estrategia de lucha y de trabajo,
así como un programa de rehabilitación
y capitalización para las familias
campesinas e indígenas de nuestra
región, presionando para que las
políticas económicas y sociales
beneficien a nuestras poblaciones.
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